Surez Lpez, Jess. La muerte predestinada (AT 934): del Libro del Caballero Zifar a la tradicin oral asturiana. Culturas Populares. Revista Electrnica 1 (enero-abril 2006).

http://www.culturaspopulares.org/textos%20I-1/articulos/Suarez.htm

ISSN: 1886-5623

 

 

 

 

 

 

La muerte predestinada (AT 934):

del Libro del Caballero Zifar a la tradicin oral asturiana

 

 

Jess Surez Lpez

Archivo de la Tradicin Oral

Museo del Pueblo de Asturias

 

 

            En 1989, el investigador Jos Manuel Pedrosa recoga de la tradicin oral cordobesa un cuentecillo folclrico nunca antes documentado en la tradicin hispnica, por lo que cabe hablar de l como un texto de rareza y valor excepcionales. Dicho cuentecillo, narrado por una mujer octogenaria procedente de Castro del Ro (Crdoba) y publicado bajo el ttulo de El destino burlado, es el siguiente:

 

   Este tambin era un nio que le dijeron el sino. El sino es lo que le va a pasar. Y deca que tena que ser matado por un rayo y de una tormenta. Y entonces los padres cogieron, hicieron una tinaja de bronce, y cuando haba tormenta metan al nio all. Pero cuando el nio ya fue ms grande, desa que no se meta all, que por qu lo metan, que no se meta nadie all, que por qu lo tenan que meter, que no se meta. Y la madre:

   —No, por Dios, mtete, mtete!

   Y entonses dijo el nio:

   —Pues me voy y no me meto!

   Y se march a la calle. Y vino un trueno muy grande y un relmpago muy grande, y cay un rayo en la tinaja y la hizo cisco. Entonses, cuando vieron ellos que el nio se salv la vida l solo, porque si se hubiera metido en la tinaja, lo hace cisco. Y tena sino y lo pag la tinaja[1].

 

            S apareca, sin embargo, catalogado bajo el nmero 934, en la clasificacin universal de Aarne-Thompson, quienes ofrecen el siguiente resumen de un cuento-tipo que se extiende por toda la Europa Nor-oriental (con versiones recogidas en Finlandia, Suecia, Estonia, Lituania, Irlanda, Italia, Hungra, Chequia, Serbia, Croacia, Rusia) y llega, incluso, hasta la India:

 

Segn una profeca, un prncipe perecer en una tormenta. El rey lo confina en un refugio de hierro en el subsuelo, pero un da, en ausencia del rey, una tormenta destruye el refugio[2].

 

            Por su parte, el Catlogo tipolgico del cuento folclrico espaol recientemente editado por Julio Camarena y Maxime Chevalier, aade dos nuevas versiones portuguesas, cuatro versiones italianas y cinco versiones procedentes de distintos enclaves del judeo-espaol (1 versin libia, 1 versin tunecina, 1 versin europea askenaz y 2 versiones israeles).

            Ms adelante habr ocasin de hacer algunos comentarios sobre las variantes conocidas del cuento. Veamos ahora cmo se manifiesta la pervivencia de este cuentecillo en la tradicin oral asturiana a travs de tres nuevas versiones por m recogidas en los concejos de Caso, Quirs y Villayn.

 

 

El destino burlado

Lugar: Coballes, CASO.

Informante: Jeromo Calvo Martnez, 78 aos, natural de Buspriz (Caso).

Fecha: 26-II-2000.

 

   Era un prncipe que leyeren el signo y dba-y el signo de ser matu a tal da y a tal hora per un rayo. Y fezo el padre un castillu pa que no lo pudiera destruir ningn rayu ni ninguna cosa, muy fuerte. Y, coo, el da que tena que metese all da en amagar de tormenta y qu s yo qu y pal castillo aquel Y elli non quixo, que si la deba que la pagaba onde quiera, que elli que encerru que non quera morrer. Y bueno, vien la tormenta y qu s yo qu y vien un rayu y desfezo el castillo aquel y qued el mozu sanu y salvu. S, nun quixo metese all y nu-y fezo nada el rayu.

 

El destino burlado

Lugar: Llanuces, QUIROS.

Informante: Venerando lvarez Menndez, 83 aos.

Fecha: 3-XII-1999.

 

   Y otra vez otru que hubiese naco con el signo de que lu iba a matar un rayo. Y deca da y hora. Y dicen los padres, que eran ricos:

   —Pues vamos a construir un castillo. Y el da que venga la tormenta, te metes en castillo y se va a joder el rayo!

   Conque, bueno, vien el da deso, empieza a tronar, y rayos y tal. Y entonces va l y sal del castillo, y diz a los padres:

   —No quiero castillo, salgo al campo a morir aonde Dios me la destin.

   Y que hubiera salo al campo entre rayos, y que vien un rayo y derrumba el castillo y a l no le pas n. Haba salu y que se libr!

 

El destino burlado

Lugar: Lendequintana, VILLAYON.

Informante: Jesusa Prez Villabrille, natural de La Paradiella-Rellanos (Tineo).

Fecha: 6-VI-2000.

 

   Yo tengo sento uno que deca el sino que tena un hijo y que iba a morir tal da que iba a tronar y que lo mataba un rayo. Y el padre por defenderlo pues hzo-y un horno de zinc, pa metelo all aquel da. Y el hijo pues nun quiso metese en el horno

   —A lo que Dios quiera!, yo a campo libre!

   Y bax el rayo pol horno y el hijo tuvo a campo libre y nu-y pas nada y si ta en el horno pues matbalo el rayo.

