Agœndez Garc’a, JosŽ Luis. ÒCuentecillos espa–oles (III). La sabidur’a de las naciones de Bastœs y su influencia en El porquŽ de los dichos de IribarrenÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 4 (enero-junio 2007).

http://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/agundez2.htm

ISSN: 1886-5623

 

 

Cuentecillos espa–oles (III). La sabidur’a de las naciones de Bastœs

y su influencia en El porquŽ de los dichos de Iribarren

JosŽ Luis Agœndez Garc’a

Fundaci—n Machado (Sevilla)

 

Resumen

Vicente Joaqu’n y Bastœs (1799-1873) fue un decidido estudioso de las tradiciones; y lo fue especialmente dentro del campo de la paremiolog’a, donde era proverbial su af‡n por el descubrimiento del origen y la historia de los dichos y refranes. Quer’a que se conociesen sus significaciones. Como resultado de sus desvelos, obtuvo una gran colecci—n de refranes que glos— con innegable erudici—n, como lo hab’an hecho en su tiempo Correas, Hern‡n Nœ–ez, Covarrubias, Mal Lara y dem‡s paremi—logos ya cl‡sicos. Entre esas glosas, como en los precedentes, dispuso una buena porci—n de cuentecillos, anŽcdotas y dem‡s elementos narrativos m’nimos. Su La sabidur’a de las naciones (1862-1867) fue un buen punto de apoyo para los paremi—logos que le sucedieron; entre ellos uno de los m‡s populares, cercano a nuestros d’as est‡ Iribarren, cuyo El porquŽ de los dichos (1955) se sigue reeditando regularmente. El presente trabajo extracta los cuentecillos de La sabidur’a e intenta descubrir su influyo en El porquŽ.

Palabras clave: literatura siglo XIX, paremiolog’a, fraseolog’a, lexicolog’a, cuento tradicional, adagio, sentencia, m‡xima, dicho, proverbio, locuci—n, refr‡n.

 

Abstract

Vicente Joaqu’n y Bastœs (1799-1873) was a resolute researcher of traditions. Specially interested in the study of proverbs and sayings, he was eager to find out their starting point and history. He wanted the meanings of the proverbs to be known by common people and as a result of his efforts, he collected a great amount of sayings which he glossed with erudition, immitating specialists such as Correas, Hern‡n Nœ–ez, Covarrubias, Mal Lara and other classical researchers of proverbs. Among his comments, he disposed of a great number of short tales, anecdotes and the other short narrative elements. La sabidur’a de las naciones (1862-1867) was a good support for researchers of proverbs to come, such as Iribarren, whose El porquŽ de los dichos (1955) is still regularly reissued. This article extracts the short tales from La sabidur’a and tries to discover its influence on El porquŽ.

Keywords: 19th Century Literature, Proverbs, Phraseology, Lexicology, Traditional Tales, Adage, Sentence, Maxim, Tag, Proverb, Expression, Saying.

 

 

