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Mart’nez Mor‡n, Francisco JosŽ. ÒSantos y dioses del rock: sistemas de creencias del siglo XXIÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 1 (enero-abril 2006). http://www.culturaspopulares.org/textos%20I-1/articulos/Mart’nez.htm ISSN: 1886-5623 |
Santos y dioses del rock:
sistemas de creencias del
siglo XXI
Francisco JosŽ Mart’nez Mor‡n
El presente estudio pretende rese–ar los diferentes procesos de divinizaci—n y santificaci—n de las figuras del mundo del rock y el pop en la sociedad actual, tanto en sus vertientes m‡s organizadas y multitudinarias, como en el ‡mbito privado y de culto personal.
Puede resultar sorprendente el hecho de que, hoy en d’a, muchas personas se declaren fieles a una creencia que tiene con m‡xima divinidad a una estrella de la mœsica. Pero si indagamos con esp’ritu abierto en estos fen—menos, y ponemos en orden su abigarrada apariencia exterior, de una forma sistem‡tica y cient’fica, nos daremos cuenta de que el fen—meno es tan antiguo y extenso como el propio hombre. El ser humano idealiza, casi por naturaleza, aquello que sobrepasa la normalidad, aquello que, por sus cualidades extraordinarias, no es capaz de comprender. Y as’, frente al brillo extraordinario de un cantante que vende millones de copias de sus discos en todo el globo, una reacci—n muy normal puede ser, como iremos comprobando a lo largo de estas l’neas, la sacralizaci—n de su vida, de su obra y, en la mayor’a de las ocasiones, de su muerte. Para ello se toman referencias conocidas y evidentes, como el cristianismo, pero tambiŽn se accionan mecanismos culturales m‡s sutiles, pero igual de potentes, como el sebastianismo y la creencia en la resurrecci—n y en la vida m‡s all‡ de la muerte.
Los griegos se contaban (y cantaban) entre s’ las haza–as de HŽctor y Aquiles, zarandeados constantemente por las volubles decisiones de los dioses, y alguien narr—, hace siglos, en antiguo castellano, el destierro del Cid. Ahora, en el tiempo de la estŽtica pop, y unido por el simple golpecito de una tecla, el mundo moldea la figura de sus hŽroes y divinidades sobre el vers‡til barro de las m‡s antiguas creencias.
1.1 Presentaci—n de materiales
A lo largo de este estudio hemos tratado de ce–irnos, en la medida de lo posible a la recolecci—n de im‡genes, logotipos, producciones art’sticas y creencias actuales que conforman parte de la cultura pop del mundo occidental. En este sentido, y a pesar de lo cercanas en el tiempo que son estas manifestaciones, no hemos renunciado a inscribirlas en un marco te—rico m‡s estricto y escolar.
No obstante, debemos advertir de que los datos y materiales que conforman el presente art’culo no se adscriben siempre a un ‡mbito acadŽmico convencional, con lo que la bibliograf’a se refiere, en m‡s de una ocasi—n, a art’culos aparecidos en la prensa escrita y en revistas musicales especializadas. A su vez, con frecuencia remitimos al lector a p‡ginas de Internet en las que se expresa sin cortapisas el poliŽdrico sincretismo cultural que pretendemos mostrar con estas l’neas. Y no podr’a ser de otra manera: hoy en d’a, la cultura popular se mueve, a un ritmo vertiginoso, de un ordenador a otro, en la fugaz intersecci—n de dos ideas aparentemente contradictorias pero ligadas, para los m‡s diversos fines, por un acervo ideol—gico compartido.
As’, tal vez desde el mismo inicio, podemos formular una conclusi—n obvia pero necesaria: los tiempos de la sociedad siempre avanzan mucho m‡s deprisa que los estudios que tratan de explicarlos.
Si hay un ejemplo verdaderamente claro de mitificaci—n y divinizaci—n de las estrellas del rock del siglo XX, ese es el del cantante norteamericano Elvis Presley, cuya figura es venerada e imitada a lo largo de todo el globo, y cuya estela de leyenda lleva a muchos de sus admiradores a considerarlo un autŽntico Mes’as.
2.1.
Biograf’a sucinta
Antes de entrar en el an‡lisis de los fen—menos que muestran la mitificaci—n de Elvis, ser‡ conveniente dejar trazados unos peque–os datos reales de su biograf’a, de manera que puedan servir de comparaci—n con la desmesura de su leyenda posterior.
Elvis Aaron Presley naci— en el seno de una pobre familia de granjeros en la peque–a localidad de Tupelo (Misisip’) en 1935. Dieciocho a–os m‡s tarde grab—, en Memphis, un disco aficionado para regal‡rselo a su madre, y un cazatalentos local descubri— en Žl la f—rmula del que habr’a de ser su Žxito fulgurante: una extra–a capacidad para encandilar al pœblico con su voz y el movimiento de sus caderas.
No sin despertar encendidas polŽmicas entre el pacato pœblico norteamericano de la Žpoca (que ve’a en Žl una especie de encarnaci—n diab—lica y pervertidora de la juventud), alcanz— una fama planetaria con temas como ÒThatÕs all rightÓ, ÒJailhouse rockÓ, ÒHeartbreak HotelÓ, ÒLove me tenderÓ, etc.
En el a–o 1958 inici— una carrera militar de dos a–os que habr’a de suponer un duro golpe a su carrera musical: al volver a los estudios de grabaci—n, ÒEl ReyÓ vio con desesperaci—n c—mo los artistas a los que Žl hab’a abierto el camino de la mœsica m‡s comercial del mundo lo hab’an desplazado de su trono.
Desde entonces, su declive personal fue lento pero constante, y Elvis acab— muriendo en 1977 v’ctima de abuso, continuado e insostenible, de drogas, medicinas y alcohol.
Hay que se–alar, a su vez, que aunque, en un principio, Elvis fue visto en su patria natal como un terrible y sat‡nico agitador de masas juveniles, Žl mismo se encarg— de ir lavando esa imagen con el paso de los a–os, hasta convertirse en el prototipo de perfecto artista norteamericano: hoy sabemos que era muy religioso (y encendido admirador del ÒgospelÓ)[1], y que no dud— nunca en colaborar con las agencias secretas de su pa’s para vigilar la conducta de otros cantantes contempor‡neos (como John Lennon) sospechosos de ser comunistas[2].
2.2. Divinizaci—n, negocio,
sebastianismo
Desde su muerte en 1977, el recuerdo la figura de Elvis ha provocado, b‡sicamente, tres fen—menos de religiosidad popular entre sus m‡s incondicionales seguidores[3]:
a) supuestos avistamientos f’sicos,
b) supuestas presencias espirituales, y
c) nacimiento de varias iglesias.
Por otro lado, estas tres manifestaciones, como iremos viendo, se suelen producir de manera combinada, es decir: quien ve a Elvis (ya en esp’ritu, ya en carne y hueso), suele profesar su religi—n, y viceversa. Por otro lado, atendiendo al tercer factor rese–ado, hemos de remarcar la gran cantidad de matices que se dan entre un culto y otro, pues no se trata de una Iglesia con un centro religioso definido, sino, m‡s bien, de una variedad de formas diferentes de entender a Elvis y su legado, en la que encuentran acomodo los m‡s variados fans de la estrella.
