Katz, Marco. ÒTiras, timbres y estereotipos: el negro Mem’n Pingu’n y la manipulaci—n de la cultura popular con representaciones ŽtnicasÓ. Culturas Populares. Revista Electr—nica 5 (julio-diciembre 2007).

http://www.culturaspopulares.org/textos5/articulos/katz.htm

 

ISSN: 1886-5623

Recibido: 12/12/07    Aceptado: 07/01/08

 

 

 

Tiras, timbres y estereotipos: el negro Mem’n Pingu’n y la manipulaci—n de la cultura popular con representaciones Žtnicas

 

Marco Katz

Universidad de Alberta

 

Resumen

Mem’n Pingu’n es el protagonista negro de una serie muy conocida en MŽxico (desde 1945) de c—mics, tiras o historietas ilustradas. Aunque fueran casuales, la proximidad de un discurso del presidente mexicano del 13 de mayo 2005 y la aparici—n una quincena despuŽs de cinco timbres postales como homenaje a Mem’n Pingu’n sugiere un v’nculo entre ambos acontecimientos. El presente estudio sobre la polŽmica de los sellos de Mem’n Pingu’n, vinculado con las palabras presidenciales, explica el funcionamiento de los timbres postales como un gŽnero literario —un tipo de cuento corto, quiz‡s, entre las tiras c—micas— y considera las maneras en que estos textos cruzan fronteras nacionales, lingŸ’sticas, y culturales, creando cuestiones sobre las im‡genes Žtnicas y sobre quienes tienen los derechos de manejarlas.

Palabras clave: Mem’n, Vicente Fox, George Bush, fronteras, c—micas, c—mic, estampillas, sellos, filatŽlica, historietas, racismo, estereotipos.

 

Abstract

Mem’n Pingu’n is the Black protagonist in a famous set of comics that first appeared in Mexico in 1945. However coincidental, the proximity of a speech by the Mexican President on 13 May 2005 and the appearance a fortnight later of five postage stamps commemorating Mem’n Pingu’n suggests a connection between these two events. This study of the Mem’n Pingu’n stamp controversy, connected to the presidential speech, explains how postage stamps function as a literary genre —a type of cuento corto, perhaps, among comic strips— and considers the ways in which these texts cross national, linguistic, and cultural borders, creating questions about ethnic images and who has the right to manage them.

Keywords: Mem’n, Vicente Fox, George Bush, borders, comics, comic books, comic strips, stamps, filatelic, philatelic, racism, stereotypes.

 

 

LEAD Technologies Inc. V1.01

Fig. 1. Historieta de Mem’n Pingu’n.

 

Introducci—n (como un sobre)

ÇSe–ora do–a Lupita. . . Ahora s’, pela muy grande tus ojos, porque no adivino c—mo me vas a sacar de todo esto.È

ÒGajes del oficioÓ Mem’n Pingu’n (32)

 

N

ormalmente, los estadounidenses no esperan comentarios sobre los afro-americanos desde su frontera sure–a. No obstante, en 2005 MŽxico envi— dos mensajes fuertes sobre el tema. El primero, enviado en el 13 de mayo, vino directamente de la boca del presidente Vicente Fox Quesada, quien dijo: Çlos mexicanos, llenos de dignidad, voluntad y capacidad de trabajo, est‡n haciendo trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer all‡ en Estados UnidosÈ (ÒDefiendenÓ). La reacci—n surgi— de inmediato con duras cr’ticas por organizaciones afro-americanas en Estados Unidos seguido por expresiones por parte del presidente mexicano de su Çenorme respeto a las minor’as cualquiera que sea su origen racial, Žtnico y religiosoÈ (ÒDefiendenÓ). S—lo una quincena despuŽs del discurso presidencial aparecieron cinco timbres postales como homenaje a Mem’n Pingu’n, una caricatura afro-mexicana con estereotipos chocantes para algunos tanto en MŽxico como en los Estados Unidos. Aunque fueran casuales, la proximidad de ambos discursos sugiere un v’nculo, o consciente o no, entre ambas acciones.

Este trabajo, que considera los mensajes posibles de Fox y su gobierno, empieza con una investigaci—n de Mem’n, dentro y fuera del contexto mexicano, que sugieren pistas para entender los mensajes enviados por el presidente Fox. La historia de las historietas forma la segunda parte de esta consideraci—n. El desarrollo de las tiras c—micas con elencos regulares tiene v’nculos con los representantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), las grandes empresas mexicanas, y los otros poderes del pa’s, todos con mensajes propios que quieren difundir. Mem’n Pingu’n y sus amigos no son œnicos en el mundo de las historietas; esta literatura abunda con otros barrios y otros grupos amistosos y familiares no s—lo en creaciones mexicanas sino tambiŽn en historietas importadas de otros pa’ses. Dentro del contexto mexicano, Mem’n tiene significados distintos que los que lleva fuera de sus fronteras. La tercera parte de este trabajo explica la funci—n de los timbres postales como gŽnero literario —un tipo de cuento corto, quiz‡s, entre los dibujos animados— y las maneras en que estos textos cruzan fronteras nacionales, lingŸ’sticas, y culturales, creando debates sobre las im‡genes Žtnicas, sobre quienes tienen los derechos de manejarlas, y sobre las diferencias culturales en sus recepciones. La cuarta parte considera los mensajes de los gobernantes. Aunque las p‡ginas de opini—n en los peri—dicos llenan con cartas que afirman la necedad de los mandatarios, la sincronizaci—n del discurso presidencial sobre los negros estadounidenses y el estreno de las estampillas de Mem’n indican una mayor planeaci—n que la torpeza o simple imprevisi—n. Vistas a travŽs de un an‡lisis de los timbres, los c—mics, y la historia de Mem’n Pingu’n, se esclarecen las acciones del presidente mexicano y su administraci—n con respecto a las im‡genes de los afro-americanos entre el pueblo mexicano.

