Pazols Artigas, Francisca y Jos Manuel Pedrosa. Seres mticos y mgicos en las leyendas tradicionales de Chile. Culturas Populares. Revista Electrnica 3 (septiembre-diciembre 2006).

http://www.culturaspopulares.org/textos3/articulos/pazols.htm

ISSN: 1886-5623

        

Seres mticos y mgicos en las leyendas tradicionales de Chile

Francisca Pazols Artigas

Jos Manuel Pedrosa

Universidad de Alcal

Era de noche, y como el camino es muy montono, porque va cruzando el desierto, el tipo nos fue contando historias. Porque, segn l, as no se quedaba dormido. Una historia que nos cont fue la de(Leyenda nm. 7 de esta coleccin).

 

Resumen

Este artculo rene una coleccin extensa y original de leyendas tradicionales chilenas, sobre seres fantsticos, fantasmas, apariciones y hechos sobrenaturales.

Palabras clave: Chile. Leyenda. Fantasmas. Apariciones. Seres fantsticos. Hechos sobrenaturales.

 

Abstract

This paper gathers an extensive and original collection of Chilean folk legends about fantastic beings, ghosts, apparitions and supernatural phenomena.

Key Words: Chile. Legend. Ghosts. Apariciones. Fantastic beings. Supernatural Phenomena.

 

E

ste artculo tuvo su origen en un curso de doctorado (sobre mitologa comparada) que (en el ao 2005) sigui Francisca Pazols Artigas y que imparti Jos Manuel Pedrosa en la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Alcal. Como fruto de aquel curso, Francisca Pazols reuni una muy nutrida y original coleccin de relatos tradicionales chilenos, que obtuvo a travs de la encuesta directa a personas chilenas que viven en Espaa, o bien, a travs del correo electrnico, a compatriotas suyos de Chile. Jos Manuel Pedrosa particip en la labor de revisin, de edicin, de ordenacin y de anlisis comparativo de los relatos.

            La coleccin no refleja ninguna tradicin local especfica dentro de Chile, ni el repertorio tradicional de ningn grupo ni gremio concretos. Hombres y mujeres, jvenes y mayores, del campo y de la ciudad, de clases sociales y niveles educativos diferentes, han aportado sus recuerdos y han contribuido a reunir una coleccin de relatos muy variada, pero tambin muy interesante, que refleja, ante todo, la riqueza extraordinaria del imaginario colectivo chileno, y que debe servir de estmulo para seguir realizando este tipo de trabajos de recuperacin de la literatura oral en el futuro.

            Cada uno de estos relatos podra, sin duda, dar lugar a un estudio monogrfico de cierto alcance y densidad. Todos ellos, siendo especficamente chilenos, son tambin universales, en el sentido en que inevitablemente se combinan lo local y lo universal en el territorio de los relatos tradicionales: cada uno de ellos es un eslabn (local) de una colosal cadena (universal); cada uno puede tener paralelos en otras pocas, en otras tradiciones, a veces insospechadamente distantes. La energa de la palabra, que recorre sin esfuerzo las mayores distancias, la capacidad de adaptacin y de resistencia de la cultura humana, que echa races en los lugares ms diferentes, permiten explicar ese fenmeno, que, si dispusiramos ahora del suficiente espacio y tiempo, podra llenar todo un grueso volumen de paralelos y de comparaciones.

            Tendremos que conformarnos, en esta ocasin, con proponer algunos textos entresacados de los repertorios orales de otros lugares y pocas, para que puedan empezar a apreciarse las similitudes entre este corpus de relatos (tan tpicamente chileno en su primera apariencia) y otras tradiciones diferentes.

            Un primer ejemplo es el de nuestra leyenda nm. 2. (La mujer que se apareca en el puente), que est protagonizada por una mujer fantasmal que tiene la costumbre de hacerse visible en un puente. Este tipo de leyendas conoce muchos paralelos en tradiciones muy diferentes de todo el mundo. Comparmosla con un relato de la Louisiana, en los Estados Unidos:

              l nunca crey en todos aquellos fantasmas, ni en aquellos espritus, ni en todas aquellas cosas... Pero mi abuela muri y l estaba volviendo a casa –ella acababa de morir un rato antes– por el puente... Y justo cuando l estaba pasando por el puente, algo le golpeo –todo esto es verdad, todo sucedi–, pero l era un hombre fuerte. As que algo le dio y le golpe. l no pudo ver lo que era, no pudo empujarlo. Fuera lo que fuera, debi de ser el espritu[1].

            Muchos ms relatos acerca de seres sobrenaturales que se aparecen en los puentes o en torno a ellos podramos traer a colacin. Pero ms prctico que eso puede ser conocer la interpretacin que a este tipo de creencias dio Mircea Eliade, y algunos de los antecedentes y paralelos mticos con que cuenta.

            El simbolismo del puente funerario est universalmente extendido y rebasa la ideologa y la mitologa chamnicas. Este simbolismo es solidario, por una parte, del mito de un puente (o de un rbol, o de un bejuco), que en otro tiempo enlazaba la Tierra con el Cielo, y merced al cual los hombres se comunicaban fcilmente con los dioses; por otra parte, est relacionado con el simbolismo inicitico de la "puerta estrecha", o con un "paso paradjico" que ilustraremos con algunos ejemplos.

              Nos hallamos ante un conjunto mitolgico cuyos principales elementos son los siguientes: a) in illo tempore, en la poca paradisaca de la humanidad, un puente una la Tierra con el Cielo, y se pasaba de la una al otro sin tropezar con obstculos, porque no exista la muerte; b) una vez interrumpidas las comunciaciones fciles entre Tierra y Cielo, ya no se pasa por el puente sino "en espritu", esto es, como muerto, o en xtasis; c) este paso es difcil, en otras palabras, est lleno de obstculos y no todas las almas consiguen atraversarlo: es preciso vrselas con los demonios y los monstruos que querran apoderarse del alma y devorarla, o el puente se hace de pronto tan sutil como el filo de una navaja de afeitar cuando caminan por l los impos, etc.; slo los "buenos", y especialmente los "iniciados", cruzan con facilidad el puente (estos ltimos conocen, en cierto modo, el camino, puesto que han sufrido la muerte y la resurreccin rituales); d) algunos privilegiados consiguen, no obstante, atravesarlo en vida, ya en xtasis, como los chamanes, ya "por la fuerza", como ciertos hroes, o ya, por ltimo, "paradjicamente" por la "sabidura" o por la iniciacin.

