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Borsari, Elisa. ÒBestiario y tarascas aleg—ricas y carnavalescas del pueblo de Poggio Rusco (Mantua)Ó. Culturas Populares. Revista Electr—nica 3 (septiembre-diciembre 2006). http://www.culturaspopulares.org/textos3/articulos/borsari.htm ISSN: 1886-5623 |
Bestiario
y tarascas aleg—ricas y carnavalescas
del
pueblo de Poggio Rusco (Mantua)
Elisa Borsari
Centro de Estudios Cervantinos
ÒLa Edad media atribuy—
al Esp’ritu Santo la composici—n de dos libros. El primero era, segœn se sabe,
la Biblia; el segundo, el universo, cuyas criaturas encerraban ense–anzas
inmorales. Para explicar esto œltimo, se compilaron los fisi—logos o
Bestiarios.Ó Jorge Luis Borges.
Resumen
En el peque–o pueblo de Poggio Rusco (Mantua-Italia),
los refranes, los cuentos y algunos pareados reflejan la fantas’a de sus
habitantes, que imaginaron un bestiario compuesto por animales fant‡sticos. El
origen de estos animales y sus celebraciones carnavalescas se encuentra en otro
temible monstruo: la Tarasca. A travŽs de un breve recorrido acerca de la
probable etimolog’a de la palabra ÒTarascaÓ, este ensayo dar‡ una explicaci—n
de c—mo se desarrollan estas festividades en Francia, Espa–a, parte de Latino-AmŽrica
y en fin en Poggio Rusco; termina con una descripci—n de cada uno de los
animales del bestiario, reconstruida a partir de recuerdos, dichos y cuentos de
la gente del pueblo
Palabras clave: bestiario, tarasca, carnaval,
Corpus Christi, Poggio Rusco.
Abstract
In the little town of Poggio Rusco
(Mantua-Italy)the proverbs, tales and couplets are an evidence of the fantasy
of its inhabitants. They imagined a bestiary of fantastic animals. We may find
the origin of these animals and its carnival celebrations in another fearsome
monster: the Tarasca.
From a brief overview about the probably etymology of the word ÒTarascaÓ, this essay gives an
explication of the developement of these festivities in France, Spain, part of
Latin-America and in Poggio Rusco; The paper also provides a description of
each of the bestiary animals, reconstructed on records, sayings and tales of
village people.
Key words: bestiary, carnival, tarasca, Corpus Christi, Poggio Rusco.
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À |
QuiŽn de peque–o no ha sentido miedo al acostarse, corriendo r‡pido bajo las s‡banas y reteniendo fuerte la respiraci—n, mientras imaginaba que debajo de la cama hab’a un monstruo horrible al que le gustaba comerse a los ni–os?
ÀQuiŽn, en los peque–os pueblos campesinos, no ha o’do prevenciones contra la criatura que vive en los pozos, a los que no hay que acercarse si no se quiere terminar en las fr’as y hœmedas profundidades en donde mora?
Artima–as de los mayores para que los ni–os obedezcan, creencias que llegan de un pasado lejano: no el de nuestros padres, ni el de nuestros abuelos, ni tampoco el de nuestros tatarabuelos. En todas las culturas hay leyendas acerca de animales fant‡sticos, creados por la fantas’a de la gente, a veces con la finalidad de proteger, otras veces de asustar, otras de ense–ar, otras de impresionar. Queda gente que todav’a jura, que en la noche, escucha, desde el granero de su finca, silbidos y gritos que nada tienen de humano.
En el origen de los bestiarios, los herbolarios, los lapidarios se aprecian bien las influencias de estratos bien precisos: por un lado, el puramente oral y popular; por otro el cient’fico y racionalizador de Arist—teles, que en el IV siglo a.C. escribe su De animalibus; por otro, las doctrinas gn—sticas, que en muchos escritos de car‡cter m‡gico-astrol—gico hablan de las vinculaciones ocultas que relacionan entre s’ a los astros, a los animales, a las plantas, a las piedras. La Naturalis Historia de Plinio el Viejo y sus reelaboraciones fueron el engarce entre esta tradici—n griega y el Medioevo romance. Un modelo esencial de muchos bestiarios, tal como los entendemos, es seguramente un tratado griego, escrito entre el segundo y el tercer siglo d.C., conocido como el Physiologus (ÒEl NaturalistaÓ), as’ llamado porque los cuarenta y ocho o cuarenta y nueve cap’tulos de que se compone (segœn el manuscrito transmisor) empiezan con la frase ÒEl naturalista dice...Ó. Este tratado fue traducido r‡pidamente a lenguas como el et’ope, el sir’aco, el ‡rabe y el lat’n, y, en el Alto Medioevo, el Physiologus alcanz— gran predicamento por su intensa impregnaci—n religiosa, y convertido en modelo de los bestiarios posteriores. Los bestiarios reflejan muy bien los conocimientos cient’ficos de la Žpoca, y reunieron una zoolog’a imaginaria que se rige por reglas y tiene un lenguaje bien definido, con una gram‡tica, una sintaxis y un simbolismo sumamente estables.
La cultura oral conserva hoy en d’a trazas de este m’tico pasado en las paremias, en las creencias, en los cuentos infantiles. Creo que es, por ello, muy interesante dar noticia de un ÒbestiarioÓ folkl—rico todav’a ÒvivoÓ en Poggio Rusco, que es mi peque–o pueblo italiano, en la provincia de Mantua (solar natal de Virgilio). Los mayores, los adultos y los j—venes de este pueblo se expresan en dialecto, algo que hace aœn m‡s singular a esta comunidad lombarda, aunque el italiano siga siendo la lengua oficial de la televisi—n, la radio, el trabajo, la escuela y la sociedad en general.
Los animales fant‡sticos que viven en los campos y alrededores de Poggio Rusco han dejado un preciso reflejo en los refranes y en los cuentos que trasmite, en dialecto, la fantas’a de sus habitantes. Es muy probable que al entrar en uno de los bares del pueblo, cuando se presenta un hombre o un joven que no tiene su ropa bien ordenada y planchada se oiga susurrar: ÒlÕŽ mis adÕme na BubaÓ (Òest‡ arreglado como una BubaÓ). Para quien los escucha, esta palabra resulta misteriosa: ÀquiŽn o quŽ es una Buba?Ó, preguntar’amos. El se–or que estŽ all’ sentado jugando a las cartas mirar’a como si el interrogador acabara de llegar de la Luna y exclamar’a con cara de estupor: ÒÀDe veras no sabes quŽ es una Buba?Ó; y la risa en el bar ser’a general.
La Tarasca y sus or’genes franceses
En este ensayo me propongo dar cuenta de algunos de estos extra–os animales a travŽs de los muchos dichos y relatos, que se cuentan en las charlas de las se–oras sentadas delante de sus casas en las sofocantes noches veraniegas; a travŽs de las rimas que repiten los campesinos en los fŽrtiles campos de la llanura padana bajo el sol de agosto, o los vendimiadores en oto–o; a travŽs de las exclamaciones gritadas por los mayores en los bares, que ya no est‡n llenos de la niebla desprendida de los habanos; y a partir de los cuentos que en invierno la gente escucha mientras pasea y se calienta con unas casta–as asadas entre las manos o una buena taza de vin brulŽ[1].
Antes de nada hay que retroceder en el tiempo para ver c—mo el origen de las leyendas sobre estos animales fant‡sticos est‡ enraizado en otro temible monstruo, la tarasca, que procede de la tradici—n francesa. Para lograrlo analizaremos c—mo origina tŽrmino de tarasca, cu‡les son los textos que primeros lo citan, y c—mo a lo largo del tiempo la palabra tarasca ha desarrollado varios significados, hasta llegar a enlazar con el peque–o pueblo italiano de Poggio Rusco.
En el Diccionario de la Lengua Espa–ola, se halla esta definici—n:
Tarasca
1.
f. Figura
de serpiente monstruosa que se pasea en algunas partes en la procesi—n del
Corpus.
2.
Mujer fea,
desenvuelta y de mal car‡cter.
3.
amer. Cometa, juguete.
4.
amer. Boca grande.
Hay quien defiende que el Žtimo de la palabra tarasca es seguramente griego, de tarasso, que significa Òespantar, amedrentarÓ. Uno de los primeros documentos que describen la monstruosa tarasca es La Leyenda Aurea (ca. 1256) de Jacobo de Vor‡gine. En el cap’tulo CV, dedicado a Santa Marta, se cuenta como la tarasca aterrorizaba a los habitantes de un peque–o pueblo provenzal, en el sur de Francia, a las orillas del r’o R—dano, y c—mo la Santa los liber— de su maligno acoso, trasform‡ndola en una bestia mansa.
Sigue la leyenda
[...] Al dispersarse los disc’pulos de Cristo despuŽs de la Ascensi—n de su
Maestro al cielo, Marta, Mar’a Magdalena, san Maximino -que las hab’a bautizado
y estaba encargado por el Esp’ritu Santo de velar por ellas-, L‡zaro su hermano
y muchas otras personas mis, por orden de los infieles embarcaron en un nav’o
desprovisto de remos, velar, tim—n, de cualquier instrumento que pudiera servir
para gobernarlo, y de alimentos para sustentarse; y a bordo del mismo,
conducido milagrosamente por Dios, arribaron a Marsella, donde desembarcaron;
poco despuŽs se trasladaron a Aix y convirtieron a la fe de Cristo a los
habitantes de a regi—n.
Marta fue una mujer simp‡tica y muy elocuente.
En un bosque situado en las proximidades del R—dano entre ArlŽs y Avi–—n
hab’a por aquel tiempo un drag—n cuyo cuerpo mas grueso que el de un buey y m‡s
largo que el de un caballo, era una mezcla de animal terrestre y de pez; sus
costados estaban provistos de corazas y su boca de dientes cortantes como
espadas y afilados como cuernos. Esta fiera descomunal a veces sal’a de la
selva, se sumerg’a en el r’o, volcaba las embarcaciones y mataba a cuantos en
ellas navegaban. Ten’ase por cierto que el espantoso monstruo hab’a sido engendrado
por Leviat‡n (que es una serpiente acu‡tica feroc’sima) y por una fiera llamada
onaco u onagro, especie de asno salvaje propio de la regi—n de Galacia, y que
desde este pa’s asi‡tico hab’a venido nadando por el mar hasta el R—dano, y
llegado a travŽs del susodicho r’o al lugar donde entonces se encontraba.
Dec’ase tambiŽn que este drag—n, si se sent’a acosado, lanzaba sus propios
excrementos contra sus perseguidores en tanta abundancia que pod’a dejar
cubierta con sus heces una superficie de una yugada; y con tanta fuerza y
velocidad como la que lleva la flecha al salir del arco; y tan calientes que
quemaban como el fuego y reduc’an a cenizas cualquier cosa que fuera alcanzada
por ellos.
Marta, atendiendo a los ruegos de las gentes de la comarca, y dispuesta a
librarlas definitivamente de los riesgos que corr’an, se fue en busca de la
descomunal bestia; en el bosque la hallo, devorando a un hombre; acerc—se la
santa, la asperj— con agua bendita y le mostr— una cruz. La terrible fiera, al
ver la se–al de la cruz y al sentir el contacto del agua bendita, torn—se de
repente mansa como una oveja. Entonces Marta se arrim— a ella, la amarr— por el
cuello con el c’ngulo de su tœnica y, usando el ce–idor a modo de ramal, sac—la
de entre la espesura del bosque, la condujo a un lugar despejado, y all’ los
hombres de la comarca la alancearon y mataron a pedradas. Hasta entonces la
zona aquella en que el monstruo se escond’a, por lo sombr’o y tenebroso del
paraje, llam‡base Nerluc, que quiere decir lago negro; pero a partir de la
captura y muerte del drag—n, al que la gente designaba con el nombre de
Tarasc—n, en recuerdo de la desaparecida fiera comenz— a llamar Tarasc—n a lo
que antes hab’a llamado Nerluc.
(Santiago de la Vor‡gine, La Leyenda Dorada, cap. 105)[2]
As’ se narra la fundaci—n de la ciudad de Tarasc—n (fig.
1).

