Lorenzo Arribas, Josemi. ÒSan Pedro de la Nave (Zamora). Interpretaciones eruditas y populares sobre el origen de un templo y sus leyendasÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 3 (septiembre-diciembre 2006).

http://www.culturaspopulares.org/textos3/articulos/lorenzo.htm

ISSN: 1886-5623

 

 

San Pedro de la Nave (Zamora). Interpretaciones eruditas y populares sobre el origen de un templo y sus leyendas[1]

 

 

Josemi Lorenzo Arribas

Universidad Complutense

 

 

Resumen

La iglesia altomedieval de San Pedro de la Nave (Zamora) ha sido muy estudiada en cuanto a los documentos m‡s antiguos que aluden a ella, as’ como arquitect—nicamente. Este art’culo trata de la leyenda de san Juli‡n y santa Basilisa, que la tradici—n hace santos fundadores del templo, en su condici—n de barqueros, analizando documentaci—n de la Žpoca moderna, as’ como los relatos orales que perviven en la memoria de los naturales, personas desplazadas a principios de los a–os 30 por la construcci—n del embalse del Esla de su primitivo solar (salv‡ndose el templo por su desplazamiento). Adem‡s, se analiza los prŽstamos entre el discurso erudito y el popular sobre la construcci—n de la iglesia y otros descubrimientos relacionados con ella.

Palabras claves

San Juli‡n, Santa Basilisa, embalse del Esla, pueblos sumergidos

 

Abstract

The  San Pedro de la Nave  church from the high Medieval Ages, located in Zamora, has been studied deeply in terms of the most ancient documents that have made reference to it, as well as from an architectural point of view. This article deals with Saint Julian and Saint Basilisa«s legend who, according to the tradition, are the  founders of the temple and according to the thorough study of the documents from the modern period  are boatmen. This point of view is also supported  by the oral tales that

linger in the memory of the native people, who had to emigrate in the early thirties because of the building of Esla«s Dam in a former building site (and saving the temple because of  the removal). Furthermore, the loanwords are analysed between the scholar and popular discourse about the building of the church and other findings related to it.

Key words

Saint Julian, saint  Basilisa, Esla«s  Dam, submerged dams.  


 

San Pedro de la Nave, antiguo priorato benedictino, hoy sumergido

 

ÒVolviendo algo sobre la izquierda [de Carbajosa] sale de aqu’ dicho camino que va al pueblo llamado de Pueblica, dista una vuena legua. Y a menos de cuarto de legua de esta villa se atraviesa un monte alto, llamado la ca–ada de Campoazedo, es camino montuoso de jaras; est‡ este lugar situado al margen del r’o Esla, tiene barca para pasar a Zamora, ll‡mase la barca de San Pedro de la Nave que es lugar, barca de los referidos monjes benitos.

 

De este immediato pueblo sale un camino siguiendo el r’o Esla, aunque en paraxes se alexa por los rodeos que ocasiona la aspereza de Žl; i va al lugar de Ricovaio, distante cerca de dos leguas, i este lugar est‡ junto al dicho r’o donde antiguamente huvo una gran puente de insigne f‡brica, que se cort— en las g[u]erras que la antigŸedad tubo con Portugal, i quando estaba transitable era por all’ la vereda de Galizia i Alca–izes para pasar a internarse en el reinoÓ[2].

 

 

 

Detalle de uno de los planos incluidos en la informaci—n solicitada por el Ge—grafo Real Tom‡s L—pez 16 de mayo de 1766, realizado por FŽlix G—mez de Prada, donde se incluye la Barca de San Pedro de la Nave sobre el cauce del Esla (BN, Ms. 7.312, f. 190r)

 

 

ƒste es el paisaje natural que hasta la construcci—n del embalse de Ricobayo o del Esla, como popularmente se lo conoce, al estar sobre el cauce de este mismo r’o, circund— la iglesia de San Pedro de la Nave, segœn la informaci—n que firmaba en Carbajales de Alba, el 31 de mayo de 1765, su p‡rroco, Juan de Aranda y Tavares.

La iglesia de San Pedro de la Nave, que Òdista de Zamora 4 leguas a el PonienteÓ, inserta anta–o en la poblaci—n del mismo nombre, considerada villa que se inclu’a en la comarca de la Tierra del Pan[3], ha sido uno de los edificios cuya f‡brica en los œltimos cien a–os ha gozado de los mejores estudios y estudiosos de toda la arquitectura altomedieval hispana en sus diferentes aspectos (arqueol—gico, arquitect—nico, iconogr‡fico...), siendo continua e ininterrumpidamente referenciada en las fuentes locales desde hace varios siglos. Faltaba, no obstante, un estudio documental de sus avatares y actuaciones en Žpoca moderna, deducidos por Caballero y Arce de su lectura estratigr‡fica de paramentos[4], investigaci—n cuyas referencias b‡sicas ser’an las procedentes de los libros de f‡brica de la iglesia (hoy en el Archivo Diocesano de Zamora), que pueden dar algunas valiosas pistas[5]. Su patrimonio mobiliar tampoco es suficientemente conocido, a pesar de la importancia de algunas de sus piezas[6].