[...] En ciertas iniciaciones japonesas, los candidatos estn obligados a construir un "puente" sobre siete flechas y con siete lminas. Este rito debe relacionarse con las escalas de cuchillos que suben los candiatos durante su iniciacin chamnica y, en general, con los ritos iniciticos de ascensin. El sentido de todos estos ritos de "paso peligroso" es el siguiente: se establece una comunicacin entre la Tierra y el Cielo y se trata de restaurar el camino fcil que era el existente in illo tempore[2].

            La encrucijada es otro espacio mtico y crtico del que hablan (con temor y reverencia) los relatos tradicionales chilenos, segn se aprecia, por ejemplo, en el texto nm. 3 (El fantasma de la guagua que lloraba en la encrucijada) de nuestra coleccin.

            A nadie debe extraarle. En todo el mundo, y desde muy antiguo, los cruces de caminos han sido considerados escenarios privilegiados de apariciones sobrenaturales (sobre todo diablicas), de sucesos inexplicables, de peligros turbadores y amenazantes.

            Comprobmoslo, por ejemplo, a partir de este fragmento de uno de los exempla piadosos que, hacia 1223 o 1224, incluy el monje cisterciense alemn Cesreo de Heisterbach en la monumental recopilacin de relatos en latn que lleva el ttulo de Dialogus miraculorum:

Cierto da, a eso del medioda, que es cuando ms poder tiene el diablo meridiano, Felipe lo llev a un cruce de caminos, hizo a su alrededor un crculo con su espada y pronunciando sobre l la ley del crculo, le dijo: si sacas alguno de tus miembros fuera de este crculo antes de que yo vuelva, morirs, pues los demonios rpidamente te sacarn de l y te matarn[3].

            Conozcamos a continuacin un texto que refleja una creencia espaola viva y recordada todava a finales del siglo XX:

Una creencia leonesa consista en quemar unos pantalones de hombre en las encrucijadas o cruces de caminos, sitios peligroso desde siempre, y lugares donde se crea que se reunan las brujas[4].

            Y conozcamos, a continuacin, el cuento de La muchacha y la vieja impostora, tradicional entre los fang de Guinea Ecuatorial, uno de cuyos ncleos ideolgicos gira en torno a los peligros mgicos de las encrucijadas:

              rase una vez una jovencita que se cas con un seor del poblado vecino. El poblado de la muchacha distaba mucho del de su marido, unos cuarenta kilmetros aproximadamente. El gran camino que exista entre los dos poblados era largusimo, y tena numerosos peligros y una prohibicin; nadie deba cruzar solo dicha distancia. En la mitad del camino haba un gran cruce, lugar de residencia de los grandes peligros.

              Haca muchos aos que no visitaba la jovencita a sus padres, cuando un da le lleg la mala noticia de que haba muerto su padre. Una vez enterada la muchacha de la desgracia, pidi a su esposo que se fueran, pero su esposo le dijo que no estaba preparado, que se fueran al da siguiente, y cogi su machete y se fue al bosque.

              La muchacha no pudo esperar, y cogi una cesta y un machete, dirigindose rpidamente a cortar unos pltanos en su finca para llevrselos a su madre. El lugar por donde cultivaban todos los habitantes del pueblo se llamaba Mang. Rpidamente, despus de traer los pltanos, la jovencita at a su hijo en el pecho y, con la cesta en la espalda, tom el camino peligroso, en las espaldas del esposo.

              Llegada en el cruce, se puso a descansar; despus de la parada, y a pocos minutos de la salida, oy una voz que le deca:

              Eh, eh!

              Y, al mirar hacia atrs, vio a una vieja que se ofreca a ayudarla con la carga que llevaba. La jovencita, cansada, lo acept. La vieja cogi la cesta y el nio, y se puso a caminar en compaa de la madre del beb. Cuando vio la vieja que ya faltaban quince kilmetros, le dio unos golpecitos a la muchacha, e inmediatamente la jovencita se volvi vieja, y la vieja hechicera se hizo joven. Al verlo, la hurfana se puso a llorar de este modo:

              Fui a Mang para cortar pltanos para mi madre, Selene.

              Fui a Mang para cortar pltanos para mi madre, Selene.

              Para ir donde est mi madre, y al llegar en el cruce,

              o una voz que me llamaba, y ahora es esa persona

              la que ya se ha hecho con todas mis cosas, Selene. (Contesta el coro).

              La verdadera madre del hijo no dej marchar sola a la hechicera, y la sigui llorando hasta el poblado, entrando tambin la hurfana, acompaada de la disfrazada, en la casa de su madre. Al llegar las dos seoras, los familiares las saludaron, aunque en el fondo, la viuda no reconoca a la hechicera, por no parecer sta a su verdadera hija, pero se qued callada.

              Despus de un rato, volvi la hurfana a repetir su llanto, mientras que los familiares iban murmurando, queriendo sospechar de la hechicera disfrazada. La viuda, mam de la vctima, se acerc a la vieja para or lo que deca mientras repeta la vieja su llanto; entonces la viuda se aclar de sus dudas y, llamando a los dems familiares, oblig a la hechicera [a] que deshiciera su hechizo amenazndole con matarle si no lo haca. El to de la hurfana cogi su escopeta y amenaz a la bruja de matarla si no restableca a su sobrina.

              Temblando de miedo, la bruja deshizo su hechizo, pero el to, evitando que la bruja volviera a daar a otro, la mat[5].