C

oment‡bamos, en un art’culo precedente de esta misma revista (2 [2006]) sobre los cuentecillos de El Averiguador Universal, la importancia del cuento en el discurso, de su valor innegable en varias disciplinas. El cuento fue tambiŽn sustancia fundamental en la elaboraci—n de determinados refraneros glosados. No pudo ser de otra forma cuando los paremi—logos cayeron en la cuenta de que muchos refranes habr’an ascendido a tal categor’a tras convivir un tiempo formando parte de unos cuentos originales de los que se desprender’an como f—rmulas aisladas que se ir’an desvinculando hasta tomar vida independiente de los relatos. Durante el per’odo en que expresiones y cuentos fuesen coet‡neos en la mente colectiva, las f—rmulas ser’an condensaci—n que hiciese expandir en el oyente, en cuesti—n de segundos, la totalidad de la fabulaci—n al ser mencionada. Aœn tenemos un amplio repertorio de refranes que conservan de forma fresca en nosotros las referencias al cuento original; pero en otros muchos casos eso no es as’. Quedan muchos refranes por las antolog’as huŽrfanos de sus v’nculos o con referencias iniciales inciertas, discutibles o perdidas. ÒAlgo es algoÓ, dijo al ver el hueso el galgo (M‡s de 21.000); ÒAlgo es algo.Ó Y le echaba un pelo al santo (M‡s de 21.000); ÒAlgo es algo.Ó Y com’a hielo (12.600 refranes); ÒAlgo es algo.Ó Y ro’a una correa el galgo (Todav’a 10.700); ÒÁAlgo se pesca!Ó Y llevaba una rana en la cesta (Los 6.666); ÒAjos majan: bien comer‡n.Ó Dijo el gato: ÒQuiz‡ mal.Ó (12.600 refranes); DespuŽs de los pollos idos, ÒTapa el portilloÓ (12.600 refranes)... Podr’a hacerse una lista interminable de refranes que hacen referencia clara a algœn cuento como la m’nima muestra anterior, enteramente de los diversos refraneros de Rodr’guez Mar’n, da a entender. En algunos casos, el refr‡n parece lo suficientemente elocuente como para dar por supuesto que se trata de un lance anodino; lo que puede que llevara a los estudiosos a interpretarlo como una simple, elemental ocurrencia; pero en tal ocasi—n todo viene a ser conjeturas que pueden fallar, como demuestra el hecho de que no siempre los investigadores llegan a las mismas conclusiones ante las mismas formas ni sus explicaciones o relatos concuerdan; el propio Bastœs, en la obra que estudiaremos, en el refr‡n El Sastre del Campillo, trabajaba de balde y pon’a el hilo, fund‡ndose en un refr‡n que parece elocuente, se limita a interpretar, sin m‡s: ÒSe referir‡ sin duda esta locuci—n ‡ un sastre (...), el cual tendria la abnegacion que expresa el adagio, de trabajar de balde y poner el hilo.Ó Pero nos preguntamos si eso fue todo. Posiblemente, s’, pero no es seguro. Adem‡s de casos no suficientemente esclarecidos, hay otros totalmente velados en los que la referencia posiblemente seguir‡ perdida para siempre; incluso es patente que eso ya era as’ en tiempo de los primeros paremi—logos, a los que se les escaparon los or’genes de cientos de refranes; mas, por fortuna, muchos otros fueron rescatados del olvido y aparecen plenos en los refraneros bajo las f—rmulas que los representaron.

            La sabidur’a de las naciones de Bastœs[1], sobre el que versa el estudio del presente art’culo, es un claro ejemplo de refranero glosado con una buena porci—n de cuentos descritos tras las f—rmulas de sus refranes. Por desgracia para el folklorista, su principal fuente de inspiraci—n es la tradici—n escrita, aunque no haya renunciado a la oral. En ocasiones, cuando explica algœn hecho o cuento, utiliza los consabidos cuentan o se dice, y tal vez debamos entender estos tŽrminos como vinculados a lo contado o dicho en los escritos; pero nos entusiasma la idea de que esos se dice hagan menci—n exacta a lo que manifiestan literalmente: a que los cuentos a los que se refieren los hubiese allegado de la pervivencia oral, incluidas las anŽcdotas, leyendas o hechos hist—ricos. No puede negarse que todas estas narraciones tambiŽn se refieren oralmente en determinados c’rculos, y m‡s entonces. Nuestras reservas, en este caso de Bastœs, nos vienen por la gran erudici—n que ilustr— a este paremi—logo; nuestras esperanzas, por otro lado, surgen por su empe–o y tes—n por resolver el origen de los dichos y refranes, empe–o reconocido por sus coet‡neos y por el que fue recordado durante tiempo (le tildar‡ la enciclopedia Espasa de: ÒRebuscador incansable de modismos y etimologista consumadoÓ), empe–o, en fin, que tuvo que llevarle a indagar en mil formas y lugares, a anotar de conversaciones tanto como a extractar de libros.

