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Pedrosa,
Jos Manuel. Comer con sal, comer sin sal, o lo civilizado frente a
lo salvaje: el cuento ATU 923 (El amor como la sal) y otras
fbulas de princesas desterradas y recuperadas. Culturas
Populares. Revista Electrnica 4 (enero-junio 2007).
http://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/pedrosa.htm ISSN: 1886-5623 |
Comer con sal, comer sin sal,
o lo civilizado frente a lo salvaje:
el cuento ATU 923 (El amor
como la sal)
y otras fbulas de princesas desterradas y recuperadas
Jos
Manuel Pedrosa
Universidad
de Alcal
Para Elas Rubio
Resumen
Estudio del cuento ATU 923 (El amor como la sal), y de sus valores simblicos y antropolgicos,
relacionndolo con las dicotomas crudo / cocido y salvaje / civilizado. Se
analizan sus coincidencias con otros cuentos tradicionales, y tambin con obras
literarias como el Poema de Gilgamesh,
la Ilada, el Cantar de Mio Cid, El rey Lear y Robinson Crusoe.
Palabras clave: El amor como la sal,
Antti Aarne, Stith Thompson, Hans-Jrg Uther, ATU 923, crudo, cocido, salvaje,
civilizacin, Gilgamesh, Ilada,
Cid, Rey Lear, Robinson Crusoe.
Abstract
Study of the folktale ATU 923 (Love like Salt) and its symbolic and
anthropological meanings, in relation to the dicotomies raw / cooked and savage
/ civilized. Analysis of concordances with a variety of other folktales, and
with literary masterpieces such as the Poem of Gilgamesh, the Iliad, the Song of the Cid, King Lear and Robinson Crusoe.
Keywords: Love like Salt, Antti Aarne, Stith Thompson,
Hans-Jrg Uther, ATU 923, Raw, Cooked,
Savage, Civilization, Gilgamesh, Iliad,
Cid, King Lear, Robinson Crusoe.
Una
versin siciliana del cuento de El amor como la sal (ATU
923)
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n las pginas
de este mismo nmero de esta revista (vase el artculo de Simona Serra que
lleva el ttulo de El agua y la sal (ATU 923), cuento tradicional siciliano de la coleccin de G. Pitr) ha sido
publicado un interesantsimo relato popular siciliano, recogido por el inmenso
etngrafo Giuseppe Pitr (1841-1916) de labios de Elisabetta Sanfratello, domestica del mio egregio amico sig. avv. Giuseppe
Gugino di Vallelunga. El cuento fue publicado en su lengua siciliana original
en 1875 (con el ttulo de Lacqua e lu sali), y ha sido traducido ahora por Simona Serra al espaol. He aqu su versin:
Les
va a ser contado, y se les volver a contar, un bellsimo cuento a ustedes,
seores.
Haba
una vez un rey que tena tres hijas. Un da, mientras estaban en la mesa, el
padre dijo a las tres hijas:
─Bueno,
pues vamos a ver quin me quiere ms de vosotras tres.
La
mayor se dio la vuelta:
─Pap,
yo te quiero como a mis ojos.
La
mediana contest:
─Pap,
yo te quiero como a mi corazn.
La
pequeita contest:
─Yo
te quiero como al agua y a la sal.
El
rey se sinti ofendido:
─Que
me quieres como al agua y a la sal? Rpido! Llamad a los verdugos, porque voy
a darte la muerte!
Vinieron
los verdugos y se llevaron a la nia. Las hermanas, que sintieron lstima de
ella, entregaron una perrita a los verdugos y les dijeron:
─Cuando
lleguis al bosque, matad a la perrita y dad golpes sobre la camisa. A nuestra
hermana no debis matarla. Dejadla en una gruta.
Apenas
los verdugos llegaron al bosque, mataron al perro, dieron golpes sobre la
camisa, y a ella la dejaron dentro de una gruta. Arrancaron la lengua a la
perrita y fueron al encuentro del rey. Cuando llegaron al rey:
─Majestad,
aqu estn la camisa y la lengua.