Fig. 1
El 14 de abril de 1474, el Rey RenŽ instituye la Orden de los Caballeros de la Tarasca, los cuales ten’an la obligaci—n de llevar una imagen de cart—n que representaba al monstruo-drag—n durante la procesi—n que celebraba el nacimiento de la ciudad (fig. 2)[3]. Junto al monstruo desfilaba una estatua de una joven vestida de blanco que representaba a Santa Marta. La joven ten’a atado el monstruo con una cuerda, la cual simbolizaba la lucha m’stica contra del demonio.[4]

Fig. 2
Esta fiesta sigue celebr‡ndose todav’a, cada 29 de junio, el d’a de Santa Marta, en la localidad provenzal de Tarasc—n, y atrae a muchos turistas de procedencia diversas (fig. 3)[5]; la UNESCO decidi— incluir a la tarasca en el listado del ÒPatrimonio oral e inmaterial de la HumanidadÓ.

Fig. 3
En Espa–a y el Nuevo Mundo
En muchos lugares de Espa–a tambiŽn ha existido la tradici—n de la tarasca, sobre todo relacionada con la procesi—n del Corpus Christi. El Papa Urbano IV cre— la fiesta del Corpus (por sugesti—n de una monja de Lieja, la beata Juliana) en el a–o 1242, a travŽs de la bula pontificia Transiturus, y un siglo m‡s tarde que ya se fue afirmando la procesi—n como eje de esta fiesta.

Fig. 4
En 1311, el Papa Clemente V proclam— el Corpus como celebraci—n de toda la Iglesia Cat—lica. Porque se celebraba entre invierno y primavera, por la cercan’a temporal con el tiempo carnavalesco, y tambiŽn por la existencia de primitivos ritos y celebraciones ancestrales de origen pagano – como fueron las fiestas dedicadas a la cosecha o al renacer de la naturaleza –, por Žstas y m‡s circunstancias se integraron los elementos jocosos y c—micos de las festividades profanas con los solemnes rituales de esta importante fiesta religiosa. De modo que los carros navales se convirtieron en carros triunfales eucar’sticos, y se introdujeron bailes y desfiles aleg—ricos de gigantes, cabezudos, diablillos y, por supuesto, de tarascas en la procesi—n del Cuerpo de Cristo. Con una funci—n distinta de la francesa, la tarasca pas— a ser una m‡quina de madera con forma de serpiente, con una boca muy grande[6] que abr’an los portadores ocultos en su interior. Corr’a r‡pidamente en el transcurso durante la procesi—n, arrollando y arrebatando sombreros y caperuzas a los que se despistaban. Era el s’mbolo del mal y de la glotoner’a. Sobre la tarasca se colocaba la imagen de una mujer, la tarasquilla o Ana Bolena, que representaba a la gran meretriz de Babilonia.

Fig. 5

Fig. 6
Ella marcaba la moda de lo que se llevar’a al a–o siguiente. En las fiestas de Žpoca barroca en especial se dibujaron para la procesi—n del Corpus de Madrid unas Tarascas muy interesantes, por su complicada y virtuosa elaboraci—n. (fig. 4, 5, 6)[7].
Pero la
Tarasca no fue una tradici—n cultivada s—lo en Madrid, sino en muchas otras
ciudades espa–olas como Guadalajara, Toledo, Hacinas (Burgos), Granada,
Sevilla, Pamplona (en los Sanfermines) o Barcelona (donde era llamada tambiŽn Cuca
fera –fig. 7)[8].