 

            Frente a las versiones indo-europeas y semtico-africanas (catalogadas por Aarne-Thompson y por Camarena-Chevalier respectivamente), los tres cuentecillos asturianos —junto con la versin cordobesa— nos ilustran acerca de una serie de concepciones o actitudes del hombre en relacin con la posibilidad de modificar su destino, cuyo germen argumental o ideolgico es mucho ms profundo de lo que pudiera parecer a juzgar por la aparente sencillez de estos relatos.

            As, mientras que las versiones catalogadas por Aarne-Thompson apuntan hacia la muerte inevitable de la persona sealada por el destino, segn se seala en el resumen del cuento-tipo 934, las versiones asturianas y la versin cordobesa culminan con la salvacin del protagonista, que burla su trgico destino precisamente cuando decide ignorarlo —en vez de tratar de evitarlo por todos los medios como pretende el rey su padre— y decide actuar por s mismo, a su libre albedro.

            Veamos ahora una versin de signo contrario, procedente de la vecina Galicia y publicada con posterioridad a la edicin de los catlogos citados:

 

          Era un matrimonio e tia un fillo. E un adiviador dxolle que o fillo lle iba morrer dunha chispa. E dixo o pai:

          —Meo fillo non vas a morrer dunha chispa, porque eu tenho que che facer un couso para que non morras da chispa. Morrer tes que morrer, pero da chispa non vas a morrer.

          Agharrou o pai unha casa de ferro, ben preparada, unha casia pequena.

          E cada ves que tronaba:

          —Nenooo! Mtete na casa!

          Al iba, meta o neno na casa e cerrballe a porta, e o neno al.

          Pasaron varias tronadas, muitas e muitas. O rapas sempre se salvaba da tronada, sempre se salvava. Pero cheghou un da, cau al a chispa, desfxolle a casa toda e matu o rapas.

          E morreu da chispa.

          Non foi o que dica o pai, senon que foi o que dica o Noso Seor[3].

 

            Desgraciadamente, no me ha sido posible consultar el amplio muestrario de versiones indo-europeas y semtico-africanas por ser bibliografa de todo punto inaccesible, pero s podemos acceder, gracias a la generosidad de Julio Camarena, al resumen de dos versiones italianas, procedentes de la Romaa e inventariadas por Stefano Orioli. La primera de ellas se titula La leggenda della tana del re Tiberio y dice as:

 

          Re Tiberio aveva avuto preannunziata la morte causa un fulmine. Perci se ne stava sempre chiuso in una grotta. Un giorno que il cielo era sereno, re Tierio usci dalla tana, ma fu colpito a morte da un fulmine[4].

 

            La segunda tiene por ttulo La leggenda del mausoleo di Teodorico y concluye tambin con la muerte inevitable de su protagonista:

 

          A figlio di Teodorico fu predetta, da un cristiano, la morte a causa di un fulmine. Quando era brutto tempo, egli si rinchiudeva in una torre, ma venne colpito da un fulmine in un giorno sereno[5].

 

            La extraordinaria dispersin geogrfica de este cuento por toda Europa —en una franja que desciende desde los pases nrdicos hasta el Norte de frica—constituye un claro indicio de su venerable antigedad, que, sin embargo, y hasta la fecha, no ha sido probada documentalmente. El Catlogo tipolgico del cuento folclrico espaol (vol. IV, editado en 2003) recoge slo dos versiones literarias del Siglo de Oro para el cuento tipo 934 [El prncipe y la tormenta] que, en rigor, corresponden al tipo 934A [La muerte predestinada], y que veremos a continuacin. Pero, antes, veamos un texto que ha escapado a las diligentes pesquisas de quienes nos precedieron. Se trata de un cuentecillo insertado a modo de exemplum en el Libro del Caballero Zifar, novela de caballeras de principios del siglo XIV:

 

          Dize el cuento que vn enperador ouo en Roma, e auia muy grant miedo de los truenos e de los relampagos. E reelandose del rayo del cielo que caya estone, e con miedo del rayo mando fazer vna casa so tierra, [l]abrada con muy grandes cantos e muchas bobedas de yuso, e mientra nublado fazia, nunca de ally salie. E vn dia venieron a el en la maana piea de caualleros sus vasallos, e dixieronle de commo fazia muy claro dia e muy fermoso, e que fuesen fuera de la villa a caa a tomar plazer. E el enperador caualgo e fuese con los caualleros fuera de la villa; e el seyendo fuera quanto vn miguero, vio una nuuezilla en el ielo, pequea, e caualgo en vn cauallo muy corredor para se yr a aquella casa muy fuerte que feziera so tierra; e ante que alla llegase, seyendo muy erca della, ouose estendido la nuue por el ielo, e fizo truenos e relampagos, e cayo muerto en tierra. E esta enterrado en vna torre de la su casa fuerte, e non pudo fuyr del poder de Dios[6].

 

            Si confrontamos este texto —de principios del siglo XIV— con las diferentes versiones que han llegado a nosotros a travs de la tradicin oral, vemos que, al pasar por la pluma del annimo autor del Zifar —probablemente el clrigo toledano Ferrn Martnez— la trama del cuento ha sufrido una doble manipulacin: en primer lugar se omite la profeca como motivo inicial del cuento, y se reemplaza sta por un muy grant miedo de los truenos e de los relampagos que justifique la construccin del refugio subterrneo. De este modo, se suprime la figura del adivino —incomoda para el autor-clrigo por cuanto que la religin cristiana slo admite el poder de Dios para saber las cosas que estn por venir— y en consecuencia desaparece la predestinacin como factor desencadenante de la intriga del cuento. De este modo, el cuento pierde su significado ms profundo: la disyuntiva entre predestinacin y libre albedro (segn muera o no su protagonista alcanzado por el rayo) y se queda en una simple moraleja: e non pudo fuyr del poder de Dios [] ca el es seor de los ielos e de la tierra e del mar e de las arenas, e ninguna cosa non puede salir de su poder[7]

            Por otra parte, y frente al resto de versiones orales en las que el protagonista es un nio o un prncipe —al que sus padres tratan de proteger de los efectos del rayo—, la versin del Zifar tiene un protagonista adulto —un emperador de Roma—, ya que si fuera un nio sera natural que tuviese muy grant miedo de los truenos e de los relampagos. Y este miedo infantil, por s solo, no justificara la construccin del refugio por parte de unos padres que, al tener el cuento un protagonista adulto —y con capacidad autosuficiente para la construccin de dicho refugio— sobran desde el primer momento.