Y
su Majestad les entreg un premio.
Dejemos
a esta gente y volvamos adonde la nia. Pas un hombre salvaje, y ella le dio
cuenta de su mala suerte. El salvaje le dijo:
─Quieres
venir conmigo?
─Qu
es lo que hago yo aqu? Voy.
Carg
su fardo y march. Apenas llegaron a la habitacin de l, l le ense toda la
casa, los muebles, y le dijo:
─Aqu
tienes todo lo que desees. Ahora tienes que rezar al Seor para que te
favorezca con su ayuda, y no debers tener miedo de nada.
Comieron.
l se march a cazar, puesto que era un hombre salvaje. Y ella se qued dentro.
Por la maana se levant y se arregl el pelo. Apenas se lav y tir el agua,
en la ventana de la princesa se coloc un pavo y cant:
─Es
en vano que te alises o que te rices el pelo. El hombre salvaje quiere comerte.
Ella,
cuando escuch tal cosa, se ech a llorar. Lleg el hombre salvaje y le dijo:
─Qu
pasa?
─Qu
pasa? Qu es lo que va a pasar? Pues que me lav la cara y, apenas tir el
agua, un pavo me dijo: "Es en vano que te alises o que te rices el pelo.
El hombre salvaje quiere comerte".
El
hombre salvaje contest:
─Si
te lo vuelve a decir, t le dices:
Pavo, pavo,
de
tus plumas he de hacer un plumaje,
de
tu carne he de hacer un bocado;
he
de ser la mujer de tu dueo.
Cuando,
al da siguiente, ella le dijo eso, el pavo se sacudi y arroj lejos todas las
plumas. El hijo del rey, cuando se asom y vio el pavo desnudo, desnudo, se
sinti maravillado y prest atencin. Al da siguiente, la mujer se arregl el
pelo y tir el agua. El pavo le dijo:
─Es
en vano que te alises o que te rices el pelo. El hombre salvaje quiere comerte.
Y
ella le contest:
Pavo,
pavo,
de
tus plumas he de hacer un plumaje,
de
tu carne he de hacer un bocado;
he
de ser la mujer de tu dueo.
Cuando
el hijo del rey se puso a mirar al pavo, vio, vio que el pavo se iba sacudiendo
las dems plumas. Y a la hija del rey se le fue transfigurando su hermosa cara,
y volvi a ser tan hermosa como Dios la haba hecho. Dijo [el hijo del rey]:
─Rpido,
pap, yo me quiero casar, y deseo a esta chica.
El
padre dijo:
─Veamos
quin es dueo de esta chica, porque creo que pertenece al hombre salvaje.
Envi
mensajeros al hombre salvaje, y les orden que solicitasen a la chica. De este
modo contest el hombre salvaje:
─Si
a ella le gusta, ella con una mano, y yo con cien.
Llam
a la chica y le solt un largo discurso. La chica se hizo de rogar, fingiendo
que no deseaba abandonar al hombre salvaje. Pero para sus adentros senta como
si hubiese pasado cien aos entre las garras de aquel hombre salvaje. Pues
bien, concertaron la boda. Luego lleg el hombre salvaje y le dijo a la chica:
─Mira,
a m me tienes que matar el da antes de que te cases. Tienes que invitar a los
tres reyes del reino: a tu padre el primero. Y has de encargar a todos los
criados que pongan agua y sal a todo el mundo, excepto a tu padre.
As
lo hicieron. Enviaron una citacin a los tres reyes.
Bueno,
pues el caso es que al padre de aquella muchacha le haba ido creciendo la
nostalgia de aquella hija, hasta el punto de que enferm de angustia. Cuando
recibi el anuncio, dijo:
─Y
cmo puedo ir as, cuando siento el fuego de la ausencia de mi hija?
Y
no quera ir. Luego pens:
─El
otro rey se ofender si no voy. Y puede declararme la guerra!
March.