            Nuestro relato nm. 7 (La amante fantasma) conoce tambin paralelos en tradiciones orales de todo el mundo[6]. Decenas, incluso centenares de paralelos, documentados en los cinco continentes, podramos enfrentar a nuestra versin chilena. Pero, por ahora, deberemos conformarnos con algunas de las muestras ms exticas, que den idea del arraigo cultural del mito. Las siguientes son versiones de El Cairo (Egipto), Guinea-Conakry y (Antananarivo) Madagascar:

              Esta historia es muy conocida en El Cairo. Una noche se paseaban dos amigos en un coche por una carretera, y a los dos lados haba tumbas. Y ven a una mujer haciendo auto-stop, con un vestido muy transparente y con el pelo muy largo. La recogen y se ofrecen para llevarla a su casa. Elle les dice que tiene fro, y los chicos la dejan la chaqueta de uno de ellos. Van hasta su casa, y ella les dice que la esperen un momento, porque va a subir a ponerse algo encima y luego bajar a devolverles la chaqueta. Pero tarda mucho, no s si una hora, dos, tres... Al final se encuentran por all con una persona y le preguntan. Le dicen:

              Hemos venido a acompaar a una chica y est tardando mucho.

              Entonces, el hombre les dice:

              Ah! Os lo ha hecho otra vez! Es un fantasma. Es el alma de una mujer que viva aqu antes, y si os vais ahora otra vez al cementerio, vais a encontrarla.

              Se van los dos al cementerio y encuentra la chaqueta del chico que ella le haba pedido. Estaba puesta sobre la lpida de una de las tumbas[7].

              Hubo una historia cerca de nosotros; se trataba de una nia que haba muerto mucho tiempo atrs, y una tarde un joven que estaba en una sala de baile la encontr y se hicieron amigos; al partir, la mujer le dej al muchacho su direccin. Como l quiso reencontrarla un da ms tarde, se dirigi a casa de la familia de su nueva amiga; una vez all, se present a la familia, y vio entonces a algunos de ellos que lloraban; entonces le explicaron que su hija haba muerto haca mucho tiempo; el joven no poda creer, y mirando la foto de la mujer en el saln, les dijo:

              Fue ayer sbado. Yo encontr aquella de la foto en la discoteca...[8].

              Sobre todo, son los taxistas los que cuentan esta historia. Se dice que, una vez, dos chicas pararon a un taxi, y le pidieron que les llevase hasta un barrio de las afueras de Tananarivo; eran chicas muy guapas, e iban charlando en el taxi. Una de ellas se puso a fumar un cigarrillo, y ofreci otro al taxista, que not que se trataba de un cigarrillo muy perfumado y suave. Pero no se lo fum entonces, sino que lo meti en su bolsillo. l estaba encantado, porque vea que la mujer y l se gustaban.

              Cuando llegaron al lugar adonde ellas iban, aquella chica y el taxista se dieron una cita para el da siguiente, y l vio cmo las dos se bajaban, se dirigan hasta una casa, y entraban dentro despus de que alguien les abriese la puerta. Al da siguiente, a la hora de la cita, el taxista regres al mismo lugar para recoger a la chica, y se dio cuenta de que en aquel sitio slo haba una casa en ruinas, y, cerca de la casa, una tumba. Se dirigi entonces hacia una casa que haba en las cercanas. Estaba bastante asustado. Llam y pidi hablar con la chica del da anterior o con su compaera. La persona que le abri la puerta se ech a llorar, y dijo que las dos chicas haban muerto haca algn tiempo en un accidente de coche, y que la tumba que estaba all era la suya. Entonces, el taxista ech mano a su bolsillo para buscar el cigarrillo que la chica le haba dado el da antes, y se dio cuenta de que se trataba en realidad de un dedo humano[9].

 

            Nuestras leyendas nms. 10 (El muerto que regresaba a cuidar de sus nios), 11 (El nima en pena que vena a cuidar de los nios) y 12 (La aparicin del abuelo a su nieta) hablan de muertos que regresan del ms all para hacerse presentes a sus familiares y para, de algn modo, recordarles que siguen cerca de ellos, como espritus vigilantes, solidarios o protectores. La nm. 12 se refiere, especficamente, a la aparicin del abuelo muerto. Comparmosla con la siguiente leyenda urbana catalana, con la que no deja de mostrar similitudes:

              Cuando haca una visita a sus hijos y no estaban, el abuelo tena por costumbre cambiar de lugar un tiesto para manifestar que haba ido. El abuelo se muri. Como cada ao, los hijos pusieron el rbol de Navidad. Cuando pasaron las fiestas, cogieron el rbol y lo pusieron al pie de la escalera antes de tirarlo. Misteriosamente, cada da el rbol cambiba de lugar[10].

            La creencia en sobrenaturales, perros negros, encarnaciones de almas de muertos o de espritus (por lo general del mal, aunque a veces tambin del bien) informa nuestra leyenda nm 37 (El perro diablico). Y muchos paralelos que han sido registrados en tradiciones muy diversas. Volvmonos ahora hacia el continente americano, y analicemos los dos siguientes relatos, tradicionales en La Paz (Bolivia):

              Se dice que en los pueblos del Beni hace muchos, muchos aos, existan una familia y se dice que vivan en una casa que antes haba pertenecido a unos brujos. Esta familia tena un perro negro, y se dice que cada vez que haba luna llena, este perro se converta en un hombre y sala a conversar con las personas que encontraba.

              Una noche, cuando la hija menor de esta familia sali al campo, se perdi y dice que unos hombres la atacaron, y el perro que estaba pasando la encontr y fue contra los atacantes, y los atacantes lo mataron o lo hirieron. Cuando este perro mal herido se convirti en un hombre y la llev a la chica a su casa, vieron que el hombre estaba mal herido, y cuando quisieron salvarlo, ste se convirti en perro y muri.

              Y se dice que ahora cada mes en que se recuerda la fecha en que muri el perro, muere un perro negro y se escuchan muchos ladridos.

              Me lo cont un amigo.

              Se dice que cuando uno ve a uno de esos perros sin pelaje (perro cala), en ellos se vena al diablo. Uno de mis familaires una vez vio en un campesinario a uno de esos perros cuando l era nio y le mostr a su mam los ojos rojos de ese perro, y su mam le dijo que no mirara a mi familiar, que cuando uno mira a esos perros, despus se muere[11].

            Tambin en la tradicin de Nicaragua han sido documentadas interesantsimas leyendas acerca de perros fantasmagricos:

              El Cadejo es un perro blanco. O sea, hay un Cadejo Blanco y un Cadejo Negro. El Blanco es el bueno, y el Negro es el de los malos espritus, el que te lleva el mal.