 

I. Mem’n el mensajero

Ç A medida que uno te va conociendo, descubre que no eres tan tonto como aparentas.È

ÒChismeÓ Mem’n Pingu’n (27)

 

En su libro Bad Language, Naked Ladies, & Other Threats to the Nation. A Political History of Comic Books in Mexico Anne Rubenstein observa que Yolanda Vargas DulchŽ era la guionista m‡s exitosa de las historietas y que dos de sus obras —Mem’n Pingu’n y L‡grimas, Risas y Amor— eran los m‡s populares (46-47). Sin embargo, su libro no contiene otra menci—n de Mem’n Pingu’n. Adem‡s, Rubenstein ni deletrea correctamente el t’tulo de la historieta. A pesar de su popularidad, muchos comentaristas suelen evitar las discusiones sobre Mem’n Pingu’n. Se nota tambiŽn el deseo de ignorar esta publicaci—n dif’cil en las polŽmicas sobre los timbres de Mem’n. Aunque las estampillas mexicanas estimularon la creaci—n de art’culos emocionantes en la prensa y alianzas inesperadas, vistas en los discursos de George W. Bush y Jesse Jackson por un lado y Vicente Fox y unos comentaristas de La Jornada por el otro, los debates decayeron en unas pocas semanas. Mientras tanto, el Servicio Postal Mexicano (SEPOMEX) sigue mostrando las estampillas en su lugar del Internet, visible por todo el mundo, pero se contesta a los pedidos que este producto Çse encuentra agotado y NO se pudo agregar al carrito, por que su inventario actual es de 0 pieza(s)È.

La historia de Mem’n Pingu’n empez— en 1945 en la revista Pep’n y su elenco cuenta con su madre, Eufrosina, y sus amigos Ernestillo, Carlos (Carlangas), y Ricardo (Rica). Las historietas fueron reeditadas, escribe Palapa, Çen esa misma publicaci—n en 1952; adem‡s, el Grupo Editorial Vid ha realizado seis reediciones, entre 1961 y 2001È. La p‡gina de Mem’n Pingu’n, una fuente que ofrece un balance sorprendente de informaci—n sobre la historieta y sus personajes, indica los nombres con que Mem’n llama a su mam‡: ÇÔmi cachote del alma,Õ Ômi gordis,Õ Ôchulita,Õ Ôpedacito de mis entra–as,Õ Ôcoraz—nÕ y otras lindezas por el estilo. Aunque ella es gorda y vieja, Žl asegura que es Ôdivina,Õ ÔgarbosaÕ y ÔguapetonaÕÈ. En una entrevista con Palapa, Manelick de la Parra Vargas record— que su madre Çacababa de regresar de La Habana

 

cuando decidi— crear el personaje, pues estaba fascinada con los ni–os negros, as’ que incluy— a un negrito en su historieta. El nombre Mem’n Pingu’n surgi— a partir del apodo de Guillermo de la Parra, quien entonces era novio de Yolanda Vargas DulchŽ. Lo de Pingu’n ven’a de pingo, una forma de referirse a los ni–os traviesos.

 

 

 

Fig. 2. Ebony White y The Spirit

 

Pablo Espinosa contradice la versi—n de Manelick de la Parra Vargas en otro art’culo de La Jornada, ÒLa negritud de Mem’n Pingu’n se remonta a EU,Ó que culpa Ebony White,[1] un personaje de The Spirit, una tira c—mica estadounidense creada por Will Eisner en 1940. ÇEl parecido entre el Ebony estadunidense y el Mem’n Pingu’n mexicano es indudable —afirma Espinosa—. El propio Sixto Valencia ha reconocido que tom— como modelo a Ebony para dibujar a Pingu’nÈ. Espinosa a–ade que, dado al racismo oriundo del vecino del norte, los estadounidenses no deben criticar a los mexicanos. Sin duda, la representaci—n de Ebony White, visto en la figura 2, es parecida a la de Mem’n Pingu’n, en la figura 3. No obstante, las semejanzas no son completamente convincentes. Ambos muestran los labios grandes y blancos, los ojos muy abiertos, y la nariz chata pero tales rasgos forman los estereotipos de otros muchos personajes anteriores de las pel’culas hollywoodenses hasta incluso los participantes en las actuaciones minstrales del siglo XIX. DespuŽs de los debates de las estampillas, las descripciones de Mem’n —alab‡ndolo por entra–able o recrimin‡ndolo como icono del racismo— abundan por todas partes. ÇDurante los a–os de existencia de esa historieta, en MŽxico nadie se ha sentido ofendido, inclusive es un personaje muy querido —insiste Elena Poniatowska— No entiendo por quŽ ahora se desata esto. ÀPor quŽ en Estados Unidos no se han sentido ofendidos, por ejemplo, con la negrita que aparece en algunas cajas de harina para hot cakes?È. Desde otra perspectiva, Marco Polo Hern‡ndez Cuevas ofrece una opini—n m‡s sucinta: ÇMem’n es la imagen caricaturizada de un Ôni–oÕ marcadamente negro oscuro que m‡s bien da la impresi—n de ser un chimpancŽÈ (52).

Elisa Vel‡zquez GutiŽrrez, especialista en el tema de la negritud, coordinadora del seminario de poblaci—n de origen africano en MŽxico del Instituto Nacional de Antropolog’a e Historia (INAH), afirma que el caso de Mem’n revela Çel racismo ocultoÈ de MŽxico. ÇMe parece grave que no advirtamos la magnitud del problema —indica en una entrevista con La Jornada—. No se trata de atacar o defender la historieta Mem’n Pingu’n, sino de ir m‡s all‡ y adentrarnos a un asunto grave. . . Tenemos bloqueada la presencia africana en nuestra historia; no podemos, pues, vivir aislados del racismoÈ. Vel‡zquez introduce una cuesti—n m‡s relevante que los posibles or’genes cubanos o estadounidenses de Mem’n: la existencia verdadera de una poblaci—n con or’genes africanas en MŽxico. Ella y otros acadŽmicos, como Dr. George Priestley, un catedr‡tico afro-paname–o de la Universidad de Columbia (Nueva York) y Juan Flores y Miriam JimŽnez Rom‡n, coordinadores del Proyecto de Investigaciones y Recursos Afro-Latinos,[2] han empezado investigaciones para desenlazar la suposici—n persistente de que la gente con or’genes africanas no vive en algunos pa’ses de AmŽrica Latina o que ellos han asimilado hace mucho tiempo en la cultura general.

