Pedrosa, José Manuel. “Tradición medieval y tradición moderna en el romancero de Palencia”. Culturas Populares. Revista Electrónica 2 (mayo-agosto 2006).

http://www.culturaspopulares.org/textos2/articulos/pedrosa.htm                       

ISSN: 1886-5623

 

 

 

 

Tradición medieval y tradición moderna

en el romancero de Palencia[1]

 

José Manuel Pedrosa

Universidad de Alcalá

 

Resumen

Entre 1989 y 1996 realicé en pueblos de la provincia de Palencia diversas encuestas de romances que dieron resultados extraordinarios: La muerte del príncipe don Juan, La esposa de don García, La gentil porquera, Celinos y la adúltera, fueron algunos de los cinco o seis centenares de textos registrados. En este artículo se da cuenta de las encuestas y se editan algunos de sus mejores frutos.

Palabras clave: Palencia. Romancero. Trabajo de campo.

 

Abstract

Between 1989 and 1996, I made some ballad ("romancero") fieldwork in some little villages of the province of Palencia, with outstanding results. I recorded over 500 versions of ballads including titles as rare as The Death of Prince John, The Abduction of Don García's Bride, The Noblewoman as Swineherd, Celinos and the Adulteress, etc. This article informs about the field research and edits some of the best registered texts.

Key Words: Palencia. Ballad. Romancero. Field Word.

 

 

Aunque a muchos de ustedes no será necesario que se lo recuerde, me parece necesario comenzar esta exposición con la definición de lo que es un romance. Muy en síntesis, un romance es un poema narrativo, es decir, un poema que cuenta o explica una historia con un argumento complejo; su estructura métrica característica es la que se articula en versos octosílabos con rima regular en los versos pares –aunque los críticos escribimos convencionalmente los romances en versos dieciseisílabos con cesura–; y es poesía, además, que ha tenido una trasmisión fundamentalmente oral y una vida tradicional dinámica y variable, aunque haya existido también un importante romancero culto, imitador o inspirado en el tradicional, que nunca llegó a calar en la tradición oral ni a vivir en variantes tradicionales. De un género literario tan rico y variado como el romancístico se podrían decir, añadir y matizar muchas más cosas, pero ni es ésta la ocasión más adecuada para ello ni lo hace necesario la amplísima bibliografía que sobre él existe[2].

            Los orígenes del romancero han sido situados por la mayoría de los críticos en la Edad Media. Según la teoría llamada «tradicionalista», que parece que es la que ha ido imponiéndose más sólidamente entre la mayor parte de los estudiosos, una buena parte del romancero antiguo nació al degenerar, fragmentarse e irse olvidando los viejos cantares épicos que cantaban los juglares por las plazas y calles de la España medieval. Los episodios mejor conocidos, más brillantes, intensos o afortunados de los cantares épicos –que estaban compuestos en versos fundamentalmente octosílabos y con largas secuencias de rima regular, como el romancero– se salvarían del olvido, cobrarían vida autónoma, esencializarían su trama y seguirían siendo tenazmente cantados por el pueblo, ya como romances, durante siglos. Las últimas generaciones de críticos –al menos de los críticos «tradicionalistas»– han acumulado pruebas de la conexión genética entre el romancero folclórico moderno y la épica medieval no sólo española, sino incluso también francesa y germánica, lo que viene a refrendar los orígenes medievales del romancero, que habían sido negados por algunos críticos de la escuela rival, la «individualista», defensores básicamente de que es éste un género de carácter culto y escrito cuyos orígenes habría que buscar preferentemente en la producción de pliegos y romanceros impresos en el siglo XVI[3].

            Si me he detenido en estas referencias sobre la polémica de los orígenes, medievales o no, del romancero, y si hago hincapié en que yo soy de los críticos convencidos de que buena parte del género romancístico tiene, efectivamente, raíces que se hunden en la Edad Media, es porque la época en la que pretende profundizar este Curso es la medieval. Y porque el ámbito geográfico palentino, en el que también quiere centrarse este Curso, ha ofrecido y sigue ofreciendo una rica cosecha de romances folclóricos cuyo análisis puede servir para que apreciemos más claramente el nexo entre cultura medieval y cultura moderna que puede hacerse visible al trasluz de este género literario.

            Voy a presentarles una serie de romances y de canciones narrativas «pararomancísticas», hasta ahora inéditas, que yo mismo he recogido, en los años 1989 y 1996, de boca de personas ancianas en diversos pueblos de la provincia de Palencia. Pero antes voy a hacerles un breve resumen del estado de la cuestión, en cuanto a recoleccion y publicaciones se refiere, sobre el romancero palentino. No es la circunstancia de hallarme en Palencia lo que me impulsa a señalar a la tradición folclórica de esta provincia como una de las más ricas e interesantes de toda España, porque al mismo tiempo tengo que lamentar que su desconocimiento y desatención sean también de los más patentes e injustos. Del extraordinario patrimonio oral latente en esta tierra del corazón de Castilla se ha recogido muy poco, se ha estudiado muy poco y se ha dado a conocer sólo lo que podríamos considerar la pequeña punta de un enorme iceberg; y, sin embargo, esa escasa recolección es suficiente para que nos podamos hacer una idea de la calidad, riqueza y variedad que ha debido y aún debe atesorar la tradición palentina, y también para lamentar que nunca se haya hecho un trabajo sistemático de recuperación de las joyas orales de esta provincia.

            Sin pretender ser exhaustivo, señalaré que la primera serie notable de romances palentinos extraídos de la memoria oral fue, a comienzos de este siglo, la que incluyó Narciso Alonso Cortés dentro de sus Romances Populares de Castilla publicados en 1906. Señalaba el autor en su prólogo, con ánimo de desmentir el tópico arraigado en aquellos años de la inexistencia de canciones y romances en la austera Castilla, que «sólo en una pequeña parte de dos provincias castellanas –Burgos y Palencia– se han recogido los romances que componen este libro. No puede ofrecerse prueba más decisiva de que tal género de literatura popular es en esta comarca tan abundante, por lo menos, como en las restantes de la Península». Dentro de su colección figuraban joyas como una extensa y hermosísima versión del rarísimo romance de Virgilios, prácticamente extinguido en el resto de la Península. En 1920 publicaría el mismo Alonso Cortés otra colección, no tan nutrida, de «Romances tradicionales» castellanos que incluía también una  buena colección de textos palentinos[4]. A partir de la época en que Alonso Cortés encuestó en tierras palentinas, otros investigadores, entre ellos varios de la escuela pidaliana, también comenzaron a hacerlo. Los abundantes y riquísimos resultados de sus encuestas, que permanecen en su mayoría inéditos, se encuentran depositados en el Archivo Menéndez Pidal de Madrid, a la espera de una publicación que contribuya a hacer un poco más de justicia al soberbio romancero palentino. Como botón de muestra de la impresionante calidad de los romances palentinos custodiados en el Archivo Menéndez Pidal, baste citar otra rarísima versión de Virgilios recogida por Manuel Manrique de Lara en Baltanás en 1918[5]; el magnífico texto de La condesa traidora de Castilla recogido en Támara de Campos en 1918