              Se le aparece a las personas de noche, a los hombres, que son los que andan de noche. Entonces, el Cadejo Blanco los va cuidando, va detrs del hombre que viene de parrandear. Y el Cadejo Negro lo ataca al hombre. Es lo contrario. Entonces, viene el Cadejo Blanco y lo defiende[12].

 

              Bueno, pues este [cuento] es [de] una seora [que], bueno, que nos cri. Era amiga de mis padres. Entonces nos cri a m y a mis hermanos. Pero no viva en la ciudad, sino que viva [a] quince o veinte kilmetros hacia los alrededores de Managua. Suceda que, a veces, se quedaba en la casa, dorma con nosotros. Y otras veces se iba para su casa.

              Un da de tantos se fue, pero ya se fue tarde no? Seis o siete de la noche. La noche ya estaba entrada y, bueno, el sistema de transporte no era tan bueno que todava le tocaba caminar de la ltima estacin del bus. Todava le tocaba caminar un camino oscuro. Pero resulta que ya iba andando ah sobre las nueve, y ella es bien religiosa. Siempre, sabe?, con los temas de la religin.

              Entonces, dice que iba caminando, y senta como que la observaban, o alguna presin o alguna cosa as. Entonces, ya era una seora avanzada, y andaba con su crucifijo, y se puso a rezar y todo el cuento no? La bolita y todo eso.

              La cuestin es que oa ruido y comenzaba a caminar ms rpido, y comienza la presin, hasta que lleg a una zona que haban unos andamios y unos residuos de combustin, y comenz a ver sombras. Entonces, bueno, segua rezando ms, y cada vez ms nerviosa. Resulta que mir un perro delgado, bastante grande para ser un perro, pero que miraba que era la forma igualita a un perro. Pero, obviamente, ms grande quiz.

              Entonces ella haba escuchado de su abuelo, y del abuelo y del abuelo y del abuelo, que exista siempre el Cadejo Blanco y el Cadejo Negro. El Cadejo Negro era el malo, y el Cadejo Blanco era el bueno. Entonces, que miraba cmo se mova de forma muy rpida, excesivamente rpida, como para ser un perro, como decimos nosotros, como cuando hay cualquiera en la calle. Entonces se qued petrificada. No sabe cunto tiempo, pero se fue una eternidad para ella. Y el perro, pues ni siquiera ladraba. Se le miraban los ojos brillantes y movimientos rpidos sobre los andamios.

              Pues, de tanto rezar o no s qu, qu le pas? Pues que logr, agarr valor, sigui caminando y, al doblar una esquina, se encontr con otro perro, de caractersticas mucho, mucho menores que el anterior, pero Blanco. Entonces, ella se sorprendi no? Y quiso volver hacia atrs. Y no pudo, pues intentando darse vuelta, en lo que ella quiere darse vuelta, el perro que estaba echado ah, el Blanco, se levanta, y se le pone en la espalda, y no se despega hasta que llega a su casa. Y, bueno, ya se senta ms segura, hasta que lleg a su casa, entr, quiso buscar al perro el da siguiente. Y nada, no lo encontr[13].

            El mito de El hombre del saco, que informa nuestras leyendas chilenas nms. 24, 25 y 26 (El hombre del saco) ha sido documentado en otras ocasiones en Chile:

              Aparece en Peine en el medio de los remolinos de viento, y se lleva a los nios en una bolsa que tiene en su vientre[14].

            Pero se trata, en realidad, de una creencia comn en muchos otros sitios. En Espaa, concretamente en Almera y en el pueblo de Cilleruelo de Abajo (Burgos), han sido recogidos los siguientes testimonios:

              Mi madre me contaba de pequea que, por las calles, haba un hombre con un saco a cuestas que le decan el hombre del saco, porque lo que haca este hombre era que a los nios malos los meta en su saco y se los llevaba[15].

 

              El trapero es uno que dice que va con el saco en Madrid, que viva en Madrid. Iba por las calles pregonando:

              –El trapero! Hace muchos aos ya, claro Vendo trapos! El trapero! Compro trapos!

              Y claro, se asoma una seora del quinto piso o el sexto, y dice:

              –Eh, buen hombre! –Dice– Haga el favor de subir!

              Y va el pobre, con el saco a medio llenar de trapos, y dice:            

              Bah, esta mujer le termina aqu de llenar.

              Sube las escaleras andando, porque no haba ascensor. Era en aquellos tiempos que no haba ascensor... Cuando llega arriba, ya, llama a la puerta, sale la seora con el nio, que era un chico de seis o siete aos, dando guerra... Dice:

              –Mire, mire este chico la guerra que da. Verd que si no se calla, le mete ust al saco[16]?

            El mito de El hombre del saco o de la bolsa tiene tanto arraigo en la tradicin panhispnica que no han faltado sugerentes recreaciones literarias, como la siguiente, salida de la pluma del escritor peruano-espaol Fernando Iwasaki:

              No hay que hablar con extraos

              As me deca siempre mam, pero Agustn no era un extrao porque todos los das me ofreca caramelos a la salida del colegio. Adems, cada vez que me llevaba a su taller me regalaba muecas. Muy bueno era Agustn, me haca cariitos.

              Mam me contaba historias bien feas de nias que se perdan porque se las robaban las gitanas o el hombre de la bolsa. Yo saba que las gitanas se llevaban a las nias para obligarlas a vender flores, pero nunca supe qu te haca el hombre de la bolsa. Con Agustn yo juego a que me toca y yo lo toco, y siempre gano pues al final no se puede aguantar. Mam es una miedosa porque dice que si hablo con extraos seguro que no me vuelve a ver.

              En el taller de Agustn hay muchas cosas que cortan y queman y pinchan. Tambin tiene un avin desarmado que un da servir para volar e irnos de viaje. Por eso me puso el pauelo mgico en la nariz, porque los aviones marean y tengo que acostumbrarme. Despus ya no me acuerdo de nada: una colonia bien fuerte, un sueo como regresando de la playa y muchas cosas que cortan y queman y pinchan.

              A veces salgo del taller de Agustn y vuelvo al colegio porque ahora nadie me llama la atencin. Me gusta hacer lo que quiero y caminar de noche, pero me da pena mam, siempre mirando triste por la ventana. Le hablo y no me hace caso y entonces vuelvo al taller con mis juguetes de niebla. Seguro que si Agustn no fuera un extrao mam me volvera a ver[17].