ÇNo todas las expresiones de la cultura popular son positivas o valiosasÈ advierte Vel‡zquez:

 

TambiŽn tenemos que cuestionar cosas de la cultura popular que reproducen estereotipos llenos de prejuicios, como por ejemplo el papel de las mujeres en muchas telenovelas. No puede ser que el gobierno sea tan insensible de lanzar un timbre postal con una imagen de estereotipo con muchas connotaciones a escala internacional. No s—lo lastima el sentir internacional, por ejemplo en pa’ses donde ha existido aguda discriminaci—n hacia la raza negra, como Brasil o Sud‡frica. TambiŽn revelamos nuestra ignorancia hacia lo que implica el racismo.

 

En su consideraci—n de las visiones m‡s amplias de lo latinoamericano, divulgada en Diferentes, desiguales y desconectados: Mapas de la interculturalidad, NŽstor Garc’a Canclini trata de abordar el problema del racismo con el ejemplo del cad‡ver exquisito, que envuelve no s—lo los ind’genas y los afro-americanos sino ÇtambiŽn los ‡rabes, italianos y jud’os,

 

hasta las migraciones asi‡ticas m‡s variadas (japoneses, coreanos y chinos). Esta vasta multiculturalidad desdibuja lo supuestamente distintivo, o sea lo ind’gena y tambiŽn lo latino de nuestra AmŽrica. Hay que preguntarse, entonces, c—mo alcanzar una redefinici—n m‡s inclusiva de lo latinoamericano. O si acaso tanta multietnicidad vuelve imposible la tarea. (136-37)

 

Para los dirigentes nacionales, esta multiplicidad de etnias funda la prioridad de hispanizar el pa’s, una fundaci—n del progreso para algunos oficiales. Observa Hern‡ndez: ÇEl negro mexicano y sus descendientes de color quebrado sal’an de la colonizaci—n y entraban a la globalizaci—n. De esta manera y al mismo tiempo el criollo legitimaba su ÔderechoÕ al poder ya que era el m‡s blanco de apariencia y manejaba la lengua oficial mejor, por lo regularÈ (53). Se ve, entonces, como la opresi—n a los negros no s—lo sirve para negar la existencia de los afro-mexicanos sino tambiŽn invalida la cultura ind’gena y aun todos los que quedan fuera de lo criollo. Por ejemplo, los programas para promover la alfabetizaci—n, a veces desarrollados con la utilizaci—n de las historietas, difundieron el castellano e ignoraban los idiomas anteriores del pa’s.

 

Fig. 3. Los cinco timbres postales de Mem’n Pingu’n.

Una lectura de los timbres ayuda en el entendimiento del mensaje. Se ve por primero que el nombre del pa’s, MŽxico, aparece en la primera l’nea. El precio de las cinco estampillas de Mem’n, 6.5 pesos, indica que SEPOMEX las cre— para el uso domŽstico; se supone que su empleo en correos internacionales fue imprevisto. Hay gente, sin embargo, que un’a los timbres para alcanzar la cantidad necesaria para los env’os al extranjero, y no hay nada sorprendente en la reacci—n de los carteros estadounidenses, en gran parte afro-americanos, a la llegada de los timbres a los Estados Unidos.

Rafael Laveaga, portavoz de la embajada mexicana en Estados Unidos, insiste, ÇTal como en MŽxico jam‡s se ha interpretado a Speedy Gonz‡lez de manera racial, la imagen de Mem’n Pingu’n no tiene intenci—n de ofender a nadieÈ (Moreno). Segœn Raœl Carbajal Mart’nez de la Gerencia de Emisiones FilatŽlicas, Coordinaci—n de Promoci—n y Venta FilatŽlica, de SEPOMEX, en vez de repetir los dise–os de los c—mics, los dibujos de Mem’n Òfueron elaborados precisa y exclusivamente para las estampillas postales.Ó Nancy Torres, la artista quien cre— los dise–os de los timbres, recreaba los rasgos f’sicos de Mem’n, mencionados antes, en cada timbre. El primer timbre presenta Mem’n en una posa t’pica de unas representaciones estadounidenses, con los brazos cruzados y vestido en pantalones verdes y zapatos muy grandes y lustrados. El traje que lleva Mem’n en el segundo timbre puede ser de un diplom‡tico, pero la flor amarilla en su mano derecha le da un toque chaplinesco. En una aparente auto-referencia, Mem’n esta corriendo con un peri—dico en el tercer, aunque no se sabe si la p‡gina llena de colores representa su propia historieta. En el cuarto, Mem’n lleva un traje de gala con una pajarita que constrasta —en la manera de los nombres estrafalarios dados a los esclavos— con su postura y mirada. Eufrosina, la madre de Mem’n, est‡ en el fondo del quinto, mir‡ndolo cari–osamente. Aquella mam‡, como se–ala Poniatowska, es muy parecida a la T’a Jemima de los panqueques.

 

 

II. La historia de las historietas

Ç ÁAfortunadamente, Mem’n cerr— el pico!È

ÒChismesÓ Mem’n Pingu’n (26)

 

ÇEn todas partesÈ escribe bell hooks,[3] Çme encontrŽ con la aceptaci—n y la celebraci—n de la negritud siempre que permaneciera dentro de los confines del primitivismoÈ[4] (10). Aunque la profesora hooks escribe sobre su experiencia en Europa, la actitud expresada tiene semejanzas con unos textos que circulan en MŽxico. Las tiras c—micas de Condorito, escritas por Pepo en Chile pero impresas —y muy bien diseminadas— en MŽxico, suelen mostrar los negros desnudos, con huesos en los cabellos y con Ôla bemba color‡.Õ En un episodio titulado ÒRoma,Ó por ejemplo, el protagonista, Condorito aparece como un CŽsar viajando en las espaldas de tres negros enormes. DespuŽs de dejarles descansar en una taberna, Huevoduro, otro personaje regular de la tira, le pregunta, Ç ÀC—mo permites que tus esclavos vayan a beber, C—ndor CŽsar?È. Condorito contesta, ÇSon un modelo nuevo, Sport, Cayo Huevo. . . Rinden 10 kil—metros por litroÈ (N¼ 98 49). Condorito aparece como un jefe africano estereot’pico en otro episodio, ÒAyuda,Ó en que dos misioneros blancos vienen para ayudar una tribu semidesnuda con huesos en vez de gorras. Condorito pregunta, Ç ÀY quŽ clase de ayuda?È. El primer misionero[5] afirma, Ç ÁSabemos que aqu’ viven 300 can’bales y que todos pasan hambreÈ y el segundo a–ade Çy nosotros somos vuestra salvaci—n!È. Condorito replica, Ç ÁQuŽ ayuda m‡s pobre! ÁDos misioneros para alimentar a 300 can’bales!È (N¼ 100 11). Los comics de Condorito son muy divertidos, incluso las tiras que tratan con los estereotipos de los negros y otros grupos. No obstante, con pocas excepciones, aparte de su existencia salvaje los negros no tienen otro papel dentro de sus hojas.