            El manipulador del texto medieval pudo haber sido ms o menos hbil en la cristianizacin de nuestro cuentecillo —de probable raz oriental o indoeuropea—, pero la tradicin oral le delata siete siglos despus.

            Por otra parte, y dejando de lado el texto medieval del Caballero Zifar, la disyuntiva apuntada entre predestinacin y libre albedro se manifiesta con claridad en funcin de la solucin que adoptan las distintas versiones de la tradicin oral moderna respecto de la muerte o la salvacin del protagonista, hecho ste que seguramente convendra observar a la luz de las tres religiones del Libro —cristiana, musulmana y juda— e, incluso, de las creencias precristianas de los pueblos de la Europa del Norte, ya que las versiones orales de este cuentecillo se extienden —como apuntamos al principio— por una extensa rea geogrfica que abarca las tres grandes ramas lingsticas del continente europeo (germnica, romnica y eslava) y que, a modo de gigantesco trapecio, tiene sus vrtices en Finlandia, Israel, Pennsula Ibrica e Irlanda.

            As, la predestinacin es una paradoja que ha desafiado a los telogos cristianos en su lucha por compatibilizar dos aspectos irreconciliables de la experiencia humana: la libertad y el determinismo. La Biblia mantiene ambos lados en tensin sin tratar de resolver el problema. Aunque ensea que Dios tiene el control del universo, las Escrituras dicen igual de claro que l ofrece la salvacin a todos los humanos y les hace responsables de la verdadera eleccin de aceptar o rechazar su genuina oferta. En este sentido, la Biblia no es fatalista, pues Dios da a todo el mundo la capacidad de elegir; pero en realidad todas las posibles opciones se reducen a una sola que el Rey Salomn sintetiza en uno de sus proverbios: La mente del hombre planea su camino, pero el Seor dirige sus pasos. (Proverbios: 16:9).

            Los musulmanes, por su parte, creen en el Decreto Supremo Al Quadar, por el cual todas las cosas han sido creadas y determinadas: todo lo que nos pasa ya est escrito y tendr que pasar; pero esta creencia en la Divina Predestinacin no significa que el ser humano no tenga libre albedro. En cierto modo, los musulmanes creen que Dios ha dado a los seres humanos el libre albedro, lo que significa que ellos pueden escoger entre el bien y el mal y que ellos mismos son responsables de sus decisiones. As, la aparente contradiccin entre la libertad del hombre y la predestinacin de sus acciones ha sido objeto de abundantes discusiones entre los estudiosos del Corn, de los que una referencia particularmente frecuente ha sido este pasaje cornico: El que quiere coge el camino hacia su Seor, pero vosotros no querris ms que si Allah lo quiere (LXXVI, 29-30). De forma general, el pensamiento musulmn ve la solucin del problema en la aceptacin de la voluntad de Al, que corresponde a la idea fundamental del Islam. Se ha hecho notar igualmente, que la contradiccin se encuentra resuelta si se define la libertad humana como participacin limitada de la libertad absoluta e infinita de Al.

            Por su parte, y segn la doctrina juda, el determinismo del destino escrito en las estrellas no es absoluto. Existen varios procedimientos capaces de modificar el curso del destino: el arrepentimiento ante Dios (Teshuv), la oracin (Tefil) y la caridad (Tzedak), a los que cabe aadir el cambio de nombre y el cambio de lugar, que constituyen los indicios exteriores de un cambio profundo en la existencia del hombre. Al contrario que los idlatras, quienes estn convencidos de que la predestinacin escrita en el horscopo es absolutamente irrevocable, el hombre judo ha aprendido desde Abraham la capacidad de salir fuera de su destino astrolgico y de dominarlo con la ayuda de los procedimientos indicados.

            Y a este respecto, son ilustrativas las siguientes palabras del folclorista alemn Haim Schwarzbaun:

          Resulta muy interesante el hecho de que el folclore judo sea, a pesar de todo, rico en tipos de cuentos folclricos que ponen nfasis en que un mortal puede sortear y esquivar el destino, en que un hombre puede ser capaz de superar sus malos hados [] Un proverbio talmdico afirma que el atrevimiento, incluso ante lo divino, puede procurar ventajas, es decir, que la audacia puede ser efectiva incluso ante Dios[8].

 

            Hasta aqu los textos que podemos aducir de La muerte predestinada en su variante tipo 934 [El prncipe y la tormenta]. Sin embargo, la tradicin oral asturiana es rica en versiones de este rarsimo cuento en su variante tipo 934A, cuyo resumen es:

          El muchacho (muchacha) muere cuando y como el destino lo haba predestinado cuando naci. Fracasan todos los esfuerzos para evitar la profeca.