            Pese a su escasa extensin y aparente trivialidad, el relato chileno nm. es extraordinariamente interesante, y cuenta con muchos paralelos en otros lugares. Miremos ahora hacia el solar hispano peninsular, y conozcamos una versin del pueblo de Torralba del Ro (Navarra):

              Dicen que haba [un tesoro]: una clueca encontraron una vez, ah en el campo; pero haba un camino que iba de Baano, que haba muchos pueblos aqu. Haba Baano, San Martn, y de Baano haba un pueblo que iba a Mues. Haba un caminito, y en el camino pues la escondieron la clueca, con cinco pollos de oro. Pero el pueblo, ya han estao mirando, pero no. Lo de la gallina no es viejo. [Hace poco] estaba [uno] labrando y le sali la gallina con cinco pollos de oro.

              Dicen que antes, cuando ponan un escudo en una casa, los hijos de esa casa no iban a la guerra. Entonces ellos compraron el escudo para que no fueran los hijos a la guerra con el dinero de la clueca. Yo tengo odo eso. Yo tengo odo a mi padre que esos huevos se marcharon hasta Francia[18].

            Relatos acerca de gallinas de oro o con pollos de oro han sido registrados en muchos otros lugares de la geografa peninsular. El siguiente documento es de la provincia de Len:

              En Igea tenan enterrados varios tesoros, y cierto da, al cavar una via, un seor encontr una gallina con pollos de oro, y en su afn de ponerla a buen recaudo la llev para su casa, escondindola en un recndito lugar del desvn, y como tuviese tan mala suerte de quemrsele la vivienda, al no poder rescatarla debido a la voracidad de las llamas, las paredes del edificio aparecieron a la maana siguiente enfoscadas de oro[19].

            La creencia acerca de gallinas de oro que prometen y simbolizan la riqueza cuenta con antecedentes venerables en el imaginario colectivo espaol, segn prueban las siguientes informaciones referidas al mbito gallego:

              A principios del siglo XVII aparecen los primeros datos, al menos por el momento, conocidos acerca de lo que es una constante en la cultura popular gallega actual: los tesoros encantados. En concreto, se trata de los documentos referentes a un pleito que mantuvo el clrigo Vzquez de Orxas con los campesinos, sobre la pertenencia de unas mmoas en las que supuestamente haba oro enterrado. El pleiteante habla de las mmoas de los gentiles galigrecos, que supuestamente tienen oro y que los campesinos abren para llevrselo. Estos tesoros estn encantados, y si no son desencantados, se van. Como se puede ver, coincide exactamente con la creencia actual. Tambin aparecen otros detalles que resultan familiares. Por ejemplo, una de las seales del tesoro es una gallina con pollitos: Que era fama pblica que dicha mmoa do Amenido tena tesoro, y decan que todas las maanas de San Juan de cada un ao vean en ellas seales de haber tesoro, que eran un hato de gallinas y pollos, los cuales luego desaparecan despus que se mostraban[20].

            Tales creencias han querido ser explicadas de este modo:

              Dentro del mundo campesino gallego, la gallina posee ciertas caractersticas peculiares. En primer lugar, es un animal que podra denominarse hiperdomstico, tanto por su presencia en la casa como por su cra, que constituye una tarea femenina. Asimismo, tambin su venta, cuando se realiza, es encargada a las mujeres, tarea que stas realizan en los mercados peridios de las villas o ciudades ms prximas.

              Cuando se reservan para el consumo domstico, generalmente se consumen en una comida de fiesta,a o cuando menos de domingo. Asimismo, tambin son el alimento indicado para alimentar a la mujer recin parida. Vemos entonces que la gallina es un animal que est fuertemente relacionado con la mujer.

              A pesar de su papel como alimento en cierta medida de fiesta y de la importancia que el aporte econmico de su venta supone para la economa de la casa, la gallina aparece considerada como animal de poco valor, como se pone de manifiesto en el refrn A ave de pico nunca ao home fixo rico.

              Otro aspecto negativo de la gallina se manifiesta especialmente cuando se trata de una clueca: puede producir el aire. Este aspecto lo comparte con todas las hembras cuando se encuentra o bien embarazadas o bien menstruando.

              Una gallina con pollitos, en un relato de la zona de La Guardia, resulta ser el trasno (en la zona se denomina tardo): cuando la persona a la que se aparece ha conseguido reunir todos los pollitos, desaparecen sin dejar rastro. Esta aparicin cabe perfectamente dentro de la accin burladora del trasno por s mismo, pero tambin puede pensarse que el astuto ser aprovecha una forma conocida de presentasrse los tesoros encantados para burlar una vez ms al incauto que intente atraparlo.

              Solamente en dos menciones nos encontramos con la gallina de los huevos de oro, que podra suponer otra forma de ligarzon entre la gallina y el oro. Se trata en ambos casos de una gallina que pone huevos de oro y que es guardada por una moura encantada en forma de serpiente. Finalmente, se podra tener en cuenta tambin el hecho de que los pollitos son de color dorado, aunque parece que lo determinante es el conjunto de gallina y pollitos[21].

 

            Damos ya paso a nuestro repertorio de leyendas chilenas, a sabiendas de que su comentario podra ser mucho ms extenso y profundo. Esperamos que estas rpidas pinceladas comparatistas hayan servido, al menos, para demostrar que todos estos relatos, sin dejar de ser tpica y legtimamente chilenos, son tambin eslabones de una viejsima y prcticamente universal cadena de leyendas que los chilenos comparten con muchos otros pueblos, y que en cada lugar adquieren tonos y acentos diferentes pero tambin familiares y solidarios con los dems.

 

1.          La Virgen vestida de blanco que se aparece en los caminos

              De gente antigua he escuchado muchas veces de las nimas. Mi pap contaba muchas cosas que dice que eran reales antes. Aparecan cosas como una Virgen de blanco en la noche, por el bosque y por el camino. La gente que la vea deca que le daba miedo.

Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII Regin

2.          La mujer que se apareca en el puente

              Mi suegra me cont que, una vez, iba por la calle a tomar la micro, y ve a una seora parada en un puente que llamamos Canterilla. Y dice que esta seora no se mova. Estaba ah no ms. Y ella pens que era una vecina de por ah.