El gobierno de MŽxico entiende la importancia de estos c—mics como gŽnero œtil, igual que las estampillas, para la diseminaci—n de su punto de vista. Los v’nculos entre las historietas y los peri—dicos de noticias aseguran que los confines entre la supuesta no-ficci—n de estos y la ficci—n de aquellas permanecen ambiguos. Rubenstein, relata los numerosos v’nculos entre el gobierno y las casas editoriales de las historietas y observa que las protestas en contra a los c—mics y la Comisi—n Calificadora que simult‡neamente censuraba y proteg’a a las casas editoriales impon’an sus efectos en los estilos de las historietas. Como resultado de tales influencias, el pœblico sent’a una relaci—n estrecha con los creadores y los personajes de las historietas, un sentimiento que aœn existe. ÇAun antes de la fundaci—n de la Comisi—n Calificadora —a–ade Rubinstein— las casas editoriales de los c—mics y los dem‡s peri—dicos de morales dudosas manten’an conexiones fuertes con el gobierno mexicano con el fin de evitar las iniciativas populares para la censuraÈ[6] (141).

La ÔŽpoca doradaÕ de los c—mics en MŽxico, escribe Rubenstein, coincidi— con las dŽcadas del crecimiento de la econom’a mexicana durante los a–os treinta hasta los cincuenta. En aquel ambiente, mientras que el gobierno estaba movilizando la alfabetizaci—n, Çalguna lectura sirviera como una afirmaci—n de la conexi—n entre el consumidor y la naci—n as’ que mostraba su participaci—n en una actividad que el gobierno cuidadosamente y extensivamente ha destacado revolucionariaÈ[7] (16). En una entrevista con Fabiola Palapa Quijas, Manelick de la Parra Vargas, hijo de Vargas DulchŽ y actual director del Grupo Editorial Vid, confirma la historia de Rubenstein, diciendo que ÇMem’n fue un veh’culo para aprender a leer. ÔS’ logr— que por curiosidad, ni–os y adultos, aprendieran a leer para saber quŽ le pasaba a Mem’nÕÈ

Las historietas todav’a gozan con muchos lectores. Rubenstein nota que los c—mics, a pesar de su baja diseminaci—n en la actualidad, cuentan por ocho de los diez peri—dicos m‡s vendidos en MŽxico (7-8). ÇEn 1978 —afirma Manelick de la Parra Vargas— se vend’an 25 millones de ejemplares de historietas al mes y ahora, juntando todos s—lo se venden 4 millones al a–oÈ. Garc’a Canclini en Culturas h’bridas, observa ÇLas historietas se han vuelto a tal punto un componente central de la cultura contempor‡nea . . . Participan del arte y el periodismo, son la literatura m‡s le’da, la rama de la industria editorial que produce mayores gananciasÈ (316). En MŽxico, Žl nota, los libros, las revistas y las reediciones de las historietas superan 70 millones de ejemplares mensuales.

 

 

III. Los mensajes enviados por las estampillas

Ç ÁVoy volando!È

ÒChismeÓ Mem’n Pingu’n (14)

 

Igual que la novela, el timbre postal surgi— relativamente reciente como gŽnero literario. No obstante, ambas formas disfrutan de una amplia diseminaci—n y por eso llevan mensajes a las masas. Segœn Frank Nuessel, los receptores de las cartas ten’an que franquearlas hasta que Sir Rowland Hill de Inglaterra introdujo el timbre en 1840 (135). Obviamente, el sistema anterior perdi— los gastos del transporte cuando el receptor no ten’a los recursos para pagar el cartero o simplemente no quer’a aceptar la entrega. En la actualidad, 600 autoridades por el planeta fabrican timbres que muestran unos 250.000 dise–os. Los pa’ses de AmŽrica Latina fabrican alrededor de 10% del total. Los timbres postales, escribe Nuessel, Çposeen un cierto valor simb—lico, como una bandera nacional, que muestra la manifestaci—n externa del nacionalismo popular de un pa’s. Como una manera de proclamar e infundir un orden de valores comunes, los timbres funcionan como parte de la formaci—n de la poblaci—n de un EstadoÈ[8] (124).

Los primeros sellos, observa Jack Child, ten’an dos mensajes. Por primero, un timbre debe tener una auto-referencia, mostrando que es, en efecto, un timbre. TambiŽn debe contener en su cara una cantidad cobrada que corresponde con el peso y el tama–o de la carta o el paquete. Un tercer mensaje, el pa’s de origen, no apareci— en los primeros timbres ingleses, y en la actualidad Inglaterra imprime en sus sellos la figura de la reina en vez del nombre del pa’s (Child 113-14). No falt— mucho tiempo para la incorporaci—n de mensajes m‡s amplios en los timbres. ÇSe puede afirmarÈ escribe Child,

 

que est‡n tomados para concedido los timbres postales y que el pœblico en general no hace mucho caso a sus dise–os y mensajes. Est‡n all’ los mensajes, sin embargo, y el timbre ubicuo es una forma de arte vista diariamente o frecuentemente por casi todo los ciudadanos. Puede que la transferencia de los mensajes tra’dos sea de manera subconsciente o sutil pero el proceso de la repetici—n (muchos vistazos al mismo dise–o) consolida la entrega del mensaje.[9] (109)

 

Los art’culos de Nuessel y Child ofrecen una historia de los timbres como manifestaciones del poder y mensajes que quieren diseminar los gobiernos sobre el futuro, los buenos actos pœblicos, consejos para mantener la salud y —sobre todo— su derecho de gobernar. Child se enfoca en las estampillas que muestran propaganda con el fin de promover las empresas nacionales, desacuerdos sobre fronteras o territorios, y pretensiones a mejorar las im‡genes de los pueblos. En una carta al Ministro del Interior, por ejemplo, el director de Correos Argentinos abog— para la inclusi—n de temas econ—micos en los timbres con el prop—sito de crear mercados mundiales para productos de Argentina (Child 122). Brasil hizo una estampilla en 1998 con el lema ÒPromo�‹o FriscoÓ como parte de un sorteo coordinado entre el gobierno, una emisora televisiva, y la marca Frisco de jugo de mango (Child 123).