 

            y del que slo se conoca, hasta la fecha, un puado escaso de versiones orales en todo el mundo hispnico (1 versin de Lugo, 1 versin portuguesa, 1 versin hispana de los EE. UU. y una versin sefard), adems de una versin literaria del Siglo de Oro recogida en la Silva Curiosa (1583) de Julin Iguez de Medrano, y otra que inspir la comedia Lo que ha de ser, de Lope de Vega, y que podra resumirse brevemente de esta manera:

 

          Un noble joven al que su padre encerr en un castillo con el fin de burlar la profeca de que su muerte sera causada por un len, cansado ya de su confinamiento y contemplando la figura de un len bordado en el tapiz que cubra las paredes de su cmara, golpe enfurecido la imagen con el puo, con tan mala fortuna que result herido por un clavo oculto y muri al poco tiempo de calenturas.

 

            Cuyo antecedente se encuentra probablemente en las Fbulas de Babrio (S. III), concretamente en la titulada El viejo timorato y el hijo nico[9], de argumento muy similar al de las versiones ureas —salvo que la fbula de Babrio se desarrolla a partir de un sueo prsago y no de una profeca—, y aparece tambin, con una intriga ms parecida a las versiones de tradicin oral moderna, en las fbulas espicas bajo el ttulo de El nio y el cuervo:

 

          A una mujer que consult a los adivinos sobre su hijo, an pequeo, le predijeron que un cuervo lo matara. Asustada por ello, la mujer prepar un arca muy grande y encerr all al nio para impedir que el cuervo lo matara. Y todos los das a unas horas determinadas lo abra y le procuraba la comida necesaria. Un da que tena la tapa levantada y estaba colocando la manta, el nio se asom imprudentemente y ocurri que as el cierre del arca se abati sobre su mollera y lo mat

La fbula muestra que lo que est marcado por el destino es ineludible[10]..

 

            Veamos ahora una versin de este cuento tipo 934A recogida de la tradicin oral moderna en la provincia de Lugo, que es la nica accesible de las cuatro que aparecen reseadas en el citado Catlogo tipolgico del cuento folclrico espaol:

 

          Haba un matrimonio, cal unha meiga lle dixera que a sa filla a morrer por culpa dun dente do porco. A nai, a nai da nena, procurou evitar ese mal e encerrouna nun cuarto para que non a puidera morder ningn porco, pero pola mata, colocaron a carne no cuarto da nena, e cando estaba durmindo descolgouse un dente de porco e caeulle na cabeza.

          E as foi como morreu a rapaza, descolgndoselle o dente e candolle na cabeza[11].

 

            A ste ltimo tipo hay que aadir una sorprendente actualizacin del cuento, que fue recogido como leyenda urbana en el pueblo madrileo de Legans, y dice as:

 

          Un chico hizo una vez la gija. Los espritus le dijeron que el da 20 de abril su destino sera un coche rojo. El chico no sala a la calle por miedo, pero un da, mientras que l estaba en el saln viendo la televisin, estaba colgado de la pared un cuadro de un coche rojo: pero su destino haba llegado, el cuadro se cay en la cabeza del chico; entonces, ste muri[12].

 

            Y no menos sorprendente resulta encontrar paralelos de nuestro cuentecillo en tradiciones tan lejanas como la de los hutus de Ruanda:

 

          rase una vez un hombre que se llamaba Ruhinyuza. Era ladrn. Una noche fue a robar a una familia que haba tenido un recin nacido. Cuando lleg a la casa, oy a Dios que predeca la llegada del beb. Dios deca que el beb crecera y que ms tarde crecera hasta ser una mujer que morira entre los colmillos de un elefante.

          Cuando Ruhinyuza oy esto, recapacit y dijo que le gustara vivir con esta chica a fin de comprobar si eran ciertas las palabras de Dios. Cuando la nia fue mayor, Ruhinyuza fue a pedir su mano. sta acept el matrimonio, y le dijo que debera estar siempre acompaada para no morir entre los colmillos del elefante. Ruhinyuza estuvo de acuerdo. El da de la caza, los habitantes gritaron:

          —El elefante!, El elefante!

          Todo el mundo fue a contemplar a este gigantesco animal. La mujer de Ruhinyuza sinti curiosidad y fue a verlo. Se dispuso a mirar por un hueco que haba detrs de ella. Pero no poda ver bien. Cuando estuvo en las ramas del rbol, el elefante vino corriendo para esconderse bajo el rbol. La mujer tuvo miedo y cay sobre los colmillos del elefante. Muri en el instante.

          As, Ruhinyuza comprob que Dios dice siempre la verdad. Y no intent nunca ms comprobar si eran ciertas las palabras de Dios[13].

 

            Frente a este exiguo puado de versiones recogidas a travs de medio mundo, la tradicin oral asturiana muestra —por s sola— una sorprendente variedad de tipos y motivos, que veremos a continuacin:

 

El destino cumplido

Lugar: Quintanal, MIRANDA.

Informante: Francisco Menndez Troteaga, 82 aos.

Fecha: 5-V-2000.

 

   Una vez decan que haba una moza ya que decan que tena que morire mordida de una culebra. Ya con eso los padres tenanla tol tiempo en casa. Ya un da pues asomuse a la ventana, ya pasaba un arrecimal por all, ya era en tiempo que haba racimos ya asomuse all a coger un racimo duvas, ya taba all la serpiente ya picula, ya muri daquella.

 

La muerte predestinada

Lugar: La Hueria de Urbis, MIERES.

Informante: Alejandro Daz.

Fecha: 11-XI-2000.

 

   Haba un nenu que decen, que-y hubieren dicho que tena que morir de la picadura de una culebra: El fiyu tuyu va a morrer de una picara de una culiebra. Y yeren unos seorotes y tal, trancronlu en casa pa que no lo mordiera una culebra, que nunca pisare n de cesped ni n de onde hubiera una culebra. Y que tenen una enredaera destes de una recimos, que yos-llamamos recimos, eses uves piquiines, una parrina deses de recimos y que sali al correor o a la galera y que taba comiendo un pin de aquellos y que haba una culebrina destes de cien pates —llammos-yos culebrina de cien pates—, y que lu mordi en la lengua y que muri. Eso s, eso oylo, que tena el signo se.