 

 

La iglesia de San Pedro de la Nave, en El Campillo (fotograf’a del autor)

 

 

Muy poco se sabe, por contra, de los avatares de este antiguo priorato benedictino en todo lo que no tenga que ver con su f‡brica, habiendo de contextualizar ese olvido historiogr‡fico en el general que ha padecido la comarca donde se integra hasta hace muy poco tiempo, excŽntrica de los centros decisorios y de las principales v’as de comunicaci—n, a pesar de su condici—n de punto de paso desde Castilla a Òla Ciudad de Miranda del Reyno de PortugalÓ[7], del Camino Real que comunicaba Castilla con Galicia, y a pesar de ser tambiŽn una de las v’as jacobeas naturales para la poblaci—n zamorana (Zamora-Chaves, pasando por San Pedro de la Nave, y de esta ciudad portuguesa ya hacia el Norte) o, como en el texto antes citado, Òquando estaba transitable era por all’ la vereda de Galizia i Alca–izes para pasar a internarse en el reinoÓ[8]. Sorprendentemente Zarata’n, en 1888, describe el entorno f’sico de San Pedro de la Nave como un Òcuasi desiertoÓ, a pesar de la vega del Esla, y una poblaci—n, afirmaci—n Žsta m‡s atinada, Òapartada del comercio de los hombresÓ[9].

Hoy, el templo, antiguo priorato benedictino, se sitœa, descontextualizado en el tŽrmino municipal de El Campillo (Zamora), a tan s—lo tres kil—metros del emplazamiento tradicional, sobre un altozano desde el que s—lo se ve agua. La del embalse del Esla, que esconde los caminos, veredas, inscripciones, islas, vegas, frondosas arboledas y el asiento original de esta verdadera joya art’stica que, sobre antiguos trazados romanos, y luego la Ruta de la Plata, supuso un jal—n fundamental en la geograf’a caminera durante m‡s de mil a–os.

 

 

Sobre bucles y contaminaciones en las transmisi—n de noticias historiogr‡ficas

Se ha vinculado con la iglesia de San Pedro de la Nave una inscripci—n que yace ahora bajo millones de metros cœbicos de agua. Dicho testimonio se reproduce en un documento, y adem‡s se conserva en la memoria de algœn natural de esas tierras. Lo que sigue es a lo que se puede llamar la invenci—n de un resto epigr‡fico. El verbo ÒinventarÓ tiene tres acepciones segœn el DRAE. La primera significa ÒHallar o descubrir una cosa nueva o no conocidaÓ. La segunda desarrolla la anterior: ÒHallar, imaginar, crear su obra el poeta o el artistaÓ. Una tercera y œltima se refiere a ÒFingir hechos falsos; levantar embustesÓ. Algo de cada una se puede aplicar a la interesante Ònota o advertenciaÓ autografiada en el vuelto de la guarda del Libro de la Cofrad’a de San Blas y Santa Basilisa en San Pedro de la Nave, escrita con posterioridad a la escritura del contenido propio del volumen, conservado en el Archivo Diocesano de Zamora[10], que dice as’:

 

ÒDel otro lado de la barca, cerca del embarcadero, sobre la pe–a viva y lisa por el desgaste de las aguas en crecidas mayores, se halla la inscripci—n siguiente y dispuesta de la forma y modo que sigue: que puede decir, a–o 821 de Jesucristo por Juli‡n espa–ol, o el hallazgo de Jesucristo en la persona del pobre, por Juli‡n Espa–ol, en citado a–o; lo cual confirmar’a la historia y vida siguiente y la tradici—n de esta parroquia. Y para que conste lo firmo, en San Pedro de la Nave a diez y ocho de Enero de mil novecientos y diez y siete. El P‡rroco JosŽ Fern‡ndez G—mez <rœbrica>[11].

 

Inscripci—n de Juli‡n espa–ol, segœn el p‡rroco de San Pedro en 1917 (AHDZa, 18bis libro n¼ 13, f. 0v)

 

 

