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Conejero L—pez, Alberto. ÒLa
mujer del Otro, territorio desvelado. Representaciones de la alteridad en la
canci—n urbana greco-orientalÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 4 (enero-junio 2007). http://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/conejero.htm ISSN: 1886-5623 |
La mujer del Otro,
territorio desvelado.
Representaciones de
la alteridad en la canci—n urbana greco-oriental[1]
Alberto Conejero L—pez
Consejo Superior de
Investigaciones Cient’ficas
Resumen
Uno de los rasgos caracter’sticos de la tradici—n oral
urbana de los griegos de Oriente –que ha recibido, sin embargo, escasa
atenci—n por parte de los investigadores— es la abundancia de canciones
dedicadas a las mujeres turcas, armenias, jud’as y circasianas: la presencia constante de la mujer del Otro.
El objetivo de este art’culo es analizar c—mo estas estructuras simb—licas
delimitan en ocasiones y desaf’an en otras la identidad colectiva de los griegos
de Oriente. Para ello, y desde un enfoque interdisciplinario, abordarŽ estas
representaciones culturales de la otredad —como mecanismos de inclusi—n o
exclusi—n—, y su papel en los procesos de construcci—n de la conciencia colectiva
greco-ortodoxa tras la quiebra del sistema de ÒmilletÓ.
Palabras clave: cancionero urbano, griegos de Oriente, alteridad.
Abstract
One
of the most characteristic features of Greek folksongs developed in urban
centres of Asia Minor, is the presence of songs dedicated to the Turkish,
Armenian, Jewish and Circasian women: the constant presence of the Other«s
Woman. Although this phenomenon appears as a major and extraordinary
interesting issue, researchers so far have paid only secondary or none
attention. This article analyzes how these symbolic structures either delimit
or defy the collective identity of the Ottoman Greeks. From an
interdisciplinary approach, I will define these cultural representations of the
Otherness -as incorporation or exclusion mechanisms-, and their role in the
processes of construction of the Greek-Orthodox collective identity after the
collapse of the Ottoman Empire.
Keywords: Ottoman Greeks, Otherness, Greek-Oriental Urban Folk Songs.
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L |
as damas turcas no cometen un solo pecado menos por el
hecho de no ser cristianas. [...] Es f‡cil comprobar que gozan de una mayor
libertad que nosotras; ninguna mujer, del linaje que sea, tiene permiso para
salir a la calle si no lleva dos muselinas, una que le cubre toda la cara
dejando al descubierto los ojos y otra, que tapa por completo la cabeza y el
tocado y cuelga a mitad de la espalda, y adem‡s, ocultan por completo sus
formas con una cosa que llaman ferigi [ferace] sin la cual
ninguna mujer, de la clase que sea, se atreve a salir. [...] Podr‡s adivinar de
quŽ manera tan efectiva las disfraza este atuendo, pues no hay manera de
distinguir a la gran dama de su esclava e incluso al marido m‡s celoso le
resulta imposible reconocer a su esposa cuando la ve de esta guisa, y los
hombres no se atreven a tocar ni a seguir a una mujer por la calle. Esta
perpetua mascarada les da plena libertad para seguir sus inclinaciones sin
temor a ser descubiertas. [...] En general, considero a las mujeres turcas como
las œnicas libres del Imperio.[2]
Desde la
fundaci—n del Reino de Grecia (1832) y hasta el inicio de la contienda
grecoturca de 1919, la historia de los griegos que permanecieron bajo
administraci—n otomana qued— relegada a un segundo plano en la historiograf’a
oficial griega. El retrato de estas comunidades, difuminado y parcial, se
compone de las numerosas referencias a las actividades de la casta de los
fanariotas y a la posici—n del Patriarcado de Constantinopla respecto a la
sublevaci—n griega.
Tras el
nacimiento del estado-naci—n griego, la suerte de las comunidades
greco-ortodoxas irredentas
parece permanecer en un comp‡s de espera hasta que se produjese su liberaci—n
por la Madre Patria, aunque la situaci—n real era que esos griegos otomanos se
encontraban situados entre dos centros referenciales y pol’ticos que representan
visiones divergentes de lo griego: por un lado, el estado-naci—n del Reino de
Grecia y, por otro, el Patriarcado EcumŽnico de Constantinopla, s’mbolo de la
integraci—n greco-ortodoxa en el Imperio otomano.
De
hecho, durante el siglo XIX y la primera dŽcada del siglo XX, las comunidades
greco-ortodoxas bajo administraci—n otomana vivieron un renacimiento cultural y
pol’tico, que, en no pocas ocasiones, entr— en conflicto con los intereses del
Reino de Grecia y sus pol’ticas imperialistas conocidas como el Gran Ideal: la
ambici—n de anexionar a Grecia todos los territorios asociados hist—ricamente
al helenismo, especialmente Constantinopla.