            La preocupaci—n de Bastœs en sus pr—logos, antes de mostrarnos su trabajo, es ennoblecer el refr‡n. Es consciente del origen humilde del mismo; sabe que por ello puede ser rechazado; se empe–a en remarcar el aprecio con que fue acogido por los m‡s grandes pensadores de la antigŸedad cl‡sica, y nos presenta el ejemplo de innegables hombres de letras de nuestra cultura que se dedicaron a su estudio.

            Tiene muy claro que los refranes caen hasta momentos profundos de la historia del hombre, que han llegado a nosotros de generaci—n en generaci—n completando una enorme labor pedag—gica y normativa, hasta el punto de habŽrseles llamado la sabidur’a de las naciones, Òy entre nosotros, los EVANGELIOS CHICOS î ABREVIADOSÓ, nos recordar‡ en el pr—logo (p. IX). Sobre ese pervivir del pasado, ese origen remoto y an—nimo incidir‡ tras una de las denominaciones con que se los conoci—: ÒD‡baseles en un principio ‡ los refranes el nombre de retraeres, que equivale ‡ recuerdosÓ (p. XIII).

            Nos repasa las fuentes en que ya brota el refr‡n recopilado o creado: la literatura religiosa (Proverbios, Eclesi‡stico [de Jesœs, hijo de Sirac]...), siete sabios, los druidas (que los reten’an mentalmente, por tenerlos prohibidos), los poetas gn—micos, Pit‡goras, S—crates, Plat—n, Arist—teles (Clereo y Teofrasto, sus disc’pulos), Plutarco, proverbios sacerdotales para hablar a los or‡culos, etc. Y asegura que ya se conoc’an en Espa–a antes de que se escribiesen.

            Seguidamente explica la labor de los precursores que prepararon el camino hasta Žl, y afirma que se limitaban a ir aumentando el nœmero de refranes sin comentarlos, lo cual, evidentemente, no es cierto. Para Žl en cambio, asegura, su prop—sito es Òaveriguar el origen y significado hist—ricoÓ (p. XV) para que se haga un uso correcto de los mismos, tarea que le parece m‡s dif’cil, pero m‡s conveniente.

            En la serie tercera volver‡ a insistir en la idea de que los refranes son ense–anza de la experiencia colectiva de nuestras generaciones precedentes: ÒDe aqu’ se saca, que son los refranes, como unos hijos leg’timos de la costumbre, que nos ense–an las cosas que nuestros pasados aprobaron. Y ‡ Žsta causa los sabios no suelen menospreciarlos: antes llŽganse ‡ ellos, como buenos consejeros" (p. 10, reflejando el Pr—logo ‡ las cartas en Refranes que escribi— Blasco de Garay, Racionero de la Santa Iglesia en Toledo).

            La cita precedente concluye con la idea a prop—sito de que el refr‡n tiene unos or’genes humildes; pero fue bendecido por los sabios y hombres cultos, como los que mencionaba anteriormente, que, especialmente en sus Žpocas de madurez, los recog’an y atesoraban con gran aprecio y veneraci—n. Ese es el pensamiento insistente que expondr‡ en el pr—logo a la segunda serie (pp. 5-12), donde publicar‡ las justificaciones del maestro Le—n (alumno de Hern‡n Nœ–ez) para dar a la imprenta los refranes que compilara su maestro (1555, aprobados en Valladolid el 10 de diciembre de 1549), llenos de tanto valor y autoridad. Este maestro Le—n, tras hacer relaci—n de tan gran cantidad de sabios antiguos empe–ados en lo mismo, exalta la figura del Comendador, al que llama ÒFŽnix de nuestra edadÓ, que despuŽs de escribir obras de gran doctrina sobre SŽneca, Plinio, Pomponio Mela y otros Òque no est‡n impresas, ‡ la postre, dio en escribir estos RefranesÓ.

            Expuesta la tan alta misi—n y dignidad de los refranes, recurriendo a tan insigne figura, incluso a textos antiguos, Bastœs comienza decididamente su misi—n de esclarecer el origen de los mismos, y, afortunadamente, tuvo que acudir al cuento en ocasiones, al suceso, la anŽcdota, las leyendas tradicionales, recibidas por v’a oral o escrita, de cualquier forma, de larga tradici—n; todo ello bajo las correspondientes f—rmulas, desde el m’nimo vocablo, hasta el m‡s perfecto refr‡n, pasando por los proverbios, dichos y dem‡s expresiones o apelativos que utilicemos.