Un da antes de casarse, los novios mataron al hombre salvaje, lo dividieron en
cuatro partes y lo distribuyeron por cuatro habitaciones. Cada cuarto en una
habitacin. Y la sangre, derramada por todas la habitaciones y por la escalera.
El pavo haba dicho que haba que hacerlo as. La sangre y la carne eran de oro
y de piedras preciosas. Cuando llegaron los tres reyes y vieron las escaleras
de oro, se sintieron inquietos por tener que poner los pies encima:
─No
pasa nada ─dijo el pequeo rey─ pasad, que esto no es nada.
Por
la tarde se casaron. Al da siguiente celebraron el almuerzo. El rey orden:
─Nada
de sal ni de agua para aquel rey!
Se
sentaron a la mesa, y la pequea reina se coloc al lado de su padre. Pero su
padre no coma. La hija le preguntaba:
─Real
Majestad, por qu no come? Es que no le gusta la comida?
─En
absoluto! Eso no tiene nada que ver. Est muy rica!
─Pues,
por qu no come?
─Por
nada, es que no me siento bien.
Y
el novio y la novia le alcanzaron algunos tenedores con carne. Al rey no le
apeteca comer, y mascaba como una cabra. (Cmo iba a comerla sin sal?).
Cuando
terminaron la comida, se pusieron a contar historias. El Rey, fastidiado como
estaba, cont todo lo que haba sucedido con su hija.
─Y
usted, Real Majestad ─le pregunt la hija─, si viera a su hija la
reconocera?
─Dios
lo quisiera! Hace tanto que la vi por ltima vez!
Ella
se levant y march a ponerse el vestido que llevaba cuando se separ de su
padre, en el momento en que fue enviada a la muerte.
─Real
Majestad, os acordis ahora de vuestra hija? Es que no soy yo vuestra hija?
Me hicisteis matar porque os dije que yo os quera como a la sal y al agua.
Ahora habis comprobado lo que significa comer sin sal y sin agua.
El
padre fue incapaz de hablar. Lo nico que hizo fue agacharse, abrazarla y
pedirle perdn.
Ellos
se quedaron felices y contentos, y nosotros estamos aqu sin nada[1].
Segn
apunt ya Simona Serra, la traductora al espaol de Lacqua e lu sali, estamos ante una versin,
muy detallada y sugerente, del relato que tiene el nmero 923 en el catlogo de
tipos narrativos universales elaborado por Aarne, Thompson y Uther, en el que
aparece resumido de este modo:
El
amor como la sal: Un rey (o un hombre rico)
pregunta a sus tres hijas cunto le aman. Las dos mayores comparan su amor con
cosas muy preciosas (o dulces), como el oro, las piedras preciosas, el azcar,
la miel, los vestidos ms valiosos. Pero la mayor dice que ella le ama igual
que a la sal. El padre se siente ofendido por la respuesta de la hija ms
joven, y la destierra (o bien decreta su muerte), mientras que recompensa a las
hijas mayores de modo proporcional al valor de sus aseveraciones.
La
hija ms joven se pone a trabajar entonces como sirvienta en un pas lejano,
con cuyo rey acaba casndose. Ella invita a su padre al banquete de bodas, y le
sirve platos que no tienen sal. De ese modo el padre se da cuenta de que la sal
es indispensable. La hija entonces revela su identidad[2].
Simona
Serra ha sealado tambin, en su artculo, que
El cuento de El amor como la sal no slo tiene paralelos evidentes en la famossima
tragedia del Rey Lear que aparece reelaborada, por ejemplo, en la Historia
Regum Britanniae de Geoffrey de Monmouth, o en el King Lear de Shakespeare. Ha sido recogida en tradiciones
folclricas de todo el mundo. Entre ellas, las de Finlandia, Lituania, Suecia,
Islandia, Irlanda, Inglaterra, Francia, Espaa, Portugal, Pases Bajos,
Alemania, Italia, Malta, Hungra, Chequia, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria,
Grecia, Polonia, Rusia, Ucrania, Armenia, Lbano, Qatar, Yemen, Kuwait, Irn,
Paquistn, India, China, Japn, Mxico, Brasil, Chile, Caribe britnico, Egipto
o Sudfrica. Y, tambin, en las tradiciones orales de diversas comunidades de gitanos
y de judos.