Fig. 7
Junto a los conquistadores y colonos espa–oles, desembarcaron en AmŽrica las tradiciones, costumbres y ceremonias occidentales, entre las cuales se encontraba la tarasca.
En MŽxico se considera que la primera fiesta del Corpus se celebr— en 1526, en la capital, y la Tarasca, los gigantes, las Çdanzas de espadaÈ fueron centro esencial de atenci—n y diversi—n, hasta la prohibici—n de la representaci—n del monstruo en 1842, impuesta por el virrey conde de Revillagigedo. El viajero de la ciudad italiana de N‡poles, Giovanni Gemelli, describe la celebraci—n de la procesi—n a la que asisti— en Ciudad de MŽxico a finales del siglo XVII:
El jueves
6, por la procesi—n del Corpus Domini, se vieron pavimentadas todas las calles y las
ventanas de la ciudad, ricamente adornadas con relieves, tapices y pa–os
fœnebres que junto al verde de las plantas y la hermosura de las flores,
formaban una graciosa vista. En la calle de los plateros estaba muy bien
pintada la conquista de MŽxico, precisamente como eran entonces las cosas en la
ciudad y con los trajes que en aquel tiempo usaban los indios. Comenz— la
procesi—n con cerca de cien estatuas adornadas con flores, y segu’an las
cofrad’as y los religiosos de todas las —rdenes, excepto los padres de la
compa–’a de Jesœs y los carmelitas. Ven’an despuŽs los can—nigos que llevaban
al sant’simo sobre un ataœd. Cerraban la pompa el arzobispo, el virrey y los
ministros (que iban sin capas), el ayuntamiento y la nobleza. Por toda la
procesi—n de cuando en cuando se ve’a bailar monstruos y m‡scaras con
diferentes trajes como se acostumbra en Espa–a.[9]
En Colombia tambiŽn se documenta la tarasca, todav’a hoy d’a. Argemiro VŽlaz, investigador de la Universidad de Perœ, la describe como una Òfigura de un pez de enorme boca y filudos dientes [...] cuya imagen permanece para asustar a los ni–osÓ[10].
Y en Italia
En el pueblo de Poggio Rusco tambiŽn hay fiestas y celebraciones que utilizan representaciones-fantoches de animales-monstruos. En el 1332 se cita por primera vez esta localidad de Podium, futuro Poggio, en el Acta en que se concede a Luigi Gonzaga, primer se–or de Mantua, varios territorios en feudo honor’fico. La zona, que era muy pantanosa y malsana fue acondicionada por monjes y familias de campesinos (fig. 8)[11].

Fig. 8
Durante largos periodos los
marqueses de Mantua se alojaron en un palacio se–orial, actual sede del
ayuntamiento de Poggio. Alrededor de 1630 lleg— la peste al pueblo junto a las
tropas alemanas, y durante todo el siglo XVII siguieron las incursiones de los
soldados extranjeros, fueran estos alemanes, o espa–oles. Con la revoluci—n
francesa se exaltaron los ‡nimos y las esperanzas de libertad, pero poco
duraron. Bajo la dominaci—n austro-hœngara, por mucho tiempo muchos poggesi murieron por la independencia de la
naci—n. DespuŽs de la Unificaci—n de Italia, a petici—n del Ministerio del
Interior, en 1867 se a–adi— la denominaci—n ÒRuscoÓ junto al top—nimo Poggio,
que deriva del nombre del canal que divid’a el condado de Mantua y el de
M—dena, a su vez as’ llamado por una planta que crece abundantemente en los
canales del territorio. A finales del XIX mucha gente del pueblo emigr— a
AmŽrica, a Brasil sobre todo, y las devastaciones de la Primera y la Segunda
Guerra Mundial llegaron en forma de bombardeos.
Pero la memoria de la historia siempre tuvo un lugar muy importante en la cultura poggese. Durante el carnaval, fiesta en la que se hace burla de todo lo que causa miedo o representa el poder, y que invierte los roles y los papeles de todos los que se hallan implicados en ella, se rinde homenaje al extravagante bestiario del condado podiense. Los carros aleg—ricos desfilan por las calles, y cada barrio prepara el suyo durante meses y meses. Subidos sobre ellos, los enmascarados tiran confetti, golosinas y regalos. Pero el momento m‡s esperado es uno muy particular.

Fig. 9
Todos los escaparates de las
tiendas exhiben los dibujos hechos por ni–os de todas las escuelas primarias y
secundarias de Poggio para intentar adivinar la forma con la que se
representar‡ el animal al que se celebra ese a–o (fig. 9)[12].

Fig. 10
La ÒDucal
Academia dal PidrŸsÓ, que lleva m‡s de quince a–os de labor, es la que se
encarga de organizar la parte m‡s importante de los festejos: unos hombres y
mujeres de gran ingenio y habilidad dibujan, proyectan y construyen la bestia
en papel machŽ de grandes dimensiones. El animal llega a alcanzar entre los
cuatro y los cinco metros de largo o de alto. El animal permanece oculto bajo
una manta hasta terminado el desfile. Mientras la gente se acerca para tomar un
vaso de vin brulŽ y el
cl‡sico bocadillo de salchicha, que se distribuye en la plaza lateral a la
iglesia, se pueden admirar las bestias de los a–os anteriores, las cuales
adornan las calles del pueblo en fiestas.

Fig. 11
La banda empieza entonces a tocar el himno nacional y varias marchas de sabor retro, los portaestandartes lanzan sus banderas al aire (fig. 10)[13], la gente grita, y los ni–os esperan con ansiedad a que sea descubierto el monstruo. Finalmente se hace caer el tel—n (fig. 11)[14], y todos brindan y festejan la infancia, sus recuerdos y la fecunda imaginaci—n de nuestros antepasados
El ÒBestiario de Poggio
RuscoÓ
Hace unos a–os, en 1984, fue publicado el libro Bestiario
Podiense, ovvero compendio degli occulti animali mansueti e ferini che ancora
vivono del circondario delle corti del Poggio (fig.
12)[15],
de Stefano Scansani y Mario Setti, que ha tenido gran difusi—n en el pueblo,
hasta el punto de que ha llegado ya a su cuarta edici—n.