La interpretaci—n m‡s sensata a esta presunta inscripci—n es la existencia, efectivamente, de una piedra epigrafiada en fecha incierta, quiz‡ en las esperas que hab’an de sufrir los usuarios de la barca (estaba cerca del embarcadero) aprovechando la maleabilidad de la pizarra, que el prurito del p‡rroco llev— a interpretar de manera tan fantasiosa. No merece la pena detenerse a desmentir la veracidad del hallazgo, aunque el interŽs de la postdata en consignar testigos (que a duras penas sabr’an leer) para asegurar la credibilidad levanta, ciertamente, tambiŽn sospechas, recordando la sentencia latina excusatio non petita, accusatio manifesta. Tampoco parece l—gico incluir en la accusatio la completa invenci—n (en su acepci—n de fingir falsos hechos) con ‡nimo de confundir. S’ que ser’a completamente imaginaria la interpretaci—n, e incluso la lectura correcta de los signos que la inscripci—n contuviera. Quiz‡ conociera el p‡rroco el origen lusitano que algunas versiones locales de la leyenda le atribu’an a san Juli‡n, lo que quedar’a as’ subsanado por la lectura patri—tica y fant‡stica que hace el eclesi‡stico de spanus. M‡s familiar le pudo resultar el anagrama de Ihesus, as’ como las tres cruces, en un soporte triangular la del medio, es decir, las llamadas cruces de calvario, que le pudieron recordar las numerosas epigrafiadas en la parte exterior del muro sureste del crucero (donde estuvo el cementerio local), datos que le sirvieron para asociar el descubrimiento con la historia del templo[12].

 

 

Detalle de la inscripci—n de Juli‡n espa–ol, segœn el p‡rroco de San Pedro en 1917

 (AHDZa, 18bis libro n¼ 13, f. 0v)

 

 

S’ hab’a inscripci—n sobre una pizarra relativa a un hecho hist—rico, aunque era uno mucho m‡s comœn por esos lares: la crecida del r’o, como recuerdan todav’a algunos ancianos. El antiguo herrero de Villanueva de los Corchos apunt— que cerca de la ribera del Esla, a ambos lados del r’o (cuando estaba sin embalsar, evidentemente) sobre una pizarra figuraban sendas inscripciones que se hab’an realizado para dejar constancia de una crecida que hubo de tener lugar en torno a 1910-12, que fueron a–os especialmente lluviosos durante el periodo de la sementera y el peligro de las crecidas obligaron a cortar el paso por el antiguo puente de Ricobayo. Segœn su testimonio, que era de visu, pues incidi— en que nadie se lo hab’a contado, estaba escrita la leyenda siguiente: ÒHasta aqu’ lleg— el agua en el a–o tantosÓ. A ambos lados del paso de la barca, segœn este testimonio, quedaba constancia del ‡pice hasta donde lleg— el r’o en su crecida.

Finalmente, Arsenio Dom’nguez Lorenzo, nacido en 1919 en El Campillo, y menos acostumbrado a habituar la barca, recordaba m‡s vagamente que hab’a una inscripci—n con unos nœmeros, que dec’an que Òen el a–o 1808? hab’a llegado el r’o hasta all’Ó, del lado de Villanueva de los Corchos. A este pueblo, hoy cercano a la orilla del embalse, se traslad— una peque–a parte de la poblaci—n de La Pueblica, instalada en los llamados ÒPabellonesÓ, dos l’neas de casas nuevas en la parte alta del pueblo, todav’a hoy reconocibles. Algunas personas, las menos, se dispersaron por otras localidades donde ten’an familias y, la mayor parte de los habitantes de La Pueblica marcharon a un pueblo de nueva creaci—n, a muchos kil—metros del ep—nimo que abandonaban: La Pueblica de Campe‡n.

 

 

Villanueva de los Corchos, en 1996 (fotograf’a del autor)

 

 

Este espurio hallazgo del p‡rroco de San Pedro de la Nave, fechado a mediados de enero de 1917 y cuidadosamente consignado, dos a–os antes de la aparici—n del influyente libro Iglesias moz‡rabes de G—mez Moreno, pero once despuŽs del referido art’culo en el Bolet’n de la Sociedad Castellana de Excursiones, cuando realmente se redescubre para la cr’tica moderna la importancia de San Pedro de la Nave, puede estar vinculado a este interŽs en la antigŸedad del templo. No obstante, en el Instituto G—mez Moreno (Granada), que custodia los papeles del ilustre investigador, se encuentra, entre los fechados en 1903, un croquis de la inscripci—n de Juli‡n espa–ol, similar al que el p‡rroco dibujar‡ catorce a–os despuŽs, una copia del cual me facilit— Luis Caballero Zoreda, y se incluye aqu’, es decir, que el historiador, aun sin prestarle mucha importancia, pues no se consigna en sus publicaciones, ya antes hab’a reparado en la inscripci—n. Lo m‡s probable es que la misma le fuera mostrada por los propios naturales de esas tierras, preguntados por cuanto testimonio antiguo pudieran ellos dar cuenta. Quiz‡, tambiŽn, el interŽs que el erudito mostrara ante la inscripci—n, con el dibujo in situ que hizo de ella, animaron a la feligres’a de San Pedro a valorar m‡s lo que hasta entonces era una piedra gastada donde, con suerte, pod’a interpretarse algo. Es decir, un resto Òde una antigŸedad muy grandeÓ, como reconoc’a, cuando hice la investigaci—n de campo, la gente que hab’a o’do hablar de ella, o que aseguraba haberla visto.