            Continuando con la idea que nos impuls— en el primer art’culo, extractaremos los cuentos hallados en La sabidur’a. Somos conscientes de que gran parte de ellos reflejan los de los cl‡sicos griegos y latinos, muy especialmente Plutarco, pero no podemos renunciar a ellos en este trabajo m‡s dado a las tradiciones de la literatura oral, porque son los mismos que discurrir‡n a lo largo de la historia de la literatura, los mismos que ve’amos en Timoneda, en Santa Cruz despuŽs, en Arguijo y todos cuantos llegaron detr‡s influenci‡ndose, o no; pues cabe la posibilidad de que saltasen, al menos en algunos casos, de las letras a la oralidad y al contrario; eso si no tenemos que remontarnos a unos or’genes primigenios hablados.

            Hay cuentecillos indudablemente folkl—ricos, como el que inserta en el refr‡n Por un clavo se pierde una herradura (ATU 774C: La leyenda de la herradura). Entonces este chascarrillo deb’a de ser tan conocida que Bastœs recuerda el cuento: ÒCuŽntase tambien cierta anŽcdota, muy moral, acerca un trozo de herradura que viajando Jesœs con san Pedro no quiso este coger, y que recogi— y guard— el Se–or, etc.Ó Pero no termina de narrarlo, quiz‡s porque no fuese necesario: todo el mundo lo sabr’a. IdŽntico caso es el del refr‡n Yo le he conocido ciruelo, cuento perfectamente catalogado y con infinidad de versiones de tradici—n oral y escrita (cf. nuestros Cuentos populares sevillanos, Sevilla, Fundaci—n Machado, 1999, n¼ 248: San Nicol‡s). Conocid’simo es el del refr‡n Sacarse un ojo por sacar ‡ otro dos (ATU 1331: El envidioso y el codicioso), del que podr’amos enumerar infinidad de versiones orales y escritas. Muy familiares son, por lo dem‡s, otros varios cuentos, como los relatados bajo los refranes Achica compadre y llevar‡s la galga; A quien dan, no escoje; Mientras bebo no me doy; Todo se andar‡; Al freir ser‡ el reir, Al trocar ser‡ el llorar; Dios te la depare buena; Anda que es chata (sobre este refr‡n puede consultarse el esplŽndido trabajo de JosŽ Fradejas Lebrero, ÇDe un refr‡n al cine: ÒLe quitay de la horca como putaÓÈ, en El cuento folkl—rico en la literatura y en la tradici—n oral, ed. de Rafael Beltr‡n y Marta Haro, pp. 151-185; en el que pueden consultarse infinidad de versiones reflejadas en la literatura escrita); Este es gallo, etc., en los que no vamos a detenernos en estudios por no ser prop—sito de este trabajo.

            Junto a ellos, existe toda una larga serie de anŽcdotas que, como hemos se–alados, han ido rodando de autor en autor a lo largo de la literatura, en muchos casos desde unos or’genes cl‡sicos sobradamente claros, como Zapatero ‡ tu zapato; El dinero huele bien salga de donde saliere o el que aparece en la nota a pie de p‡gina en Para los desdichados se hizo la horca (cuento que, indiscutiblemente, ha saltado tambiŽn a la tradici—n oral), entre otros muchos. Hay una buena porci—n de f‡bulas que toma directamente de autores conocidos, como la que refleja en El hombre ambidiestro, espigada de Pr’ncipe. TambiŽn, ciertamente, est‡ en Pr’ncipe (f‡b. CI) la del pel’cano que se abre el pecho por los hijos (Amor de pel’cano), f‡bula que tambiŽn recordar‡ Leonardo de Vinci (El pel’cano y sus hijuelos), Hartzenbusch (I, 23: El milano y el pel’cano, donde se dice que es inspirada en Pfeffel), que tambiŽn traduce otra de Lessing sobre el tema (n¼ XVII: El pel’cano). Lope de Vega la incluy— en El piadoso aragonŽs... Y otro largo nœmero de f‡bulas cŽlebres, como el parto de los montes o Deseando el camello tener cuernos, perdio las orejas, algunas de los cuales son de una procedencia mucho m‡s antigua y se cuentan oralmente como cuentos populares de animales, o se rememoran n’tidamente tras la f—rmula del refr‡n.