Los avistamientos de Elvis comenzaron desde el momento de su deceso, y han jalonado la actividad de muchos de sus seguidores a lo largo de todos estos a–os. Es un hecho, que las sociedades se niegan con frecuencia a aceptar la muerte de los ’dolos que han conocido en vida, y transmiten, generaci—n tras generaci—n, la idea de que no est‡n muertos en realidad y de que volver‡n, algœn d’a se–alado, como redentores de una patria, una comunidad, o de la humanidad entera. Este fen—meno recibe el nombre de ÒsebastianismoÓ, en honor al rey portuguŽs Sebasti‡n desaparecido en la batalla de Alcazarquivir.[4] Adem‡s del rey Sebasti‡n, tambiŽn son esperados en otras partes del globo el rey Arturo (que, segœn la leyenda, duerme en la isla de Avalon, y volver‡ como œltimo rey de los ingleses), Boabdil, o el propio Cristo, que en algœn momento deber‡ regresar al mundo para librar el Combate Escatol—gico que prevŽ el Apocalipsis de San Juan. Anotemos un detalle: Elvis, Jesœs (el Rey de Reyes), Arturo, Sebasti‡n y Boabdil eran monarcas que deber‡n reivindicar los reinos que les fueron arrebatados con la muerte o el destierro. No en vano, el apelativo m‡s corriente con el que sus fieles se refieren a Elvis es ÒEl ReyÓ.
De esta forma, los seguidores de la fe en el rockero de Tupelo aseguran que se aparece ya hoy, tanto en persona, como en alma, y que llegar‡ el d’a en que volver‡ de su lugar de retiro para imponer de nuevo su mœsica y estilo de vida. No obstante, a diferencia de lo que sucede con otros reyes Òno muertosÓ, y tal vez por la diversidad de las iglesias que, como veremos a continuaci—n, lo adoran como a un dios, la profec’a de su retorno no est‡, en absoluto, claramente definida.
Por otro lado, en cuanto a los cultos concretos, Nigel Patterson cataloga cinco de las varias iglesias presleyterianas que existen en el mundo[5]. Por un lado, encontramos la The First Presleyterian Church of Elvis the Divine, que se extiende por AmŽrica de Norte y Australia, principalmente[6]. En su logotipo, reformulaci—n rockera de la simbolog’a cristiana, Elvis aparece crucificado en una ÒguitarraÓ tan peculiar como esta:

Otra iglesia dedicada a Elvis es la llamada Elvis Gospel Ministries [7], as’ como la Christ the King, Graceland Independent Anglican Church of Canada, cuyos reverendos visten como pastores anglicanos, salvo por el detalle del tupŽ y las patillas.
Peculiar es, al menos, la cuarta iglesia catalogada por Patterson: la 24 Hour Church of Elvis ofrece altares personales para el culto privado y, por ello, tiene el placer de jactarse de ser la œnica que tiene un contacto permanente con el ’dolo[8], en lo que denomina ÒIglesia permanente y personal de ElvisÓ.
Por su lado, la quinta de las iglesias rese–adas es, no obstante, absolutamente par—dica: se trata de la The First Church of Jesus Christ, Elvis, que idolatra al cantante, pero que tambiŽn se muestra irreverente (a sabiendas) con el cristianismo Òcan—nicoÓ y con las iglesias que s’ se toman en serio la relevancia divina de Presley, como muestra, entre otras, una peculiar’sima imagen en la que el ’dolo se abre la tœnica para mostrar en su pecho un autŽntico Sagrado Coraz—n [9]. Imag’nenselo.
Una vez m‡s segœn Patterson, hay ciertas caracter’sticas fundamentales y constantes en todos estos cultos (exceptuando, como dec’amos antes, los meramente par—dicos, como este œltimo): Dios se identifica con Elvis (y Žste, a su vez, por no estar nunca de verdad muerto, con una especie de supremo sacerdote); se muestra un gusto extremo por el disfrazarse, a la m‡s m’nima oportunidad, de Elvis, siempre a modo de h‡bito religioso; los fieles coleccionan compulsivamente objetos, de toda ’ndole, relacionados con Elvis, y llevan a cabo peregrinaciones anuales (sobre todo, como veremos en el apartado 2.3., a Graceland); etc. La First Presleyterian Church of Elvis the Divine va m‡s lejos y, tras cinco a–os de ÒconcilioÓ, determin— con precisi—n que sus adeptos deb’an mirar a Las Vegas en actitud orante una vez al d’a, ir a Graceland en romer’a al menos una vez en la vida, hacer que sus hijos loaran a Elvis diariamente, y comer s—lo los Ò31 alimentos sagradosÓ que la estrella ten’a siempre en su despensa particular.
Por supuesto, del sebastianismo y de la consecuente afloraci—n de religiones relacionadas con Elvis ha surgido tambiŽn el negocio. As’, podemos ÒadornarÓ nuestra boda (aunque se celebre por un rito m‡s tradicional) con un Presley inmortal que cante uno de sus Žxitos tras el ÒS’ quieroÓ y sea testigo en la firma del registro[10]. La idea no tiene desperdicio.
E incluso series de animaci—n de alcance mundial, como Elvis-Christ, emitida –con gran Žxito- en los œltimos a–os por la cadena musical MTV, han encontrado en estos sincretismos un inagotable fil—n humor’stico e irreverente. Sus creadores no dudan en fundir las figuras de Cristo y Elvis en una œnica figura, barbuda, gorda e indisciplinada.
2.2.1.
Endogamia: mœsicos que adoran a otros mœsicos
En m‡s de una ocasi—n, son los propios mœsicos los que continœan, por su lado, el ritual de admiraci—n ante las estrellas que los precedieron. Esa actitud se filtra, a su vez, a los j—venes oyentes de mœsica, que acaban por incorporarse a la cadena de idolatr’as a travŽs de la moda del momento. De esta forma, la mœsica comercial siempre ofrece de s’ misma una (enga–osa) imagen de originalidad reformuladora y de constante recuperaci—n de lo autŽntico.
Y, consecuentemente, los modelos buscados, las ra’ces que se persiguen sin descanso, son las de artistas ya fallecidos: Jimi Hendrix, John Lennon, Janis Joplin, Freddy Mercury, Jim Morrison, etc. As’, se completa una curiosa forma de sebastianismo musical: si bien se sabe que ciertos muertos no volver‡n de sus tumbas, s’ se da por hecho que su legado ha de volver, una y otra vez, como el ciclo de una marea infinita, a la actualidad del circuito discogr‡fico y sus modas.
En este sentido, cabe se–alar, que tambiŽn los mœsicos espa–oles idolatran a Elvis Presley en el sentido m‡s estrictamente religioso del tŽrmino, y fomentan, por ende, su culto entre los espectadores. Sirvan como ejemplo Enrique Bunbury y Alaska. As’ lo expresa el primero, que siempre lleva al cuello un ostentoso medall—n de su santo:
ÒNunca rezo a las v’rgenes, prefiero a Elvis. Muchas veces, se me aparece en sue–os. [Me dice] que en este pa’s hay mucho artista medi‡tico que no hace mœsica con el coraz—n[11]Ó.
Por su parte, la cantante Alaska confiesa (o, m‡s bien alardea de) haberse casado en 1999, y en Las Vegas, por el rito presleyteriano, declarando, a su vez, que ese siempre hab’a sido uno de los sue–os de su vida[12].
2.3. Los santuarios
Cuando un santo (o dios) del rock abandona su envoltorio mortal, sus fieles necesitan recuperar el norte de sus creencias a travŽs de un santuario, a travŽs de un lugar sagrado al que peregrinar para rendir tributo a su ’dolo eterno.