              Y dice que sigui acercndose, acercndose donde ella, pero que, cuando ya lleg a la calle, pas un camin. Y se desapareci, y el camin no par. Ella no subi al camin. Y dice que era una seora flaca, alta, que andaba toda de blanco.

              Yo pienso que sera la Virgen, porque ella no tuvo miedo ni nada.

Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII Regin

3.          El fantasma de la guagua que lloraba en la encrucijada

              Una vez llevaba maz junto con otro caballero, de noche. Iba pasando cerca de un cruce, y sent un quejido. Era como un animal degollado. Yo solt las bolsas que andaba trayendo, y empec a buscar de dnde vena ese ruido. Yo escuchaba que estaba detrs de un litre [lithraea caustica, rbol que puede producir dermatitis y reacciones alrgicas a quienes lo tocan] que haba ah, pero el seor con que estaba me empez a llamar, y me tuve que volver.

              Dos das despus, volv a ese mismo lugar, y no haba ningn litre. Le cont esto mismo a unos nios, y ellos me dijeron que ah siempre pasaba eso, que ellos escuchaban una guagua [una criatura pequea] llorar.

Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin

4.          El fantasma del degollado que se aparece en las quebradas

              En las quebradas siempre aparecen cosas, hombres degollados. Aqu mismo, en esta quebrada. La otra vez, a mi hermano, le apareci un degollado en la quebrada. Estaba lleno de sangre. Le corra as la sangre. Y mi hermano se fue corriendo, y le tir unos garabatos.

              Pero el hombre le sali all, y, despus, le vino a salir aqu, de ah. Le tir piedras y se perdi.

Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin

5.          El fantasma de la novia a caballo

              En mi pueblo se apareca una nia montada a caballo, vestida de novia. Ella muri embarazada. O sea, al tener la guaguita, muri. Y se muri la guaguita tambin.

              Siempre ocult su embarazo. Nunca lo dijo a su familia. Mam soltera. Dice la gente que, cuando uno se muere, tiene cuarenta y ocho horas para recorrer todas las partes donde haya vivido. Y, en esas cuarenta y ocho horas, la nia empez a salir vestida de novia y a caballo. Ella siempre quera casarse. Ella ya tena su vestido de novia.

              El novio se muri antes que ella. Lo atropellaron. Entonces, no se poda casar.

              La gente muchos aos la vio. Yo una pura vez la vi. Le decan la novia de la noche all.

Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin

6.          La mujer fantasma que regres a visitar su casa y olvid un guante

              Estbamos una tarde con mi mam, Ester Gana Larran, en nuestra casa en la calle Catedral. Era una casa con un living muy elegante, con una escala. Tocan el timbre. Salgo yo a abrir, y estaba una seora de unos cuarenta aos, toda de negro, con sombrero. Y me dice si puede pasar, porque ella hace muchos aos vivi en esa casa.

              Yo no vi ningn inconveniente en que entrara. La invit a sentarse en el living de la entrada de la casa, y pas sola al segundo living, a avisarle a mi mam que haba una seora de visita, y que porqu no la atendamos las dos.

              Entonces con mi mam fuimos, y la seora se present con un nombre que no recuerdo ahora. Esto fue hace cincuenta y ocho aos, a mediados del ao 1947. La seora dijo que ella haba vivido en esta casa, y que quera ver la pieza  que daba al living primero, porque en esa sala haba muerto una persona a quien ella quera mucho. Tambin dijo que ella haba estado fuera mucho tiempo, y haba vuelto despus de haber recorrido todos los alrededores de la casa, todas las calles del barrio. Dijo:

              Me permiten entrar a esta pieza?

              Mi mam le contest:

              –Por supuesto, seora, pase. No hay ningn inconveniente.

              Y nos cont que, cuando ella haba vivido en esa casa, ese living tan bonito era el primer patio de la casa. Y que esa pieza daba al patio, y que ah ella haba dormido. Y en esa pieza tena muy buenos recuerdos, y tambin muy malos.

              Despus de recorrer el living y la pieza, se qued con nosotras una media hora, conversando, y nos dijo:

              –Les agradezco su buena voluntad por haberme permitido recordar tiempos muy felices y muy tristes

              Se despidi y se fue. En ese momento encontramos un guante negro que se le haba quedado. Esto fue al instante que sali de la casa. Y pedimos a una de las empleadas, la Mara, que saliera a entregarle el guante, porque deba estar saliendo. Y la seora haba desaparecido. Ya no estaba por ningn lado.

              Entonces, al da siguiente, mi mam tena que ir a pagar la ltima parte que nos faltaba para pagar la casa, a un seor de apellido Campino, que era el anterior dueo de la casa. Y le cont que haba ido a la casa esta seora, y que se llamaba Fulana de Tal. El Seor Campino le dice:

              –Seora Ester, no puede ser! Si esa seora muri hace por lo menos unos treinta aos! Y fue asesinada en la pieza que daba al living primero, que en ese tiempo era el primer patio!

Elcira Jarpa Gana, 85 aos, Quillota

 

7.          La amante fantasma

              Una vez, en un viaje al norte, hace unos trece aos, nos llev un camionero a m y a unos amigos en el trayecto que va entre Chaaral y Antofagasta.

              Era de noche, y como el camino es muy montono, porque va cruzando el desierto, el tipo nos fue contando historias. Porque, segn l, as no se quedaba dormido.

              Una historia que nos cont fue la de una mujer que conoci en uno de sus viajes a Bolivia. Nos cont que, una vez, tambin de noche, una mujer le hizo dedo en la carretera, y l la llev.

              La cosa es que iban al mismo pueblo, y, al llegar, se fueron juntos a comer y a bailar. Y, al final, se volvieron al camin. Se acostaron juntos.

              El tipo nos contaba que, aunque tena mujer en Chile, se qued enamorado de esta otra, y que incluso pensaba dejar a su familia por esta mujer.

              Despus de esa noche, en la madrugada, la mujer, que se llamaba Mara, le pidi que la llevara a su casa. Y el camionero, antes de seguir su ruta, la fue a dejar, y quedaron de verse cuando l volviera unos das despus por el mismo camino.

              Cuando volvi, nos contaba que iba con un ramo de flores, y que se baj en la casa de la Mara y, al tocar la puerta, sali una vieja a recibirlo.