La
divisi—n pol’tica entre los griegos otomanos se acentœa durante el per’odo de
los Tanzimat, y la
activa participaci—n de algunos destacados miembros de esta comunidad en los
intentos de transformaci—n del Imperio en una Repœblica secular, asentada en
una nueva sociedad de ciudadanos y no de grupos religiosos. Durante su
intervenci—n en el parlamento, el diputado por Constantinopla Valisis
Serayiotis afirm— en 1877 que:
La distinci—n entre musulmanes y no
musulmanes es contraria a la Constituci—n. Cualquier discusi—n sobre este tema
es inadmisible. Perm’tanme que desterremos para siempre los tŽrminos musulmanes y no musulmanes, griegos o armenios. Que se termine ya esta distinci—n, todos nosotros
somos otomanos.[3]
El clima
de entusiasmo por la Çpatria comœn otomanaÈ llev— a los griegos a manifestar
abiertamente su pertenencia y lealtad a la Puerta, m‡s aœn cuando serv’a para
contener las ambiciones ruso-bœlgaras en la zona y desvinculaba la suerte de
los griegos otomanos de la del belicoso e inconstante Reino de Grecia.
A ra’z
del fracaso de estas pol’ticas y la bancarrota de la Sublime Puerta, parte de
la comunidad greco-ortodoxa acoge con entusiasmo la Revoluci—n de los J—venes
Turcos, aunque otros de sus miembros est‡n ya completamente identificados con
el proyecto imperialista de Grecia y su percepci—n de la identidad nacional.
Sin
embargo, pese a la convivencia entre los griegos otomanos de diversas
identidades pol’ticas y culturales, estos se reconoc’an como una comunidad
hasta la quiebra definitiva del sistema de millet, el marco administrativo por medio del
cual la Sublime Puerta regulaba sus relaciones con las distintas comunidades
religiosas o nacionalidades otomanas. Cada comunidad sufraga sus instalaciones pœblicas —hospitales, escuelas, asilos,
albergues, clubes deportivos— y gestiona sus asuntos civiles y
religiosos: matrimonios, bautismos, etc.
Por lo
tanto, y aun conteniendo elementos heterogŽneos, los griegos ortodoxos del
Imperio formaban un sujeto reconocible, cuya identidad cultural se configuraba
en un constante proceso de pertenencia y diferenciaci—n, de integraci—n y
exclusi—n respecto a las restantes nacionalidades otomanas o millets.
La
divisi—n de la sociedad otomana en comunidades etnorreligiosas, ten’a su
reflejo en la distribuci—n espacial de Žstas en los nœcleos urbanos. En
Esmirna, marco f’sico de nuestro estudio, y hasta principios del siglo XX, el
trazado de la ciudad es la huella de la divisi—n de la poblaci—n esmirniota:
reunidos en torno a la Calle Europea, los levantinos ocupan el centro de la ciudad; los griegos
y armenios m‡s pudientes habitan las inmediaciones del puerto; turcos y jud’os
conviven en la parte alta de la ciudad, en la ladera del monte Pagus; en los
suburbios m‡s alejados del centro, como Carat‡s, gitanos y otros grupos
semin—madas viven de espaldas a la ciudad.
Sin
embargo, con la llegada de la modernidad y la aparici—n de nuevas formas de
sociabilidad, estas fronteras f’sicas se difuminan y aparecen espacios que
propician el contacto con el Otro: teatros, cafŽs cantantes, cinemat—grafos,
etc.
Hemos
rastreado la huella del contacto con el Otro en la literatura popular de los
griegos de Esmirna, menos permeable al discurso nacionalista[4] que otras formas de expresi—n. Para
ello, nos hemos servido de los registros sonoros de canciones populares
efectuadas por griegos minorasi‡ticos en el per’odo comprendido entre 1906 —fecha aproximada de inicio de
los registros sonoros en Asia Menor — y 1936, cuando la dictadura
fascista del general Metax‡s prohibi— la difusi—n y grabaci—n de cantos
ÇorientalesÈ. Nuestra selecci—n no comprende s—lo los registros efectuados en
Esmirna y Constantinopla antes del Desastre de 1922, sino aquellos realizados
en la di‡spora americana o por los refugiados ya en el Reino de Grecia.
Mijail
Bajt’n afirma que cualquier proceso discursivo es productor de sentidos
sociales y, por lo tanto, de representaciones sociales. Nuestro objetivo es
analizar si estas representaciones[5] de la alteridad contenidas en el texto
de las canciones, y activadas durante su ejecuci—n[6], ten’an por objetivo establecer o
reproducir y renovar[7] la identidad colectiva de la comunidad
greco-ortodoxa en un espacio
interŽtnico, o si, por el contrario, esa identidad colectiva era desafiada por
la voz de un individuo singular, cuyas relaciones —simb—licas o
reales— con el Otro transgred’an las convenciones sociales.
En
el texto de estas canciones el Otro —exceptuando l—gicamente los cantos
bŽlicos y patri—ticos—, el Otro (el jud’o, el levantino, el turco, etc.)
aparece siempre bajo la hip—stasis de mujer. Por obvias razones, no podemos
detenernos en las implicaciones simb—licas, psicol—gicas o psicoanal’ticos de
este hecho. S’ creemos necesario destacar el aporte decisivo de Marc AugŽ en el
cuestionamiento de las identidades y de las alteridades absolutas, tan
presentes en las construcciones discursivas nacionalistas.