            TambiŽn son interesantes algunas anŽcdotas por su raigambre popular, tal vez basadas en alguna costumbre, como Pelar la pava o A la luna de Valencia; en muchos casos de origen discutible.

            Hay algunas anŽcdotas o relatos que parecen exclusivamente ligados a la historia; mas dado su car‡cter narrativo, su relaci—n con un refr‡n divulgado de viva voz y su difusi—n oral en ‡mbitos concretos, como La carta de Ur’as en los sermones, o Cortar la cabeza ‡ la Hidra, œtil en ambientes lœdicos y did‡cticos, los reflejamos aqu’. Es nuestra intenci—n recopilar, en estos art’culos, insistimos, las relaciones, cuentos, chascarrillos, anŽcdotas (muchas eminentemente hist—ricas, tal vez refrendadas por documentos hist—ricos, son excluidas) y dem‡s creaciones de car‡cter narrativo. No todas las narraciones est‡n igualmente elaboradas y detalladas; los estudiosos, ci–Žndose a los materiales, obviamente, se esmeraron en pormenorizar cuentos o se limitaron a plantear el esbozo de un argumento; en cualquier caso se trata de hallar relatos con acci—n, aunque sea m’nima. Esto excluye todo refr‡n que se explique con costumbres o usos, como Echar o meter el montante, por ejemplo, que debe entenderse porque los maestros de esgrima usaban una especie de espada larga llamada montante, sin que nos refiera ningœn hecho concreto de ningœn maestro de esgrima. Cabe se–alar, no obstante, que, pese a nuestro prop—sito, los l’mites entre las categor’as que hemos se–alado no son siempre claros, por lo que podr’a haberse prescindido de algœn refr‡n y haberse tomado, tal vez, algœn otro m‡s.

            Nuestra segunda intenci—n es se–alar la importancia de Bastœs en esa cadena que eslabona la larga y doble tradici—n literaria del cuento y la paremiolog’a. Por un lado, como ya hemos se–alado, exist’a toda una literatura escrita (Timoneda, Santa Cruz...; a veces circulando manuscritamente) entregada a la recopilaci—n de cuentecillos con determinados fines para el discurso y el di‡logo de tertulias, encuentros... Cabe decir que ya los m‡s tempraneros recolectores y algunos de los m‡s relevantes, como el propio Timoneda, escriben parte de sus cuentos como explicaci—n del por quŽ se dijo, es decir, estaban haciendo lo mismo que har‡ Bastœs (lo cual recordar‡ este Žl mismo). No es extra–o esto en Timoneda, pues si su pretensi—n de tener una recopilaci—n de cuentos para uso oral en los instantes apropiados estuvo en el origen de la parte m‡s distinguida de su obra, bien deb’a de saber que uno de esos momentos viene cuando surge el dicho o refr‡n. El buen conversador tiene el recurso de entrar en baza con el correspondiente a prop—sito de ese refr‡n, continuar con el chascarrillo y apropiarse de la palabra y protagonismo. En ese sentido, y como puede observarse, su aportaci—n es considerable.