 

El destino cumplido

Lugar: Felguera, RIOSA.

Informante: Amrica Villoria Vzquez, 80 aos.

Fecha: 8-X-2000.

 

   O contar a una seora — yera Mara la de LOtero la que nos lo contaba—, que deca que un seor que tena una hija y que cuando naci que-y dijieron el que diba a ser muerta por picala un animal, una culebra o as, y los padres pues que la metieron entre cristales pa que no la picare nada. Pero diz que fue una amiga a vela y que-y llev uva, y que entre la uva iba una vespa [avispa] y que la hubiera picu y que de aquello se hubiera muerto.

 

La muerte predestinada

Lugar: Gradura, TEVERGA.

Informante: Feliciano Fernndez Fernndez, 75 aos.

Fecha: 24-IX-2000.

 

   S, eso del signo pues o de una, cuando naci, ley el signo y mordida por un esquerpin —esquerpin son sas que decimos gafuras de ms tamao— Y entonces pues que la guardaban y que dorma en una habitacin, pero la habitacin tena unas ramas —deban ser de parras o de recimos— hasta la ventana. Y por la ventana que entrara el esquerpin y matara a la moza la chiquilla o la eso. Eso era cuando naci.

 

            Todas estas versiones del tipo 934A [La muerte predestinada] podran agruparse bajo el motivo de profeca de muerte por picadura de animal ponzooso. A stas hay que sumar algunas otras, que podran clasificarse bajo el mismo tipo 934A, y cuyo motivo podra resumirse como profeca de muerte laboral (en la mina), del que no conozco ms versiones que las asturianas por m recogidas:

 

El destino cumplido

Lugar: La Hueria de Urbis, MIERES.

Informante: Toms Zapico, natural de Dochal, MIERES.

Fecha: 11-XI-2000.

 

     Un paisano tena un fyu solo —de oyelo a mio madre, mio madre saba munchas— y dio-y el sino de que diba matase na mina. Diz l:

     —Me cagen diez, pues no lo echo pa la mina!

     Y luch con l y estudilu pa cura. Y un da diba pa un pueblu y cay una nube del demonio y metise a una bocamina. Y all muri, tapse la bocamina fjate t!, y muri en la mina.

 

El destino cumplido

Lugar: Llanuces, QUIROS.

Informante: Venerando lvarez Menndez, 83 aos.

Fecha: 3-XII-1999.

 

     Y otra vez otru, que haba nacido con el signo de matase na mina. Y dicen los padres:

     —Te vamos a estudiar pa cura, y as nun pereces na mina.

     Bueno, estudironlu pa cura. Y cuando tena la carrera y yera sacerdote ya, va a llevar los sacramentos de un pueblucu a otro, que yera parroquia. Y en medio diste trayecto de los dos pueblos haba minas, y vien una tormenta, y entra a atechase na boca de la mina y tras!, hndese la mina y lu mata. Tena el destino de matase na mina y na mina se mat siendo cura. Si, hombre, stos contbamelos a m mio buela, mio buela tena mucha memoria.

 

El destino cumplido

Lugar: Piera, BIMENES.

Informante: Enedina Vallina Palacio, 73 aos.

Fecha: 30-IV-2000.

 

     Eso s, fue a un sobrn de mio gela. Cntan-y que diba a tener tres hijos y diben a matase los tres na mina. Y dos, los dos primeros, matanse na mina. Y el otru, diz l:

     —Pues esti na mina no se mata. Voy a estudialu pa cura.

     Y estudilu pa cura, y un da fue a llevar los santos sacramentos a un cordal, pas al cordal y pas per un chamizu, y empez a tronar muncho y metise na mina y fundise la mina y all se mat.

 

            A estas ltimas hay que sumar una versin mixta, procedente de Bimenes, que combina los dos motivos:

 

La muerte predestinada [A + B]

Lugar: Santa Gada, BIMENES.

Informante: Luis Daz Iglesias, 68 aos.

Fecha: 21-IV-2000.

 

   Yo sent de n que tena dos fiyos, y que tena el signu de quun que diba a morrer ella que diba a morrer de una picadura de una culiebra, y l que diba a morrer en la mina. A ella metila pa que nun saliera pa ningn sitio metila a modista pa que nun saliera de casa pa ningn sitio, y [a] l estudilo pa cura, al fiyu.

   —Ya vers como no andando pol pra non saliendo de casa, non la muerde la culiebra.

   Ya ents tena un arracimal en la par, y ella fue a quitar una uva, pero haba una culiebra pel arracimal, y ella al coger la pia catapumba!, picla la culiebra. Y cay muerta de asco.

   Y el fiyu fue a confesar a n, y vino una nube y l pa nun se moyar metise en una mina, en una bocamina, pa atechase, y que se haba matu all. Eso dicen s, s, bax un fundise la mina y matlu la mina.

