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Pazols Artigas, Francisca y Jos
Manuel Pedrosa. Seres mticos y
mgicos en las leyendas tradicionales de Chile. Culturas Populares.
Revista Electrnica 3 (septiembre-diciembre
2006). http://www.culturaspopulares.org/textos3/articulos/pazols.htm ISSN: 1886-5623 |
Francisca
Pazols Artigas
Jos Manuel
Pedrosa
Universidad de Alcal
Era de noche, y como el camino es muy montono, porque va cruzando
el desierto, el tipo nos fue contando historias. Porque, segn l, as no se
quedaba dormido. Una historia que nos cont fue la de(Leyenda nm. 7 de esta
coleccin).
Resumen
Este
artculo rene una coleccin extensa y original de leyendas tradicionales
chilenas, sobre seres fantsticos, fantasmas, apariciones y hechos
sobrenaturales.
Palabras
clave: Chile. Leyenda. Fantasmas.
Apariciones. Seres fantsticos. Hechos sobrenaturales.
Abstract
This
paper gathers an extensive and original collection of Chilean folk legends
about fantastic beings, ghosts, apparitions and supernatural phenomena.
Key
Words: Chile. Legend. Ghosts.
Apariciones. Fantastic beings. Supernatural Phenomena.
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E |
ste artculo tuvo su origen en un curso de doctorado (sobre
mitologa comparada) que (en el ao 2005) sigui Francisca Pazols Artigas y que
imparti Jos Manuel Pedrosa en la Facultad de Filosofa y Letras de la
Universidad de Alcal. Como fruto de aquel curso, Francisca Pazols reuni una muy
nutrida y original coleccin de relatos tradicionales chilenos, que obtuvo a
travs de la encuesta directa a personas chilenas que viven en Espaa, o bien,
a travs del correo electrnico, a compatriotas suyos de Chile. Jos Manuel
Pedrosa particip en la labor de revisin, de edicin, de ordenacin y de
anlisis comparativo de los relatos.
La
coleccin no refleja ninguna tradicin local especfica dentro de Chile, ni el
repertorio tradicional de ningn grupo ni gremio concretos. Hombres y mujeres,
jvenes y mayores, del campo y de la ciudad, de clases sociales y niveles
educativos diferentes, han aportado sus recuerdos y han contribuido a reunir
una coleccin de relatos muy variada, pero tambin muy interesante, que
refleja, ante todo, la riqueza extraordinaria del imaginario colectivo chileno,
y que debe servir de estmulo para seguir realizando este tipo de trabajos de
recuperacin de la literatura oral en el futuro.
Cada
uno de estos relatos podra, sin duda, dar lugar a un estudio monogrfico de
cierto alcance y densidad. Todos ellos, siendo especficamente chilenos, son
tambin universales, en el sentido en que inevitablemente se combinan lo local
y lo universal en el territorio de los relatos tradicionales: cada uno de ellos
es un eslabn (local) de una colosal cadena (universal); cada uno puede tener
paralelos en otras pocas, en otras tradiciones, a veces insospechadamente
distantes. La energa de la palabra, que recorre sin esfuerzo las mayores
distancias, la capacidad de adaptacin y de resistencia de la cultura humana,
que echa races en los lugares ms diferentes, permiten explicar ese fenmeno,
que, si dispusiramos ahora del suficiente espacio y tiempo, podra llenar todo
un grueso volumen de paralelos y de comparaciones.
Tendremos
que conformarnos, en esta ocasin, con proponer algunos textos entresacados de
los repertorios orales de otros lugares y pocas, para que puedan empezar a
apreciarse las similitudes entre este corpus de relatos (tan tpicamente
chileno en su primera apariencia) y otras tradiciones diferentes.
Un
primer ejemplo es el de nuestra leyenda nm. 2. (La mujer que se apareca en el puente), que est protagonizada por una mujer fantasmal que tiene la costumbre de
hacerse visible en un puente. Este tipo de leyendas conoce muchos paralelos en
tradiciones muy diferentes de todo el mundo. Comparmosla con un relato de la
Louisiana, en los Estados Unidos:
l
nunca crey en todos aquellos fantasmas, ni en aquellos espritus, ni en todas
aquellas cosas... Pero mi abuela muri y l estaba volviendo a casa –ella
acababa de morir un rato antes– por el puente... Y justo cuando l estaba
pasando por el puente, algo le golpeo –todo esto es verdad, todo
sucedi–, pero l era un hombre fuerte. As que algo le dio y le golpe.
l no pudo ver lo que era, no pudo empujarlo. Fuera lo que fuera, debi de ser
el espritu[1].
Muchos
ms relatos acerca de seres sobrenaturales que se aparecen en los puentes o en
torno a ellos podramos traer a colacin. Pero ms prctico que eso puede ser
conocer la interpretacin que a este tipo de creencias dio Mircea Eliade, y
algunos de los antecedentes y paralelos mticos con que cuenta.
El
simbolismo del puente funerario est universalmente extendido y rebasa la
ideologa y la mitologa chamnicas. Este simbolismo es solidario, por una
parte, del mito de un puente (o de un rbol, o de un bejuco), que en otro
tiempo enlazaba la Tierra con el Cielo, y merced al cual los hombres se
comunicaban fcilmente con los dioses; por otra parte, est relacionado con el
simbolismo inicitico de la "puerta estrecha", o con un "paso
paradjico" que ilustraremos con algunos ejemplos.
Nos
hallamos ante un conjunto mitolgico cuyos principales elementos son los
siguientes: a) in illo tempore, en la poca
paradisaca de la humanidad, un puente una la Tierra con el Cielo, y se pasaba
de la una al otro sin tropezar con obstculos, porque no exista la muerte; b) una vez interrumpidas las comunciaciones fciles entre Tierra y Cielo, ya no se pasa por el puente sino "en
espritu", esto es, como muerto, o en xtasis; c) este paso es difcil, en
otras palabras, est lleno de obstculos y no todas las almas consiguen
atraversarlo: es preciso vrselas con los demonios y los monstruos que querran
apoderarse del alma y devorarla, o el puente se hace de pronto tan sutil como
el filo de una navaja de afeitar cuando caminan por l los impos, etc.; slo
los "buenos", y especialmente los "iniciados", cruzan con
facilidad el puente (estos ltimos conocen, en cierto modo, el camino, puesto
que han sufrido la muerte y la resurreccin rituales); d) algunos privilegiados
consiguen, no obstante, atravesarlo en vida, ya en xtasis, como los chamanes,
ya "por la fuerza", como ciertos hroes, o ya, por ltimo,
"paradjicamente" por la "sabidura" o por la iniciacin.