A veces un pa’s intenta resolver sus disputas fronterizas con un timbre que muestra el mapa nacional con l’neas que conviene con sus propias reclamaciones. Venezuela lo hizo muy temprano, en 1896, con su reclamaci—n de Guyana, creando una pr‡ctica que surgi— de nuevo en 1900 en La Repœblica Dominicana que ha tenido ri–as sempiternas con su vecino Hait’. ÇUno de los mitos m‡s duraderos de la filatelia, aparentemente veros’mil en parte —observa Child— es la manera en que un timbre postal participaba en el cambio del lugar del canal istmo desde Nicaragua a Panam‡È[10] (128). En 1967 Guatemala emiti— un timbre con la indicaci—n ÇBelice es de GuatemalaÈ (Child 130). Chile contest— a unos timbre franceses sobre sus islas del Pac’fico con el lema ÇIsla de Pascua. Territorio Insular ChilenoÈ (Child 134). Otros ejemplos en el art’culo de Child incluyen disputas entre Brasil y Bolivia y entre Bolivia y Paraguay (Child 135-36).

Paraguay, observa Nuessel, contest— a unas reclamaciones chilenas con un timbre que afirmaba, ÇEl Chaco Boreal ha sido, es y ser‡ de ParaguayÈ (130). Nuessel nota como Ecuador, en un timbre de 1960, trataba de negar su tratado con el Perœ con el lema ÇEcuador ha sido, es y ser‡ pa’s Amaz—nicoÈ. El Perœ contest— con un timbre bastante prolijo, ÇEstas tierras y estos r’os han sido, son y ser‡n peruanos. Frontera fijada por el Protocolo de R’o de Janeiro de 1942È (131-32). Como se puede imaginar, los timbres argentinos e ingleses sobre Las Islas Malvinas son numerosos (Nuessel 125-28). El timbre m‡s divertido de las peleas fronterizas muestra Eduardo Abaroa, un general boliviano de la Guerra de la Pac’fica (1879–1883), y su afirmaci—n, ÇÀRendirme yo?... ÁQuŽ se rinda su abuela . . . !È (Montoya)[11].

Unos pa’ses con ricas herencias precolombinas, observa Child, forjan la unidad nacional con timbres que destacan los v’nculos con las Žpocas anteriores: ÇMŽxico con los aztecas, Guatemala y MŽxico con los mayas, y el Perœ, Ecuador, y Bolivia con los incas y otros grupos relacionados. Las revoluciones del siglo XX en ambos MŽxico y Bolivia incluyeron bœsquedas deliberadas de las ra’ces precolombinas despuŽs de muchos a–os de imitaci—n esclava decimon—nica de los modelos europeosÈ[12] (121). Adem‡s, existe por lo menos un ejemplo temprano, aun no intencionado, de una controversia sobre una figura negra en un timbre. Originalmente, nota Child, Çlas razones dadas para no poner la cabeza del emperador Dom Pedro de Brasil en los primeros timbres incluyeron el argumento que la mancha negra de la cancelaci—n ser’a una afrenta al rostro realÈ[13] (115).

A lo largo de los a–os, el gobierno de MŽxico no se ha quedado al margen de este intercambio de mensajes nacionales y el mandatario actual ha mostrado su conocimiento del poder de las estampillas como veh’culo de mensajes. Child nota Çla campa–a iniciada en 2002 por la nueva administraci—n de Vicente Fox incluy— timbres postales con una llamada para una mayor honestidad en una administraci—n libre de la mordida... Los timbres proclamaban tambiŽn un ÔC—digo ƒtico de los Servicios Pœblicos de la Administraci—n FederalÕÈ[14] (118). Desde entonces, la administraci—n de Fox ha permanecido consciente del poder ofrecido por los mensajes de las estampillas, como se ve en el archivo digital mantenido por SEPOMEX en su lugar del Internet. La obra de SEPOMEX incluye una serie llamada ÒMŽxico Tur’sticoÓ con estampillas dedicadas a cada uno de los estados. Otra serie muestra dibujos de plantas y animales con el lema ÒMŽxico Conserva.Ó Los ejemplares de ÒMŽxico Creaci—n PopularÓ muestran representaciones artesanales e industriales. Los homenajes en los timbres incluyen tributos a tres mujeres —Frida Kahlo, Eulalia Guzm‡n, y Adela Formoso de Obreg—n[15]— y muchos hombres como Carlos Pellicer, AndrŽs Eloy Blanco, Federico Garc’a Lorca, y Wolfgang Amadeus Mozart y a las ocasiones como el D’a Internacional de la Mujer, el Centenario de los Japoneses en MŽxico, la Copa Mundial de Fœtbol, el XXV Aniversario del Festival Internacional Cervantino, Motivos Navide–os, 100 A–os de la Presencia Jud’a en MŽxico, y La Caricatura en MŽxico. Esta œltima cuenta con La Familia Burr—n y Mem’n Pingu’n.

 

 

IV. ÀEl mensaje de Fox?

ÇMe late que se oli— la mentirota.È

ÒChismeÓ Mem’n Pingu’n (10)

 

Todas consideraciones entorno a la figura de Mem’n deben tomar en cuenta los poderes desiguales de ambos pa’ses y deben mantener un escepticismo conveniente cuando se encuentran con la larga tradici—n de cr’ticas estadounidenses a las costumbres mexicanas. Las pr‡cticas culturales de Hollywood en el hemisferio han diseminado un punto de vista que destaca la superioridad del Norte. En Para leer el Pato Donald: Comunicaci—n de masa y colonialismo Ariel Dorfman y Armand Mattelart detallan la diseminaci—n por parte de Disney de estereotipos sobre AmŽrica Latina entre los latinoamericanos. Siempre en el fondo, notan Dorfman y Mattelart, las obras de Disney expresan el concepto de la inferioridad del Sur, los pa’ses supuestamente subdesarrollados, Çy si no aceptan esta definici—n de su ser, hay que bajarles los pantalones y darles una buena zurra. ÁPara que aprendan!È (58).