Fig. 12
Los autores, naturales del
pueblo, ofrec’an en Žl una descripci—n en parte etnogr‡fica, pero en parte
tambiŽn inventada por ellos mismos de nuestro animalario. Al final de cada
descripci—n, ellos aportaban unos pareados acerca de las criaturas aludidas.
Algunos de estos pareados eran tradicionales, otros fueron compuestos por ellos
mismos. Reproduzco a continuaci—n todos esos pareados, porque ya han pasado, de
alguna manera, a formar parte de la tradici—n del pueblo. En los casos en que
los pareados sean de extracci—n acreditadamente popular, lo hago constar
subrayando el texto y apunt‡ndolo en los comentarios correspondientes. DespuŽs
de los pareados hago un comentario de cada uno de nuestros fant‡sticos
animales, bas‡ndome en la propia memoria oral y en la propia experiencia de la
cultura de mi pueblo.
1. El Anŝa
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Quand at ved lÕAnŝa in la stala lasla star si no la tÕimbala. |
ÒCuando veas el Anŝa en el establo, dŽjala en paz; si no, te enga–aÓ. |
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Minga schisar lÕAnŝa par la coa e prega Diu par la salŸt toa! |
ÒNo pises el Anŝa por la cola, y ruega a Dios por la salud tuyaÓ. |
El primer animal de esta fantasmag—rica fauna campesina es el Anŝa. Es una serpiente de un verde esmeralda muy intenso, con una cresta sobre su cabeza. Se caracteriza por su car‡cter iracundo y por su mal humor, y de ah’ viene que el cl‡sico reproche entre nuera y suegra, y viceversa, sea ÒLÕ� catiua ad cme nÕ AnŝaÓ (ÒEs mala como una AnŝaÓ). Algunos de mis paisanos m‡s ancianos dicen haberla visto amamantarse directamente de las ubres de las vacas que se dejan solas en el valle, y previenen de que estas serpientes suelen encontrarse tambiŽn cerca de los canales y de los pantanos, y de que, si alguien se les acerca, le muerden con mucha fuerza y maldad.
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* *
2. El
Babau
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Quand in gran�r al
Babau al gh � dat ad v˜lta e torna indrŽ. |
ÒCuando en el granero est‡ el Babau, date la vuelta y regresa atr‡sÓ. |
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Minga scultar dal
Babau al vers parch� ureci e vantron i dventa arv�rs. |
ÒNo escuches del Babau el alarido, porque orejas y est—mago se ponen al revŽsÓ. |
Todos los ni–os y los adultos de Poggio Rusco han o’do durante su infancia las terribles historias del Babau. En los lugares m‡s aislados, por las noches y en la oscuridad, se aparece este animal fant‡stico: es un monstruo feo, muy similar a una sombra que se desliza silenciosa, aterradora, y su comida preferida son los ni–os desobedientes, los que no quieren acostarse a la hora que dicen sus padres, los caprichosos. Yo misma recuerdo, que cuando era muy peque–a, mi hermano, ocho a–os mayor, cuando estudiaba en su habitaci—n (o sea, raras veces), me ped’a que le esperara fuera y que no entrara a molestarle, ya que acababa de ver que se escond’a detr‡s del armario el terrible BabauÉ A pesar del transcurso de los a–os, y aunque sepa que todas estas historias son leyendas, al encontrarme sola en mi casa de Italia recuerdo las historias que acompa–aron mi infancia, y reaparece de pronto mi miedo a la mano peluda y negra del Babau, que siempre espera detr‡s del armario. Seguramente el nombre deriva del sonido onomatopŽyico Òbau-bauÓ, el ladrido del perro, como ya se conoc’a en la antigua Grecia. En Espa–a y en HispanoamŽrica le llaman ÒcocoÓ, en muchos otros lugares es el ÒHombre NegroÓ, encarnaci—n de todos los miedos irracionales.
* * *
3. La B�gasŸch�ra
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LÕe
m�i deŝiderar dÕ�sar m˜rt pŸt˜st che na
B�gasŸch�ra in lÕ˜rt. |
ÒEs mejor desear estar muerto que tener una B�gasŸch�ra en la huertaÓ. |
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Mai
dar da magnar a na B�gasŸch�ra. lÕat magnarˆ camiŝa, mŸdanda e pancera! |
ÒNunca hay que dar de comer a una B�gasŸch�ra: te comer‡ camisa, braga y fajaÓ. |
La B�gasŸch�ra (de b�ga ÒgusanoÓ y sŸch�ra Òde la sŸca o calabazaÓ) es el terror de todos los campesinos y de las viejitas que tienen una peque–a huerta delante de su casa. Cuando hace su aparici—n, destruye todos los productos de la tierra, que con tantos cuidados tardaron meses en crecer. Es un insecto-monstruo glot—n y voraz que se aprovecha de los desprevenidos, y el primero de los pareados, proverbio muy utilizado y famoso, describe bien su acci—n demoledora. Cuando algœn descuidado le ofrece a esta B�gasŸch�ra con cara de muerto una hoja de lechuga, corre el riesgo de quedarse sin ropa, ya que come r‡pidamente todo lo que puede alcanzar. De ah’ que a los aprovechados se le suele comparar con el peligroso par‡sito mantuano.
* * *
4. La
Boŝma
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Quand i ureci ad la
Boŝma at ved in dal pantan vers i ˜c: gambi in spala e
cor luntan. |
ÒCuando las orejas de la Boŝma veas en el pantano, abre los ojos: piernas arriba, y corre lejosÓ. |
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Biŝogna star
luntan da la masa minga cuaciada si no la Boŝma lÕat met in dla stagnada! |
ÒHay que quedarse lejos del abono no
cubierto; si no, la Boŝma te mete en la olla!Ó |
La Boŝma (fig. 13)[16] se pueden describir como un cerdo o un jabal’ extremadamente gordo, con orejas muy peludas y colmillos largos, que desprende un olor nauseabundo e insano. Vive en lugares que se caracterizan por su insalubridad: charcos sucios, pozas de aguas negras y hediondas, lugares en donde encuentra su comida. Lo que m‡s asusta a este monstruoso animal son la limpieza y la higiene, as’ que suele escapar al encontrarse con la gente de la vecindad, aunque esto no implica que no sea peligrosa.

Fig. 13
En todo caso, los abuelos y los padres recomiendan a los ni–os que sean siempre muy limpios y que tengan cuidado de no acercarse a lugares sucios y solitarios.
* * *
5. La Buba
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Quand
la Buba lÕat všl ben anca la mˆchina la
va ben. |
ÒCuando la Buba te quiere, el coche tambiŽn va bienÓ. |
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SÕat
p˜rtÕ i t˜ vest“ alla rinfŸŝa, ad sicŸr al t˜ asp�t
lÕ� quel dÕna Buba. |
ÒSi llevas tu ropa
desordenada, de seguro tu aspecto es el de una BubaÓ. |
Cuenta quien vio a la Buba o quien oy— hablar de ella a sus mayores que llama la atenci—n por su pelo hirsuto encima de la cabeza y de la espalda, y por la risa que asoma siempre a sus labios. Es una bestia experta en el empleo de todas las m‡quinas que produce el hombre, sobre todo las que se emplean para labrar la tierra, y le encanta robar a las campesinas su ropa para despuŽs disfrazarse. Su aspecto poco elegante llev— a los campesinos a comparar humor’sticamente a quienes van mal vestidos o mal peinados con este animal grosero pero inofensivo. La palabra Buba tambiŽn tiene un origen onomatopŽyico: bu-bu-bu es el grito de un ave nocturna, la abubilla o upupa[17], que el imaginario campesino transform— en monstruo-bonach—n.
* * *
6. El Buŝat�l
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SÕat
gh � da far cul Buŝat�l v�rŝ ben i ˜c, gambi e
sarvel. |
ÒSi tienes que ver con
el Buŝat�l, abre bien los ojos, piernas y cerebroÓ. |
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Al Buŝat�l al
par brau e bon e, in fond, al fa tanta cumpasion! |
ÒEl Buŝat�l parece bravo y bueno, y, en el fondo, da mucha compasi—nÓ. |

Fig. 14
El Buŝat�l (fig. 14)[18] es un cruce entre un caballo, una burra, un simio y un perro. Es un animal de humor cambiante, ignorante y muy entrometido. Quien se lo encuentra debe tener mucho cuidado, porque, a pesar de su car‡cter fundamentalmente bueno, no es aconsejable confiar en esta criatura que actœa de modo imprevisible, y que, de repente, de bestia mansa puede transformarse en un ÒrevuelvelotodoÓ. Por su poco juicio y mesura se origin— el dicho ÒLÕ� sensÕŸsta cumpagn un Buŝat�l!Ó (ÒÁTiene tan poca prudencia como un Buŝat�l!Ó).
* * *
7. El Calcal’
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Minga fˆrat regalar
di Calcal’ sÕat an vš
fnir mal i t˜ d“. |
ÒNo te hagas regalar unos Calcal’, si no quieres terminar mal tus d’asÓ. |
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Gnent Calcal“, gnent Calcal“, al pŸ brau dla scšla a son mi! |
ÒNada de Calcal’, nada de Calcal’: el mejor de la escuela soy yoÓ. |

Fig. 15.
Este peque–o p‡jaro (fig. 15)[19] es de los m‡s amables que han existido. Parece ser que educa a sus reto–os y que les ense–a el respeto a los mayores de forma tan parecida a la de los hombres que, si los peque–os no respetan los preceptos paternos, reciben un castigo ejemplar: el Calcal“ padre golpea con su ala en la cabeza al hijo desobediente. De esa actitud deriva, segœn la tradici—n popular, su nombre ÒCalca l“!Ó (ÒÁDale all’!Ó). As’, a los malos alumnos y a los ni–os poco disciplinados de mi pueblo, los padres les corrigen diciŽndoles: ÒTš, ad regal un gnal ad Calcal“!Ó (ÒTen, Áte regalo un nido de Calcal’!Ó), y les asestan un blando y cari–oso Òcoscorr—nÓ, sin maldad ni violencia, pero con la intenci—n de darles una lecci—n, con el fin de que los rebeldes regresen al buen camino.
* * *
8. El Canp�r
|
SÕat vš difŽndar dla puina al f�r biŝogna chÕat gh abi la
rŸfa dal Canp�r. |
ÒSi quieres defender del —xido el hierro, necesitas la tenacidad del Canp�rÓ. |
|
SÕat vš res“star
f˜rt a na lŸŝinga fa cm� al Canp�r: al nÕ a m˜la minga! |
ÒSi quieres resistirte fuerte a las
alabanzas, haz como el Canp�r: ÁquŽ nunca deja!Ó |
El Canp�r es un anfibio, muy parecido a un sapo que vive en charcos de agua muy poco profundos y que, si se le molesta, responde a la provocaci—n qued‡ndose completamente r’gido y desprendiendo un olor acre y repulsivo. Su car‡cter firme y testarudo le lleva a proteger sus intereses (o bien su hembra, o bien su casa o bien su prole), aunque sea a consta de la muerte. Por eso a las personas que no ceden ante nada, aunque luchen a sabiendas por una causa perdida, se les compara con esta rana tan especial y testaruda.
* * *
9. El Cuc� da la pena griŝa
|
Minga scultar al
Cuc� quand al conta i an: ad sicŸr at finirŽs cun
un malan. |
ÒNo escuches al Cucœ cuando cuenta los a–os: seguramente terminar‡s con una
desgraciaÓ. |
|
Quand al Cuc� da la
pena griŝa al conta, st—pat i ureci e dat ad v˜lta! |
ÒCuando el Cuc� da la pena
griŝa se pone a
contar, Át‡pate las orejas y date la vuelta!Ó |