[...] En ciertas
iniciaciones japonesas, los candidatos estn obligados a construir un
"puente" sobre siete flechas y con siete lminas. Este rito debe
relacionarse con las escalas de cuchillos que suben los candiatos durante su
iniciacin chamnica y, en general, con los ritos iniciticos de ascensin. El
sentido de todos estos ritos de "paso peligroso" es el siguiente: se
establece una comunicacin entre la Tierra y el Cielo y se trata de restaurar
el camino fcil que era el existente in illo tempore[2].
La
encrucijada es otro espacio mtico y crtico del que hablan (con temor y
reverencia) los relatos tradicionales chilenos, segn se aprecia, por ejemplo,
en el texto nm. 3 (El fantasma de
la guagua que lloraba en la encrucijada) de nuestra coleccin.
A
nadie debe extraarle. En todo el mundo, y desde muy antiguo, los cruces de
caminos han sido considerados escenarios privilegiados de apariciones
sobrenaturales (sobre todo diablicas), de sucesos inexplicables, de peligros
turbadores y amenazantes.
Comprobmoslo,
por ejemplo, a partir de este fragmento de uno de los exempla piadosos que, hacia 1223 o 1224, incluy el monje
cisterciense alemn Cesreo de Heisterbach en la monumental recopilacin de
relatos en latn que lleva el ttulo de Dialogus miraculorum:
Cierto da,
a eso del medioda, que es cuando ms poder tiene el diablo meridiano, Felipe
lo llev a un cruce de caminos, hizo a su alrededor un crculo con su espada y
pronunciando sobre l la ley del crculo, le dijo: si sacas alguno de tus miembros
fuera de este crculo antes de que yo vuelva, morirs, pues los demonios
rpidamente te sacarn de l y te matarn[3].
Conozcamos
a continuacin un texto que refleja una creencia espaola viva y recordada
todava a finales del siglo XX:
Una creencia
leonesa consista en quemar unos pantalones de hombre en las encrucijadas o
cruces de caminos, sitios peligroso desde siempre, y lugares donde se crea que
se reunan las brujas[4].
Y
conozcamos, a continuacin, el cuento de La muchacha y la vieja impostora, tradicional entre los fang de Guinea Ecuatorial,
uno de cuyos ncleos ideolgicos gira en torno a los peligros mgicos de las
encrucijadas:
rase
una vez una jovencita que se cas con un seor del poblado vecino. El poblado
de la muchacha distaba mucho del de su marido, unos cuarenta kilmetros
aproximadamente. El gran camino que exista entre los dos poblados era
largusimo, y tena numerosos peligros y una prohibicin; nadie deba cruzar
solo dicha distancia. En la mitad del camino haba un gran cruce, lugar de
residencia de los grandes peligros.
Haca
muchos aos que no visitaba la jovencita a sus padres, cuando un da le lleg
la mala noticia de que haba muerto su padre. Una vez enterada la muchacha de
la desgracia, pidi a su esposo que se fueran, pero su esposo le dijo que no
estaba preparado, que se fueran al da siguiente, y cogi su machete y se fue
al bosque.
La
muchacha no pudo esperar, y cogi una cesta y un machete, dirigindose
rpidamente a cortar unos pltanos en su finca para llevrselos a su madre. El
lugar por donde cultivaban todos los habitantes del pueblo se llamaba Mang.
Rpidamente, despus de traer los pltanos, la jovencita at a su hijo en el
pecho y, con la cesta en la espalda, tom el camino peligroso, en las espaldas
del esposo.
Llegada
en el cruce, se puso a
descansar; despus de la parada, y a pocos minutos de la salida, oy una voz
que le deca:
–Eh, eh!
Y,
al mirar hacia atrs, vio a una vieja que se ofreca a ayudarla con la carga
que llevaba. La jovencita, cansada, lo acept. La vieja cogi la cesta y el
nio, y se puso a caminar en compaa de la madre del beb. Cuando vio la vieja
que ya faltaban quince kilmetros, le dio unos golpecitos a la muchacha, e
inmediatamente la jovencita se volvi vieja, y la vieja hechicera se hizo
joven. Al verlo, la hurfana se puso a llorar de este modo:
Fui
a Mang para cortar pltanos para mi madre, Selene.
Fui
a Mang para cortar pltanos para mi madre, Selene.
Para
ir donde est mi madre, y al llegar en el cruce,
o
una voz que me llamaba, y ahora es esa persona
la
que ya se ha hecho con todas mis cosas, Selene. (Contesta el coro).
La
verdadera madre del hijo no dej marchar sola a la hechicera, y la sigui
llorando hasta el poblado, entrando tambin la hurfana, acompaada de la
disfrazada, en la casa de su madre. Al llegar las dos seoras, los familiares
las saludaron, aunque en el fondo, la viuda no reconoca a la hechicera, por no
parecer sta a su verdadera hija, pero se qued callada.
Despus
de un rato, volvi la hurfana a repetir su llanto, mientras que los familiares
iban murmurando, queriendo sospechar de la hechicera disfrazada. La viuda, mam
de la vctima, se acerc a la vieja para or lo que deca mientras repeta la
vieja su llanto; entonces la viuda se aclar de sus dudas y, llamando a los dems familiares, oblig a la
hechicera [a] que deshiciera su hechizo amenazndole con matarle si no lo
haca. El to de la hurfana cogi su escopeta y amenaz a la bruja de matarla
si no restableca a su sobrina.
Temblando
de miedo, la bruja deshizo su hechizo, pero el to, evitando que la bruja
volviera a daar a otro, la mat[5].
Nuestro
relato nm. 7 (La amante fantasma)
conoce tambin paralelos en tradiciones orales de todo el mundo[6].