 

 

Inscripci—n de Juli‡n espa–ol, realizado por G—mez Moreno en 1903

(Instituto G—mez Moreno (Granada), C.M.Za 3.13)

 

 

G—mez Moreno apoy— desde un principio la tesis visigotista, cronolog’a que mantuvieron sus seguidores. De hecho, en el folleto de 28 p‡ginas publicado como resumen de la tesis doctoral del que llegar’a a ser el historiador del arte medieval espa–ol m‡s influyente, San Pedro de la Nave s—lo aparece referenciada dos escasas veces[13]. Antes de 1906 La Nave hab’a sido citada por algœn influyente historiador del arte, como cita Ram—n Corzo[14]. Este investigador, no obstante, olvida en su relaci—n bibliogr‡fica la obra de JosŽ Mar’a Cuadrado, que aunque reconoc’a su conocimiento indirecto del templo, le dedica unas l’neas con un breve apunte estil’stico:

 

ÒUna barca que cruza este r’o [Esla] daba ya nombre al empezar el siglo X a San Pedro de la Nave, priorato benedictino y hoy parroquia del lugar, cuya interesante estructura ar‡bigo-bizantina, capiteles y detalles, s—lo hemos podido apreciar por dibujos en ocasi—n sobrado tard’a para visitarlaÓ.

 

En una nota al pie de p‡gina a este p‡rrafo explica: ÒCita Argaiz un documento del a–o 902 por el que Alfonso III dio a este monasterio la posesi—n de ValdeperdicesÓ[15]. Es dif’cil imaginar al p‡rroco de San Pedro ajeno por completo al protagonismo que el humilde edificio cobraba en ‡mbitos tan ajenos a los que aquellos pagos secularmente hab’an conocido. ƒl mismo fue testigo de los penosos desplazamientos que, con el tiempo (continuaba siendo p‡rroco durante el traslado), importantes personalidades hicieron para ver el templo in situ.

Aquellos a–os son los mismos en que una de las feligresas del p‡rroco, la abuela de Anselmo, el que ser’a herrero de Villanueva de los Corchos y que ha sido uno de los informantes de este art’culo, le contaba ya a su nieto que la iglesia que san Juli‡n y santa Basilisa pretend’an levantar se les ca’a de noche. C—mo pudo contaminar la versi—n erudita a la popular continœa sin resolverse, pero no ser’a demasiado arriesgado que el p‡rroco JosŽ Fern‡ndez hubiera hecho de eslab—n entre ambos registros del discurso. De hecho, las/os informantes remit’an a la autoridad del cura a la hora de referir la historia de los santos barqueros, recuperando esa funci—n que tantas veces los curas rurales cumplieron, y m‡s en tierras tan aisladas y olvidadas como las de San Pedro de la Nave, donde conflu’an con generosa corriente los r’os Esla y Aliste, hoy tranquilas aguas quietas. Igualmente probable es la poligŽnesis de explicaciones, sin conocimiento o contaminaci—n de una sobre otra, aunque resulte dif’cil sostener que durante un milenio largo la memoria oral haya mantenido el recuerdo de un hecho como Žste.

Lo m‡s apasionante es constatar c—mo, por un bucle de la historia, se llega a la misma conclusi—n desde la tradici—n erudita y de la culta: algo pas—, que el proyecto inicial de erecci—n del edificio del templo no se pudo llevar a cabo tal como en un principio se hab’a dise–ado. Fuera el diablo, o sendos maestros de obra, pertenece ya a las explicaciones que en cada Žpoca, o en cada mentalidad, se aceptan como posibles.

 

 

El culto y la leyenda de san Juli‡n y santa Basilisa, con la confusi—n entre dos Julianes hom—nimos