A veces, las cr’ticas de Mem’n adoptan el tono de que MŽxico tiene que aprender las lecciones de la experiencia estadounidense, como si el pa’s del Sur fuera un hermano menor de la potencia del Norte, Çun neoexotismo cr’tico —en las palabras de Mabel Mora–a— que mantiene a AmŽrica Latina en el lugar del otro, un lugar prete—rico, calibanesco y marginal, con respecto a los discursos metropolitanosÈ. RefiriŽndose a una cita de Jean Franco en que el Norte aparece como el cerebro y el Sur como el cuerpo, Nelly Richard nota Çlas diferencias entre hablar desde y hablar sobreÈ y a–ade,

La autoridad conceptual implicada en el hablar sobre LatinoamŽrica desde la academia internacional, se ejerce a travŽs de una divisi—n del trabajo que, en el inconsciente de muchos de los discursos del Latinoamericanismo, suele oponer teor’a y pr‡ctica [y soportar] la fantas’a de una AmŽrica Latina cuya autenticidad radicar’a en la fuerza primordial de la experiencia vivida. (ƒnfasis en el original)

 

Michelle Malkin, quien niega el racismo estadounidense aun en el encarcelamiento de los japoneses-americanos durante la II Guerra Mundial,[16] descubre en los timbres un claro caso de racismo Çapoyado por el intocable gobierno mexicanoÈ[17] (ƒnfasis a–adido). Al contrario de tales comentarios, Enrique Krauze se–ala que en muchos aspectos MŽxico ha desarrollado una pol’tica m‡s favorable que los Estados Unidos a la gente de color. Empezando con los presidentes Benito Ju‡rez, un zapoteca quien aprendi— castellano como segundo idioma, y Porfirio D’az, hijo de una mixteca, Krauze relata una historia que incluye los afro-mexicanos JosŽ Mar’a Morelos, un comandante rebelde durante la Guerra de la Independencia de 1810-1821 y el general Vicente Guerrero, quien sirvi— despuŽs como presidente de la Repœblica. Krauze no deja de incluir muchos detalles de la gran narrativa del mestizaje en su defensa de Mem’n Pingu’n. Mar’a Luisa Arredondo, escritora de La Opini—n, intenta una opini—n balanceada:

 

Ciertamente, como lo han anotado algunos cr’ticos de Mem’n, no se puede negar que MŽxico sea un pa’s ajeno al racismo y a la discriminaci—n contra las personas de piel oscura. Pero de ah’ a considerar esa caricatura como ofensiva y con tintes racistas hay un mar de diferencia. Quienes han le’do y disfrutado las aventuras de Mem’n a travŽs de los a–os saben bien que si algo despierta ese p’caro ni–o es ternura y simpat’a.

 

Sixto Valencia Burgos, el dibujante de Mem’n y obviamente un hombre quien aprecia a los retruŽcanos, manifiesta a La Jornada: ÇMe da risa y me siento bien, no he cometido ningœn delito. Jesse Jackson, el presb’tero y sus derivados que se quejaron, nunca han le’do un solo nœmero de Mem’n. Yo hago la historieta para que todos adoren al negrito. Los que se quejan hablan sin conocer la serie, pues sus argumentos son blancosÈ.

A primera vista, la estampilla no parece muy importante como sujeto literario pero, como se–ala Homi Bhabha, es Çprecisamente las banalidades que revelan lo inamparado [unhomely, de unheimlich y muchas veces traducida ÔsiniestroÕ] pues la violencia de una sociedad racializada cae m‡s duradera en las detalles de la vida: donde se puede sentarse o no, como se puede vivir o no, que se puede aprender o no, quien se puede amar o noÈ[18] (15). En el caso de los timbres de Mem’n la percepci—n ÒracializadaÓ tiene mucho que ver con su recepci—n. Vinculado con el discurso de Fox, la recepci—n se enreda con la opresi—n, en quien recibe la violencia. Al igual que ocurre con las bromas supuestamente ofensivas, se entiende con dificultad quien deber’a quedar m‡s insultado por las palabras del presidente Fox, los afro-americanos o los mexicanos. Por un lado, parece que el presidente quiso decir que los negros ocupan el nivel m‡s bajo de su pa’s; por el otro, se puede entender que los mexicanos buscan un lugar aœn m‡s bajo.

Una reflexi—n en las palabras de Fox y los significadores que emiten en el fondo de los significados intencionados, debe hacer caso en como el timbre postal, como escribe David Bushnell en ÒPostal Images of Argentine Proceres: A Look at Selective Myth-Making,Ó funciona como

 

...un mecanismo para la manipulaci—n activa de la cultura popular, con el fin de inculcar una imagen en particular que conviene con los intereses de una minor’a dominante. . . Ya que el correo es tanto un servicio esencial como un monopolio del Estado, los dise–adores de los sellos [al contrario de los que crean los c—mics y las telenovelas] no operan bajo los dict‡menes del mercado.[19] (91)

 

Como parte de los mecanismos para la manipulaci—n activa de la cultura popular, SEPOMEX, segœn su propia Manual de organizaci—n institucional, tiene como una de sus funciones la participaci—n Òen la formulaci—n e identificaci—n de objetivos viables que definan rumbos de actuaci—n concretos para el Organismo, que sean alcanzables, ofrezcan soluci—n a necesidades concretas en periodos espec’ficos y que sean congruentes con los sistemas macro de planeaci—n del Gobierno FederalÓ (130).