Decenas, incluso centenares de paralelos, documentados en los cinco
continentes, podramos enfrentar a nuestra versin chilena. Pero, por ahora,
deberemos conformarnos con algunas de las muestras ms exticas, que den idea
del arraigo cultural del mito. Las siguientes son versiones de El Cairo
(Egipto), Guinea-Conakry y (Antananarivo) Madagascar:
Esta
historia es muy conocida en El Cairo. Una noche se paseaban dos amigos en un
coche por una carretera, y a los dos lados haba tumbas. Y ven a una mujer
haciendo auto-stop, con un vestido muy transparente y con el pelo muy largo. La
recogen y se ofrecen para llevarla a su casa. Elle les dice que tiene fro, y
los chicos la dejan la chaqueta de uno de ellos. Van hasta su casa, y ella les
dice que la esperen un momento, porque va a subir a ponerse algo encima y luego
bajar a devolverles la chaqueta. Pero tarda mucho, no s si una hora, dos,
tres... Al final se encuentran por all con una persona y le preguntan. Le
dicen:
–Hemos venido a acompaar a una chica y est
tardando mucho.
Entonces,
el hombre les dice:
–Ah! Os lo ha hecho otra vez! Es un
fantasma. Es el alma de una mujer que viva aqu antes, y si os vais ahora otra
vez al cementerio, vais a encontrarla.
Se
van los dos al cementerio y encuentra la chaqueta del chico que ella le haba pedido.
Estaba puesta sobre la lpida de una de las tumbas[7].
Hubo
una historia cerca de nosotros; se trataba de una nia que haba muerto mucho
tiempo atrs, y una tarde un joven que estaba en una sala de baile la encontr
y se hicieron amigos; al partir, la mujer le dej al muchacho su direccin.
Como l quiso reencontrarla un da ms tarde, se dirigi a casa de la familia
de su nueva amiga; una vez all, se present a la familia, y vio entonces a
algunos de ellos que lloraban; entonces le explicaron que su hija haba muerto
haca mucho tiempo; el joven no poda creer, y mirando la foto de la mujer en
el saln, les dijo:
–Fue ayer sbado. Yo encontr aquella de la
foto en la discoteca...[8].
Sobre
todo, son los taxistas los que cuentan esta historia. Se dice que, una vez, dos
chicas pararon a un taxi, y le pidieron que les llevase hasta un barrio de las
afueras de Tananarivo; eran chicas muy guapas, e iban charlando en el taxi. Una
de ellas se puso a fumar un cigarrillo, y ofreci otro al taxista, que not que
se trataba de un cigarrillo muy perfumado y suave. Pero no se lo fum entonces,
sino que lo meti en su bolsillo. l estaba encantado, porque vea que la mujer
y l se gustaban.
Cuando
llegaron al lugar adonde ellas iban, aquella chica y el taxista se dieron una
cita para el da siguiente, y l vio cmo las dos se bajaban, se dirigan hasta
una casa, y entraban dentro despus de que alguien les abriese la puerta. Al
da siguiente, a la hora de la cita, el taxista regres al mismo lugar para
recoger a la chica, y se dio cuenta de que en aquel sitio slo haba una casa
en ruinas, y, cerca de la casa, una tumba. Se dirigi entonces hacia una casa
que haba en las cercanas. Estaba bastante asustado. Llam y pidi hablar con
la chica del da anterior o con su compaera. La persona que le abri la puerta
se ech a llorar, y dijo que las dos chicas haban muerto haca algn tiempo en
un accidente de coche, y que la tumba que estaba all era la suya. Entonces, el
taxista ech mano a su bolsillo para buscar el cigarrillo que la chica le haba
dado el da antes, y se dio cuenta de que se trataba en realidad de un dedo
humano[9].
Nuestras
leyendas nms. 10 (El muerto que regresaba a cuidar de sus nios), 11 (El nima en pena que vena a cuidar
de los nios) y 12 (La aparicin
del abuelo a su nieta) hablan de muertos
que regresan del ms all para hacerse presentes a sus familiares y para, de
algn modo, recordarles que siguen cerca de ellos, como espritus vigilantes,
solidarios o protectores. La nm. 12 se refiere, especficamente, a la
aparicin del abuelo muerto. Comparmosla con la siguiente leyenda
urbana catalana, con la que no deja de
mostrar similitudes:
Cuando
haca una visita a sus hijos y no estaban, el abuelo tena por costumbre
cambiar de lugar un tiesto para manifestar que haba ido. El abuelo se muri.
Como cada ao, los hijos pusieron el rbol de Navidad. Cuando pasaron las
fiestas, cogieron el rbol y lo pusieron al pie de la escalera antes de
tirarlo. Misteriosamente, cada da el rbol cambiba de lugar[10].
La
creencia en sobrenaturales, perros negros, encarnaciones de almas de muertos o
de espritus (por lo general del mal, aunque a veces tambin del bien) informa
nuestra leyenda nm 37 (El perro diablico).
Y muchos paralelos que han sido registrados en tradiciones muy diversas.
Volvmonos ahora hacia el continente americano, y analicemos los dos siguientes
relatos, tradicionales en La Paz (Bolivia):
Se
dice que en los pueblos del Beni hace muchos, muchos aos, existan una familia
y se dice que vivan en una casa que antes haba pertenecido a unos brujos.
Esta familia tena un perro negro, y se dice que cada vez que haba luna llena,
este perro se converta en un hombre y sala a conversar con las personas que
encontraba.
Una
noche, cuando la hija menor de esta familia sali al campo, se perdi y dice
que unos hombres la atacaron, y el perro que estaba pasando la encontr y fue
contra los atacantes, y los atacantes lo mataron o lo hirieron. Cuando este
perro mal herido se convirti en un hombre y la llev a la chica a su casa,
vieron que el hombre estaba mal herido, y cuando quisieron salvarlo, ste se
convirti en perro y muri.
Y
se dice que ahora cada mes en que se recuerda la fecha en que muri el perro,
muere un perro negro y se escuchan muchos ladridos.
Me
lo cont un amigo.
Se
dice que cuando uno ve a uno de esos perros sin pelaje (perro cala), en ellos
se vena al diablo. Uno de mis familaires una vez vio en un campesinario a uno
de esos perros cuando l era nio y le mostr a su mam los ojos rojos de ese
perro, y su mam le dijo que no mirara a mi familiar, que cuando uno mira a
esos perros, despus se muere[11].
Tambin
en la tradicin de Nicaragua han sido documentadas interesantsimas leyendas
acerca de perros fantasmagricos:
El
Cadejo es un perro blanco. O sea, hay un Cadejo Blanco y un Cadejo Negro. El
Blanco es el bueno, y el Negro es el de los malos espritus, el que te lleva el
mal.