San Pedro de la Nave debe seguramente la segunda parte de su top—nimo a la barca (nave)[16] que permiti— franquear por ese punto el curso fluvial del Esla, barca cuyos beneficios pertenecieron a su iglesia hasta la Desamortizaci—n[17]. Esta denominaci—n de La Nave no se documenta antes de 1601. Toda la zona ribere–a de este poderoso afluente del Duero estaba interconectada por medio de peque–as barcas, asociadas a su correspondiente barquero[18]. Esta abundancia de pasos m—viles no hace sino demostrar una vez m‡s el abandono que esta tierra ha sufrido secularmente, evidenciado aqu’ por la ausencia de puentes, que habr’an de ser de f‡brica por las grandes dimensiones requeridas, dado el gran caudal potencial que el r’o puede llegar a adquirir en tiempo de crecidas[19]. Tan arcaico medio de transporte ha sido el œnico de que han dispuesto las generaciones actuales asentadas en Villanueva de los Corchos, Videmala y Villaflor para comunicarse entre s’ despuŽs de la construcci—n del pantano de Ricobayo, por m‡s que quedaron, antes de la popularizaci—n del autom—vil, de facto aisladas entre s’ otras poblaciones antes cercanas, como El Campillo (donde asentaron San Pedro de la Nave), Almendra o Valdeperdices. La empresa Sociedad Hispano-Portuguesa de Transportes ElŽctricos (a travŽs de la Sociedad Saltos del Duero, gestora del embalse, luego llamada Iberduero), siguiendo la doble tradici—n local de transporte fluvial y nula inversi—n en infraestructuras, se comprometi— a financiar una barca de cable, con puerto en las riberas de Villaflor y Villanueva, y el sueldo de dos barqueros (vecinos del mismo pueblo), que todav’a hoy permite atravesar el r’o gratuitamente unas cuantas decenas de metros por encima de la cota original del antiguo cauce, no muy lejos del asentamiento de San Pedro de la Nave. Ser‡ en el siglo XXI cuando definitivamente desaparezcan de las aguas jurisdiccionales de San Pedro de la Nave la barca que, en el cronotopo legendario, fue su raz—n de ser[20].

 

 

 

Antiguo emplazamiento de San Pedro de la Nave, descubierto en 1997 con motivo de obras en la cabecera del embalse del Esla (fotograf’a del autor)

 

 

La advocaci—n bajo la que se situ— el hoy tan polŽmico templo fue, como es sabido, San Pedro, como aparece en los documentos m‡s antiguos, desde principios del siglo X[21]. A decir verdad, en el primer diploma que nombra el monasterio (a–o 907) aparece bajo la advocaci—n de San Pedro y San Pablo:

 

ÒDomnis sanctissimis atque post Deum nobis fortissimis patronis beatissimorum apostolorum Petri et Pauli, in cuius honore scitum est monasterio in locum predictum que dicitur Tunis, territorio Camore...Ó, aunque quince a–os despuŽs prevalece, como top—nimo, s—lo la advocaci—n petrina: Òusque in termino de Sancto Petro (...) habeatis illum firmiter uos et qui in uita sancta in ipso monasterio perseuerauerintÓ.

 

Es Žsta una advocaci—n ampliamente extendida por toda la provincia de Zamora. No s—lo es el patr—n de la capital, cuya festividad ha sido y es un autŽntico hito cronol—gico para todos los habitantes que de una u otra manera dependen de la ciudad, sino que su nombre se multiplica por toda la regi—n, dando nombre a parroquias, numerosos pueblos, lugares, despoblados, dehesas, montes, colegios, ermitas, barcas, r’os, puertas etc.[22] Pero a quienes realmente se vincula la memoria del templo es a una pareja de santos, Juli‡n y Basilisa. Al primero se le dedicar‡ posteriormente, en Žpoca moderna, el templo de Videmala, lugar perteneciente al antiguo ayuntamiento de San Pedro.

La tradici—n medieval hispana, y la local en este caso, mantuvo una confusi—n recurrente entre algunos de los diferentes Julianes que aparecen en el santoral cristiano, que cuenta con m‡s de veinte[23]. El redactor de la leyenda zamorana es consciente de la confusi—n, y establece la aclaraci—n correspondiente:

 

ÒEn las Leyendas de los Santos se hallan dos Julianes casados y cada uno con una Muger llamada Basilisa y los unos y los otros son tenidos por Santos: pero para quitar toda equivocaci—n es necesario advertir que los unos fueron M‡rtires naturales de Antioqu’a y padecieron martirio en la persecuci—n del Emperador Maximiano, siendo Presidente de Antioqu’a Marciano y su martirio fue por los a–os de 309, cuya fiesta celebra la Yglesia a 9 de Enero. Otros San Juli‡n y Basilisa son Confesores y aunque muy antiguos, pero no tantoÓ.

 

San Juli‡n Hospitalario, confesor y no m‡rtir, protector de los caminantes, celebra su fiesta dos d’as antes, el 7 de enero en el martirologio romano, que es la fiesta reconocida en la tradici—n local de San Pedro de la Nave, aunque hay quien la adelanta al primer d’a del a–o[24].