            Por otro lado, y principalmente, su vinculaci—n m‡s directa est‡ con toda esa serie de paremi—logos que se ven’an dedicando a glosar refranes. Se diferencia de algunos de ellos, y en eso s’ tiene raz—n, en que el nœmero de refranes no le importa tanto como el esclarecimiento de su origen: quiere que se usen con la mayor propiedad y con consciencia de la realidad que late tras ellos. Algunos refranes son verdaderos estudios monogr‡ficos llenos de erudici—n literaria e hist—rica. En este sentido, su trabajo es muy semejante a Mal Lara, y especialmente a Covarrubias; con este las semejanzas son mayores pues, por su af‡n esclarecedor, no se detiene cuando se le presenta la ocasi—n de explicar determinadas palabras, erigiŽndose, por lo tanto, en inesperado lexic—grafo. Como hemos dicho, no pretende hacer un acopio exhaustivo de refranes, a modo de diccionario, como tantos precedentes; en este sentido se aleja de Correas, cuyas glosas son m‡s escuetas y cuyo volumen de refranes, por otra parte, es ingente, y m‡s ligado a la tradici—n oral. Como no pretende hacer un diccionario de sentencias, elude su ordenaci—n alfabŽtica o de cualquier otro tipo, lo que dificulta enormemente la bœsqueda de refranes concretos. Aunque no le faltar‡ raz—n a su prologuista cuando dice que las ordenaciones alfabŽticas no son soluci—n, pues un mismo refr‡n puede decirse de mil formas. Bastœs, por lo dem‡s, no s—lo sigue los trabajos de sus anteriores, sino que parte de ellos transcribiendo opiniones, citas o relatos. Lo mismo har‡n los que le siguieron a Žl, que partir‡n de los cimientos labrados por los precedentes haciendo constar el lugar de su fundamento, que muchas veces son garant’a de autoridad, pero otras veces silenciando la autor’a de las ideas hurtadas.

            Tras Žl, pues, vendr‡n inmediatamente otros estudiosos que lo seguir‡n, como Sbarbi, Rodr’guez Mar’n, Montoto y los folkloristas de la segunda mitad del s. XIX. Y, superado el horizonte del nuevo siglo, vendr‡ otra nueva generaci—n a inspirarse en todos ellos, como Mart’nez Kleiser, copilador de recopiladores, Casares, Vicente Vega, Vergara Mart’n, pero especialmente Iribarren[2], cuya obra, con todo mŽrito, sigue aœn vigente, y cuyo celebrado y meritorio El porquŽ de los dichos sigue public‡ndose incesantemente en nuestros d’as. Por el contrario, y por desgracia, Bastœs est‡ oculto tras la nebulosa del tiempo, pese a haber dado un nuevo impulso a la tradici—n de los refraneros glosados: Žl fue inspiraci—n directa y decidida para Iribarren, a quien podr’amos imaginar extractando todo cuanto en su predecesor hall— apropiado para los lectores de su tiempo, casi un siglo despuŽs, y tambiŽn lo fue indirectamente, porque Iribarren tambiŽn bebi— en la generaci—n intermedia que se hab’a surtido de la fuente de Bastœs. La importancia de La sabidur’a, pues, es de primer orden para Iribarren. Para JosŽ Mar’a Romera, en su estudio de El porquŽ, las fuentes principales de Iribarren son los diccionarios, como el Vocabulario de Correas, y el Tesoro de Covarrubias (en menor medida los normativos, como el Diccionario de Autoridades), a lo que a–ade en importancia los repertorios paremiol—gicos y los diccionarios especializados, as’ los de Sbarbi y Rodr’guez Mar’n, Vergara Mart’n (Diccionario geogr‡fico-popular, de 1923), Gela Iturriaga (Refranero del mar, de 1944) o Vicente Vega (Diccionario ilustrado de frases cŽlebres y citas literarias, de 1952). Luego agrega: ÒSon muchas las obras miscel‡neas y pintorescas de todo gŽnero empleadas ocasionalmente para un modismo o anŽcdota, entre las que Iribarren no establece por lo general otras diferencias que las de su oportunidad para este o aquel dichoÓ. Y continœa, eso s’, mencionando aqu’ a Bastœs: ÒMuy aprovechadas por Žl son las de Joaqu’n Bastœs (Memor‡ndum anual y perpetuo, y sobre todo La Sabidur’a de las Naciones)Ó. Por nuestra parte, no tenemos duda de que la utilizaci—n de la obra de Bastœs no es de forma ocasional, sino primordial. Como veremos, lo menciona sobre un centenar de veces, y casi otras tantas lo copia textualmente, y sin citar; tal vez porque, en algœn caso, sea consciente de que Bastœs est‡ usando textos anteriores. Y no es s—lo que utilice textos o fragmentos que est‡n en Bastœs, es que, incluso, en la elecci—n de algunas expresiones m’nimas parece seguir el rastro de las escogidas por Žl, como Comer de mogoll—n, Sudar el hopo, Aqu’ fue Troya, El de marras o Dimes y diretes, por ejemplo. ÀEs coincidencia, incluso, que escoja vocablos como mequetrefe, perill‡n o bicoca y los explique en tŽrminos semejantes? Si las coincidencias fuesen escasas, podr’amos justificarlas, tal vez podr’an desecharse una a una, mas no las abrumadoras coincidencia en general. No supone esto que Bastœs fuese su œnica fuente de inspiraci—n, o la primordial, sino que fue de primer orden y que la explor— por completo recogiendo cuanto le fue de utilidad para sus coet‡neos. Iribarren utiliza a Bastœs como Bastœs hab’a utilizado a Covarrubias, por ejemplo. A veces para recordar sus ideas, en ocasiones para contrastarlas. Nada que reprochar por revivir sus ideas.