Rubenstein escribe: ÇCada cultura mexicana existi— en oposici—n a las dem‡s mientras que los mexicanos trasladaban entre ellas segœn las justificaciones de sus situaciones (e imaginaciones). El Estado manten’a la paz a travŽs de los conflictos continuos entre todas las culturas de MŽxico y, simult‡neamente, el papel gobernante como mediador entre ellasÈ[20] (6). A pesar de su charla amistosa con el reverendo Jackson, el presidente de MŽxico, igual que los dem‡s representantes del poder tanto en los Estados Unidos como en MŽxico, sigue teniendo un interŽs en su rol como intermediario entre los obreros fraccionados. Los lectores de la literatura, tanto los timbres como las tiras, no tienen que creer teor’as de conspiraci—n; bien que los discursos que mantienen las tensiones causan mala publicidad, las tensiones en s’ sirven para bloquear alianzas entre los obreros afro-americanos y mexicanos, los segundos en gran parte descendientes de los ind’genas del continente. Se puede imaginar con facilidad que el mensaje de Fox coincida con Žl de Bush; ambos tienen que reconocer que los intereses de las empresas multinacionales, en efecto los due–os de los pa’ses, est‡n servidos por el enorme apetito de los medios de comunicaci—n para la controversia del d’a. Tales noticias, con sus subidas y ca’das vertiginosas, distraen a los obreros y reducen la posibilidad de sublevaciones. Adem‡s, las tempestades sobre los c—mics sirven para dividir las poblaciones como los inmigrantes y los afro-americanos en los Estados Unidos, que deben mantener alianzas para combatir sus adversarios comunales. ÇLa emergencia de mœltiples reivindicaciones —escribe Garc’a Canclini en Culturas h’bridas— ampliada en parte por el crecimiento de reclamos culturales y referidos a la calidad de vida, suscita un espectro diversificado de organismos vocerosÈ (267). Como consecuencia, a–ade, se encuentra m‡s dificultades en las movilizaciones sociales. Como antrop—logo, Garc’a Canclini mantiene menos interŽs en las separaciones entre los ideales y los actos que las estructuras que articulan todas las sociedades entre lo pol’tico y lo cultural (Culturas h’bridas 327).

En la sociedad actual de los Estados Unidos, la sociedad de los mexicanos y la sociedad de los negros se separan por el idioma, la cultura, la religi—n, y la pol’tica. En su libro, Crossing Over: a Mexican Family on the Migrant Trail, el chicano RubŽn Mart’nez muestra las nuevas mezclas creadas por ambos grupos en el lenguaje cotidiano y las costumbres. Adem‡s, con la obsesi—n actual acerca de los musulmanes, las diferencias en el cristianismo tienen cada vez menos poder para dividir a los pueblos. Esta situaci—n provoca que las diferencias se susciten ya s—lo en la pol’tica y los l’deres estadounidenses saben que, en efecto, los barrios afro-americanos votan por dem—cratas mientras que el voto mexicano queda dividido entre los partidos dem—cratas y republicanos. La situaci—n mejorar‡ —o empeorar‡, algo que depende de su punto de vista— siempre que creyeran aquŽllos que los mexicanos son fundamentalmente racistas y siempre que creyeran estos que los afro-americanos quieren derrumbar sus ’dolos. Y, aparte de un colegialismo mutuo, ÀquŽ interŽs debe tener el presidente mexicano en la participaci—n de los grupos marginados en los partidos estadounidenses? Ningœn interŽs, siempre que el residente de Los Pinos estŽ dispuesto a aceptar el retorno de ciudadanos despertados a las ventajas de las coaliciones de obreros.

Mart’nez escribe sobre los Ch‡vez, una familia extendida de purŽpechas que mantiene hogares en Michoac‡n y en el estado de Wisconsin, cruzando la frontera entre MŽxico y los Estados Unidos segœn sus necesidades y, aun m‡s importante, sus deseos de viajar y conocer un mundo m‡s grande. Ellos viven el otro lado de la mundializaci—n actual, no como las v’ctimas de las maquiladoras sino como un grupo dispuesto a disfrutar con los beneficios ofrecidos por una naci—n m‡s amplia: los Estados Unidos-MŽxico. En efecto, las fronteras de hoy tienen poco que ver con las l’neas dibujadas entre los estados de California, Arizona, Nuevo MŽxico y Tejas por un lado y los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo Le—n y Tamaulipas por el otro. Al contrario de los mapas, los confines importantes separan el pa’s de los Ch‡vez, estableciendo relaciones cada vez m‡s estrechas con sus vecinos blancos y negros en Wisconsin, y el pa’s de George Bush y Felipe Calder—n, sucesor panista a Vicente Fox. Ojal‡ —a pesar de los intentos del Zorro y el Arbusto y sus acciones fant‡sticas como las murallas chinas, los despliegues de tropas por los desiertos de Arizona, los libretos impresos supuestamente para ayudar a los indocumentados, y los fuertes debates nacionalistas basados en unas historietas— estŽn aprendiendo los obreros, los que forman el otro pa’s m‡s amplio de la gente corriente, quienes son los verdaderos extranjeros: ellos de Arbustolandia y de Zorrolandia.

Mora–a pregunta: ÇÀd—nde reside la agencia cultural, y c—mo devolver a un panorama marcado por el descaecimiento de las grandes narrativas, los peque–os relatos sectoriales, las reivindicaciones, levantamientos y agendas de grupos que resisten el control de un poder transnacionalizado desde posiciones que rebasan, sin superarlo, el verticalismo de clases?È Algunos en la academia contestar’an con una nueva censura en que los textos denominados peligrosos, o simplemente inc—modos, deben desaparecer. Pero el silencio actual sobre Mem’n Pingu’n no significa que esta historieta ha perdido sus lectores sino que, despuŽs de los r’os de tinta expendidos por los periodistas mexicanos y estadounidenses acerca del tema, la situaci—n ha regresado al status quo. S—lo hay una diferencia: ya est‡n los obreros un poco m‡s rencorosos entre ellos. La meta de los fil—logos, si es que en verdad tenemos un papel significante en el mundo, consiste en leer los textos y entenderlos segœn nuestras capacidades. Igual que los casos de otros muchos textos denominados peligrosos, el peligro de Mem’n Pingu’n no consiste en las lecturas de sus contenidos sino en los intentos de ignorar sus mensajes.