En el caso de Elvis, el espacio m’tico por excelencia es Graceland, su mansi—n en la ciudad estadounidense de Memphis (Tennessee), de cuya fachada no adjuntamos fotograf’a porque es marca registrada[13]. En este caso el negocio supone un impulso decisivo para la creencia: los herederos de Elvis han registrado el nombre del palacio y organizan visitas a sus estancias, como si de un museo (o templo) cualquiera se tratase. As’, muchos de los turistas que viajan al pa’s piden a las agencias de viaje que les organicen un tour por la mansi—n y sus alrededores, as’ como que les faciliten la asistencia a los escenarios de Las Vegas donde triunf— el artista.
Curiosamente, los datos demuestran que el interŽs por estos lugares santos va creciendo a medida que pasan los a–os, como si la leyenda del cantante se agrandara a medida que la fecha de su muerte se aleja en el tiempo: cuanto m‡s nebulosa es la figura del artista idolatrado, mayor es su leyenda.
El caso del grupo brit‡nico The Beatles resulta, si cabe, m‡s abrumador en lo que a santuarios se refiere. En primer lugar, Liverpool, su ciudad natal, tiene como principal (y podr’a decirse que œnico) atractivo tur’stico la ruta de lugares relacionados con el grupo. Destaca The Cavern, angosto bar situado en Mathew Street, y convertido hoy en museo, donde empezaron a dar sus conciertos los componentes del conjunto.

A su vez, son visitad’simos dos enclaves de la ciudad que dan t’tulo a otras tantas canciones del grupo: la cŽntrica calle Penny Lane (protagonista del tema hom—nimo, firmado por Paul McCartney en el a–o 1967) y el modesto parque infantil de un orfanato llamado Strawberry Fields (que sirvi— de inspiraci—n a John Lennon para su ÒStrawberry Fields ForeverÓ, tambiŽn compuesto en 1967)[14].
Por otro lado, los Beatles dejaron su huella en Londres, ciudad en la que grabaron todos sus discos. Hoy en d’a, los estudios de la compa–’a discogr‡fica EMI son venerados por los beatlemanos (as’ se denominan a s’ mismos estos seguidores), que llenan de graffitis su fachada y se fotograf’an cruzando la calle, como ya hicieron los propios miembros del grupo para la portada del ‡lbum Abbey Road, de 1969.
Para terminar la enumeraci—n de los santuarios dedicados a los cuatro de Liverpool, hay que cruzar el Atl‡ntico y llegar hasta Nueva York. All’ fue asesinado John Lennon el 9 de diciembre de 1980, en el portal del Edificio Dakota, donde resid’a con su segunda mujer y su hijo menor. El lugar no deja nunca de recibir a multitud de admiradores y curiosos[15]. Frente al edificio, situado en la esquina de la Calle 72 con la 1» Oeste, se encuentra Central Park, que contiene tambiŽn un espacio dedicado al cantante brit‡nico (el Strawberry Fields Memorial) al que suelen acudir los seguidores de Lennon para dejar flores, velas o mensajes escritos[16]. En estos jardines tambiŽn es frecuente encontrar a mœsicos an—nimos interpretando canciones del beatle asesinado.
TambiŽn en Nueva York, cabe destacar la importancia del Hotel Chelsea, donde se alojaron alguna vez casi todas las grandes estrellas anglosajonas de mediados y finales de los sesenta, y de principios de los setenta como Leonard Cohen (que le dedic— en 1971 el tema ÒChelsea Hotel No. 2Ó) o Janis Joplin. Aœn hoy, aparte del lujo de sus habitaciones, el mayor reclamo del establecimiento es su glorioso pasado art’stico y musical[17].
Por œltimo, en Par’s, en el cŽntrico cementerio de Montparnasse, todav’a se veneran los restos del vocalista y poeta norteamericano Jim Morrison, l’der del grupo californiano The Doors. Sus fieles siguen decorando la tumba (que es peri—dicamente limpiada de pintadas) con velas, flores y recordatorios.
Curiosamente, los fan‡ticos de algunas estrellas del rock echan de menos un santuario donde recordar a su artista. El caso m‡s paradigm‡tico lo ponen los seguidores del grupo inglŽs Queen, que inventan mil y una hip—tesis distintas sobre el lugar final de reposo de las cenizas del fallecido cantante de la banda, Freddy Mercury (llamado en realidad, Farroh Bulsara, nacido en 1946, y muerto de SIDA el 23 de noviembre 1991): algunos afirman que descansa bajo un almendro de su mansi—n Kensington (Londres), porque aseguran que ese siempre fue su ‡rbol predilecto, pero tambiŽn los hay que afirman que sus restos incinerados se esparcieron por el mar[18].
2.4. Otras santificaciones
populares: Bob Marley y el surf, Maradona y los ÒCaballeros JediÓ.
El cantante jamaicano Bob Marley (St. Ann, Jamaica, 1945-Miami, Estados Unidos, 1981) abander— durante toda su vida la protesta de las clases m‡s pobres de su pa’s, y pronto se erigi— en un mito para millones de personas humildes en todo el mundo (y, sobre todo, en las viejas colonias brit‡nicas de la actual Common Wealth). Ese era un terreno en el que el artista se sent’a c—modo, y Žl mismo fomentaba un halo de misticismo profŽtico en sus composiciones y puestas en escena. Seguramente, desde la perspectiva de agitador de masas Žl ha sido el m‡s grande de los mœsicos del siglo XX.
De hecho, Marley es reconocido hoy en d’a por otros artistas, como Wyclef Jean y Chris Martin como un inmenso e inigualable comunicador:
ÒÀPor quŽ Marley es tan distinto a otros grandes compositores? Porque ellos no saben c—mo se vive cuando la lluvia se te cuela en casa. Porque no sabr’an encender un fuego y cocinar pescado a la orilla del mar. Marley sali— de la pobreza y la injusticia de Jamaica, y eso se manifest— en la rebeld’a de su sonido. La gente era su fuente directa de inspiraci—n. [...] Pero es dif’cil compararlo con otros compositores, porque la mœsica no era m‡s que una parte de Žl. TambiŽn era un revolucionario. Su impacto en la pol’tica fue enorme: incluso intentaron asesinarle. Marley era como MoisŽs. Cuando Žl hablaba, la gente se mov’a.Ó[19]
Ò-ÀEso refuerza la teor’a de que la de los Beatles no es la mœsica global, sino la de Bob Marley?
-S’, nadie ha hablado al mundo como Žl. Es el mœsico m‡s importante de la historia. Da lo mismo que estŽs en Islandia o en Sud‡frica: cantas ÒGet up, stand upÓ y la gente responde.Ó[20]
En efecto, la popularidad de Marley se cimienta en sus composiciones, pero tambiŽn en un h‡bil manejo de los tiempos que se deben utilizar para hacerse con la confianza del pœblico.
Adem‡s, por si esto fuera poco, la religi—n rastafari, de la que Žl fue m‡ximo representante pœblico durante su vida, predica un mensaje de cierto atractivo para los aficionados a la mœsica alternativa y a un estilo de vida contestatario pero pacifista[21]. De esta manera, la ense–a tricolor (verde, amarilla y roja) que representa Òel color del coraz—n africanoÓ se ha adoptado mundialmente como icono de los valores promovidos por Marley a lo largo de su carrera, si bien es cierto que la mayor’a de los seguidores no llegan nunca a autŽnticos rastafaris, y se limitan a copiar la estŽtica de su ’dolo: el pelo trenzado con rastas, la indumentaria deportiva y el gusto por la marihuana suelen ser sus se–as de identidad en la mayor’a de los casos. S—lo en ocasiones muy escasas, (y descontando a los habitantes de Jamaica, que en absoluto se toman a Marley como una pose, y que han llegado a postular el cambio de nombre de la capital, Kingston, por ÒMarleytownÓ) se dan casos de verdaderos ÒconversosÓ que se entregan por completo a la religi—n rastafari y emigran a Etiop’a para cambiar sus vidas.