Fig. 16
Las j—venes en espera de encontrar marido buscan entre las frondas de los ‡rboles de los campos al Cuc� da la pena grisa (ÒCuco de plumaje grisÓ) (fig. 16)[20] para hacerle la pregunta que m‡s les interesa: ÒÀCu‡ntos a–os m‡s tendrŽ todav’a que esperar?Ó. Y este prodigioso p‡jaro que todo lo sabe empieza a cantar, mientras las chicas cuentan sus cu-cœs: ÒUno, dos,...Ó. Pero esta ave tiene fama de ser a veces muy cruel y de enga–ar a las ingenuas emitiendo centenares de Òcu-cœsÓ, lo que las lleva a la desesperaci—n. Las se–oras mayores, que ya conocen el car‡cter veleidoso del Cuc� da la pena grisa, desaconsejan a las impacientes que escuchen su enga–oso canto, recitando el pareado arriba evidenciado, para avisarles y evitarles el disgusto que puede venir. Los Òaugurios del CucoÓ son un motivo presente en toda Europa. En Espa–a las j—venes de Cantabria preguntaban al Cuco de esta forma:
Cuco rabucu, rabucu cucu de escoba
ÀCu‡ntos a–os faltan para
la mi boda?[21]
En Portugal el testimonio de Sandra Rodrigues nos dice:
Cuco da ribeira
quantos anos me d‡s de
solteira?[22]
Sin olvidar la tradici—n brit‡nica y germ‡nica:
Cuckoo,
cherry tree,
good
bird, tell me
how
many years
I shall
be
before I get married.[23]
[ÒCuco, cerezo / buen p‡jaro,
dime / cu‡ntos a–os / tendrŽ que estar / hasta que me caseÓ.]
*
* *
10. El
Dormal˜ra
|
An brav Dormal˜ra la p“lula Õt ind˜ra. |
ÒUn buen Dormal˜ra, la p’ldora te adornaÓ. |
|
SÕat vš restar cun
in sal cŸl li p�si cŽdagh al Dormal˜ra i t˜ inter�si! |
ÒSi quieres quedarte con los trapos
sobre el culo, Ácede al Dormal˜ra tus intereses!Ó |
El nombre de esta bestia, cuya complexi—n se encuentra entre la de una vaca y una rata, es compuesto por una frase: Òdorm a lÕ ˜raÓ (Òduerme a la sombraÓ). ƒsta es su principal actividad, y si durante el d’a la encontramos durmiendo en los campos, bajo la sombra de los ‡rboles, de noche la hallamos descansando por all’ cerca. Las personas mayores cuentan que tras espiar el Dormal˜ra d’a tras d’a nunca lo vieron moverse ni buscar comida, y no saben explicar c—mo sobrevive. De ah’ que cuando alguien del pueblo parece quedarse embobado con algo, es devuelto a la realidad con un ÒDasmisiˆt Dormal˜ra!Ó (ÒÁDespierta Dormal˜ra!Ó) que se le grita al o’do.
* * *
11. La Fada
ÒLa leyenda cuenta que una bella y joven princesa cuyo nombre era
Domilla, el d’a de su compromiso con un pr’ncipe de otras tantas virtudes, fue
transformada en una rana gorda y de grandes dimensiones por una hechicera
envidiosa y maligna. Y c—mo en tantas historias todav’a espera el beso de un
noble y enamorado caballero que la pueda devolver a su verdadera aparienciaÓ.[24]
As’ dicen que surgi— este animal que vive en los campos de los alrededores de Poggio Rusco quienes tuvieron la suerte de encontrarse con ella, y que con amabilidad le preguntaron por su historia y por c—mo pudo una doncella tan guapa convertirse en tal monstruo horrible. Lo cierto es que, como esta rana es la m‡s fea que existe en el mundo, muchas veces algunos muchachos suelen susurrar entre dientes cuando pasa una joven o una mujer que no destaca por su belleza: ÒChe Fad—n!Ó. El origen de la Fada-Hada como princesa embrujada de este pueblo es mucho m‡s antiguo, ya que este mito aparece en los albores de otras culturas, como la asturiana, la provenzal, la alemana, o la portuguesa, aunque con diversos matices: desde el lat’n Vetula (ÒviejaÓ), que en su desarrollo sem‡ntico en las lenguas rom‡nicas se interpret— como Òesp’ritu solarÓ, Òencarnaci—n de las fuerzas de la naturalezaÓ, Òesp’ritu de la fertilidadÓ, ÒbrujaÓ[25].
* * *
12. El Fav‡s
|
SÕas rabis al Favˆs at fa pasar pr i ŝdas. |
ÒSi enfadas al Favˆs te haces pasar las tuyasÓ. |
|
In lÕ˜rt, sa gh � scunquas ad sicŸr lÕ� sta al Favˆs! |
ÒEn la huerta si hay revoluci—n seguramente ha sido el Favˆs!Ó |
El Favˆs es un p‡jaro de apariencia similar a un pato salvaje que se caracteriza por su apetito insaciable, sobre todo en lo que se refiere a las legumbres: alubias, garbanzos, lentejas, habas. De Žstas œltimas toma su nombre, ya que ÒhabaÓ en italiano se dice ÒfavaÓ; de all’ que en mi dialecto se empezase a llamar: ÒFavˆsÓ a estas aves. Es muy temido por las campesinas hacendosas que sufren sus rapi–as. Segœn ellas la parte de abajo del pico del Favˆs tiene la propiedad de ensancharse para poder acumular una cantidad de comida que permitir’a que una familia se alimentase durante m‡s de tres meses.
* * *
13. El Galpedar
|
Al Galpedar lÕ� pran b�l e brau ma at fa andar in gatugnau. |
ÒEl Galpedar es muy bonito y bueno, pero te lleva a la ruinaÓ. |
|
Quand at ved al GalpŽdar
gnir mˆndal via sÕ t an vš
sufrir! |
ÒCuando veas al Galpedar venir ÁŽchalo si no quieres sufrir!Ó |
Este gallo, exclusivo de nuestros valles, tiene cuatro patas, el m‡s bello y colorido plumaje jam‡s visto y un andar altivo que es verdaderamente elegante. Se dice que por ello su temperamento es muy vanidoso y presumido, y que suele pasearse por donde mejor pueden admirarse sus cualidades, como las plazas de mercado, las ferias y las fiestas del pueblo. Es tan engre’do que puede morirse de la envidia que le provoca el cruzarse con otro animal m‡s bello que Žl. Esto es por lo menos lo que cuentan en el Bestiario sus autores, y como ellos mismos a–aden en un compendio que se encuentra al final de la cuarta edici—n del libro, que en falta de datos decidieron ÒreinventarloÓ, sugestionados por el nombre dialectal.[26] Muchos campesinos, que por su sencillez no suelen callarse ante conductas arrogantes, exclaman ante las personas que se pasean fanfarroneando: ÒAl va dŸr acÕ m� un GalpedarÓ (ÒAnda r’gido como un GalpedarÓ).
* * *
14. La
Goŝa
|
Quand at sent la
Goŝa sigar c—ri pŸtin, via, andar! |
ÒCuando sientes la Goŝa gritar, Ácorre ni–o, vete, anda!Ó |
|
Se dlÕ acqua at vedi ad˜s a la spoŝa sta sicŸr: l“ gh � la Goŝa! |
ÒSi agua ves encima de la novia, Áest‡ seguro: all’ est‡ la Goŝa!Ó |
En las casas de campo en los que no hay agua corriente todav’a puede beberse de los pozos, aunque la mayor’a sirvan ya s—lo de recuerdo y adorno. As’ que se puede asomar la cabeza al agujero, mirar al fondo, ver c—mo cae el cubo y escuchar el ruido lejano que llega. Pero, en muchos lugares, sobre todo donde vive gente mayor, esto no le est‡ permitido a cualquiera: levantan el bast—n y amenazan al ni–o curioso para que se aleje, tan r‡pido como pueda, porque la Goŝa (de g˜s, o sea ÒgargantaÓ, vista como boca enorme que lo engulle todo) va a salir para llev‡rselo adentro. Inventan adem‡s que justo unos d’as antes, un chico, un poco m‡s alto que el pobre desprevenido de turno, se hab’a acercado demasiado y no pudo hacerse nada para ayudarle.
* * *
15. El
Lof
|
LÕ� m�i vedar al
Lof longa la via che al sol par Santa
Maria. |
ÒEs mejor ver el Lof por la calle, que el sol en el d’a de Santa Mar’aÓ. |
|
Sech cmŽ Õn baston e
serˆ cmŽ nÕšf la cativeria dlÕ uŝŸrari lÕ� quela dal Lof! |
ÒÁSeco como un bast—n y cerrado como un
huevo, la maldad de un usurero es como la del Lof!Ó |
Por las calles vac’as, en las horas m‡s fr’as del invierno o m‡s calurosas del verano, una sombra recorre el pueblo. Su silueta sutil, su semblante demacrado, su mirada hambrienta causa temor a quien se cruza con ella. Es el Lof (figs. 17a-17b)[27], un lobo terrible e insaciable, cuya maldad no permite escapatoria a sus v’ctimas. El primer pareado trascrito compara el miedo que produce este animal con el miedo del campesino a perder su cultivo lo que constituir’a su peor desgracia: la sabidur’a popular en efecto, cuenta que si en el d’a de la Inmaculada Concepci—n, el 8 de diciembre, hace sol, se anuncia un invierno de lluvias que har’an perder la cosecha y los esfuerzo de todo un a–o, y que llevar‡ a las familias al hambre. El Lof es el lobo de los cuentos infantiles, el m‡s famoso el que encontr— Caperucita Roja en el bosque, el lobo que en muchas culturas y tradiciones es s’mbolo de un peligro mortal, el peligro que no deja escapatoria ninguna.