 

 


V. ÁMem’n para presidente!

ÇÁPero, preciosa, no llores; si ellos est‡n diciendo que te admiran!È

ÒPremio inesperadoÓ Mem’n Pingu’n (24)

 

Ninguna imagen tiene que perdurar para siempre, aun menos en la cultura popular. ÇAunque Mem’n seguir‡ con su t’pica gorra, zapatotes y la misma camisetaÈ dice Manelick de la Parra Vargas, Çno descart— la posibilidad de que el personaje deba renovarse para no morirÈ (Palapa). Posiblemente Mem’n, igual que la T’a Jemima mencionada por Poniatowska, ser‡ renovado con rasgos aceptables por los lectores del siglo XXI. Ya que tiene las ropas de un rapero, Àser’an Ernestillo, Carlangas y Ricardo sus ÒperrosÓ? Tampoco debe descartar la posibilidad de una historieta que reconoce el trayecto de los a–os. Quiz‡s fuere don Mem’n, ya maduro, un financiero de la bolsa, un cient’fico descubriendo —como en una tira de Condorito— Ôla curaÕ para la negritud, un acadŽmico escribiendo trabajos sobre las historietas, o aun el presidente de la Repœblica con el control de su propia serie de timbres. Mientras tanto, en su art’culo sobre Çla mem’n-man’aÈ y la venta de toda la edici—n de los 750 mil ejemplares de la estampilla, Fernando Camacho Servin escribe, ÇEditorial Vid anunci— que a partir de la pr—xima semana se lanzar‡ el nœmero 1 de la historia del ni–o afromexicano, para que se conozca la saga desde el principioÈ.

 

Agradezco a Jesœs Tejada GimŽnez de la Universidad de Valencia tanto por su apoyo y amistad como su buena redacci—n. Much’simas gracias a M. Elizabeth Boone y Argelia Gonz‡lez Hurtado, lectoras geniales que me ayudaron y estimularon durante la creaci—n de este art’culo. Asimismo, a la profesora Victoria RuŽtalo de la Universidad de Alberta, quien me ense–— los estudios culturales desde Canad‡ hasta el Cono del Sur.

 

 

Bibliograf’a

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[1] Ser’a traducido como ƒbano Blanco. Ir—nicamente, son numerosos los estadounidenses—tanto los negros como los blancos—quienes llevan el apellido White.

[2] Afro Latino Research and Resource Project

[3] La profesora y activista bell hooks escribe su propio nombre y apellido sin mayœsculas.

[4] ÒEverywhere, I encountered the acceptance and celebration of blackness as long as it remained within the confines of primitivism.Ó

[5] El primer misionero es otro integrante del elenco regular, el argentino Pepe Cortisona, algo gracioso para los lectores regulares de Condorito.

[6] ÒEven before the founding of la Comisi—n Calificadora, publishers of comics and other morally questionable periodicals maintained strong connections with the Mexican government in order to stave off censorship initiatives from the public.Ó

[7] Ò. . . reading anything at all was an act that reaffirmed a consumerÕs connection to the nation, as it asserted his or her participation in an activity that the government had carefully and extensively marked as revolutionary.Ó

[8] Ò. . . postage stamps possess a certain symbolic value, not unlike a nationÕs flag, which reflects a countryÕs external manifestation of popular nationalism. Postage stamps have a formative function as a means of proclaiming and instilling a set of common values in a stateÕs populace.Ó (Traducciones m’as)

[9] ÒIt can be argued that postage stamps frequently are taken for granted, with the general public paying only passing attention to their designs and messages. The messages are there, however, and the ubiquitous postage stamp is one form of art that is seen on a daily or frequent basis by almost all citizens. The messages carried may be subconsciously and subtly conveyed, but the process of repetition (i.e., seeing the same design many times) consolidates the delivery of the message.Ó

[10] ÒOne of the most enduring philatelic myths (apparently partially true) is how a postage stamp helped change the location of the Isthmian [sic] canal from Nicaragua to Panama.Ó

[11] Aunque el timbre tiene elipsis, V’ctor Montoya, en su art’culo, ÒBolivia: Conflicto mar’timo y chauvinismo,Ó provee la declaraci—n entera. ÇAs’ como nos ense–aban a entonar el himno nacional y a respetar los emblemas patrios,È escribe Montoya, ÇtambiŽn nos ense–aban el legado de Eduardo Abaroa, quien, fusil en mano, pele— denodadamente contra los Ôrotos,Õ hasta que una descarga de fusiler’a le hiri— en el cuello y lo tumb— boca arriba; circunstancia en la que un comandante de la tropa chilena le intim—: ÔÁR’ndase, boliviano!Õ A lo que Abaroa, antes de morir sobre el puente Top‡ter, contest—: ÔÀRendirme yo?... ÁQuŽ se rinda su abuela, carajo!ÕÈ

[12] Ò. . . Mexico for the Aztecs; Guatemala and Mexico for the Maya; and Peru, Ecuador, and Bolivia for the Inca and related groups. In both Mexico and Bolivia twentieth-century revolutions included a deliberate search for pre-Columbian roots after many years of slavish nineteenth-century imitation of European cultural models.Ó

[13] Ò. . . the reasons given for not placing the head of Emperor Dom Pedro of Brazil on early stamps included the argument that it would be undignified to blacken the royal face with an ink cancellation.Ó

[14] Òa campaign launched in 2002 by the new Vicente Fox administration included postage stamps calling for a more honest administration, with no more mordidas (the petty bribes demanded by police and other low-level bureaucrats). The stamps also proclaimed a ÔCode of Ethics for Public Services of the Federal Administration.ÕÓ

[15] David Bushnell, en su art’culo ÒFeminismo FilatŽlico,Ó observa la ausencia de mujeres en los timbres latinoamericanos. La mujer quien aparece m‡s frecuentemente es Evita Per—n. Curiosamente, Bushnell nota que Cuba ha emitido un timbre en honor de la princesa Diana de Inglaterra y en los Estados Unidos la mujer m‡s popular en los timbres es la reina Isabel de Espa–a.

[16] Vea su libro, In Defense of Internment: The Case for ÔRacial ProfilingÕ in World War II and the War on Terror. Washington: Regnery, 2004.

[17] Ò. . . endorsed by the untouchable Mexican government.Ó

[18] ÒBut it is precisely in these banalities that the unhomely stirs, as the violence of a racialized society falls most enduringly on the details of life: where you can sit, or not; how you can live, or not; what you can learn, or not; who you can love, or notÓ (15).

[19] Ò. . . a mechanism for the active manipulation of popular culture, seeking to implant a particular image that suits the interest of a dominant minority. . . Since the mail is both an essential service and a state monopoly, stamp designers are not under the same compulsion [as those who create comics and television serials] to try to please the public in order to see their product.Ó

[20] ÒMexicoÕs cultures all continued to exist in opposition to each other, while Mexicans moved among them as their situations (and imaginations) warranted. The state kept the peace by keeping all of MexicoÕs cultures in constant conflict with each other and simultaneously, acting as the mediator among them.Ó