 

            Las ms antiguas versiones conocidas de este tipo 934A remontan, como hemos visto, a la fabulstica griega y a la literatura del Siglo de Oro espaol —Esopo y Babrio, Medrano y Lope—; pero adems, nuestro cuentecillo tiene una clara conexin con un suceso —histrico o pseudo-histrico— que documentan otros autores de la poca como Pedro Mexa, en la Silva de varia leccin (1540) o Sebastin de Covarrubias en el Tesoro de la Lengua Castellana o Espaola (1611) y que tiene por protagonista a Esquilo, famoso poeta trgico y padre del teatro griego, que muri en Gela (Sicilia) en el ao 456 a. C. Veamos el relato de Covarrubias sobre tan inslito suceso:

 

          Del guila se escrive que, para quebrar la concha de la tortuga y comer su carne, la levanta en el ayre y cae con ella sobre un peasco, adonde la haze pedaos y consigue su intento. Cuentan un caso raro, a este propsito, que a Esquilo, poeta trgico, aviendo hallado por la astrologa judiciaria que ava de morir desastradamente, cayndose encima de la cabea una testudo, y siendo este nombre ambiguo y equvoco, que significa la bveda del aposento y la concha de la tortuga y a ella mesma, se sali de su casa, y no quiso vivir debaxo de techo; y ass estava en campo raso y abierto. Pero como fuesse calvo, un guila, juzgando ser su cabea algn guijarro pelado, descarg sobre ella una tortuga, y le mat; de que hizo mencin Angelo Policiano[14].

 

            No conozco el testimonio de Angelo Policiano, humanista y poeta italiano que vivi en la Florencia del siglo XV bajo la proteccin de Lorenzo el Magnfico; pero s un testimonio muy anterior, relatado por Plinio el Viejo en su Historia Natural, escrita bajo el imperio de Vespasiano, en el siglo I de nuestra era, y que en el captulo dedicado a las guilas dice lo siguiente:

 

          Tiene industria de quebrar las tortugas que caza dexndolas caer dende lo alto. Por semejante desastre muri el poeta Eschilo, mientras procurava evitar lo que estava pronosticado que hava aquel da de caerle encima, estando l con segura confianza (segn se dize) del cielo[15].

 

            El relato sobre la extraa muerte de Esquilo lo recoge tambin Valerio Mximo, historiador latino del siglo I d. C., cuya principal obra conservada, Factorum et dictorum memorabilium libri novem, es una recopilacin de ancdotas y hechos notables extrados de libros antiguos[16]. Y parece ser que la fuente primigenia del relato se encuentra en el testimonio de Hermipo de Esmirna, filsofo e historiador griego, que vivi en Alejandra a mediados del siglo III a. C.,  autor de una extensa obra de carcter biogrfico que comprenda las vidas de los filsofos, poetas, retricos, historiadores, etc., que se conserva de manera fragmentaria y es citada con frecuencia por los autores greco-latinos[17].

            Veamos ahora un ltimo texto que combina, de forma magistral, varios de los motivos que hasta ahora hemos visto. Se trata de la recreacin realizada por Juan Ruiz, en el Libro de Buen Amor, cuando fabla de la constelaion e de la planeta en que los omes nasen e del juizio que los inco sabios naturales dieron en el nascimiento del fijo del rrey Alcarez, que dice as:

 

                        Era un rrey de moros, Alcaraz nonbre ava,

                        nasi le un fijo bello; ms de aquel non tena.

                        Enbi por sus sabios, dellos saber querra

                        el signo e la planeta del fijo que nasa.

                        Entre los estrelleros quel vinieron a ver,

                        vinieron inco dellos de ms complido saber;

                        desque vieron el punto en que ovo de naser,

                        dixo el un maestro: Apedreado ha de ser.

                        Judg el otro e dixo: Este ha de ser quemado.

                        El terero dize: El nio ha de ser despeado.

                        El quarto dixo: El infante ha de ser colgado.

                        Dixo el quinto maestro: Morr en agua afogado.

                        Quando oy el rrey juizios desacordados,

                        mand que los maestros fuesen muy bien guardados;

                        fizo los tener presos en logares apartados;

                        dio todos sus juizios por mintrosos provados.

                        Desque fue el infante a buena hedat llegado,

                        pidi al rrey su padre que le fuese otorgado

                        de ir a correr monte, caar algn venado:

                        respondi le el rrey que le plaza de grado.

                        Cataron claro da para ir a caar;

                        desque fueron en el monte, ovo se a levantar

                        un rrevatado nublo; comen de agranizar,

                        e a poca de oro, comen de apedrear.

                        Acord se su ayo de commo lo judgaron

                        los sabios naturales que sus signos cataron:

                        diz: Vayamos nos, seor, que los que a vs fadaron

                        non sean verdaderos en lo que adevinaron.

                        Penssaron mucho ana todos de se acojer;

                        mas, commo es verdat e non puede fallescer

                        en lo que Dios ordena, en commo ha de ser

                        segund natural curso, non se puede estorer.

                        Faciendo la grand piedra, el infante aguij;

                        pasando por la puente, un grand rrayo le dio;

                        forad se la puente, por all se despe;

                        en un rbol del rro de sus faldas se colg.

                        Estando ans colgado, ad todos lo vieron,

                        afogse en el agua, acorrer non lo podieron.

                        Los inco fados dichos, todos bien se conplieron;

                        los sabios naturales verdaderos salieron.

                        Desque vido el rrey conplido su pessar,

                        mand los estrelleros de la presin soltar;

                        fizo les mucho bien e mand les usar

                        de su astrologa en que non avi que dubdar.

 

            Y remata el cuento, el arcipreste Juan Ruiz, con una declaracin personal no exenta de irona:

 

                        Yo creo los estrlogos verdad, natural mente;

                        pero Dios, que cri natura e aidente,

                        puede los demudar e fazer otra mente,

                        segnd la fe cathlica; yo desto s creyente[18].