El principal testimonio literario hispanomedieval referido al santo matrimonio es el cŽlebre Himno de San Juli‡n y Santa Basilisa, un canto epital‡mico moz‡rabe contenido en un c—dice del siglo X[25], presente tambiŽn en ÒTestamentus regis Adefonsi [secundus]Ó incluido en el Liber testamentorum de la catedral de Oviedo[26]. No es el œnico ejemplo local de la devoci—n medieval a la santa pareja. Segœn el cronista de la orden benedictina fray Antonio de Yepes, el monasterio astorgano de San Dictino presum’a de venerar, entre otras, sus reliquias[27]. En palabras de Tom‡s Mar’a Garnacho Òse sabe que en el siglo X se dedic— una iglesia en Olmedo a estos santos confesores, que no deben confundirse con otros del mismo nombre, que fueron m‡rtires, a quienes en el siglo VI se daba ya culto en el monasterio de Samos, en GaliciaÓ[28]. La existencia de Juli‡n y Basilisa no es, pues, una peculiaridad local. Sin ser una de las devociones m‡s extendidas por Europa, en modo alguno fue desconocida durante la Edad Media, ni aquende ni allende los Pirineos, pero casi siempre referidas a los m‡rtires de Antioqu’a. Se ponen bajo su advocaci—n, por ejemplo, las iglesias rom‡nicas de Prados (Oviedo), como narra la versi—n rotense de la Cr—nica de Alfonso III,  y las de ciudad de Salamanca (fundada en el primer tercio del siglo XII)[29], Aistra (çlava), Ojacastro (La Rioja), dos en la provincia de Zaragoza: BagŸŽs (s. XI) y Bustasur, Rebolledo de la Torre (Burgos), Villarejo Seco (Cuenca), la desaparecida de Ruiforco de Tor’o (Le—n), u otras ya renacentistas, como en Isla (Cantabria). Sancho el Mayor de Navarra funda el monasterio oscense de San Juan de la Pe–a englobando un templo anterior dedicado a estos santos, y se representa tambiŽn su leyenda en una vidriera del lado norte de la girola de la catedral de Rouen, de mediados del siglo XIII[30].

Los precedentes son, por tanto, testimonios anteriores a las posibilidades de difusi—n del relato que alcanz— potencialmente cuando fue incluido en La leyenda dorada de Santiago de Vor‡gine[31], escrita hacia 1264, pero realmente popularizada en el siglo XIV, de lo cual da fe su inclusi—n, por ejemplo, en los Cuentos de Canterbury de Chaucer: ÒPracticaba la hospitalidad generosamente: / era el San Juli‡n de su comarcaÓ[32]. En la popular Leyenda Dorada se recogen cinco Julianes, siendo el cuarto el Hospitalario (la confusi—n con otros hom—nimos se produce con los santos Julianes de Mans, Brioude o R’mini) cuya leyenda marca las pautas que luego la tradici—n local recoger‡ asoci‡ndola a San Pedro de la Nave aprovechando la falta de concreci—n topogr‡fica y cronol—gica. El texto dice as’:

 

ÒJuntos los dos esposos abandonaron el castillo y fuŽronse a vivir a un pa’s extra–o, fijando su residencia a orillas de un caudaloso r’o, precisamente en un lugar en el que muchos pasajeros, al intentar cruzarlo, o se mor’an ahogados, o corr’an muy graves peligros de perecer arrastrados por la corriente. All’ edificaron una gran hospeder’a para alojar gratuitamente a caminantes y pobres que por aquel sitio transitaban y all’ se quedaron definitivamente san Juli‡n y su virtuos’sima mujer haciendo penitencia y obras de caridad, y ayudando a pasar el r’o a cuantos ten’an necesidad de cruzarlo para ir de una a otra orilla del peligroso cauceÓ[33].

 

La figura del Hospitalario no figura en ningœn martirologio (recordemos que fue confesor), por lo que su festividad suele asociarse a la de otros Julianes, sin que haya una tradici—n fija. Su iconograf’a suele centrarse en dos escenas: cuando asesina a sus padres, o transportando al leproso junto a su esposa. Su s’mbolo parlante es un remo y una barca, y as’ se le representa en una talla del siglo XVIII que hoy puede verse en la c‡mara lateral izquierda del templo[34]. Segœn las distintas tradiciones, se le hace originario de las regiones de Maine, Angi˜, de BŽlgica, o de Zamora[35]. En estos diferentes pa’ses que tratan de hacer al Juli‡n confesor oriundo de sus tierras la leyenda ser‡ recreada por los escritores m‡s importantes de cada Žpoca en diversos momentos hist—ricos (Boccaccio, Lope de Vega, Gustave Flaubert[36]).

 

 

Grabado de San Juli‡n y Santa Basilisa, (en SANTIAGO DE LA VORçGINE (1990): La leyenda dorada, vol. 1. (1990): La leyenda dorada, vol. 1. Madrid, Alianza, cap. XXX, 141).

 

 

Su tradici—n textual

San Pedro de la Nave aparece vinculada en las fuentes escritas zamoranas a la leyenda de los santos barqueros, a quienes atribuye la construcci—n del templo. En el origen de la misma es sensato suponer el interŽs de un monje benedictino en prestigiar el templo, que culmina con la traslaci—n de las presuntas reliquias de la santa pareja del cementerio exterior adosado a la iglesia al interior de la misma en 1601. No parece, pues, que antes de esta fecha se asociase su culto a San Pedro de la Nave. Contamos con la detallada relaci—n manuscrita de los sucesos hagiogr‡ficos vinculados a la creaci—n de San Pedro de la Nave gracias a dos testimonios del siglo XVIII que, en lo fundamental, responden a la misma versi—n, fuentes de las que se nutrir‡ con posterioridad la bibliograf’a local. De cada uno de ellos se conservan sendas copias.