Pero, como ya observamos en el caso de Elvis Presley, nunca deja de haber un poso de aprovechamiento econ—mico en la gesti—n postmortem de la popularidad de los ’dolos. De esta forma, sus discos siguen vendiŽndose a millones, y su imagen se multiplica eternamente en camisetas y accesorios.
òltimamente, sus herederos han llegado a vender la imagen de Marley para promocionar una conocida marca de productos deportivos para surfistas. En esa representaci—n Marley (enmarcado por la bandera tricolor rastafari) es pintado como un ser divino: camina sobre las aguas, iluminado por un potente rayo de luz celestial; sus manos parecen bendecir a quienes lo observan; tiene alas ser‡ficas y un halo de santidad le envuelve el cuerpo.
Lo m‡s peculiar de este caso es que a Marley se le perdonan (o incluso se le alaban), aunque sea como mal menor, estas veleidades comerciales. Volvamos al art’culo de Wyclef Jean sobre el ’dolo jamaicano:
ÒHoy, la gente se esfuerza por encontrar algo autŽntico. Todo es tan artificial que nos aferramos a cualquier cosa que nos dŽ esperanza. Por eso se siguen vendiendo camisetas de Bob Marley, porque su mœsica es una de las pocas cosas autŽnticas a las que aœn podemos aferrarnosÓ[22]
Una vez m‡s, topamos con el adjetivo ÒautŽnticoÓ para explicar el empuje masivo de ciertas figuras divinizadas de la mœsica moderna. En esta bœsqueda de lo œnico, de lo asombroso, de lo peculiar, reside buena parte de su fuerza.
Por otro lado, la relaci—n entre mœsica y deporte es muy estrecha y permeable, y de la misma manera que el surf ha adoptado a Marley como uno de sus iconos, deportes como el fœtbol han generado sus propios dioses carnales. As’, hace pocos a–os (a finales de los a–os noventa) surgi— en Argentina (y abierta a todo el planeta) la religi—n que toma al futbolista Diego Armando Maradona como Dios œnico: la Iglesia Maradoniana[23]. Tiene su santoral, sus fechas se–aladas y su calendario (segœn el cual, por ejemplo, 2005 corresponde al a–o 43 despuŽs de Diego), adem‡s de diez mandamientos fundamentales, al estilo cristiano (algunos de ellos, y sobre todo el dŽcimo, ininteligibles para un lego):
1-
La pelota no se mancha, como dijo Dios en su despedida.
2-
Amar al fœtbol por sobre todas las cosas.
3-
Declarar tu amor incondicional por Diego y el buen fœtbol.
4-
Defender la camiseta argentina, respetando a la gente.
5-
Difundir los milagros del Diego en todo el universo.
6-
Honrar los templos donde predic— y sus mantos sagrados.
7-
No proclamar a Diego en nombre de un œnico club.
8-
Predicar siempre los principios de la Iglesia Maradoniana.
9-
Llevar Diego como segundo nombre y ponŽrselo a tu hijo.
10-No
ser cabeza de termo y que no se te escape la tortuga
Recientemente, el compositor argentino AndrŽs Calamaro le dedic— a su venerado ’dolo futbol’stico[24] estas palabras, llenas de fervor casi m’stico (y repletas tambiŽn, no cabe duda, de evidente sebastianismo):
Maradona
no es una persona cualquiera,
es
un hombre pegado a una pelota de cuero.
Tiene
el don celestial de tratar muy bien al bal—n.
Es
un guerrero.
Es
un ‡ngel y se le ven las alas heridas,
es
la Biblia junto al calef—n.
Tiene
un guante blanco calzado en el pie
(del
lado del coraz—n)
No
me importa en que l’o se meta Maradona,
es
mi amigo y es una gran persona el 10.
En
el alma guardo la camiseta de Boca
que
me regal— alguna vez.
Diego
Armando, estamos esperando que vuelvas;
siempre
te vamos a querer
por
las alegrias que le das al pueblo
y
por tu arte tambiŽn
Maradona
no es una persona cualquiera,
es
un hombre pegado a una pelota de cuero.
Tiene
el don celestial de tratar muy bien al bal—n.
Es
un guerrero.
2.4.1.
Una religi—n peculiar: los
ÒCaballeros JediÓ
Todo comenz— en 2001, con un correo electr—nico que propag— la leyenda urbana por todo el antiguo Imperio Brit‡nico. En su texto se aseguraba que con 10.000 adeptos, una religi—n ser’a reconocida como tal por las autoridades de la Common Wealth. R‡pidamente, los seguidores de la serie cinematogr‡fica Star Wars (en Espa–a, La Guerra de las Galaxias) rellenaron la casilla de creencias del censo con el sorprendente sintagma ÒCaballero JediÓ, como si, adem‡s de fans, profesaran de verdad la religi—n propuesta por la trama de las pel’culas.
La noticia no tard— en producirse: 300.000 brit‡nicos y 70.000 australianos se declaraban jedis y dejaban perplejos a los responsables del departamento encargado de realizar el censo. As’ lo reflejaba, en su edici—n digital, la BBC [25], primero para el caso inglŽs, y despuŽs para el australiano:
ÒTuesday,
9 October, 2001, 16:06 GMT 17:06 UK
Jedi
makes the census list
[...]
It's
official: "Jedi Knight" is ON the list of religions for the 2001 UK
census.
A
campaign to get people to write the entry on their census forms has succeeded
in the term being included on the list of religions, alongside Church of
England, Roman Catholic, Muslim, Buddhist and Hindu.
Sufficient
numbers of people wrote the entry in for it to be allocated its own code for
the census processing team to use.
[...]Ó
ÒTuesday,
27 August, 2002, 07:29 GMT 08:29 UK
Jedi
'religion' grows in Australia
[...]
More
than 70,000 people in Australia have declared that they are followers of the
Jedi faith, the religion created by the Star Wars films.
A
recent census found that one in 270 respondents - or 0.37% of the population -
say they believe in "the force", an energy field that gives Jedi
Knights like Luke Skywalker their power in the films.
Most
of the 70,509 people who wrote Jedi on their census forms were suspected to
have done so in response to an e-mail encouraging all Star Wars fans to get it
recognised as an official religion
[...].Ó
Las autoridades se apresuraron a confirmar que no entrar’an a valorar las condiciones que constituyen una religi—n, y recalcaron el hecho de que las 10.000 personas no eran suficientes, y de que los requisitos para oficializar una religi—n no depend’an del censo, sino de otros factores que no se cumpl’an en esa ocasi—n.
As’, el Australian Bureau of Statistics ubicaba a los jedis en la categor’a de Òno definidosÓ, pero no pod’a dejar de reconocer que una gran cantidad de habitantes del pa’s no ten’a reparos en declararse seguidor de una creencia reciŽn nacida del caldo de cultivo pop.
Las repercusiones del peculiar censo tambiŽn fueron recogidas por la prensa espa–ola[26], y el fen—meno ha supuesto desde entonces una autŽntica curiosidad sociol—gica.