Fig. 17a

Fig 17b
* * *
16. El LŸgar˜n
|
LŸgar, lŸgar corÕm adrŽ chÕa gh hoÕl bis atach i pe. |
ÒLŸgar, lŸgar Ácorre tras de m’!, que tengo la sierpe pegada a los piesÓ. |
|
Minga imbestialir, da stŸpid, al
LŸgar˜n chÕas rab“s e Õt fa mal cun un muŝg—n! |
ÒÁNo molestes, como un estœpido, al LŸgar˜n, que se enfada y te hace da–o con un mordisco!Ó |
El LŸgar˜n es una especie de lagartija, de color verde brillante, que tiene una dentadura fuerte y afilada. Se encuentra cerca de las casas, gallineros y granjas. Se nutre de peque–os insectos y anfibios; para lo que m‡s se utiliza es para defender los hogares de otro de los animales que hemos descrito, el Anŝa, de modo que las amas de casa y las propietarias de gallineros suelen agradecer mucho su presencia. Frente al pareado que se–alo como tradicional, se encuentra, en Provenza, una rima parecida que los ni–os cantan, como indica Rohlfs[28]:
Lazer, lazer, lazert,
aparame de la ser(p)
que quan vendras ˆ
moun oustau,
te
dournerai un gran de sau!
[ÒLagarto, lagarto, lagartito, /
protŽgeme de la culebra / y cuando vengas a mi morada, / te darŽ un grano de
salÓ.]
Pero este reptil, como cualquier otro de su misma especie, en la cultura de Poggio, se muestra muy irascible, y si es provocado reacciona con un mordisco tan firme que s—lo cort‡ndole la cabeza libera el LŸgar˜n a su presa.
* * *
17. La Marmˆcula
|
SÕat vš ciapar al PidrŸs ŝbatagh la Marmˆcula sotÕ al
mŸs. |
ÒSi quieres atrapar al PidrŸs, ponle la Marmˆcula bajo el morroÓ. |
|
Se la lŸna in dal ciel lÕapar an gh � Marmˆcula da pistˆr! |
ÒSi la luna en el cielo aparece, Áno hay Marmˆcula que se pueda pisar!Ó |
La Marmˆcula (fig. 18)[29]
es un animal exclusivo de los patios de Poggio Rusco. Es un insecto indefenso,
con largas antenas, ojos grandes y cuerpo muy reducido. T’mido, aparece s—lo en
las noches sin luna, las m‡s oscuras del a–o. Es, para su desgracia, la comida
preferida de otro animal que se muestra en este bestiario, el PidrŸs, y por ello es utilizada la Marmˆcula para capturar el PidrŸs.

Fig. 18
*
* *
18. El
Martur�l
|
SÕa gh i da far cul
Martur�l atensi—n, chÕav met in dal
bartuv�l. |
ÒSi tienes algo que ver con el Martur�l, atentos, Áque os mete en el calabozo!Ó |
|
ChÕi sia Bianch o
Ŝald, i Martur�i trat�i tŸti cun ŝvimni e mangan�i! |
ÒYa sean blancos o amarillos, a los Martur�i tratadles a todos con bastones y porras!Ó |
De este fant‡stico animal existen dos razas: la blanca y la amarilla. La primera es astuta y h‡bil, la segunda t’mida y torpe. Mientras la primera caza con destreza en los gallineros y en los corrales de los conejos, la segunda es f‡cilmente atrapada, debido a sus tiernas carnes, por los nativos. Ah’ radica la naturaleza del Martur�l, entre la inteligencia y la necedad: no hay que confiar ni en los blancos, ni en los amarillos. Los buenos de los campesinos, en tono de broma y con mucho cari–o, saludan a los amigos diciendo ÒCiau, Martur�l!Ó (ÒÁHola, Martur�l!Ó).
* * *
19. El ñch ad la nev
|
SÕat ved lÕñch drŽ gnir lÕinv�ran lÕ� drŽ fnirÉ |
ÒSi ves el ñch venir, el invierno est‡ terminando...Ó |
|
SÕat ved lÕñch drŽ ndar lÕinv�ran al gh ha da
cuntinuar. |
ÒSi ves el ñch ir, el invierno tiene que seguirÓ. |

Fig. 19a
El ñch ad la nev
(ÒOca de la nieveÓ) (figs. 19a-19b)[30]
no es un pato normal. Tiene largas patas, de un amarillo chill—n, y palmas tan
extendidas que le permiten deslizarse sin ninguna dificultad sobre la nieve
reciŽn ca’da, aunque tenga varios cent’metros de espesor. Es opini—n comœn, de
ah’ los pareados arriba se–alados, que quien encuentre a este maravilloso îch
ad la nev podr‡ descubrir si el invierno seguir‡
todav’a tan fr’o, o si va ya acerc‡ndose la primavera, segœn se deduzca de sus
andares majestuosos y su inmaculado plumaje. En realidad se trata sencillamente
de un pato salvaje, que todav’a se encuentra en los campos y bosques, es que
anteriormente no ha tenido un mal afortunado encuentro con algœn cazador de la
zona; este pato comœn ha logrado, con el tiempo, excitar la fantas’a de los
aldeanos, llegando a tener poderes adivinatorios que le trasforman en ÒotroÓ animal:
una bestia imaginaria que ha pasado a ser parte de la tradici—n folcl—rica poggese.