 

            Es interesante a este respecto la distincin establecida por Alfonso X el Sabio en las Las Siete Partidas (c. 1251) cuando legisla sobre los agoreros, sorteros e otros adivinos:

 

          Adevinana tanto quiere dezir como tomar el poder de Dios para saber las cosas que estn por venir. E son dos maneras de adeuinana. La primera es la que se faze por arte de Astronoma, que es vna de las siete artes liberales. sta segund el fuero de las leyes non es defendida de vsar a los que son maestros, e la entienden verdaderamente: porque los juyzios, e los asmamientos que se dan por esta arte, son catados por el curso natural de las planetas e de las otras estrellas, e fueron tomadas de los libros de Ptolemeo e de los otros sabidores que se trabajaron de esta sciencia. Mas los otros que non son ende sabidores non deuen obrar por ella [] La segunda manera de adeuinana es de los agoreros, e de los sorteros, e de los fechizeros, que catan agueros de aues , o de estornudos, o de palabras que llaman prouerbio, o echan suertes, o catan en agua, o en cristal, o en espejo, o en espada, o en otra cosa luziente, o fazen fechuras de metal, o de otra cosa cualquier, o adeuinana en cabeza de ome muerto, o de bestia, o en palma de nio, o de muger virgen. E estos truhanes, e todos los otros semejantes dellos (porque son omes daosos, e engaadores, e nascen de sus fechos muy grandes males a la tierra) defendemos que ninguno dellos non more en nustro seoro, nin use y destas cosas, e otros, que ninguno non ser osado delos acoger en sus casas, nin encubrilos[19].

 

            Frente a la legislacin del Rey Sabio, quiz demasiado favorable a la astrologa judiciaria, se levantan algunas voces ya en los ltimos das del siglo XIII, como la de Pedro Pascual, obispo de Jan, quien reprueba esta pretendida ciencia  en un Libro contra las fadas et ventura et oras minguadas et signos et planetas:

 

          Su assy fuesse como los sabios mintrosos disen, que el ome non avie en s podero nin albedro de faser bien nin mal, davan a entender los dichos sabios que e todas las criaturas que Dios cri, non avie criatura ms menguada como el ome Et Dios mismo non quiso aver podero sobre el ome , para le faser por fuerza seer bueno o malo. Pues cuanto menos querrie nin darie podero a ningn planeta, nin ora, nin signo, nin fada, nin ninguna cosa de las sobredichas, que oviesse podero nin sennoro sobre el ome?[20]

 

            As, Ramn Lull, quien en el rbol de la ciencia condena la vanidad de la astrologa judiciaria y afirma que Hereje es aquel que tiene mayor temor de Gminis y de Cncer que de Dios, lo cual ilustra con el ejemplo de un astrnomo, el cual dijo en presencia del rey que haba de vivir diez aos. Y entonces un soldado con la espada que traa cort la cabeza al astrnomo, para que el rey se alegrase y conociese que aquel astrnomo haba mentido y tambin su ciencia[21].

            O el arzobispo de Sevilla, Pedro Gmez de Albornoz, quien en su Libro de la justicia de la vida espiritual califica de idlatras a quienes tratan de adivinar el futuro mediante la astrologa:

 

          Especie de ydolatra es la de algunos que por astrologa quieren adivinar de las cosas futuras, et disen que los planetas et cuerpos celestiales han nescesaria influencia en los cuerpos inferiores que son en la tierra, e assy juzgan que el que nasce en una constellacin aver bien, et sy en otra mal Et stos pecan gravemente, porque substraen et tiran nuestras obras de magnificencia et de servicio de Dios[22].

 

            Las refutaciones de la astrologa judiciaria se suceden una tras otra hasta nuestros das, pero la creencia popular en la predestinacin y el ansia por conocer el futuro, no desaparecern mientras no cambie la naturaleza humana, siempre vida de lo maravilloso. Como muestra de la actualidad de este fenmeno, cabe citar, finalmente, el reciente artculo de Juan Jos Mills publicado en La Nueva Espaa (22-II-2004) bajo el ttulo de Nunca hubo tantos profetas donde se da la voz de alarma sobre las dosis de fatalismo e, incluso, de dirigismo poltico que conlleva el ansia por conocer el futuro:

 

          Defindase usted de los presagios, tanto de los buenos como de los malos. No crea usted en las seales que anuncian un futuro bueno, nefasto o regular. No lea los horscopos. Su destino no est escrito en las estrellas, sino en las neuronas. Moctezuma confundi a Hernn Corts con una profeca y se entreg a la derrota como un cordero al sacrificio. El caudillo azteca tena ms armas, ms poder, ms fuerza, pero crea en las seales, en los augurios, en los orculos. [] La condicin principal para sufrir una derrota es la conviccin personal de que uno puede salir derrotado. A ms de cinco siglos del Descubrimiento, todava hoy los presagios actan con una eficacia sorprendente. No hay peridico sin horscopo; no hay ciudadano que no cruce los dedos o toque madera o rece una oracin para atraer a la suerte o a la mala suerte. [] Es increble la cantidad de sujetos que se ganan la vida haciendo augurios por la radio. Llamamos a esos augurios anlisis polticos o financieros, pero son profecas. Tenemos ms profetas que Moctezuma, casi todos dedicados a planificar nuestro fracaso con tal grado de realismo que no nos queda ms remedio que seguir sus instrucciones. []  Me pregunto si las encuestas no son tambin una forma de presagio, es decir, una orden ms que un pronstico. Hay individuos que por no decepcionar a su horscopo son capaces de romperse la pierna, incluso de romperse el corazn. Nunca los profetas, los augures, los magos, los sacerdotes tuvieron tanto trabajo como hoy. Gurdese usted  de ellos, porque es el modo ms eficaz de protegerse de usted mismo.

     

 

 



[1]  Versin procedente de Castro del Ro (Crdoba), narrada por Mara Luisa Elas Urbano, nacida en 1907, y recogida por Jos Manuel Pedrosa en 1989. Vase J. M. Pedrosa, El destino burlado (AT 934): un rarsimo cuento folclrico andaluz y las creencias sobre la predestinacin entre Oriente y Occidente, Demfilo 28 (1998), pp. 147-156. El texto ha sido reproducido bajo el ttulo de El prncipe y la tormenta como versin nica para el rea lingstica del castellano en el Catlogo tipolgico del cuento folclrico espaol, tomo IV (Cuentos-novela) recientemente publicado por Julio Camarena y Maxime Chevalier (Alcal de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2003), pp. 390-391.