ÀY a quŽ se debe esta masiva aceptaci—n de una religi—n cinematogr‡fica? Precisamente a eso: las pel’culas de la Guerra de las Galaxias fueron (y son) vistas con admiraci—n por millones de personas en todo el mundo desde su estreno en 1977 [27] y, lo que es m‡s importante, su trama, su ideario y su estŽtica son autom‡ticamente reconocibles como propias por cualquier habitante del ÒOccidente CulturalÓ.
Las coordenadas religiosas que proponen sus guionistas tambiŽn son t—picas y universales, y parecen inspiradas, adem‡s de en un cierto orientalismo, en la historia del propio Jesucristo: una Fuerza misteriosa engendra, en una mujer virgen, al caballero que habr‡ de traer el equilibrio a un Universo atormentado, cuyos habitantes viven tiempos dif’ciles, y a–oran un pasado de esplendor en el que reinaban la justicia y la fraternidad desinteresada.
Precisamente, estas analog’as con el cristianismo han llevado a un pastor protestante norteamericano a explicar La Biblia a travŽs de los personajes de Star Wars, como se recoge en este reciente art’culo del diario por Internet Periodista Digital[28] que a continuaci—n citamos:
ÒLa Biblia segœn ÇStar warsÈ
RD
Lunes, 23 de mayo 2005
Como cuenta Tatiana L—pez en La Voz de Galicia, el nuevo ÇcatecismoÈ es predicado desde hace unos meses por el reverendo Russell Smith entre sus parroquianos en una peque–a iglesia de Cincinnati. El clŽrigo, que tiene 33 a–os y hace cuatro que ejerce, sorprendi— a sus feligreses cuando puso el manual, obra de uno de sus fieles, a disposici—n de cualquiera que entrara en su templo, segœn publico el rotativo Cincinnati Enquirer .
Smith
tambiŽn explic— al medio local que su propuesta no pretend’a ser desconsiderada
con la religi—n, sino utilizar las pel’culas como un veh’culo con el que
transmitir el mensaje
de Cristo entre los m‡s j—venes: ÇEste es nuestro lenguaje,
crecimos con estas historias. Con este estudio no pretendemos blasfemar, sino
demostrar que en las pel’culas hay insinuaciones de verdad, belleza y pureza
que nos puede recordar a la BibliaÈ, declar— Smith en la entrevista.
Fiel seguidor de la creaci—n de Lucas desde 1977, el religioso afirma que los filmes poseen fuertes dosis de los valores cristianos como el bien, el mal o la compasi—n, encarnados cada uno de ellos en los diferentes personajes de la saga.
[...]Ó
En definitiva, el ejemplo de la religi—n jedi, si bien se aparta del ‡mbito musical, ilustra de manera muy gr‡fica los diversos mecanismos que actœan a la hora de configurar una creencia popular de nuevo cu–o.
3.
Jesœs a travŽs del filtro Pop
De la misma manera que, como ya hemos visto en los apartados anteriores, los grandes mitos del rock se manifiestan como divinidades modeladas segœn algunos par‡metros b‡sicos del cristianismo, muchas manifestaciones cristianas toman elementos propios de la cultura pop para desarrollarse.
De esta forma, la figura de Jesœs adquiere, ya desde la reverencia, ya desde la iconoclasia provocativa, tintes estŽticos propios de un personaje de c—mic o de un cuadro de Andy Warhol.
En el primer grupo, que podr’amos denominar como Òactualizadores respetuosos del cristianismoÓ, encontramos comunidades evangŽlicas que venden productos cristianos inspirados en la figura de Superman, o en los personajes de la tele-basura. Multitud de logotipos decoran miles de camisetas y sudaderas a la venta por Internet[29].
Es realmente divertida la parodia que crea, en esta l’nea, el director estadounidense Kevin Smith en su pel’cula Dogma del a–o 1999: uno de los protagonistas maneja constantemente la idea de impulsar un lavado de cara de la Iglesia Cat—lica a travŽs de la figura de un ÒCristo GuayÓ, que, en lugar de sufrir en la Cruz, gui–e el ojo y levante el dedo pulgar en se–al de pasotismo surfista y despreocupado.
Por supuesto, el grupo de los que parodian a Cristo gracias a elementos tomados del pop cuenta con m‡s miembros que el anterior. De esta forma, encontramos quienes lo asimilan a videojuegos[30]; y, a su vez, quienes lo comparan, sin reverencia alguna, con el sœper-hŽroe Superman [31].
Destaca, asimismo, el grupo australiano ÒThe SuperJesusÓ, que ha hecho de su nombre una marca distintiva muy reconocible en el panorama musical anglosaj—n[32]:
Por otro lado, y d‡ndole la vuelta a la situaci—n, es noticia en Espa–a, desde hace algunas semanas[33], el peculiar caso de un sacerdote cat—lico rockero llamado Joan Enric RevertŽ, y conocido en su parroquia tarraconense de Masroig como ÒPadre JonyÓ.
RevertŽ form— con diecinueve a–os su primer conjunto (los Seminari Boys), y va a publicar con su actual formaci—n (los Properly) un disco de rock duro (Provocando la paz) a finales de julio de 2005. El ÒPadre JonyÓ afirma que tiene su propio lema vital (ÒPaz, Jesœs y Rock and RollÓ), y no duda en dar conciertos los s‡bados de madrugada y en decir misa al d’a siguiente. Y aunque su actitud provoc— ciertas reservas entre sus feligreses, el ÒPadre JonyÓ asegura que, finalmente, el pueblo se ha hecho a su singular ritmo de vida, porque ha logrado convencer a sus parroquianos de que la fe no es incompatible con la mœsica que le apasiona.
4.
San Kiedis, un santo reciŽn
nacido: entrevista con dos de sus fieles
4.1 Algunos
datos previos
Hace un tiempo tuve la ocasi—n de presenciar en directo una de estas santificaciones musicales. Se trataba de un peque–o grupo de adolescentes de mi barrio, estudiantes del mismo centro donde yo cursŽ la secundaria, que no dejaban de encomendarse a un tal San Kiedis, al que adoraban y rezaban como si de un santo al uso se tratase.
En efecto, Anthony Kiedis (nacido en Grandes Rapidos [Michigan] en 1962) es el l’der y vocalista del conjunto californiano Red Hot Chili Peppers, y, si bien goza de amplia popularidad en su pa’s, no se trata de una estrella muy conocida en Espa–a.
Sorprendido por el comportamiento de sus fieles, entrevistŽ a dos de ellas (Natividad Rœa Le—n, 17 a–os, Alcal‡ de Henares, Madrid; Beatriz Mart’nez Mor‡n, 16 a–os, Alcal‡ de Henares, Madrid) Aqu’ reproduzco sus palabras, tratando de conservar de la manera m‡s fiel posible, la frescura de las expresiones utilizadas por nuestras dos interlocutoras a lo largo de la conversaci—n, as’ como el esp’ritu de las preguntas que les realizamos para recoger su informaci—n.
4.2. La entrevista
En primer lugar, formulamos tres preguntas obvias: ÀC—mo surgi— todo? ÀC—mo empezasteis a adorar a Kiedis? ÀEn quŽ curso? As’ respondi— Natividad R. L. (diecisiete a–os):
N. R. L.- Surgi—, pues que empezamos a traer fotos, a la clase... Žramos ateas, entonces nosotras nos re’amos y hac’amos esto para re’rnos de esto. As’ que creamos nuestro propio santo, nuestro propio dios, as’ que queda todo dicho.
Y apostilla B. M. M. (la menor, de diecisŽis a–os):
B. M. M.- Pues a ver... no sŽ... las dos m‡s o menos no cre’amos y empezamos, pues en la clase de religi—n nos re’amos y pon’amos fotos... pues nada y empezamos a hacer el tonto y se qued— como ÒSanto LituanoÓ... ÒSan KiedisÓ.