Fig. 19b
* * *
20. El
PidrŸs
|
Se al PidrŸs lÕ� in dal tumbin as farˆ un gran festin. |
ÒSi el PidrŸs est‡ en la alcantarilla, se har‡ una gran fiestaÓ. |
|
Se al PindrŸs lÕ� in dal f˜s carestia ad vegn ad˜s. |
ÒSi el PidrŸs est‡ en el canal, la miseria te caiga encimaÓ. |

Fig. 20a
El animal m‡s conocido entre los habitantes de las cercan’as es el PidrŸs (figs. 20»-20b)[31]. Grande como una vaca, pero m‡s parecido a un cerdo, tiene una
caracter’stica que lo hace inconfundible: las patas delanteras son extremadamente m‡s cortas que las traseras y est‡n dotadas de una larga u–a para su defensa. Deambula por las alcantarillas oscuras, en busca de Marmˆcule, a las que devora ansiosamente.

Fig. 20b
Los campesinos aut—ctonos suelen hablar de este m’tico animal a los reciŽn llegados, as’ como a los turistas de paso, y tanto le ensalzan que los desprevenidos se sienten tentados por su captura. De ese modo, son invitados a una cacer’a nocturna del PidrŸs: se necesitar‡ un saco grande, unas Marmˆcule y una linterna. Esa misma noche, el enga–ado de turno se sentar‡ en un lugar aislado del pueblo, alumbrado por la dŽbil luz de la linterna, con unos insectos a modo de cebo y con el saco listo para acoger su presa. Los lugare–os llegar‡n a escondidas, le asustar‡n con ruidos y gritos, y, al final, lo dejar‡n metido en el saco y le liberar‡n por la ma–ana, entre risas y carcajadas. Este rito burlesco se halla difundido en Espa–a tambiŽn, donde es conocido como la broma de los gamusinos[32].
* * *
21. El Simŝ—n
|
SÕat fa spira sotÕ al majon, sta sicŸr chÕ at gh � Õl
Simŝ—n. |
ÒSi te pica bajo el jersey, seguro que tienes el Simŝ—nÓ. |
|
Cun al Simŝ—n minga sch�rsar: strichÕ al nas e metÕt a
pistar! |
ÒCon el Simŝ—n no bromees, Ácierra la nariz, y ponte a pisar!Ó |