El manuscrito cronol—gicamente m‡s antiguo responde al nombre de Varias noticias y curiosidades de Zamora y de su tierra escritas por un curioso monge de San Benito de Valladolid[37], documento descubierto en 1977 por Ram—n Corzo en el Archivo Diocesano de Zamora (Mitra). Su cap’tulo 16 lleva por t’tulo ÒVida y muerte de San Juli‡n y Santa Basilisa, confesores, cuyos cuerpos est‡n en la Iglesia de la villa de San Pedro de la Nave, que pertenece tam in spiritualibus quam temporalibus al Monasterio de San Benito de ZamoraÓ. Es de destacar que corresponde a su vez a una copia de otro testimonio que no conocemos, segœn se manifiesta en el texto, de alguien que fue testigo del traslado de las reliquias de los barqueros al altar mayor de la iglesia, es decir, en 1601, pues un parŽntesis del texto hace referencia a un manuscrito anterior: Ò(dice el que escribi— esto)Ó (f. 3v).

Una transliteraci—n manuscrita de principios del siglo XIX, fidel’sima de este documento, desconocida hasta hoy, fue realizada por otro monje benedictino, cuya identidad en este caso s’ conocemos. La escribi— en el Libro de la Cofrad’a de San Blas, San Juli‡n y Santa Basilisa en San Pedro de la Nave, fech‡ndola en 1815, y citando la fuente original: Òcopiada de un Manuscrito que obra en el Archivo de dicho Monasterio [San Benito de Zamora] por el Padre Fray Anselmo Vela, Prior actual de esta CasaÓ[38] (vid. ApŽndice).

Es decir, que las copias benedictinas remiten a otro original tambiŽn manuscrito, y hoy sin localizar, donde se recog’an las autoridades que estos documentos citan: san Antonio de Florencia, Pedro de Natalibus y Felipe de la G‡mbara en relaci—n a la hagiograf’a de los confesores, y Yepes en lo respectivo al priorato y su dependencia de Celanova. La redacci—n benedictina no fue descubierta hasta 1977.

El siguiente relato corresponde a una fuente cl‡sica para historiar la ciudad de Zamora y parte de su provincia. Es la transmitida por el p‡rroco de la iglesia de San Vicente, Manuel de Novoa, que, en funciones de historiador local, escribe su cŽlebre Historia de Numancia, de la que conservamos dos versiones manuscritas, una en la Biblioteca Nacional de Madrid, y otra en una biblioteca zamorana inusual para una fuente de esta importancia: la Biblioteca de la Delegaci—n Territorial (Cultura).

La Biblioteca Nacional custodia la Historia de Numancia y fundazi—n de Zamora, sacada por don Manuel de Noboa, cura de San Vizente de dicha ciudad, quien la dedica a la Muy Noble y Leal ciudad[39]. El cap’tulo XXXX de la Segunda Parte es el ÒDiscurso S. historial de la vida y muerte de san Juli‡n y santa Vasilisa, su muger, confesores que est‡n en el obispado de ZamoraÓ (ff. 271r-281r). El manuscrito est‡ copiado en 1738 (f. 294r).

En la citada biblioteca zamorana se conserva otra copia de la Historia de Numancia. Por la descripci—n que hace de Žl, Žste es, sin duda, el manuscrito del que dec’a Ces‡reo Fern‡ndez Duro: Òyo he visto otra copia, que no creo sea la que posee el se–or Gayangos, en poder del ilustrado Can—nigo de Zamora D. Juan ArribasÓ. Igual que en la copia de la BN, la segunda parte (volumen 2) se dedica casi toda a san Ildefonso. DespuŽs le llega el turno a Atilano, Domingo Y‡–ez Sarracino, Boal Mart’n, y Cucufato, para por fin arribar al ÒDiscurso quinto historial de la vida y muerte de san Juli‡n Ospitalero y santa Basilisa, su mujer, confesores, que est‡n en el obispado de ZamoraÓ, cap’tulo XL (ff. 266v-278r). Este volumen, y con Žl la obra entera, termina tratando de la Virgen de la Inhiesta[40].