N. R. L. ya me hab’a dicho que no cre’a en Dios, pero considerŽ oportuno insistir en el tema, pregunt‡ndole directamente a B. M. M. sobre sus creencias cristianas, a lo que me respondi— que era:
B. M. M.- [...] S’, entre atea y agn—stica.
El siguiente objetivo era catalogar las acciones cotidianas con las que afirmaban su culto, y preguntamos ÒÀQuŽ hac’ais en clase?Ó. As’ respondieron.
N. R. L.- Yo llevaba las fotos... y nos vici‡bamos... um... en clase con las fotos.
B. M. M.- Nosotras siempre ten’amos una foto de Kiedis. Nati me bajaba fotos de Internet y nosotras las pon’amos y las ador‡bamos... no es que le ador‡semos... pero las pon’amos debajo en la cajonera y mir‡bamos y dec’amos: ÒEste s’ que es Dios, y talÓ. Porque hombre, en una clase estar con un tipo de altar Àsabes? en la carpeta... yo tengo unas carpetas que renuevo cada a–o y siempre est‡n fotos suyas, biograf’as, etc. Tengo un p—ster y una foto en la mesilla...
ÀY por quŽ escogieron a Kiedis? ÀSe trata de su edad? ÀDe su belleza?
B. M. M.- Nos gustaban mucho sus canciones, porque yo quŽ sŽ...porque dijimos ÒJoder, el t’o est‡ buenoÓ.
N. R. L.- Sali— Kiedis porque estaba bueno, para m’ es un mito sexual. Es carism‡tico, porque est‡ bueno, le har’a un par de favores. Tuvo un pasado conflictivo, aunque no nos importe... eso tambiŽn es verdad, pero nos da igual. Lo del pasado... Áest‡ bueno! [...] Me gusta mucho el diente partido[34]... ese diente es fetiche para m’.
B. M. M.- Cuanto m‡s joven... m‡s guapo... pero con el pelo largo. Me sŽ casi toda su vida, no sŽ. Me gusta que haya nacido el uno de noviembre, es gracioso, que es Halloween, y eso... [...] Es un poco rarito el chico... bueno, Áes una estrella! Las estrellas son distintas a nosotros... para eso son estrellas... o las hacemos estrellas Àno?
Por otro lado, Kiedis tiene muchos tatuajes (sobre todo en brazos y espalda). Este detalle le resultaba atractivo a nuestras interlocutoras:
B. M. M.- El ‡guila que tiene en la espalda es porque le gustan los... bueno en general tiene dos indios. Luego tiene dos brazaletes tribales, una pica antes y el coraz—n despuŽs... y los tribales de aqu’ del antebrazo no sŽ muy bien quŽ significan, simplemente le gustaban [...]. Pero lo de los indios es por defender sus derechos, y eso... un poco contestatario, dir’a yo. Luego est‡ su estrella de ocho puntas en la mu–eca derecha... su s’mbolo s’ me lo tatuar’a [...].
Dado que en un primer momento no quedaba completamente claro quŽ rituales llevaban a cabo para relacionarse con su santo, les preguntamos quŽ oraciones le rezaban y en quŽ circunstancias. Dado el procaz vocabulario de alguna de estas f—rmulas, se mostraron reticentes:
B. M. M.- Yo, s’ me encomiendo... yo s’, algunas veces... No sŽ... cuando tengo algœn examen. Hay veces que lo hago de co–a y hay veces que lo hago en serio... bueno, por ejemplo, tengo una man’a, las cosas que... me pongo nerviosa en los ex‡menes... que en general, pues yo quŽ sŽ... utilizar un boli de hace tres a–os porque crees que te da suerte. Es lo mismo.
Insistimos: Àes Kiedis otro ÒfeticheÓ?
B. M. M.- S’, es una especie... una man’a iba a decir... Digo: ÒÁJoder, Kiedis, ayœdame! [...] Y le digo: ÒSi haces que me salga mal el examen o lo que sea, dejarŽ de escuchar tu mœsicaÓ. S’, lo amenazo... pues le llamo de todo... es un poco: ÒÁHijo de puta, ayœdame! ÁPor favor!Ó Desde el cari–o, eso siempre... ÒHijo de putaÓ, pero ÒÁCabr—n!Ó y tal... ÒÁA ver, hijo puta! ÁHazlo!Ó, y ÒPor favorÓ, eso claro, eso siempre. Yo lo hago en todos los ex‡menes y funciona. Aprobar, he aprobado todo. [...] Luego hay veces que falla. ÀPara cosas m‡s importantes? No sŽ... no... S’: los partidos de fœtbol... ah, bueno, para Fernando Alonso, tambiŽn [...] Pero hay veces que falla. Milagros no tiene, no, por ahora, no... Todav’a no podemos contar milagros.
ÀY que opinan aquellos que las rodean y las ven adorando a un santo tan particular? Responde Beatriz:
B. M. M.- Pero lo primero que me dicen es ÒÀQuiŽn co–o es Kiedis?Ó, eso lo primero [...]. Hay gente [cristiana] que s’ que lo conoc’a... y que dec’an ÒÁJoder! ÁNo te r’as de m’!Ó Era algo as’.
4.3. Comentario
De las palabras que acabamos de reproducir se pueden extraer jugosas conclusiones sobre el fen—meno que motiva el presente estudio. Analicemos algunas de ellas.
As’, en primer lugar, se trata de un culto realizado por parte de muchachas j—venes, y el adorado es un hombre bello y adulto. Esto conecta directamente con muchas tradiciones carnavalescas (como es el caso del Peropalo de Villanueva de la Vera) en las que las mujeres entablan una relaci—n especial con un hombre (o un monigote) que representa las condiciones masculinas que no se muestran en el resto de los varones de la comunidad. Si Kiedis es santo, es, en primera instancia, por su belleza[35].
Pero otros factores intervienen en esta fascinaci—n: los tatuajes (que simbolizan rebeld’a para un joven), el pelo largo (que se sale, aunque cada vez menos, de la estŽtica est‡ndar de la sociedad), su pasado oscuro (detalle sugerente que evoca, de nuevo, una sensaci—n de libertad ante las normas), y, sobre todos estos elementos, su condici—n de estrella (en palabras de B. M. M., Es un poco rarito el chico... bueno, Áes una estrella! Las estrellas son distintas a nosotros... para eso son estrellas... o las hacemos estrellas Àno? lo dejan claro). La atracci—n distintiva surge de lo extraordinario de la figura del cantante: a los ojos de sus fieles (como sucede con Michael Jackson, Elvis o John Lennon), estas personas est‡ por encima de la normalidad. El paso al ‡mbito de lo divino es sencillo, absolutamente natural si lo analizamos desde esta perspectiva[36].
Por otro lado, se refleja tambiŽn en estos testimonios una forma de pensar que afirma la propia personalidad individual desde el punto de vista de lo social: nuestras dos interlocutoras se sienten ÒespecialesÓ al creer en un santo como Kiedis (para el que tienen incluso el ep’teto de Lituano; recordemos que B. M. M. afirma que lo primero que me dicen es ÒÀQuiŽn co–o es Kiedis?Ó), con lo que se piensan que se desmarcan de las corrientes de pensamiento m‡s generales, igual que se desmarcan de las manifestaciones religiosas admitidas[37]. A su vez, este mecanismo crea una hermandad reducida, en la que los miembros se reconocen a s’ mismos como part’cipes de un hecho que se escapa, a sus ojos, de la norma. Por la reducida extensi—n de grupos como este, debemos pensar que santos como Kiedis se convierte en Òdioses personalesÓ, con lo que se propicia, m‡s que una iglesia como tal, un culto privado y de ritmos individuales (yo tengo unas carpetas que renuevo cada a–o y siempre est‡n fotos suyas, biograf’as, etc. Tengo un p—ster y una foto en la mesilla...).