[2] Vase Antti Aarne y Stith Thomson, The Types of the Folktale: a Classification and Bibliography [FF Communications 184] 2 revisin (Helsinki: Academia Scientiarum Fennica, 1981), n 934. Existe traduccin al espaol de Fernando Pealosa, Los tipos del cuento folklrico. Una clasificacin [FF Communications 258] (Helsinki: Academia Scientiarum Fennica, 1995).

[3]  Versin de Torneiros-Porrio (Pontevedra), narrada por Camila Martnez, de 64 aos en 1997, y publicada por Camio Noia Campos en Contos galegos de tradicin oral (Vigo: Edicins Nigra Trea, 2002), p. 254.

[4]  Publicado por Pratella en La Pi, VI, 125, e inventariado por Stefano Orioli, Repertorio della narrativa popolare romagnola (Firenze: Leo S. Olschki, 1984).

[5] Publicado por N. Massaroli en La Pi, I, 170, e inventariado por Stefano Orioli, op. cit.

[6] Libro del Caballero Zifar, ed. Cristina Gonzlez (Madrid: Ctedra, 1983), pp. 137-138.

[7]  Zifar, op. cit. p. 137.

[8] Haim Schwarzbaum, Studies in Jewish and World Folklore (Berln: Walter de Gruyter & Co, 1968), p. 277. Sigo la traduccin de Jos Manuel Pedrosa en El destino burlado (AT 934): un rarsimo cuento folclrico andaluz y las creencias sobre la predestinacin entre Oriente y Occidente, Demfilo 28 (1998), pp. 147-156.

[9] Fbulas de Babrio, ed. de Carlos Garca Gual, P. Bdenas de la Pea y J. Lpez Facal (Madrid: Gredos, 1985), nm. 136.

[10] Nota del traductor: La palabra griega krax significa indistintamente cuervo, aldabilla o cierre, de ah la ambigedad del orculo. Sigo la edicin de Carlos Garca Gual, P. Bdenas de la Pea y J. Lpez Facal (Madrid: Gredos, 1985), nm. 162.

[11] Xerardo Barreiro Prez, O presaxio da meiga, Narracins orais do concello de Palas de Rei (Santiago de Compostela: Sotelo Blanco Edicins, 1995), nm. 120.

[12] Jos Manuel Pedrosa y Sebastin Moratalla (eds.), La ciudad oral. Literatura tradicional urbana del sur de Madrid (Madrid: Consejera de Educacin: 2002), p. 197.

[13]  Narrado por un nio de 14 aos, procedente de la regin de Kibungo y refugiado en el campo de Benaco (Tanzania). Publicado por Luis Estepa y Jos Manuel Pedrosa en Mitos y cuentos del exilio de Ruanda (Oiartzun: Sendoa, 2001), nm. 13.

[14]  Sebastin de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Espaola (1611), sub voce ҇guila. Sigo la edicin de Martn de Riquer (Barcelona: Altafulla, 1993).

[15] Cayo Plinio Segundo, Historia Natural, Libro X, Captulo III. Sigo la traduccin de Francisco Hernndez (c. 1576), que sirve de base a la edicin de la Universidad Autnoma de Mxico (Visor Libros, 1999), pp. 484-485.

[16]  El relato sobre la muerte de Esquilo figura en el libro IX, captulo XII, Ext. 2.

[17]  Sus Fragmentos fueron reunidos y publicados por E. A. Lozynski (Bonn, 1832).

[18] Libro de buen amor, estrofas 129-140. Sigo la edicin de Gybbon-Monypenny (Madrid: Castalia, 1989). El cuento de la triple o quntuple muerte predestinada se inserta en varias obras literarias del Siglo de Oro espaol. As la versin de Cristbal de Castillejo en Obras de conversacin y pasatiempo (1573), la que se recoge en el Cancionero de Sebastin de Horozco o la de Baltasar Gracin en Agudeza y arte de ingenio (1648). Cfr. Maxime Chevalier, Cuentos folklricos espaoles del Siglo de Oro (Barcelona: Crtica, 1989), n 70. De poca medieval es la versin que Geoffrey de Monmouth incluye en las Vita Merlini (c. 1135), como demostracin del poder del Merln, o el vaticinio de la triple muerte que se recoge en El baladro del sabio Merln con sus profecas, segn la edicin prnceps de Juan de Burgos (1498), cuyo nico ejemplar conocido se conserva en la Biblioteca Universitaria de Oviedo y ha sido recientemente editado en facsmil (Oviedo: Universidad de Oviedo-Ediciones Trea, 1999).

[19] Setena Partida, Ley 1, Titulo XXIII, segn la edicin de Andrea de Portonariis (Salamanca, 1555), reed.facsmil (Madrid: Boletn Oficial del Estado, 1985).

[20] Citado por Amador de los Ros (Historia crtica de la literatura espaola, IV, p. 79) segn el cdice h-iii-3 de El Escorial. Cfr. Menndez Pelayo, Historia de los heterodoxos espaoles, op. cit., tomo I, p. 604.

[21] Traduccin de Alonso Cepeda, Arbol de la ciencia del iluminado Maestro Raimundo Lulio, nuevamente traducido y explicado (Bruselas, 1664). Cfr. Menndez Pelayo, ibidem.

[22] Manuscrito de la Biblioteca Nacional, citado por Amador de los Ros. Cfr. Menndez Pelayo, op. cit., p. 605.