La tradici—n manuscrita de la Historia de Numancia est‡ trazada desde los finales del siglo XIX en que la fija Ces‡reo Fern‡ndez Duro, trabajo de cr’tica necesario porque en la obra se advierte la superposici—n de textos de tres autores distintos que abarcan desde principios del siglo XVII a finales del XIX. El cuerpo principal de la obra de Manuel Novoa es la Historia de Numancia, escrita en el primer tercio del siglo XVIII, que muri— en 1737[41], pero en la parte que nos ocupa, la leyenda de san Juli‡n y santa Basilisa, el cura de San Vicente copia un manuscrito anterior, segœn una anotaci—n que recoge en su propia obra. As’, en el Pr—logo a los ÒDiscursos historialesÓ dice Novoa c—mo,

 

Ò[a]cavada de scrivir la historia del se–or San Ilefonso (sic) me allŽ con estos travajos y discursos historiales hechos, y a personas leýdas en historias y de conozimiento particular de las cosas antiguas de Zamora les parezi— que io dev’a comunicarlos a todos y sacarlos a luzÓ

 

con el fin de que Òlo que el descuydo de nuestros antepasados a sepultado por no haver puesto estas cosas en memoria, no venga el olbido a ponerlas en perpetuo silencioÓ, refiriŽndose a los ÒDiscursos historiales de los santuarios que ai en ZamoraÓ del doctor Jer—nimo Mart’nez de VegasÓ[42], un manuscrito fechable en 1615 (segœn Fern‡ndez Duro) escrito por el que era cura de la zamorana localidad de Roales[43]. Es por tanto Žste, y no Novoa, quien puede afirmar que el prior de San Pedro de la Nave que descubri— los cuerpos enterrados le cont— a Žl directamente c—mo hizo su descubrimiento (Òcomo Žl me dijo (...) y conmigo, como con hijo a quien tanto quiso, lo comunic— algunas bezes m‡s despazioÓ). Referido inmediatamente el hallazgo a su abad de San Benito de Zamora, fray Alonso del Corral, el mismo a–o (1601) se efectu— la traslaci—n de los santos cuerpos[44]. Segœn el texto,

 

Òyo asist’ a la dicha translazi—n y en la prozessi—n referida llevŽ una gran parte de ella un brazo de las andas en que yban los dichos cuerpos santos y traje a mi casa cantidad de la tierra de su sepulchro, que conserva un admirable olorÓ.

 

Las referencias a sucesos posteriores a esa fecha en el manuscrito son debidas al presb’tero Miguel Antelo Varela, cura de San Torcuato, en la ciudad de Zamora, que adiciona y deturpa la obra de Novoa a travŽs de su copia a finales del siglo XIX[45], aunque no parece que a nuestro relato le afecten mayormente. Le dedica la obra al Ayuntamiento. ƒste, segœn Fern‡ndez Duro, compr— el manuscrito con intenciones de publicarlo, opci—n desestimada por el informe remitido por el erudito Roberto Mu–iz, abad de San Mart’n de Casta–eda, que calific— el texto de espurio.

El discurso historial de Mart’nez de Vegas/Novoa se apoya en las citas de san Antonio de Florencia, Pedro de Natalibus, un Flos sanctorum antiguo portuguŽs y, finalmente reconoce que Ò[l]a misma historia como aqu’ ba declarada quanto a lo essemzial refiere fray Juan Gin [(sic) por Juan Gil de Zamora] en el libro octavo de sus Claros baronesÓ. Frente a la tradici—n m‡s asequible que perpetœan las copias de los benedictinos, Novoa construye un texto algo m‡s barroco, con sus tradicionales pretensiones de erudici—n, recogiendo interlocuciones latinas, si bien bastante corrompidas (ÒTu me secueris qui patris et matris tu¾ ocisor erisÓ)...[46].

Ha sido el manuscrito de Novoa la fuente que se ha venido utilizando ininterrumpidamente en la historiograf’a zamorana para referirse a la leyenda de los santos barqueros, como reconoce el propio Tom‡s Mar’a Garnacho al hablar de San Pedro de la Nave, donde lo cita a pie de p‡gina[47].

 

 

Sinopsis del relato[48]

 

Manuel Novoa

Monje benedictino

 

 

Situaci—n geogr‡fica de San Pedro de la Nave

 

SJ y SB, m‡rtires de Antioqu’a

Confusi—n entre los SJ y SB m‡rtires y confesores

Autoridades que hablan de SJ Hospitalario y SB, confesores

Comienza la historia de SJ

Profec’a del ciervo

Huida de SJ a Lusitania

(Sobre los l’mites de Lusitania)

 

SJ entra en la milicia

Casamiento con SB (Castellana)

Bœsqueda de los padres de SJ y encuentro

SJ los mata por error en la cama

Descubrimiento del parricidio

Retiro de ambos, llegando a San Pedro de la Nave

SJ construye el hospital, la iglesia y pone en marcha la barca

(Importancia y antigŸedad del templo)

(Es parroquia de cinco lugares)

Penitencia de SJ y SB

Un ‡ngel, en disfraz de pobre, es socorrido por ellos, anunci‡ndoles su perd—n y pr—xima muerte

Mueren un 7 de enero de a–o incierto

Son enterrados en dos capillas de San Pedro de la Nave