Y no es extra–o o’r hablar de Òsantos personalesÓ a seguidores de estrellas que no han generado iglesias: es el caso de Michael Jackson (que en los œltimos tiempos ha propiciado reacciones fan‡ticas de adhesi—n, tras ser absuelto de unos cargos judiciales realmente graves), Freddy Mercury y John Lennon.
Este tipo de estrellas, en lugar de concitar cultos masivos y estables, provocan adhesiones personales en seguidores que empapelan las paredes de sus habitaciones con sus im‡genes preferidas, o que esperan que la intercesi—n de su ’dolo les ayude a salir de situaciones complicadas.
Por œltimo, la imagen de san Kiedis se monta sobre la estructura de un claro contrafactum del santo cristiano protot’pico: bello, joven, vitalista y ruidoso. Sus fieles se comunican con Žl a travŽs de conjuros en los que se le amenaza e insulta (no obstante, sus fieles remarcan el respeto que le profesan afirmando que siempre piden las cosas por favor)[38]. Y no adquiere la categor’a de un dios, porque se ocupa de peque–as tareas cotidianas, como los ex‡menes, y no llega a realizar milagros.
5.
Conclusiones
En resumen, ÀquŽ puede resultar m‡s extra–o a la cotidianeidad que una estrella de la mœsica? ÀQuŽ puede causar m‡s asombro que una vida llena de sorpresas, lujos, viajes, y amores prohibidos? Si aceptamos, junto a Lowie y Durkheim (dejando a un lado las precisiones, no siempre amistosas, que aquŽl hac’a de Žste) que las religiones se basan en las dicotom’as de lo asombroso frente a lo habitual, de lo extra–o frente a lo normal, de lo sacro frente a lo profano, podemos comprender sin dificultades que muchas personas entronicen, e incluso suban a los cielos, a sus ’dolos culturales.
No cabe duda de que el hombre se mira en espejos idealizados, y de que de ellos recibe la imagen que m‡s desea ver: una imagen de libertad permanente, de exenci—n completa de ataduras. Una imagen fabulosa que trasciende el d’a a d’a, y que adquiere, con un poco de fe infatigable, la categor’a de hist—rica, de m’tica, de eterna.
En este sentido deben comprenderse los casos comentados a lo largo del trabajo que aqu’ concluimos. Cuando la antiqu’sima necesidad humana de creer se cruza con la m‡s rabiosa modernidad, la suma de los factores da como resultado la divinizaci—n progresiva de los iconos del pop.
6.
Bibliograf’a
A continuaci—n rese–amos los libros, art’culos y enlaces digitales utilizados para la redacci—n de este trabajo. Agrupamos estas referencias, para mayor comodidad del lector, por grupos tem‡ticos (generalidades; Elvis; otros grupos, otros cultos).
a)
Generalidades
(Sebastianismo)
Alexandr Pushkin, La hija del capit‡n, Madrid, Alianza, 1999.
Fran�ois Delpech,
"Un mito andaluz: el reino oculto de Boabdil y los moros encantados",
Las tomas: antropolog’a de la ocupaci—n territorial del reino de Granada, ed. J.
A. Gonz‡lez Alcantud y M. Barrios Aguilera, Granada, Diputaci—n, 2000, pp.
565-616.
Jakob y Wilhelm Grimm, La mujer del musgo y otras leyendas alemanas, ed. y traduc. JosŽ Manuel Pedrosa y BelŽn Almeida, Oiartzun, Sendoa, 2000.
(Religi—n: tipolog’as)
Emile Durkheim, Las formas
elementales de la vida religiosa, Madrid, Alianza, 1993.
JosŽ
Manuel Pedrosa, Entre la magia y la religi—n: oraciones, conjuros, ensalmos, Oiartzun, Sendoa, 2000.
Marvin
Harris, Introducci—n a la antropolog’a general, Madrid, Alianza, 1981.
Marvin
Harris, Nuestra especie, Madrid, Alianza, 1989.
Robert H, Lowie, Religiones primitivas, Alianza, Madrid, 1976.
b)
Elvis
Bono, ÒElvis PresleyÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 56, junio 2004, p. 44.
Cifuentes, Susana, ÒPareja de reinasÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 65, marzo 2005, pp. 49-52.
(P‡gina oficial)
(Iglesias de la fe en Elvis)
http://www.geocities.com/presleyterian_church/
http://netministries.org/see/charmin
http://www.frankwu.com/elvis1.html
http://jubal.westnet.com/hyperdiscordia/sacred_heart_elvis.html
(Imitadores profesionales)
www.elvis4uk.co.uk/ elvis_weddings.html
Portela, Lino, ÒFaltan cinco minutosÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, pp. 109-113.
Nigel Patterson, ÒElvis: sightnings
and faith: making sense of the seemingly absurdÓ, en http://www.elvisinfonet.com/sightingsfaith.html
c)
Otros grupos, otros cultos
(Beatles)
http://www.geocities.com/laughtershock/dakota.html
http://www.upv.es/~ecabrera/letme/newyork.html
Jordi Sierra i Fabra, John Lennon, Barcelona, Ant‡rtida,1990.
Nicholas Schaffner, Beatles
Forever, Lemoyne,
Mc-Graw-Hill, 1978
The Beatles, The Beatles:
Anthology,
Barcelona, Ediciones B, 2000.
W. J. Dowling, The Beatles. Gu’a completa de canciones, Madrid, Celeste, 1995.
(Bob Marley)
Dar’o Manrique, ÒColdplay: planes para conquistar el mundoÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, pp. 56-62.
Wyclef Jean, ÒBob MarleyÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 56, junio 2004, p.60.
(Chelsea Hotel)
http://www.hotelchelsea.com/newmain.html
Janis Joplin, Canciones, ed. Alberto Manzano, Madrid, Espiral, 1981.
(Interpretaciones de los s’mbolos cristianos a travŽs de la cultura pop)
http://www.art316.com/decal-superjesus.jpg
cowbert.2y.net/~sirmoo/
images/superjesus.gif
http://www.thinkingapeblues.com/images/mark_art/jesus.jpg
wiw.org/~jess/archives/
category/apropos-comics
Buchholz, Y., ÒEl capell‡n rockeroÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, p.51.
(Jedi)
http://www.elhabitatdelunicornio.net.
http://www.periodistadigital.com
Moreno, F. y Mui–o, L., El factor humano. Un paseo por la psicolog’a desde el patio de butacas, Madrid, Complutense, 2003.
(Maradona)
http://www.iglesiamaradoniana.com/mandamientos.htm
(Queen)
Blay, A., Queen: la Reina del Espect‡culo, Valencia, La M‡scara, 1996.
Wilde, J., ÒLarga vida a la ReinaÓ, Rolling Stone, nœmero 66, abril 2005, pp. 46-57.
[1] Bono, ÒElvis PresleyÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 56, junio 2004, p. 44.
[2] The Beatles, The Beatles:
Anthology,
Barcelona, Ediciones B, 2000.