Se le aparece a las personas de noche, a los hombres, que son los
que andan de noche. Entonces, el Cadejo Blanco los va cuidando, va detrs del
hombre que viene de parrandear. Y el Cadejo Negro lo ataca al hombre. Es lo
contrario. Entonces, viene el Cadejo Blanco y lo defiende[12].
Bueno,
pues este [cuento] es [de] una seora [que], bueno, que nos cri. Era amiga de
mis padres. Entonces nos cri a m y a mis hermanos. Pero no viva en la
ciudad, sino que viva [a] quince o veinte kilmetros hacia los alrededores de
Managua. Suceda que, a veces, se quedaba en la casa, dorma con nosotros. Y
otras veces se iba para su casa.
Un
da de tantos se fue, pero ya se fue tarde no? Seis o siete de la noche. La
noche ya estaba entrada y, bueno, el sistema de transporte no era tan bueno que
todava le tocaba caminar de la ltima estacin del bus. Todava le tocaba caminar
un camino oscuro. Pero resulta que ya iba andando ah sobre las nueve, y ella
es bien religiosa. Siempre, sabe?, con los temas de la religin.
Entonces,
dice que iba caminando, y senta como que la observaban, o alguna presin o
alguna cosa as. Entonces, ya era una seora avanzada, y andaba con su
crucifijo, y se puso a rezar y todo el cuento no? La bolita y todo eso.
La
cuestin es que oa ruido y comenzaba a caminar ms rpido, y comienza la
presin, hasta que lleg a una zona que haban unos andamios y unos residuos de combustin,
y comenz a ver sombras. Entonces, bueno, segua rezando ms, y cada vez ms
nerviosa. Resulta que mir un perro delgado, bastante grande para ser un perro,
pero que miraba que era la forma igualita a un perro. Pero, obviamente, ms
grande quiz.
Entonces
ella haba escuchado de su abuelo, y del abuelo y del abuelo y del abuelo, que
exista siempre el Cadejo Blanco y el Cadejo Negro. El Cadejo Negro era el
malo, y el Cadejo Blanco era el bueno. Entonces, que miraba cmo se mova de
forma muy rpida, excesivamente rpida, como para ser un perro, como decimos
nosotros, como cuando hay cualquiera en la calle. Entonces se qued
petrificada. No sabe cunto tiempo, pero se fue una eternidad para ella. Y el perro, pues ni
siquiera ladraba. Se le miraban los ojos brillantes y movimientos rpidos sobre
los andamios.
Pues,
de tanto rezar o no s qu, qu le pas? Pues que logr, agarr valor, sigui
caminando y, al doblar una esquina, se encontr con otro perro, de
caractersticas mucho, mucho menores que el anterior, pero Blanco. Entonces,
ella se sorprendi no? Y quiso volver hacia atrs. Y no pudo, pues intentando
darse vuelta, en lo que ella quiere darse vuelta, el perro que estaba echado
ah, el Blanco, se levanta, y se le pone en la espalda, y no se despega hasta
que llega a su casa. Y, bueno, ya se senta ms segura, hasta que lleg a su
casa, entr, quiso buscar al perro el da siguiente. Y nada, no lo encontr[13].
El
mito de El hombre del saco, que informa
nuestras leyendas chilenas nms. 24, 25 y 26 (El hombre del saco) ha sido documentado en otras ocasiones en Chile:
Aparece
en Peine en el medio de los remolinos de viento, y se lleva a los nios en una
bolsa que tiene en su vientre[14].
Pero
se trata, en realidad, de una creencia comn en muchos otros sitios. En Espaa,
concretamente en Almera y en el pueblo de Cilleruelo de Abajo (Burgos), han
sido recogidos los siguientes testimonios:
Mi
madre me contaba de pequea que, por las calles, haba un hombre con un saco a
cuestas que le decan el hombre del saco, porque lo que haca este hombre era
que a los nios malos los meta en su saco y se los llevaba[15].
El
trapero es uno que dice que va con el saco en Madrid, que viva en Madrid. Iba
por las calles pregonando:
–El
trapero! –Hace muchos aos ya, claro– Vendo trapos! El trapero! Compro trapos!
Y
claro, se asoma una seora del quinto piso o el sexto, y dice:
–Eh,
buen hombre! –Dice– Haga el favor de subir!
Y
va el pobre, con el saco a medio llenar de trapos, y dice:
–Bah, esta mujer le termina aqu de llenar.
Sube
las escaleras andando, porque no haba ascensor. Era en aquellos tiempos que no
haba ascensor... Cuando llega arriba, ya, llama a la puerta, sale la seora
con el nio, que era un chico de seis o siete aos, dando guerra... Dice:
–Mire,
mire este chico la guerra que da. Verd que si
no se calla, le mete ust al saco[16]?
El
mito de El hombre del saco o de
la bolsa tiene tanto arraigo en la
tradicin panhispnica que no han faltado sugerentes recreaciones literarias,
como la siguiente, salida de la pluma del escritor peruano-espaol Fernando
Iwasaki:
No
hay que hablar con extraos
As
me deca siempre mam, pero Agustn no era un extrao porque todos los das me
ofreca caramelos a la salida del colegio. Adems, cada vez que me llevaba a su
taller me regalaba muecas. Muy bueno era Agustn, me haca cariitos.
Mam
me contaba historias bien feas de nias que se perdan porque se las robaban
las gitanas o el hombre de la bolsa. Yo saba que las gitanas se llevaban a las
nias para obligarlas a vender flores, pero nunca supe qu te haca el hombre
de la bolsa. Con Agustn yo juego a que me toca y yo lo toco, y siempre gano
pues al final no se puede aguantar. Mam es una miedosa porque dice que si
hablo con extraos seguro que no me vuelve a ver.
En
el taller de Agustn hay muchas cosas que cortan y queman y pinchan. Tambin
tiene un avin desarmado que un da servir para volar e irnos de viaje. Por
eso me puso el pauelo mgico en la nariz, porque los aviones marean y tengo
que acostumbrarme. Despus ya no me acuerdo de nada: una colonia bien fuerte,
un sueo como regresando de la playa y muchas cosas que cortan y queman y
pinchan.
A
veces salgo del taller de Agustn y vuelvo al colegio porque ahora nadie me
llama la atencin. Me gusta hacer lo que quiero y caminar de noche, pero me da
pena mam, siempre mirando triste por la ventana. Le hablo y no me hace caso y
entonces vuelvo al taller con mis juguetes de niebla. Seguro que si Agustn no
fuera un extrao mam me volvera a ver[17].