            Nuestra intenci—n es reconocer el mŽrito que Bastœs debe disfrutar dentro de la paremiolog’a, identificarlo con uno de los eslabones m‡s s—lidos dentro de la tradici—n de estas obras. Desde ê–igo de Mendoza, si no queremos remontarnos a la cultura occidental anterior, hasta Iribarren, cada uno de los estudiosos ha sido figura valiosa, pues cada uno ha aportado nuevas f—rmulas para inventariar y esclarecer las expresiones que utilizamos actualmente como fruto de la experiencia de la sabidur’a popular, cada uno es importante, y Bastœs fundamental: debe formar parte del reducido grupo digno de tenerse en cuenta en esta materia.

            No es nuestro interŽs hacer un estudio exhaustivo de las coincidencias entre Bastœs e Iribarren, que requerir’a mayor dedicaci—n pues, tanto uno como otro huyen de todo tipo de ordenaci—n alfabŽtica, lo cual, como se–alamos, no es ayuda definitiva, pero podr’a facilitar la tarea. Para mayor complicaci—n, los textos no siempre concuerdan con los refranes. A veces una expresi—n independiente en uno le cuadra mejor dentro de un refr‡n general al otro.

            Comenzaremos el presente trabajo con un primer apartado de refranes en el que Iribarren cita a Bastœs, junto a alguna anotaci—n de lo que representa Žste en dicho refr‡n. En este apartado, la f—rmula del refr‡n se–alada en estos textos coincide con la de Iribarren (obviamente, no es as’ en los refranes glosados con relatos, donde las f—rmulas son las propias de Bastœs). La primera menci—n a Bastœs refleja en cada caso la cita que hace el navarro, a la que agregamos una segunda donde especificamos el nœmero del refr‡n, pues Iribarren ha preferido citar œnicamente la p‡gina exacta del texto (salvo en algœn caso en que cita por el nœmero de refr‡n) que ha tomado de su predecesor (en alguna ocasi—n erradamente; nosotros damos los nœmeros de la p‡gina que ocupa todo el refr‡n); cuando la f—rmula difiere notablemente, solemos exponer tambiŽn la de Bastœs. Como el Memor‡ndum de Bastœs es citado en escasas ocasiones por Iribarren, comparado con La sabidur’a, siempre que se omite la obra objeto de copia, se referir‡ a esta œltima, as’ como a El PorquŽ, si nos referimos a Iribarren. En un segundo apartado, exponemos aquellos refranes de los que Iribarren ha copiado clar’simamente a Bastœs, o las semejanzas son muy grandes. Finalmente, extractamos los cuentecillos de La sabidur’a, algunos de los cuales son retomados por Iribarren, lo cual hacemos constar.