Fig. 21
Entre los animales fant‡sticos aqu’ descritos, parece ser el que m‡s asco y repulsi—n provoca. El olor de este insecto (fig. 21)[33] de color verde chill—n es tan nauseabundo, que no deja ni respirar. Se nutre de flores y de hojas, pero tambiŽn de sangre animal o humana. Lo œnico que proporciona defensa ante este repelente par‡sito es la limpieza. Pero si alguno se acerca a las se–oras mayores, Žstas no dudan en pisarle fuerte para aplastarle, auque despuŽs se arrepientan, debido al hedor que emana de sus zapatillas, lo que obliga a tirarlas, o incluso a quemarlas. Enaltecido por la imaginaci—n rœstica, el Simŝ—n (con sufijo -—n aumentativo) en realidad es un insecto muy comœn en toda Europa y AmŽrica: la ÒChinche de la CalabazaÓ es como se le conoce en Espa–a, y el ÒPinacateÓ como se le llama en MŽxico.
* * *
El bestiario fant‡stico cuyas
representaciones son expuestas y paseadas durante los festejos carnavalescos de
Poggio Rusco se halla muy presente en el imaginario ancestral de toda la comunidad.
Sus funciones sociales y su simbolismo se puede dividir en tres categor’as:
- ejemplarizantes: los que
muestran y critican defectos o virtudes de la comunidad (Anŝa, B�gasŸch�ra, Buba, Buŝat�l, Calcal’, Canp�r, Dormal˜ra, Fav‡s, Galpedar, Martur�l);
- did‡cticos: los que
advierten contra los peligros en que se puede incurrir (Babau, Boŝma, Goŝa, Lof, ñch ad la nev);
- jocosos: los que se emplean
con fines de burla, provocan risa y sirven de entretenimiento (Cuc� da la
pena griŝa, Fada, LŸgar˜n, Mamˆcula, PidrŸs, Simŝ—n).
Bibliograf’a
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(http://www.encina.pntic.mec.es/~agonza59/ peninsulares.htm).
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(http://www.atlantedl.org/mantova/multimedia/letture/bestiario/index.htm).
Relaci—n de figuras
Fig. 1: Imagen de Santa Marta de La Leyenda Dorada, ..., Vol. 1, p‡g. 419.
Fig. 2: Postal, fiesta en Tarasc—n, Francia.
(http://members.tripod.com/~gfriebe/tarasque.htm).
Fig. 3: Fiesta en Tarasc—n, Francia.
(http://www.tarascon.org/fr/histoire_chevalier.php).
Fig. 4: ÒTarasca de 1774Ó de Bern‡ldez, JosŽ Mar’a, Las tarascas de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Madrid 1983.
Fig. 5: ÒTarasca de 1672Ó de Leonardo Alegre (Madrid, Archivo de la Villa: http://www.teatry.art.pl/!inne/wystawy/procesjaz.htm).
Fig. 6: ÒTarasca de 1663Ó de Bern‡ldez, JosŽ Mar’a, Las tarascas de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Madrid 1983.
Fig. 7: Cuca Fera de Barcelona (http://www.ccgbcv.org/cat/imat/besti09.htm).
Fig. 8: Territorio de Poggio en un mapa del 1594
(Archivo di Stato di Mantova), en Comune di Poggio Rusco: Vivi la cittˆ
1997-1998, p‡g. 15.
Fig. 9: Ejemplo de los dibujos de los ni–os de Poggio con los que intentaron adivinar c—mo se representar‡ la Marmˆcula, el animal que fue el centro de las celebraciones el 26 de febrero de 2006.
Fig. 10: La gran fiesta que precede el descubrimiento de la bestia en la plaza (carnaval 2006).
Fig. 11: El momento m‡s importante de la celebraci—n: se descubre la ÒBestiaÓ del carnaval 2006.
Fig. 12: Portada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
Fig. 13: La Boŝma de papel machŽ, expuesto en uno de los soportales de Poggio (carnaval 2006).
Fig. 14: El Buŝat�l de papel machŽ, expuesto en una de las calles del pueblo (carnaval 2006).
Fig. 15: El Calcal’ de
papel machŽ, expuesto en los soportales ÒGalleria ButtafochiÓ de Poggio
(carnaval 2006).
Fig. 16: Fig. 15: El Cuc� da la pena griŝa delante de las Escuelas Primarias del pueblo (Carnaval 2006).
Fig. 17a: Imagen del Lof,
tomada de Scansani, Stefano y Setti, Mario, Bestiario Podiense (1984).
Fig. 17b: El Lof de papel
machŽ, cerca de uno de los numerosos bares que hay bajo los soportales
(carnaval 2006).
Fig. 18: Imagen de la Marmˆcula, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
Fig. 19a: Imagen del ñch ad la Nev, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
Fig. 19b: El ñch ad la nev de papel machŽ delante de uno de los edificios emblem‡ticos del pueblo: la Culumbera o la Torre Falconiera (ÒHalconeraÓ) (carnaval 2006).
Fig. 20a: Imagen del PidrŸs, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
Fig. 20b: El PidrŸs de papel machŽ, llevado sobre el t’pico carro arrastrado por un tractor, acompa–ado por la figura de La rasdora, o sea textualmente ÒLa trabajadoraÓ y en sentido m‡s amplio ÒLa ama de casaÓ (carnaval 2006).
Fig. 21: El Simŝ—n
de papel machŽ, expuesto en la via Matteotti, calle principal del pueblo
(carnaval 2006).
[1] Bebida caliente a base de vino tinto del a–o y especias, como canela, clavo y azœcar.
[2] Santiago de la Vor‡gine, La Leyenda Dorada, ed. del doctor Grasse, Alianza Editorial, Madrid 1996, Vol. 1, p‡gs. 419-420.
[3] Fig. 2: Postal, fiesta en Tarasc—n, Francia (http://members.tripod.com/~gfriebe/tarasque.htm).
[4] Mientras la fuerza f’sica caracteriza la lucha de San Jorge contra el drag—n, la Santa sujeta y ablanda la maldad de la bestia Tarasca mediante el amor.
[5] Fig. 3: Fiesta en Tarasc—n, Francia (http://www.tarascon.org/fr/histoire_chevalier.php).
[6] Òƒchale guindas a la Tarasca, y ver‡s c—mo las mascaÓ, o ÒCome m‡s que una TarascaÓ: son dichos que se hicieron proverbiales, en cuanto los ni–os echaban en la boca grande del monstruo de cart—n guindas y peque–a fruta como regalo para los que se encontraban dentro del artilugio.
[7] Fig. 4: ÒTarasca de 1774Ó y fig. 6: ÒTarasca de 1663Ó, de Bern‡ldez, JosŽ Mar’a, Las tarascas de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Madrid 1983. Fig. 5: ÒTarasca de 1672Ó de Leonardo Alegre (Madrid, Archivo de la Villa: http://www.teatry.art.pl/!inne/wystawy/procesjaz.htm).
[8] Fig. 7: Cuca Fera de Barcelona (http://www.ccgbcv.org/cat/imat/besti09.htm).
[9] Gemelli Carreri, G. F., Viaje a la Nueva Espa–a, UNAM, MŽxico, 1976, p. 114.
[10] Asustadores de la pen’nsula ibŽrica (http://www.encina.pntic.mec.es/~agonza59/peninsulares.htm).
[11] Fig. 8: Territorio de Poggio en un mapa del 1594 (Archivo di Stato di
Mantova), en Comune di Poggio Rusco: Vivi la cittˆ 1997-1998, p‡g. 15.
[12] Fig. 9: Ejemplo de los dibujos de los ni–os de Poggio con los que intentaron adivinar c—mo se representar‡ la Marmˆcula, el animal que fue el centro de las celebraciones el 26 de febrero de 2006.
[13] Fig. 10: La gran fiesta que precede al descubrimiento de la bestia en la plaza (carnaval 2006).
[14] Fig. 11: El momento m‡s importante de la celebraci—n: se descubre la ÒBestiaÓ del carnaval 2006.
[15] Fig. 12: Portada de la primera edici—n de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
[16] Fig. 13: La Boŝma de papel machŽ, expuesto en uno de los soportales de Poggio (carnaval 2006).
[17] ÒLos griegos llamaron a esta ave upupa,
porque guarnece su nido con excremento humano. La sucia criatura se alimenta de
maloliente basura. Vive de esto en las tumbas. Su cabeza est‡ coronada con una
cresta de plumas que destacan. [...] Cambridge, 150Ó,
en Malaxecheverr’a, I., Bestiario Medieval, p. 159.
[18] Fig. 14: El Buŝat�l de papel machŽ, expuesto en una de las calles del pueblo (carnaval 2006).
[19] Fig. 15: El Calcal’ de papel machŽ, expuesto en los soportales ÒGalleria ButtafochiÓ de Poggio (carnaval 2006).
[20] Fig. 16: El Cuc� da la pena griŝa, delante de las Escuelas Primarias del pueblo (carnaval 2006).
[21] Garc’a Lomas, A. G., Mitolog’a y supersticiones de la Cantabria monta–esa, p‡gs. 229-230, en Pedrosa, J. M., Bestiario: antropolog’a y simbolismo animal, p‡g. 117.
[22] Pedrosa, J. M., Bestiario: antropolog’a y simbolismo animal, p‡g. 119.
[23] Opie, I. y Tatem M., A Dictionary of Superstitions, p‡g. 112, en Pedrosa, J. M., Bestiario: antropolog’a y simbolismo animal, p‡g. 120.
[24] Es un breve resumen del cuento que se encuentra en Scansani, S. y
Setti, M., Bestiario Podiense (1984).
[25] Rohlfs, G. ÒLengua y cultura. Cap’tulo VI: El problema de la ÇVŽtulaÈÓ, en Estudios sobre el lŽxico rom‡nico: ÒQue existen claras relaciones entre la Befana, la Vetula del carnaval y el esp’ritu femenino maligno del invierno se ve tambiŽn porque en algunas regiones de Alemania se quema a la se–ora Holle [...]Ó, p‡g. 97. ÒMuy extendida est‡ la creencia de que la Vetula se transforma en peque–os animalitos y amenaza al hombre en un tan inocente disfraz. En la creencia popular alemana aparecen las viejas en las doce noches de Navidad y en la noche de Walpurgis bajo la figura de un sapo. Con esto concuerda el que en el norte de Italia (prov. de Mantua, Pav’a, Reggio) se llama fada (ÔbrujaÕ) al sapo.Ó, p‡g. 99.
[26] Benfatti, C., Scansani, S. y Setti, M., Bestiario
Podiense (2001, 4» ed.),
p‡g. 59.
[27] Fig. 17a: Imagen del Lof, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984), tabla X; Fig. 17b: El Lof de papel machŽ, cerca de uno de los numerosos bares que hay bajo los soportales (carnaval 2006).
[28] Rohlfs, G. ÒLengua y cultura. Cap’tulo V: El mundo de las creenciasÓ, en Estudios sobre el lŽxico rom‡nico: ÒTambiŽn el lagarto y la salamandra pueden ser tabœ [...] Si los nombres œltimamente nombrados son una clara imagen del temor que el hombre siente ante el ‡gil animalillo, hay, por el contrario, otras regiones que ven en el lagarto un animal amigo del hombre. De all’ que aparezca el lagarto en el Valle de Aosta con el nombre de ami-de-lÕomo; en los Alpes C‡rnicos, como salvauomo; en Lombard’a como salva-cristiˆn; en la provincia de Avellino, como guadapasso; en la Sicilia occidental, como guarda-l-omu. En Francia pasa el ÔlagartoÕ por protector del hombre que tomado por el sue–o, pues se dice que, oportunamente, despierta al aldeano que, dormido en el campo, est‡ amenazado por una serpiente. En Provenza, los ni–os cantan: [...]Ó, p‡gs. 74-75.
[29] Fig. 18: Imagen de la Marmˆcula, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984), tabla V.
[30] Fig. 19a: Imagen del ñch ad la Nev, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984), tabla VI; fig. 19b: El ñch ad la nev de papel machŽ, delante de uno de los edificios emblem‡ticos del pueblo: la Culumbera o Torre Falconiera (ÒHalconeraÓ) (carnaval 2006).
[31] Fig. 20a: Imagen del PidrŸs, tomada de Scansani, S. y Setti, M., Bestiario Podiense (1984), tabla I; fig. 20b: El PidrŸs de papel machŽ, llevado sobre el t’pico carro arrastrado por un tractor, acompa–ado por la figura de La rasdora, o sea textualmente ÒLa trabajadoraÓ y en sentido m‡s amplio ÒLa ama de casaÓ (carnaval 2006).
[32] Ò[...] gamusinos, animales imaginarios que much’simos ni–os espa–oles, y en cualquier fecha y lugar, hemos buscado al llegar a algœn pueblo donde nos han convencido para que fuŽsemos a su caza; y que luego, tras caer nosotros en la trampa, hemos hecho buscar a otros. Lo normal es que haya que perseguirlos de noche, con una linterna y en las orillas de los r’os o lagos. El final de la aventura se adivina f‡cilmente: chapuz—n en el r’o o largo trecho cargando un saco lleno de piedras en el que los astutos acompa–antes han ido metiendo –apart‡ndolos siempre de la vista de la incauta v’ctima- los enigm‡ticos bichosÓ, en Pedrosa, J. ÀQuŽ es un chirlomirlo? Un enigma que viene de la Edad Media.
[33] Fig. 21: El Simŝ—n de papel machŽ, expuesto en la via Matteotti, calle principal del pueblo (carnaval 2006).