La elecci—n de la mujer como el
Otro pone en juego dos niveles de alteridad: el Otro / grupo etno-religioso, y
el Otro / mujer, y establece una dialŽctica continua entre las categor’as m‡s
abstractas y las m‡s singulares que definen la identidad del individuo.
Sin embargo, no hay una
reciprocidad entre el Yo y el Otro/ Mujer. ƒsta queda configurada como sujeto
pasivo[8],
enfrentada al hombre que se constituye como el sujeto trascendente, y es la voz
enunciadora de las canciones. La mujer del Otro es, por lo tanto, doblemente
Otra; y su conquista, en una sociedad patrilineal como la greco-otomana, es una
doble derrota para el adversario. En caso de matrimonio entre griego y turca, o
griego y jud’a, ser’a Žsta quien habr’a de abandonar su comunidad e
incorporarse a la del Otro.
Y puesto que los adversarios no
disputan ningœn territorio sino que comparten el mismo tablero (la ciudad), la
mujer —garante de la continuidad f’sica de cada comunidad— puede
ser arrebatada, pose’da, conquistada por el Otro. Ella es el territorio simb—lico
de cada grupo y su conquista, su entrega al Otro, es contemplada como una
traici—n por la comunidad. En la œnica canci—n que hemos encontrado donde la
Mujer del Otro es el narrador —un registro tard’o de1933, tambiŽn
interpretado por una mujer—, Žsta suplica abandonar el harŽn, espacio
representativo por antonomasia del Turco— y adoptar las costumbres de los
griegos:
I. Φερετζέ (El velo) [Escuchar][9]
Atenas, 1933
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Φερετζέ
φορώ, γιαβρί
μου, να
τον βγάλω
λαχταρώ. Θέλω
στην θερμή σου
αγκάλη, αμάν,
αχ, αχ, μερακλή, για
να γείρω το
κεφάλι, αχ,
αχ, σεβνταλή. Τώρα
θα γλεντώ,
γιαβρί μου, ¹ου
Ôβγαλα το
φερετζέ. Θα
γλεντάω στις
ταβέρνες, αχ,
αχ, μάγια μου
Ôκανες Θα
γλεντάω με
λατέρνες, αμάν,
αχ, συ με
τρέλανες. Χρόνια
λαχταρώ,
γιαβρί μου, το
χαρέμι για να
βγω. Πάνε
οι κισλάρ
αγάδες, αμάν,
αχ μερακλή. Οι
αγάδες και οι
¹ασάδες, Αχ,
αχ σεβνταλή. |
Llevo el velo, mi ni–o, y deseo quit‡rmelo. Quiero en tu c‡lido regazo, ay, ay, amado m’o, apoyar la cabeza, ay, ay, celoso m’o. Ahora disfrutarŽ, mi ni–o, porque ya me quitŽ el velo. DisfrutarŽ en las tabernas, ay, ay, tœ me embrujaste; disfrutarŽ con pianolas, ay, tœ me volviste loca. Hace a–os que deseo, amor m’o, ay, del harŽn poder salir. Se acabaron los kizlar ag‡s[10], ay de m’, ay, amado m’o; los ag‡s y los pach‡s. ay, ay, celoso m’o. |
La
mujer turca abandona un espacio individual de reclusi—n (el velo) y otro
colectivo (el harŽn) para disfrutar en un nuevo espacio colectivo —la
taberna— de un nuevo placer individual (el amor del griego).
Sin embargo, y aunque
presumiblemente la mujer deber’a asumir el papel pasivo en estas canciones, es
el var—n quien renuncia a los rasgos caracter’sticos del arquetipo hegem—nico
de masculinidad, y quien se muestra dŽbil, cautivado, subordinado a la voluntad
de la mujer. Hemos seleccionado algunos ejemplos de lo que es una constante en
todo nuestro cancionero:
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II. Τουρκο¹ούλα (Ni–a turca) [Escuchar][11] Atenas, 1929 |
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Σαν
βλέ¹ω τι ¹αθαίνω δεν
μ¹ορώ να σου το
ει¹ώ. Τουρκο¹ούλα
μου
λιώνω,¹εθαίνω, Τουρκο¹ούλα
μου για σέ ¹ονώ Για τα
μάτια σου κυρά
μου, τα
φρυδάκια σου
τα δυο, δεν
μ¹ορώ,
χανούμισσά
μου, σκλάβος
σου θε να γίνω Της αγά¹ης το
βοτάνι, αχ, έλα Τούρκα,
δώσÕ το, μην
αργείς. Με τα κόκκινα
χειλάκια σου, αχ ¹ες μου,
τουρκο¹ούλα
μου, ¹ες μου ¹ως κι
εσύ για μέ
¹ονείς | |