Una versin espaola del cuento de El
amor como la sal (ATU 923)
Tras conocer la versin de Giuseppe Pitr y
saber de la difusin internacional del cuento de El amor como la sal, puede ser muy aleccionador comparar esta versin siciliana con
algunos etnotextos registrados en Espaa. Por ejemplo, con ste del pueblo de
Cantabrana (Burgos):
Haba
otro rey, y ese rey tena tres hijas mozas ya. Y dijo, dice:
–Voy
a saber la que me quiere ms de las tres.
Conque
pregunt a la mayor que a ver lo que le quera. Y le dijo, dice:
–Yo,
pap, te quiero mucho, mucho.
Despus
pregunt a la segunda. Dice:
–Y
t, cunto me quieres?
Y
le dijo, dice:
–Yo
mucho, mucho, mucho ms.
Y
pregunt a la pequea la ltima.
Dice:
–Y
t, cunto me quieres?
Y
le dijo la pequea:
–Yo,
como el agua a la sal.
Pero
l, aunque era rey, pues no entenda, crea que le quera decir que no le
quera nada. Conque ya, a la hija pequea, por decir eso, la ech de casa. Y
fue a parar a casa de otro rey ella, a pedir trabajo, y la dijeron:
–Ya
tenemos criados.
Bueno,
pero por lstima –que iba de pastorcilla y ya no iba de princesa–,
la cogi y se qued all.
Dice:
–Pero
tienes que ir a cuidar el rebao de ovejas.
[Y
ella] va a cuidar el rebao. Y ya llevaba [consigo] pues cosas del palacio.
Conque va, y cuando llegaba al monte, coga y llevaba un cachabo. Conque va,
llega, y se despojaba de toda ropa, y se pona de princesa: los cabellos dice
que eran de oro, y el peine con el que se peinaba, que era de plata. Dice que
daba gusto verla, pareca una princesa hecha y derecha. Conque ya, [cuando] iba
a pasar una oveja, coga el cachabo y se pona:
–Cachabn, cachabola,
que
no me pari mi madre
para
ser pastora!
Y
la mataba a la oveja. Y cuando llegaba por la noche, deca:
–Mire,
mi amo: que se ha muerto una oveja.
–Bueno,
pues qu se va a hacer. Se ha muerto una oveja, pues se ha muerto.
Conque
a otro da por la maana, otra vez la pastorcilla a cuidar el ganao. Llegaba, como
digo, al punto donde dejaba los ganaos, y se despojaba de
todas vestiduras. Se vesta de princesa, se peinaba, sacaba los peines de oro y
plata que tena, y coga el cachabo. Y, al pasar la oveja,
[otra vez lo mismo]:
–Cachabn, cachabola,
que
no me pari mi madre
para
ser pastora!
[Y]
otra [oveja] que caa. Y va ande el rey otra vez, y se lo dijo ella, que
se haba muerto otra. Y ya, pues empez a sospechar algo el rey. Y ya por
tercera vez. Pues dijo, dice:
–Tengo
que ver yo cmo se muere as el ganao.
Conque
ya, va otro da con el ganao, se quita toda ropa, se pone de princesa, saca
los peines de oro y plata, se peina, y dice que daba gusto verla. Va a pasar el
ganao
y [dice]:
–Cachabn, cachabola,
que
no me pari mi madre
para
ser pastora!
[Y]
otra [oveja] que cay. Ya vio el otro [lo que pasaba] –que la estaba
mirando desde un alto–, y dice:
–sta
no es pastora, sta tiene que ser reina. Algo tiene que ser.