            Aun cuando proclamemos a Bastœs como uno de los principales modelos de Iribarren, es justo reconocer que no todo le fue tomado para ser ampliado o sintetizado, incluso a veces es rebatido. En cuanto al reflejo, no es igual en todas las expresiones: a veces toma unas l’neas, a veces fragmentos enteros, en ocasiones copia de memoria; vŽase, por ejemplo, c—mo explica cada uno la expresi—n Como una guitarra en un entierro, en la que Iribarren no menciona a Bastœs ni a ningœn otro precedente:

 

Es decir, una cosa inoportuna, fuera de lugar, un desprop—sito.

            Este modismo es antiqu’simo, como que en el Cap. XXII, v. 6, del libro del Eclesi‡stico se lee ya: Un discurso fuera de tiempo viene ‡ ser como la mœsica en un duelo — funeral. Musica in luctu importuna narratio, etc.

 

Como anillo de oro en hocico de cerda.

            Comparaci—n oriental para espresar la inoportunidad de alguna cosa. Es tomada de los Proverbios de Salomon, Cap. XI, v. 22. ÒLa belleza en una mujer fatua, es como sortija de oro en el hocico de un cerdo.Ó

            C’rculus aureus in naribus suis, mulier pulcra et fatua.

            Los italianos para espresar la inoportunidad de una cosa se valen de un modismo especial. Dicen que la cosa est‡ all’: Comme Pilato nel Credo. (Bastœs, I, 277; p. 318-319)

 

            Comparaci—n popular para expresar que una cosa es inoportuna, fuera de lugar, un desprop—sito.

            Es un modismo antiqu’simo, como que, con parecida expresi—n, aparece en el cap’tulo 22, vers. 6¼ del EclesiastŽs, donde se lee: ÒUn discurso fuera de tiempo viene a ser como la mœsica en un duelo o funeralÓ. (Musica in luctu importuna narratio, etc.).

            IdŽntico significado tiene la comparaci—n oriental Como anillo en hocico de cerda, que est‡ tomada de los Proverbios de Salom—n (cap. 11, vers. 22): ÒLa belleza de una mujer fatua es como sortija de oro en el hocico de un cerdoÓ.

            Los italianos dicen Comme Pilato nel Credo. (Iribarren, p. 182a)

 

            No son raros los casos en que la referencia de un refr‡n o sentencia es tan evidente que no cabe sino acudir ineludiblemente a fuentes b’blicas o litœrgicas, por ejemplo, para su explicaci—n. Bastœs hizo un gran trabajo en este apartado, por lo que el impulso de pensar que aqu’ tambiŽn se convirti— Bastœs en gu’a nos tienta. El lugar para acudir a la explicaci—n de la sentencia est‡ a la vista y es evidente, pero no lo es tanto la coincidencia en la elecci—n de tales sentencias y con bastante asiduidad; como, por ejemplo, Muchos son los llamados y pocos los escogidos, donde tanto Iribarren (p. 322b) como Bastœs (III, 182; p. 297) se limitan a enviarnos a la cita b’blica, evidentemente.

            Es patente, en suma, que Iribarren copia a Bastœs m‡s de lo que proclama. Dif’cil es calcular cu‡nto exactamente, ni es relevante. No parece justo, pues, que Žl mismo quiera proclamar, airear, que Bastœs ha copiado a Covarrubias algœn fragmento sin advertirlo. En La ley del embudo y la ley del encaje, extracta unos textos de Bastœs (III, p. 54) [III, 11; pp. 53-54: en La ley permite ‡ veces lo que prohibe el honor] y seguidamente desvela: ÇEsto escribe Bastœs (La Sabidur’a de las Naciones, 3.» serie, p‡g. 54), repitiendo, aun cuando no la cita, la explicaci—n de Covarrubias, que en su Tesoro de la Lengua Castellana (1611), dijo en la palabra encaxar: ÒLa ley del encaje:ÉÓÈ. (Iribarren, pp. 167b-168a)

 

 

            REFRANES EN QUE IRIBARREN MENCIONA A BASTòS.-

 

  1. El quid de la dificultad (Iribarren, p. 27a). Expone las ideas de Bastœs (I, p. 40) [I, 6; p. 40].