              Cuando el camionero le pregunt por la Mara, la vieja se puso a gritarle y a zamarrearle la chaqueta. Gritaba:

              –Ya la hizo de nuevo esta zorra!

              Entonces la vieja se meti en la casa, y sali con una foto antigua de una mujer, de esas fotos como retocadas. Y le pregunt al camionero si sta era la Mara que estaba buscando. l le dijo que s, y la vieja le dijo:

              –Esta puta se muri hace treinta aos.

              El camionero nos contaba que no saba qu hacer, y que se quera mear de susto.

Jorge Rojas, 28 aos, Santiago

 

8.          El fantasma que dio aviso de su muerte a su familia

              A m me pas un chasco una vez aqu, en mi casa, cuando llegu de Catillo. Andaba haciendo aseo en mi pieza, y sent encenderse la luz en la cocina, y vena a mirar, y nada. Y all arriba, otra vez para adentro. Y volva lo mismo, y no era nada. Y, al final, como al da siguiente, supe que haba fallecido un to de mi pap.

              Era como que me haba venido a avisar que se haba muerto.

Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel

9.          La aparicin nocturna

              Anteanoche me penaron a m. Es que yo no tengo miedo. Yo estaba acostado ah, y abr los ojos, y ah estaba la persona. Despus habl y desapareci. Pens que era el Vctor, mi hermano, la primera vez que lo vi. Cuando abr los ojos, me dio miedo. Pero despus se me quit al tiro.

Jos Eduardo Romero Fuentes, 12 aos, Lomas de San Alberto

10.       El muerto que regresaba a cuidar de sus nios

              Mi marido, Rafael Goldsack, que le decan Palelo, siempre tuvo una aficin muy grande a la madera, a tallar, a hacer muebles, dibujar. Era un artista.

              Despus que llegaba de la oficina, se iba al taller, en el tercer patio de la casa, y trabajaba con sus mquinas: una sierra elctrica, una caladora, una cepilladora... Generalmente trabajaba de 17 a 22 horas. A esa hora, yo daba papa a la guagua de turno y la hacia dormir. Y, cuando l volva del taller, entraba muy despacito a la pieza, girando por fuera la manilla de bronce, muy lentamente.

              Pero l muri, y yo me quede con cuatro nios. En las noches, yo le daba la mamadera al nio, ms o menos a la misma hora que l sola llegar.

              Una noche vi cmo la manilla de bronce de la pieza, que estaba cerrada, giraba lentamente, como lo haca mi marido cuando estaba vivo. Cuando la vi, pens que era mi hermano que habra ido a ver al nio, que le gustaba verlos antes a la hora del sueo.

              Pero la puerta no se abri. Entonces yo me asust y abr la puerta. Y no haba nadie. Entonces pas a ver a mi mam. Pero dorma. Y luego a la pieza de mi hermano, pero no haba llegado.

              Revis todo, y no haba nadie. Y los otros tres nios dorman. Pens entonces: debe ser Palelo, que viene a vernos. Pero yo soy de las personas que no le tiene miedo a los muertos, sino a los vivos. As que no tuve miedo

              Esto se repiti muchas veces despus, y me sent acompaada. Y, cuando la guagua lloraba, se mova slo el coche, meciendo al nio, como tambin lo haca Palelo cuando viva.

Elcira Jarpa Gana, 85 aos, Quillota, V Regin

11.       El nima en pena que vena a cuidar de los nios

              En la casa s que se han vivido cosas extraas. Pero no hemos tenido miedo ni nada, porque nosotros pensbamos que era el Cristian, el hijo de la seora Lucy. Porque l era como hijo para nosotros. Y siempre nos dijo que, cuando los chiquillos estuvieran destapados, cuando l se muriera, l los iba a venir a tapar.

              Y, una vez, vino, y yo lo vi: subi la escalera, subi donde los nios, baj para abajo y se par ah. Me mir a m y se fue para afuera. Abri la puerta, la cerr, y se fue. Como tres meses de muerto tena. Y, una vez, se le apareci al Carlos en el auto.

              Y Carlos le dijo que le iba a mandar decir una misa y no ha vuelto a aparecer ms.

Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII Regin

12.       La aparicin del abuelo a su nieta

              A mi hija Mara, cuando falleci mi pap, vivamos all en San Manuel, y la Mara siempre lloraba, y deca que quera ver a su abuelito. Y un da sali para afuera. Estaba detrs de una mata. Y ah lo vio. No le vio la cara. Pero lleg a la cocina plida, y me gritaba Mam, mam! Mi abuelito!, me deca . Yo lo fui a ver, y yo no lo vi.

              Pero la Mara lo vio.

Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII Regin

13.       El llanto de la Llorona trae muertes (I)

              Cuando se escucha llorar a la Llorona, es porque alguien de la familia va a morir.

Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago

14.       El llanto de La Llorona trae muertes (II)

              Mujer que se siente llorar. Si se escucha fuerte, es porque est lejos. Si se escucha despacio, significa que est cerca.

              Se cree que anuncia muertes.

Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago

15.       El llanto que augura muertes

              El 19 de septiembre de 1998, como a las cuatro de la maana, senta que una mujer lloraba y lloraba. Era un llanto como de un lamento terrible. Yo senta que se iba acercando.

Despus de eso hubieron como tres muertes en el pueblo.

Jos Domingo Alfaro, 67 aos, Manquehua, IV Regin

16.       El mal de ojo y los nios

              Yo creo que hay mal de ojo. Una guagua que uno la encuentra bonita y no le diga Dios te guarde, le echa mal de ojo. Que sea la persona de ojo de fuerte o de sangre fuerte, los que dicen que ojean.

              No son brujas. Eso creo que son otra cosa. Hay que santiguarla, hay que buscar a una persona que la santige. Si es fuerte el ojo, se muere la guagua: le da fiebre, diarrea y vmitos.

Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII Regin

17.       Amuletos y remedios contra el mal de ojo (I)

              Para santiguarla se hace as no ms, con oraciones que saben una seora que sabe, o el padre.

              Me han ojeado a m y a mis dos nietos chicos. Despus que me santiguan, como a los diez minutos, me mejoro. Me tomo una agita de hierbas y me quedo tranquilita. Transpiro y se me pasa.

Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII Regin

18.       Amuletos y remedios contra el mal de ojo (II)

              Contra el mal de ojo se le coloca una cinta roja en el babero de la guaguita, que es un San Benito, una cinta y una medalla, que es el que espanta al demonio. Otra cosa para espantarlo es poner una cinta roja en un palo de canelo en forma de cruz, y con tres ajos colgados, detrs de la puerta. Eso es para que el demonio no te entre a la casa.

              El canelo es sagrado porque las viejitas antiguas siempre han dicho que, donde hay una mata de canelo, el agua est viva. Y el agua, como es sagrada, el canelo est sagrado.

Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII Regin

19.       Amuletos y remedios contra el mal de ojo (III)

              All en el campo, siempre se contaba que, cuando una guaguita tena mal de ojo, estaba muy llorona, tena fiebre, haba que llevarla donde una seora que la santiguaba. Con un aj cacho de cabra y un crucifijo le soplaba la mollera, le rezaba no s qu oraciones, y las guaguas se sanaban al final.

              Dicen que el aj cacho de cabra es contra el demonio.

              A mis hijas y nietas las ojearon. A mi nieta se le achic el ojito. Andaba con fiebre. Debe haber sido una vecina, porque ella dijo que, cada vez que le haca cario a una guagua, siempre se enfermaba.

              La gente del campo. lo que hace cuando conoce a una guagua: la escupe o le echa un garabato. Porque dicen que, as, nunca ms la ojean.

              Al lado de mi casa hay una seora que santigua nios. Es bien catlica.

Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin

20.       Amuletos y remedios contra el mal de ojo (IV)

              Para evitar el mal de ojo en los animales domsticos y de pastoreo, se les pone una cintita roja en el cuello o la oreja.

              Para el mal de ojo se debe santiguar a la vctima. En el caso de guaguas, hay que decir que Dios lo guarde, porque stas estaran ms indefensas.

Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago

21.       La bruja Clotilde, la culebra y el tabaco

              All en el campo haba una seora que le llamaban Bruja Clotilde. El hermano de ella dicen que haca brujera y sacaba daos, porque a la Ximena, a mi hermana, dicen que le hicieron un dao, una magia negra. Y que se la hicieron en un cigarro.

              Y la Ximena se estaba ahorcando con la culebra que tena en la guata. La estaba estrangulando de la cintura. El cigarro como que se le convirti en culebra, y eso es lo que le estaba aprisionando la guata por dentro. Tena como un latigazo en la cintura. Yo la vi.

              La seora que haca magia negra no pudo sacrsela, porque dijo que iba a quedar ella muy cargada, porque esta gente, cuando sacan daos, se enferman. La que hace daos no puede sacar daos, porque se enferma. Les cae el dao a ellos.

              Unos evanglicos la curaron. Pero no sali la culebra, sino que vomit: un vmito como oscuro, negro, cualquier cantidad. Dicen que el que le hizo el dao fue un tipo que estaba enamorado de ella, y que ella nunca lo quiso, porque era casado. l le pag a la seora para que le hiciera el dao en un cigarro.

              De ah empec a creer yo. Dije: no creo en brujos, caray. Pero, de que los hay, los hay!.

              Dicen que esta gente que hace los daos carga a la gente los martes y los viernes. Para protegerse, la gente se tiene que poner una prenda al revs. Para, que si la gente tira la magia, no le caiga.

Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin

22.       El asalto del brujo

              Una vez a m me sali un brujo. Pero no le vi la cara. El puro cuerpo no ms.

Estefana Reyes, 95 aos, Manqueua, IV Regin

23.       El brujo ahuyentado a pedradas

              Una vez, a m me pas que andaba por la cordillera con mi pap, y l me deca que, una noche, se apareci un brujo. Y que l le tiraba piedras. Y trataba de despertarme, pero  yo no poda. Slo me despertaba cuando l me mova. Si no, no. Y, por mientras, le segua tirando piedras al brujo, hasta que se fue.

              Y ah recin yo me pude despertar.

Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin

24.       El hombre del saco (I)

              Yo me acuerdo, cuando chico, las personas me decan que, en la calle, generalmente de noche, sala un hombre, que no se saba muy bien cmo era, con un saco, a llevarse a los nios que estaban "vagando por las calles" o que, simplemente, se encontraban solos.

              Despus de haber escuchado innumerables historias acerca de este misterioso hombre, un da, en mi casa de la Gran Avenida, sal solo, de noche, a andar en bicicleta. Siempre daba una vuelta a la manzana y me entraba nuevamente. De hecho, lo haca a propsito, para ver si realmente era cierto todo lo que se contaba.

              Cuando di la primera vuelta, ya lejos de mi casa, pas por un sitio vaco, creyendo que no vera nada, como siempre. Pero esta vez, despus de haber pasado por este lugar, dobl en la siguiente cuadra, ya de vuelta a mi casa, y me top cara a cara con un hombre vestido con ropa vieja, cara sucia y, detrs de la espalda, un saco enorme de arpillera, lleno hasta la mitad con un bulto.

              Nunca supe si era el hombre del saco o no, porque por el susto que me llev, creo que nunca me haba demorado tan poco en dar esa vuelta de regreso a mi casa.

              No vi ms a este hombre, ni de da ni de noche. Pero tengo su cara marcada en mi memoria hasta el da de hoy.

Alfredo de Castro, 27 aos, Santiago

25.       El hombre del saco (II)

              Era una historia que le contaban los grandes a los nios chicos para que se portaran bien y obedecieran. Si me portaba mal, no quera entrar a la casa a comer, quera seguir jugando en la calle, no quera apagar el Atari [consola para videojuegos], no queria dejar de ver los monitos, etc, etc. En el fondo, si no le haca caso a mis paps o a alguien que era mayor que yo, me amenazaban con que iban a llamar al viejo del saco para que me llevara.

              Obviamente, nunca lo llamaron. Y, cuando caminaba por la calle con alguno de estos adultos o semiadultos mentirosos, y veamos a un vagabundo, de los mas cochinos y zaparrastrosos, me decan: mira, ah est el viejo del saco. Tienes que portarte bien.

              En el fondo, hacer caso.

Fernanda Salinas, 28 aos, Santiago