Pese
a su escasa extensin y aparente trivialidad, el relato chileno nm. es
extraordinariamente interesante, y cuenta con muchos paralelos en otros
lugares. Miremos ahora hacia el solar hispano peninsular, y conozcamos una versin
del pueblo de Torralba del Ro (Navarra):
Dicen
que haba [un tesoro]: una clueca encontraron una vez, ah en el campo; pero
haba un camino que iba de Baano, que haba muchos pueblos aqu. Haba Baano,
San Martn, y de Baano haba un pueblo que iba a Mues. Haba un caminito, y en
el camino pues la escondieron la clueca, con cinco pollos de oro. Pero el
pueblo, ya han estao mirando, pero no. Lo de la
gallina no es viejo. [Hace poco] estaba [uno] labrando y le sali la gallina
con cinco pollos de oro.
Dicen
que antes, cuando ponan un escudo en una casa, los hijos de esa casa no iban a
la guerra. Entonces ellos compraron el escudo para que no fueran los hijos a la
guerra con el dinero de la clueca. Yo tengo odo eso. Yo tengo odo a mi padre
que esos huevos se marcharon hasta Francia[18].
Relatos
acerca de gallinas de oro o con pollos de oro han sido registrados en muchos
otros lugares de la geografa peninsular. El siguiente documento es de la
provincia de Len:
En
Igea tenan enterrados varios tesoros, y cierto da, al cavar una via, un
seor encontr una gallina con pollos de oro, y en su afn de ponerla a buen
recaudo la llev para su casa, escondindola en un recndito lugar del desvn,
y como tuviese tan mala suerte de quemrsele la vivienda, al no poder
rescatarla debido a la voracidad de las llamas, las paredes del edificio
aparecieron a la maana siguiente enfoscadas de oro[19].
La
creencia acerca de gallinas de oro que prometen y simbolizan la riqueza cuenta
con antecedentes venerables en el imaginario colectivo espaol, segn prueban
las siguientes informaciones referidas al mbito gallego:
A
principios del siglo XVII aparecen los primeros datos, al menos por el momento,
conocidos acerca de lo que es una constante en la cultura popular gallega
actual: los tesoros encantados. En concreto, se trata de los documentos
referentes a un pleito que mantuvo el clrigo Vzquez de Orxas con los
campesinos, sobre la pertenencia de unas mmoas en las que supuestamente haba
oro enterrado. El pleiteante habla de las mmoas de los gentiles galigrecos,
que supuestamente tienen oro y que los campesinos abren para llevrselo. Estos
tesoros estn encantados, y si no son desencantados, se van. Como se puede ver,
coincide exactamente con la creencia actual. Tambin aparecen otros detalles
que resultan familiares. Por ejemplo, una de las seales del tesoro es una
gallina con pollitos: Que era fama pblica que dicha mmoa do Amenido tena tesoro, y decan que todas las maanas
de San Juan de cada un ao vean en ellas seales de haber tesoro, que eran un
hato de gallinas y pollos, los cuales luego desaparecan despus que se
mostraban[20].
Tales
creencias han querido ser explicadas de este modo:
Dentro
del mundo campesino gallego, la gallina posee ciertas caractersticas
peculiares. En primer lugar, es un animal que podra denominarse
hiperdomstico, tanto por su presencia en la casa como por su cra, que
constituye una tarea femenina. Asimismo, tambin su venta, cuando se realiza,
es encargada a las mujeres, tarea que stas realizan en los mercados peridios
de las villas o ciudades ms prximas.
Cuando
se reservan para el consumo domstico, generalmente se consumen en una comida
de fiesta,a o cuando menos de domingo. Asimismo, tambin son el alimento
indicado para alimentar a la mujer recin parida. Vemos entonces que la gallina
es un animal que est fuertemente relacionado con la mujer.
A
pesar de su papel como alimento en cierta medida de fiesta y de la importancia
que el aporte econmico de su venta supone para la economa de la casa, la
gallina aparece considerada como animal de poco valor, como se pone de
manifiesto en el refrn A ave de pico nunca ao home fixo rico.
Otro
aspecto negativo de la gallina se manifiesta especialmente cuando se trata de
una clueca: puede producir el aire. Este aspecto lo comparte con todas las hembras cuando se encuentra o
bien embarazadas o bien menstruando.
Una
gallina con pollitos, en un relato de la zona de La Guardia, resulta ser el trasno (en la zona se denomina tardo): cuando la persona a la que se aparece ha
conseguido reunir todos los pollitos, desaparecen sin dejar rastro. Esta
aparicin cabe perfectamente dentro de la accin burladora del trasno por s mismo, pero tambin puede pensarse
que el astuto ser aprovecha una forma conocida de presentasrse los tesoros
encantados para burlar una vez ms al incauto que intente atraparlo.
Solamente
en dos menciones nos encontramos con la gallina de los huevos de oro, que
podra suponer otra forma de ligarzon entre la gallina y el oro. Se trata en
ambos casos de una gallina que pone huevos de oro y que es guardada por una moura encantada en forma de serpiente. Finalmente,
se podra tener en cuenta tambin el hecho de que los pollitos son de color
dorado, aunque parece que lo determinante es el conjunto de gallina y pollitos[21].
Damos
ya paso a nuestro repertorio de leyendas chilenas, a sabiendas de que su
comentario podra ser mucho ms extenso y profundo. Esperamos que estas rpidas
pinceladas comparatistas hayan servido, al menos, para demostrar que todos
estos relatos, sin dejar de ser tpica y legtimamente chilenos, son tambin
eslabones de una viejsima y prcticamente universal cadena de leyendas que los
chilenos comparten con muchos otros pueblos, y que en cada lugar adquieren
tonos y acentos diferentes pero tambin familiares y solidarios con los dems.
1.
La Virgen vestida de blanco que se aparece en los caminos
De
gente antigua he escuchado muchas veces de las nimas. Mi pap contaba muchas
cosas que dice que eran reales antes. Aparecan cosas como una Virgen de blanco
en la noche, por el bosque y por el camino. La gente que la vea deca que le
daba miedo.
Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII
Regin
2.
La mujer que se apareca en el puente
Mi
suegra me cont que, una vez, iba por la calle a tomar la micro, y ve a una
seora parada en un puente que llamamos Canterilla. Y dice que esta seora no
se mova. Estaba ah no ms. Y ella pens que era una vecina de por ah.