Conque
al da siguiente dice que ya no la manda a cuidar el ganao. Pero se
enamor l de ella. Como la vio tan bien, se enamor. Y ya se puso a hablar con
ella, y la pidi para matrimonio. Y ella dice:
–Uy,
eso no puede ser, cmo se va a casar un prncipe como usted con una
pastorcilla! –Dice– no.
–No
importa, yo te quiero –dice–, y sers mi esposa.
Conque
ya, ella accedi. La cogi con el caballo y la llev a palacio. En el palacio
ya lleg un da que pusieron una fecha pa casarse: tal da nos
casamos. Pero ella le dijo a l –ya saban los que iban a ir a la
boda– que haba que convidar a tal rey, que era el padre. Ella no dijo
que era el padre ni nada.
Dice:
–S,
hombre, s! –Como la quera, dice–: pues hay que convidarle.
Pero
ella orden que a todos [dieran] buena comida y bebida, todo [lo] que
quisieran, pero que a aquel rey le tenan que poner la comida sin sal. Y los criaos pues as lo
hicieron. Pusieron buenas comidas, buenas bebidas, y todos se divirtieron
mucho. Pero lleg la hora de la comida, y a aquel rey no le gust, porque no
tena sal. Y entonces se record de la hija, dice:
–Ay,
Dios! –dice–, ahora ya veo yo –dice– que era la hija
[pequea] la que ms me quera a m, que me dijo, una vez que la pregunt, que
me quera como el agua a la sal. –Dice– dnde estar?
Conque
a todos preguntaron que qu tal las comidas, y a l tambin, y dijo que la
comida que estaba bien, pero que no le haba gustao porque no tena sal. Y
entonces se declar despus ella, porque l se quejaba:
–La
ech de casa. Dnde andar la pobre? –Dice–, que me dijo que me
quera como el agua a la sal...
Y
era la que le quera ms que las otras.
Y
colorn, colorao, este cuento se ha acabao[3].
Destierro de
la civilizacin, sacrificio de los compaeros salvajes, regreso a la
civilizacin
Los episodios
centrales de estas versiones siciliana y burgalesa de El amor como la sal muestran por
un lado discrepancias y por otro lado concomitancias ciertamente sorprendentes.
En ambos relatos, la princesa que naci en palacio, y que fue luego desterrada
por un padre propenso a los estallidos de ira irracional, se ve obligada a
desempear, disfrazada de criada, un oficio servil, en un escenario degradado,
inhspito, salvaje. Pero su aficin a lavarse, a peinarse y a acicalarse
(aunque fuera a escondidas) despeja, en ambos casos, el terreno para que un
prncipe curioso y observador (con el que acabar casndose) descubra su
identidad.
En
el cuento siciliano se suceden los episodios que describen cmo, mientras la
muchacha vive disfrazada de criada en medio de un pramo salvaje,
por
la maana se levant y se arregl el pelo. Apenas se lav y tir el agua, en la
ventana de la princesa se coloc un pavo
que perteneca
al prncipe, que pareca conocer determinados secretos de la princesa, que
recibi amenazas por parte de ella y que acab, muy pronto, desplumado (lo cual
parece sugerir una especie de atenuado sacrificio).
Mientras,
en el cuento espaol, durante el perodo de clandestinidad, en el marco de otro
escenario salvaje, y, tambin, en ocasiones repetidas,
llega, y se
despojaba de toda ropa, y se pona de princesa: los cabellos dice que eran de
oro, y el peine con el que se peinaba, que era de plata. Dice que daba gusto
verla, pareca una princesa hecha y derecha. Conque ya, [cuando] iba a pasar
una oveja
del rebao del prncipe, la princesa-sirvienta
prorrumpa en lamentos acerca de su suerte y mataba al pobre animal.
La
discrepancia ms llamativa entre ambos relatos estriba en que en el cuento
siciliano interviene un extrao hombre salvaje que mantiene retenida a la
princesa en ese tiempo y en ese espacio –liminares y problemticos– de exclusin de la civilizacin,
mientras que, en la versin espaola, no aparece ningn salvaje secuestrador:
es la propia princesa la que, forzada a huir del padre, decide mantenerse
oculta en ese ingrato desierto espacial, social, identitario.