[3] Nigel Patterson,
ÒElvis: sightnings and faith: making sense of the seemingly absurdÓ, en http://www.elvisinfonet.com/sightingsfaith.html. Se trata, aunque pueda parecer lo contrario
por provenir de un fan de Elvis
y estar colgado de una p‡gina monogr‡fica del rockero, de un art’culo realmente
brillante, en el que se aportan much’simos datos de gran interŽs para entender
el fen—meno de Elvis como ’dolo religioso. En su extensa bibliograf’a (a la
lectura de la cual no hemos tenido, desgraciadamente, acceso) se llegan a
se–alar estudios en los que el Vaticano se preocupa de catalogar las
caracter’sticas de este espectacular culto mundial. Es, en definitiva, un
trabajo imprescindible para quienes deseen profundidad en lo que aqu’, en estas
breves l’neas, s—lo esbozamos con demasiada premura.
[4] Los estudiosos de la fe en Elvis se–alan al sebastianismo (aunque no lo nombran como tal) como causa principal del culto presleyteriano. Sobre el tema en general, resultan interesantes la novela La hija del capit‡n, de Alexandr Pushkin, as’ como los trabajos de Pedrosa, Delpech y Julio Caro Baroja (ver bibliograf’a en el punto 6 de nuestro estudio).
[5] A–ade Patterson
que ÒIn addition, at least six academic books have been published in the past
decade examining the Elvis phenomenon as religion and the motivations of its
followers ('Elvites').Ó, lo cual indica el alto grado de interŽs que el asunto
despierta (art. cit. supra)
[8] http://www.frankwu.com/elvis1.html
[9] http://jubal.westnet.com/hyperdiscordia/sacred_heart_elvis.html
[10] www.elvis4uk.co.uk/
elvis_weddings.html
[11] Portela, Lino, ÒFaltan cinco minutosÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, p. 111.
[12] Cifuentes, Susana, ÒPareja de reinasÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 65, marzo 2005, pp. 49-52. Sobre estas bodas,
consultar, a su vez, lo ya dicho en el punto 2.2.
[13] M‡s informaci—n en la p‡gina oficial de Presley: elvis.com. En ella, adem‡s de multitud de datos sobre el rockero, podemos encontrar una ampl’sima variedad de art’culos de coleccionista destinados a la venta promocional (sobre el negocio que gira alrededor de Elvis y su imagen, consultar el punto 2.2.)
[14] Recientemente (consultar prensa escrita de primeros de junio de 2005), se ha creado una cierta polŽmica en la ciudad y entre los seguidores del grupo al anunciarse el cierre del lugar, con lo que quedar’a en el aire la propia existencia del lugar en el que tantas horas de infancia pas— Lennon.
[15] Se puede consultar la siguiente p‡gina para
ampliar informaci—n sobre el edificio y otros de sus ilustres habitantes: http://www.geocities.com/laughtershock/dakota.html
[16] Para m‡s informaci—n, http://www.upv.es/~ecabrera/letme/newyork.html
[18] Para mayor informaci—n sobre esta banda brit‡nica y la muerte de su l’der, se puede consultar la obra Blay, A., Queen: la Reina del Espect‡culo, Valencia, La M‡scara, 1996. TambiŽn resulta interesante el art’culo Wilde, J., ÒLarga vida a la ReinaÓ, Rolling Stone, nœmero 66, abril 2005, pp. 46-57. Asimismo, numerosas p‡ginas de Internet ofrecen hip—tesis y encendidos debates al respecto.
[19] Wyclef Jean, ÒBob MarleyÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 56, junio 2004, p.60.
[20] El cantante brit‡nico Chris Martin, en el art’culo Dar’o Manrique, ÒColdplay: planes para conquistar el mundoÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, p. 62.
[21] Desde la abolici—n de la esclavitud en Jamaica (1834), los descendientes de africanos de la isla mantuvieron viva la llama del recuerdo de sus sufrimientos. En 1931, tras muchos intentos de unificaci—n pol’tica de estas ideas de redenci—n (como los del pastor Marcus Garvey), y despuŽs de propagarse por toda la isla una firme creencia en la necesidad de que los descendientes de los antiguos esclavos volvieran a çfrica en libertad, Ras Tafari Makkonen se coron— como Emperador de Etiop’a, llam‡ndose a s’ mismo descendiente de la reina de Saba y Salom—n, y adoptando el nombre de Hail� Selassi�. Bob Marley retom— el testigo de esta doctrina a–os m‡s tarde (a principios de los setenta), hasta dotarla de una dimensi—n mundial.
[22] Art. cit., p. 60.
[23]http://www.iglesiamaradoniana.com/mandamientos.htm. Informaci—n de utilidad sobre el tema tambiŽn
en http://old.ole.com.ar
[24] Este es tema dŽcimo del disco doble Honestidad Brutal, publicado por Calamaro en 1999 (en el sello discogr‡fico Warner-Dro). Se marcan en negrita los pasajes m‡s relevantes para nuestro estudio, por su similitud con las oraciones tradicionales (ÒEn el alma guardoÓ), o por su marcado sebastianismo (Òestamos esperando que vuelvas [...]Ó)
[25] http://news.bbc.co.uk/2/hi/
[26] Ver diario El Mundo, de fecha 8 de octubre de
2001. Adem‡s, la p‡gina especializada http://www.fiade.com
[27] Esta explosi—n de pœblico cinematogr‡fico ha hecho que otras superproducciones, como El Se–or de los Anillos, adquirieran tintes religiosos y masivos similares. Interesante es tambiŽn el libro de Moreno, F. y Mui–o, L., El factor humano. Un paseo por la psicolog’a desde el patio de butacas, Madrid, Complutense, 2003. En la misma l’nea, http://www.elhabitatdelunicornio.net.
[30] cowbert.2y.net/~sirmoo/
images/superjesus.gif
[31] La primera imagen ofrecida como muestra en este apartado (1) es obra del dibujante Mark Poutenis: http://www.thinkingapeblues.com/images/mark_art/jesus.jpg.
La segunda (2), se encuentra en la p‡gina wiw.org/~jess/archives/
category/apropos-comics
[32] Su p‡gina oficial es www.superjesus.com.au
[33] Buchholz, Y., ÒEl capell‡n rockeroÓ, Rolling Stone, Madrid, Progresa, nœmero 68, junio 2005, p.51.
[34] El cantante tiene un incisivo superior partido.
[35] Curiosamente, como si de un enlace con Apolo se tratara, N. R. L. se fija en su dentadura.
[36] En ningœn momento nuestro estudio se ha planteado trazar una tipolog’a precisa del fen—meno religioso, sino que nos hemos mantenido siempre en una posici—n meramente emp’rica. No obstante, hemos recurrido a las ideas de Harris, Lowie y Durkheim para explicar hechos como este. Para una mayor profundizaci—n en la materia hemos manejado (y recomendamos) la bibliograf’a anotada en la secci—n 6(a) de este trabajo.
[37] Patterson tambiŽn
constata este hecho para la fe de Elvis: ÒIf you mention in casual conversation
that Elvis Presley represented some type of religion what do you think people's
reaction would be? It is likely you would meet with either sceptical disbelief (the
"Don't be absurd!" view) or sceptical amusement (the "You're not
really serious" view). Yet, this is a very serious subject and as we'll
touch on, the debate mirrors similar debates throughout religious historyÓ
(art. cit. supra)
[38] Para una tipolog’a del ensalmo, la oraci—n y el conjuro: JosŽ Manuel Pedrosa, Entre la magia y la religi—n: oraciones, conjuros, ensalmos, Oiartzun, Sendoa, 2000.