Y
dice que sigui acercndose, acercndose donde ella, pero que, cuando ya lleg
a la calle, pas un camin. Y se desapareci, y el camin no par. Ella no
subi al camin. Y dice que era una seora flaca, alta, que andaba toda de
blanco.
Yo
pienso que sera la Virgen, porque ella no tuvo miedo ni nada.
Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII
Regin
3.
El fantasma de la guagua que lloraba en la encrucijada
Una
vez llevaba maz junto con otro caballero, de noche. Iba pasando cerca de un
cruce, y sent un quejido. Era como un animal degollado. Yo solt las bolsas
que andaba trayendo, y empec a buscar de dnde vena ese ruido. Yo escuchaba
que estaba detrs de un litre [lithraea caustica,
rbol que puede producir dermatitis y reacciones alrgicas a quienes lo tocan]
que haba ah, pero el seor con que estaba me empez a llamar, y me tuve que
volver.
Dos
das despus, volv a ese mismo lugar, y no haba ningn litre. Le cont esto
mismo a unos nios, y ellos me dijeron que ah siempre pasaba eso, que ellos
escuchaban una guagua [una criatura pequea] llorar.
Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin
4.
El fantasma del degollado que se aparece en las quebradas
En
las quebradas siempre aparecen cosas, hombres degollados. Aqu mismo, en esta
quebrada. La otra vez, a mi hermano, le apareci un degollado en la quebrada.
Estaba lleno de sangre. Le corra as la sangre. Y mi hermano se fue corriendo,
y le tir unos garabatos.
Pero
el hombre le sali all, y, despus, le vino a salir aqu, de ah. Le tir
piedras y se perdi.
Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin
5.
El fantasma de la novia a caballo
En
mi pueblo se apareca una nia montada a caballo, vestida de novia. Ella muri
embarazada. O sea, al tener la guaguita, muri. Y se muri la guaguita tambin.
Siempre
ocult su embarazo. Nunca lo dijo a su familia. Mam soltera. Dice la gente
que, cuando uno se muere, tiene cuarenta y ocho horas para recorrer todas las
partes donde haya vivido. Y, en esas cuarenta y ocho horas, la nia empez a
salir vestida de novia y a caballo. Ella siempre quera casarse. Ella ya tena
su vestido de novia.
El
novio se muri antes que ella. Lo atropellaron. Entonces, no se poda casar.
La
gente muchos aos la vio. Yo una pura vez la vi. Le decan la novia de la
noche all.
Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin
6.
La mujer fantasma que regres a visitar
su casa y olvid un guante
Estbamos
una tarde con mi mam, Ester Gana Larran, en nuestra casa en la calle
Catedral. Era una casa con un living muy
elegante, con una escala. Tocan el timbre. Salgo yo a abrir, y estaba una
seora de unos cuarenta aos, toda de negro, con sombrero. Y me dice si puede
pasar, porque ella hace muchos aos vivi en esa casa.
Yo
no vi ningn inconveniente en que entrara. La invit a sentarse en el living de la entrada de la casa, y pas sola al segundo living, a avisarle a mi mam que haba una seora de visita, y que porqu
no la atendamos las dos.
Entonces
con mi mam fuimos, y la seora se present con un nombre que no recuerdo
ahora. Esto fue hace cincuenta y ocho aos, a mediados del ao 1947. La seora
dijo que ella haba vivido en esta casa, y que quera ver la pieza que daba al living primero, porque en esa sala haba muerto una persona a quien ella
quera mucho. Tambin dijo que ella haba estado fuera mucho tiempo, y haba
vuelto despus de haber recorrido todos los alrededores de la casa, todas las
calles del barrio. Dijo:
–Me permiten entrar a esta pieza?
Mi
mam le contest:
–Por
supuesto, seora, pase. No hay ningn inconveniente.
Y
nos cont que, cuando ella haba vivido en esa casa, ese living tan bonito era el primer patio de la casa. Y que esa pieza daba al
patio, y que ah ella haba dormido. Y en esa pieza tena muy buenos recuerdos,
y tambin muy malos.
Despus
de recorrer el living y la pieza, se qued con
nosotras una media hora, conversando, y nos dijo:
–Les
agradezco su buena voluntad por haberme permitido recordar tiempos muy felices
y muy tristes
Se
despidi y se fue. En ese momento encontramos un guante negro que se le haba
quedado. Esto fue al instante que sali de la casa. Y pedimos a una de las
empleadas, la Mara, que saliera a entregarle el guante, porque deba estar
saliendo. Y la seora haba desaparecido. Ya no estaba por ningn lado.
Entonces,
al da siguiente, mi mam tena que ir a pagar la ltima parte que nos faltaba
para pagar la casa, a un seor de apellido Campino, que era el anterior dueo
de la casa. Y le cont que haba ido a la casa esta seora, y que se llamaba
Fulana de Tal. El Seor Campino le dice:
–Seora
Ester, no puede ser! Si esa seora muri hace por lo menos unos treinta aos!
Y fue asesinada en la pieza que daba al living
primero, que en ese tiempo era el primer patio!
Elcira Jarpa Gana, 85 aos, Quillota
Una
vez, en un viaje al norte, hace unos trece aos, nos llev un camionero a m y
a unos amigos en el trayecto que va entre Chaaral y Antofagasta.
Era
de noche, y como el camino es muy montono, porque va cruzando el desierto, el
tipo nos fue contando historias. Porque, segn l, as no se quedaba dormido.
Una
historia que nos cont fue la de una mujer que conoci en uno de sus viajes a
Bolivia. Nos cont que, una vez, tambin de noche, una mujer le hizo dedo en la carretera, y l la llev.
La
cosa es que iban al mismo pueblo, y, al llegar, se fueron juntos a comer y a
bailar. Y, al final, se volvieron al camin. Se acostaron juntos.
El
tipo nos contaba que, aunque tena mujer en Chile, se qued enamorado de esta
otra, y que incluso pensaba dejar a su familia por esta mujer.
Despus
de esa noche, en la madrugada, la mujer, que se llamaba Mara, le pidi que la
llevara a su casa. Y el camionero, antes de seguir su ruta, la fue a dejar, y
quedaron de verse cuando l volviera unos das despus por el mismo camino.
Cuando
volvi, nos contaba que iba con un ramo de flores, y que se baj en la casa de
la Mara y, al tocar la puerta, sali una vieja a recibirlo.
Cuando
el camionero le pregunt por la Mara, la vieja se puso a gritarle y a zamarrearle
la chaqueta. Gritaba:
–Ya
la hizo de nuevo esta zorra!
Entonces
la vieja se meti en la casa, y sali con una foto antigua de una mujer, de
esas fotos como retocadas. Y le pregunt al camionero si sta era la Mara que
estaba buscando. l le dijo que s, y la vieja le dijo:
–Esta
puta se muri hace treinta aos.
El
camionero nos contaba que no saba qu hacer, y que se quera mear de susto.
Jorge
Rojas, 28 aos, Santiago
8.
El fantasma que dio aviso de su muerte a su familia
A
m me pas un chasco una vez aqu, en mi casa, cuando llegu de Catillo. Andaba
haciendo aseo en mi pieza, y sent encenderse la luz en la cocina, y vena a
mirar, y nada. Y all arriba, otra vez para adentro. Y volva lo mismo, y no
era nada. Y, al final, como al da siguiente, supe que haba fallecido un to
de mi pap.
Era
como que me haba venido a avisar que se haba muerto.
Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel
9.
La aparicin nocturna
Anteanoche
me penaron a m. Es que yo no tengo miedo. Yo estaba acostado ah, y abr los
ojos, y ah estaba la persona. Despus habl y desapareci. Pens que era el
Vctor, mi hermano, la primera vez que lo vi. Cuando abr los ojos, me dio
miedo. Pero despus se me quit al tiro.
Jos Eduardo Romero Fuentes, 12 aos, Lomas de San Alberto
10. El
muerto que regresaba a cuidar de sus nios
Mi
marido, Rafael Goldsack, que le decan Palelo, siempre tuvo una aficin muy
grande a la madera, a tallar, a hacer muebles, dibujar. Era un artista.
Despus
que llegaba de la oficina, se iba al taller, en el tercer patio de la casa, y
trabajaba con sus mquinas: una sierra elctrica, una caladora, una
cepilladora... Generalmente trabajaba de 17 a 22 horas. A esa hora, yo daba
papa a la guagua de turno y la hacia dormir. Y, cuando l volva del taller,
entraba muy despacito a la pieza, girando por fuera la manilla de bronce, muy
lentamente.
Pero
l muri, y yo me quede con cuatro nios. En las noches, yo le daba la mamadera
al nio, ms o menos a la misma hora que l sola llegar.
Una
noche vi cmo la manilla de bronce de la pieza, que estaba cerrada, giraba
lentamente, como lo haca mi marido cuando estaba vivo. Cuando la vi, pens que
era mi hermano que habra ido a ver al nio, que le gustaba verlos antes a la
hora del sueo.
Pero
la puerta no se abri. Entonces yo me asust y abr la puerta. Y no haba
nadie. Entonces pas a ver a mi mam. Pero dorma. Y luego a la pieza de mi
hermano, pero no haba llegado.
Revis
todo, y no haba nadie. Y los otros tres nios dorman. Pens entonces: debe
ser Palelo, que viene a vernos. Pero yo soy de las personas que no le tiene
miedo a los muertos, sino a los vivos. As que no tuve miedo
Esto
se repiti muchas veces despus, y me sent acompaada. Y, cuando la guagua
lloraba, se mova slo el coche, meciendo al nio, como tambin lo haca Palelo
cuando viva.
Elcira Jarpa Gana, 85 aos, Quillota, V Regin
11. El
nima
en pena que vena a cuidar de los nios
En
la casa s que se han vivido cosas extraas. Pero no hemos tenido miedo ni
nada, porque nosotros pensbamos que era el Cristian, el hijo de la seora
Lucy. Porque l era como hijo para nosotros. Y siempre nos dijo que, cuando los
chiquillos estuvieran destapados, cuando l se muriera, l los iba a venir a
tapar.
Y,
una vez, vino, y yo lo vi: subi la escalera, subi donde los nios, baj para
abajo y se par ah. Me mir a m y se fue para afuera. Abri la puerta, la
cerr, y se fue. Como tres meses de muerto tena. Y, una vez, se le apareci al
Carlos en el auto.
Y
Carlos le dijo que le iba a mandar decir una misa y no ha vuelto a aparecer
ms.
Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII
Regin
12. La
aparicin del abuelo a su nieta
A
mi hija Mara, cuando falleci mi pap, vivamos all en San Manuel, y la Mara
siempre lloraba, y deca que quera ver a su abuelito. Y un da sali para
afuera. Estaba detrs de una mata. Y ah lo vio. No le vio la cara. Pero lleg
a la cocina plida, y me gritaba Mam, mam! Mi abuelito!, me deca . Yo lo
fui a ver, y yo no lo vi.
Pero
la Mara lo vio.
Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII
Regin
13. El
llanto de la Llorona trae muertes (I)
Cuando
se escucha llorar a la Llorona, es porque alguien de la familia va a morir.
Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago
14. El
llanto de La Llorona trae muertes (II)
Mujer
que se siente llorar. Si se escucha fuerte, es porque est lejos. Si se escucha
despacio, significa que est cerca.
Se
cree que anuncia muertes.
Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago
15. El
llanto que augura muertes
El
19 de septiembre de 1998, como a las cuatro de la maana, senta que una mujer
lloraba y lloraba. Era un llanto como de un lamento terrible. Yo senta que se
iba acercando.
Despus de eso hubieron como tres muertes en el pueblo.
Jos Domingo Alfaro, 67 aos, Manquehua, IV Regin
Yo
creo que hay mal de ojo. Una guagua que uno la encuentra bonita y no le diga
Dios te guarde, le echa mal de ojo. Que sea la persona de ojo de fuerte o de
sangre fuerte, los que dicen que ojean.
No
son brujas. Eso creo que son otra cosa. Hay que santiguarla, hay que buscar a
una persona que la santige. Si es fuerte el ojo, se muere la guagua: le da
fiebre, diarrea y vmitos.
Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII
Regin
17. Amuletos
y remedios contra el mal de ojo (I)
Para
santiguarla se hace as no ms, con oraciones que saben una seora que sabe, o
el padre.
Me
han ojeado a m y a mis dos nietos chicos. Despus que me santiguan, como a los
diez minutos, me mejoro. Me tomo una agita de hierbas y me quedo tranquilita.
Transpiro y se me pasa.
Lucila Romero Fuentes, 52 aos, Valle de San Manuel, VIII
Regin
18. Amuletos
y remedios contra el mal de ojo (II)
Contra
el mal de ojo se le coloca una cinta roja en el babero de la guaguita, que es
un San Benito, una cinta y una medalla, que es el que espanta al demonio. Otra
cosa para espantarlo es poner una cinta roja en un palo de canelo en forma de
cruz, y con tres ajos colgados, detrs de la puerta. Eso es para que el demonio
no te entre a la casa.
El
canelo es sagrado porque las viejitas antiguas siempre han dicho que, donde hay
una mata de canelo, el agua est viva. Y el agua, como es sagrada, el canelo
est sagrado.
Elena Fuentes Quiroz, 42 aos, Lomas de San Alberto, VIII
Regin
19. Amuletos
y remedios contra el mal de ojo (III)
All
en el campo, siempre se contaba que, cuando una guaguita tena mal de ojo,
estaba muy llorona, tena fiebre, haba que llevarla donde una seora que la
santiguaba. Con un aj cacho de cabra y un crucifijo le soplaba la mollera,
le rezaba no s qu oraciones, y las guaguas se sanaban al final.
Dicen
que el aj cacho de cabra es contra el demonio.
A
mis hijas y nietas las ojearon. A mi nieta se le achic el ojito. Andaba con
fiebre. Debe haber sido una vecina, porque ella dijo que, cada vez que le haca
cario a una guagua, siempre se enfermaba.
La
gente del campo. lo que hace cuando conoce a una guagua: la escupe o le echa un
garabato. Porque dicen que, as, nunca ms la ojean.
Al
lado de mi casa hay una seora que santigua nios. Es bien catlica.
Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin
20. Amuletos
y remedios contra el mal de ojo (IV)
Para
evitar el mal de ojo en los animales domsticos y de pastoreo, se les pone una
cintita roja en el cuello o la oreja.
Para
el mal de ojo se debe santiguar a la vctima. En el caso de guaguas, hay que
decir que Dios lo guarde, porque stas estaran ms indefensas.
Constanza Tocornal, 27 aos, Santiago
21. La
bruja Clotilde, la culebra y el tabaco
All
en el campo haba una seora que le llamaban Bruja Clotilde. El hermano de ella dicen que haca brujera
y sacaba daos, porque a la Ximena, a mi hermana, dicen que le hicieron un
dao, una magia negra. Y que se la hicieron en un cigarro.
Y
la Ximena se estaba ahorcando con la culebra que tena en la guata. La estaba
estrangulando de la cintura. El cigarro como que se le convirti en culebra, y
eso es lo que le estaba aprisionando la guata por dentro. Tena como un
latigazo en la cintura. Yo la vi.
La
seora que haca magia negra no pudo sacrsela, porque dijo que iba a quedar
ella muy cargada, porque esta gente, cuando sacan daos, se enferman. La que
hace daos no puede sacar daos, porque se enferma. Les cae el dao a ellos.
Unos
evanglicos la curaron. Pero no sali la culebra, sino que vomit: un vmito
como oscuro, negro, cualquier cantidad. Dicen que el que le hizo el dao fue un
tipo que estaba enamorado de ella, y que ella nunca lo quiso, porque era
casado. l le pag a la seora para que le hiciera el dao en un cigarro.
De
ah empec a creer yo. Dije: no creo en brujos, caray. Pero, de que los hay,
los hay!.
Dicen
que esta gente que hace los daos carga a la gente los martes y los viernes. Para protegerse, la gente se
tiene que poner una prenda al revs. Para, que si la gente tira la magia, no le
caiga.
Mara Zamorano Valenzuela, 53 aos, Vincahue, VII Regin
Una
vez a m me sali un brujo. Pero no le vi la cara. El puro cuerpo no ms.
Estefana Reyes, 95 aos, Manqueua, IV Regin
23. El
brujo ahuyentado a pedradas
Una
vez, a m me pas que andaba por la cordillera con mi pap, y l me deca que,
una noche, se apareci un brujo. Y que l le tiraba piedras. Y trataba de
despertarme, pero yo no poda.
Slo me despertaba cuando l me mova. Si no, no. Y, por mientras, le segua
tirando piedras al brujo, hasta que se fue.
Y
ah recin yo me pude despertar.
Guillermo Villarroel, 85 aos, Manquehua, IV Regin
Yo
me acuerdo, cuando chico, las personas me decan que, en la calle, generalmente
de noche, sala un hombre, que no se saba muy bien cmo era, con un saco, a
llevarse a los nios que estaban "vagando por las calles" o que,
simplemente, se encontraban solos.
Despus
de haber escuchado innumerables historias acerca de este misterioso hombre, un
da, en mi casa de la Gran Avenida, sal solo, de noche, a andar en bicicleta.
Siempre daba una vuelta a la manzana y me entraba nuevamente. De hecho, lo
haca a propsito, para ver si realmente era cierto todo lo que se contaba.
Cuando
di la primera vuelta, ya lejos de mi casa, pas por un sitio vaco, creyendo
que no vera nada, como siempre. Pero esta vez, despus de haber pasado por
este lugar, dobl en la siguiente cuadra, ya de vuelta a mi casa, y me top
cara a cara con un hombre vestido con ropa vieja, cara sucia y, detrs de la
espalda, un saco enorme de arpillera, lleno hasta la mitad con un bulto.
Nunca
supe si era el hombre del saco o no, porque por el susto que me llev, creo que
nunca me haba demorado tan poco en dar esa vuelta de regreso a mi casa.
No
vi ms a este hombre, ni de da ni de noche. Pero tengo su cara marcada en mi
memoria hasta el da de hoy.
Alfredo de Castro, 27 aos, Santiago
Era
una historia que le contaban los grandes a los nios chicos para que se
portaran bien y obedecieran. Si me portaba mal, no quera entrar a la casa a
comer, quera seguir jugando en la calle, no quera apagar el Atari [consola
para videojuegos], no queria dejar de ver los monitos, etc, etc. En el fondo,
si no le haca caso a mis paps o a alguien que era mayor que yo, me amenazaban
con que iban a llamar al viejo del saco para que me llevara.
Obviamente,
nunca lo llamaron. Y, cuando caminaba por la calle con alguno de estos adultos
o semiadultos mentirosos, y veamos a un vagabundo, de los mas cochinos y
zaparrastrosos, me decan: mira, ah est el viejo del saco. Tienes que
portarte bien.
En
el fondo, hacer caso.
Fernanda Salinas, 28 aos, Santiago