Claro
que esta discrepancia se ve, en cierto modo, atemperada por otra reveladora
coincidencia: en ambos relatos, la princesa da muestras de soportar de muy mala
gana su transitorio estatus de sirvienta, y de desear que concluya pronto su
obligada estancia en el limbo de lo salvaje. As, en el cuento siciliano, la
princesa
para
sus adentros senta como si hubiese pasado cien aos entre las garras de aquel
hombre salvaje.
Mientras
que, en el relato espaol, no cesa de lamentar el hecho de que
no me pari mi
madre
para
ser pastora.
Otra
concordancia muy sugestiva: en el cuento siciliano, como paso previo a la
liberacin del desolado mundo salvaje y a la reincorporacin al civilizado
mundo palaciego, la princesa ha de pasar por el trance de ejecutar repetidos,
casi ritualizados actos de violencia contra los seres que han sido sus
compaeros en el espacio de la no-civilizacin.
En
primer lugar, lanza repetidas amenazas de muerte contra el pobre pavo (que
acabar siendo desplumado, sacrificado?) que pertenece al prncipe con el que
se casar, segn declara el ltimo verso de la cancin que ella canta:
Pavo,
pavo,
de
tus plumas he de hacer un plumaje,
de
tu carne he de hacer un bocado;
he
de ser la mujer de tu dueo.
Adems,
la princesa-sirvienta siciliana se ve obligada a matar, ella misma (con la
ayuda de su futuro marido), y antes de reincorporarse al mundo de lo
civilizado, al hombre salvaje en cuya compaa ha pasado su exilio. De hecho,
es el mismo hombre salvaje quien, con desapasionada crudeza, sin la menor seal
de miedo ni de inquietud, como si con ello cumpliese un trmite tan previsible
como fatal, le comunica la sentencia: Mira, a m me tienes que matar el da
antes de que te cases. Muy poco despus, en efecto, apenas desvelada la
identidad de la falsa sirvienta por el enamorado prncipe, el mismo da en que
la joven se esposa con l y formaliza su reincorporacin a la sociedad
civilizada, los novios mataron al hombre salvaje.
Pues
bien: en el cuento burgals, la princesa-sirvienta se dedica tambin a matar,
en otro escenario liminar en el que se dan la mano lo salvaje y lo excluido, a
varias de sus ovejas –compaeras
nicas de la pastora en el yermo–, antes de ser descubierta por
el prncipe. Y esos sacrificios los ejecuta sin pestaear, sin sentir ningn
escrpulo ni remordimiento, y sin que el prncipe –patrn al
que la falsa criada est privando de sus animales, lo cual debera llevarle a
reaccionar airadamente– oponga ni resistencia ni enojo: al revs, lo que exterioriza es una
especie de pasiva complacencia que se viste poco a poco de interesada
complicidad.
Hay
otras versiones documentadas en la pennsula ibrica del cuento ATU 923 (El
amor como la sal) en que los animales que se le
mueren a la princesa-sirvienta son pavos, lo cual establece un vnculo ms que
sugestivo con el sufrido, vituperado y repetidamente desplumado pavo de la
versin siciliana de Pitr. He aqu un pasaje de una versin recogida en La
Puebla de Don Rodrigo (Ciudad Real):
Pues
nada; ella, con su maleta, pues, casa por casa, buscando a ver ande la
recogan, pa lo que fuera: pa criada, pa lo que fuera. Ya llega a una casa y
tenan unas pocas criadas. Dice:
–Anda! Pues como no sea de pavero, que se ha muerto
el pavero ─tenan muchos pavos all en una granja.
As
es que, a otro da por la maana, coge los pavos y los lleva, all, a otra
cerquilla que tenan. Y ella, con su maletita siempre en la mano. Abre su
maleta, se pone un buen vestido, unos buenos zapatos, muchas alhajas y dice,
mirndose al espejo: