|
|
Su‡rez L—pez, Jesœs. ÒLa
cervatina bendita y la serpiente maldita: la lucha m’tica del ciervo y la
serpiente y un conjuro
asturiano contra la culebra (narrativa
e iconograf’a)Ó. Culturas
Populares. Revista Electr—nica 5 (julio-diciembre 2007). http://www.culturaspopulares.org/textos5/articulos/suarezlopez.htm ISSN:
1886-5623 Recibido:
01/02/08 Aceptado:
07/03/08 |
La cervatina bendita y la serpiente maldita:
la lucha m’tica del ciervo y la serpiente
y un conjuro asturiano contra la culebra (narrativa e iconograf’a)
Jesœs Su‡rez L—pez
Museo
del Pueblo de Asturias, Gij—n
Resumen
An‡lisis de unos conjuros
m‡gicos asturianos, tradicionales entre los vaqueiros de alzada, para curar la picadura de
la culebra. Tienen como motivo central el de la lucha del ciervo y la
serpiente. Se estudian los antecedentes literarios e iconogr‡ficos del t—pico,
desde la antigŸedad hasta hoy, en muchas culturas, y su relaci—n con leyendas como
la de San Huberto o con antiguos mitos del MŽxico prehisp‡nico.
Palabras clave: plegaria, conjuro,
etnomedicina, Asturias, vaqueiros de alzada, lucha del ciervo y la serpiente,
bestiarios, San Huberto, MŽxico.
Abstract
This paper studies a magical Asturian spell, traditional among the vaquiros de alzada, to cure snake bites. ItÕs central motif is
the struggle between the deer and the snake. The literary and iconographical
backgroud of the topic, since older days to nowadays, are studied in different
cultures as well as its relation with legends such as the one of San Huberto or
with myths from prehispanic Mexico.
Keywords. Prayer, spell, ethnomedicine, Asturias,
vaqueiros de alzada, struggle between deer and snake, bestiary, San Huberto,
MŽxico.
|
E |
ntre las diferentes modalidades de conjuros asturianos
contra la picadura de la culebra hay una que destaca por la originalidad de su
formulaci—n: la apuesta entre un ciervo y una serpiente a una carrera de
velocidad y la derrota de esta œltima por el ciervo. Otro rasgo llamativo de
esta modalidad de conjuro contra la picadura de la culebra es su estrecha
vinculaci—n con un grupo Žtnico marginal, el de los vaqueiros de alzada, que lo emplea de manera privativa
dentro de la tradici—n asturiana.
Conjuro contra la picadura de
la culebra
Lugar: Folgueras del R’o, TINEO.
Informante: Emilio, unos 50 a–os
(1997).
La
culebrona maldita
y
la cerva!!ina bendita
fueron
a una apueste,
la
que primero se calzara,
la
que primero se vest’a,
la
que primero el sou cornet’n
nel
sou pico tocara.
Ya
la cerva!!’na bendita
primero
se calz—u,
primero
se vest’u,
primero
el sou cornet’n
nel
sou pico toc—u.
La
culebrona maldita,
por
su tronco,
por
su barronco,
por
su ra’z de freisno infeliz
all’
fuei morrer, amŽn[1].
Hay
otras versiones asturianas publicadas por Juan Ur’a R’u[2],
Manuel MenŽndez Garc’a[3],
Luciano Casta–—n[4], M» Josefa
C‡tedra[5]
y M» Esther Garc’a L—pez[6];
todas ellas procedentes de las bra–as vaqueiras de Tineo y ValdŽs. De estas,
examinaremos solamente la publicada por Juan Ur’a R’u, por ser la m‡s antigua
(recogida en la bra–a valdesana de Sapinas, en 1912), y por ser la que da pie a
una serie de reflexiones e interrogantes que trataremos de desentra–ar a lo largo
de este art’culo:
Para
la vaca mordida por una culebra
La
culebra maldita
y
la cervatina bendita
hicieron
una apuesta,
a
cu‡l primero se vest’a,
a
cu‡l primero se calzaba,
a
cu‡l primero a aquel lindo cueto llegaba
y
la su bocina tocaba.
La
cervatina, como era bendita,
primero
se visti—,
primero
se calz—,
primero
a aquel lindo cueto lleg—
y
la su bocina toc—.
La
culebra maldita
por
debajo del tronco barronco
ra’z
del fresno infeliz,
como
sec— la estopa, le seque la boca;
como
sec— la pacha, le seque la babacha;
como
sec— el carb—n, le seque el coraz—n.
Segœn Ur’a R’u:
El sentido de este conjuro aparece
claro; se desea que desaparezca el da–o causado por la culebra en un animal
œtil; se le hace a Žste bendito y a la culebra maldita; se relata una pugna o apuesta entre los dos, de la que ha de salir
vencido el œltimo de estos animales.
En
cuanto a la intervenci—n de la cervatina, que debe ser el ciervo, prueba la
antigŸedad de esta leyenda, pues este animal hace tiempo que desapareci— de las
monta–as de Asturias.
S—lo
alguno que otro de estos animales huidos del norte de la provincia de Zamora o
de los montes de Cervantes (Lugo), llega a veces (muy pocas) a los montes de
Muniellos y otros inmediatos del concejo de Cangas de Tineo, pero la abundancia
de estos animales (hasta cierto punto necesaria para que se conserve su
recuerdo en una leyenda), ya no era un hecho quiz‡ en el siglo XVII.
La
contraposici—n de estos dos animales nos hace ver despuŽs del resultado de su
lucha la superioridad de la cervatina.
"ÀSe
trata en esta alusi—n del recuerdo de un animal sagrado o por lo menos objeto
principal de culto desaparecido?"[7].
Modestamente,
trataremos de responder a la pregunta formulada por Juan Ur’a R’u y, a la vez,
de mostrar los antecedentes de la enemistad proverbial entre el ciervo y la
culebra que, al pasar de los siglos, ha cristalizado en este conjuro vaqueiro.
El ciervo
sediento y otras interpretaciones aleg—ricas
A
este respecto, una de las m‡s importantes fuentes de referencia es el Fisi—logo griego, cuya redacci—n primitiva se sitœa en Alejandr’a hacia el siglo
II de nuestra era. En el siglo V, el texto fue traducido al et’ope, al sir’aco
y al armenio, y ya hacia el a–o 390 deb’a existir una versi—n latina, puesto
que Ambrosio se inspir— en ella para sus Hexaemeron;
aunque los manuscritos latinos m‡s antiguos que poseemos del Physiologus son, en todo caso, del siglo VIII. Estas versiones latinas alcanzaron
una gran difusi—n en toda Europa, hasta el punto de que se afirma que el Fisi—logo es el libro m‡s difundido, despuŽs de la Biblia, hasta el siglo XII:
El ciervo vive durante cincuenta
a–os, y al final de ese periodo corre a gran velocidad por los valles boscosos
y los barrancos de las monta–as, localiza por su olor las madrigueras de las
serpientes, y de inmediato acerca sus narices a la entrada de aquŽllas,
conteniendo el aliento. Entonces, la serpiente se precipita afuera y va a parar
a la boca del ciervo, que se la traga; por eso se le llama Žlafos, porque sac— a la serpiente de las
profundidades. Luego, corre con la serpiente hacia un arroyo; si no bebe agua
antes de tres horas, morir‡; pero si encuentra agua, vivir‡ otros cincuenta
a–os. Por eso dijo el profeta David: "As’ como el ciervo desea el fresco
manantial, as’ te desea mi alma, oh DiosÓ[8].
El
punto de partida de esta interpretaci—n aleg—rica es el Salmo 42.1 de David, que en la Biblia de
JerusalŽn dice as’: ÒComo jadea la cierva tras las corrientes de agua, as’
jadea mi alma en pos de ti, mi DiosÓ. Esto dio pie, desde la Žpoca
paleocristiana, a ver en la figura del ciervo una imagen del alma cristiana y
su deseo ardiente de uni—n con Dios. De acuerdo con esta interpretaci—n, se
dice en otras versiones del Fisi—logo:
El ciervo es
muy sediento, y la raz—n de esta sed es que come serpientes; pues la serpiente
es enemigo del ciervo. Cuando la serpiente se dirige a su orificio en la
tierra, el ciervo busca un manantial y bebe una gran cantidad de agua; se llena
la boca, la vomita en el orificio, hace salir a la serpiente y la mata. De modo
semejante, la gran serpiente que es el Demonio ser‡ expulsada por las aguas de
la sabidur’a divina[9].
En
este sentido, la imagen del ciervo es bautismal y eucar’stica: la forma en que
hace salir a las serpientes de su cueva, vertiendo agua de su boca, simboliza
la lucha de Cristo contra el demonio y el modo en que la doctrina evangŽlica se
impone sobre el paganismo. Las interpretaciones aleg—ricas acerca de la
enemistad entre el ciervo y la serpiente se suceden con profusi—n a lo largo de
la Edad Media, aunque en ocasiones este animal es sustituido por un drag—n,
como indica, por ejemplo, en el Bestiario de Gervaise (siglo XIII):
David, que escribi— el salterio, dice en el centŽsimo
salmo: ÒEl ciervo desea la fuenteÓ. Le gusta mucho el agua clara y sana, pero
el drag—n es del tal ’ndole que mata las cr’as del ciervo cuando puede penetrar
en su madriguera. Cuando el ciervo logra encontrarlo, le hace salir con su
aliento, que el drag—n no puede soportar. El ciervo lo destroza y lo engulle;
lo hiere y lo mata pate‡ndolo. Para evitar envenenarse, el ciervo va en busca
de agua clara y pura; va a vomitar en la fuente, ya que no puede soportar el
veneno. A causa de la ponzo–a y de la hinchaz—n, se le caen inmediatamente los
cuernos, muda de u–as y de piel, le sudan todos los miembros. DespuŽs de
ba–arse, est‡ curado; todo su cuerpo rejuvenece. El ciervo representa al hombre
que hace penitencia. Cuando el hombre se siente en pecado y presa del diablo,
debe quit‡rselo de encima mediante el ayuno y la vigilia. Debe acudir a la
Santa Iglesia y arrancar su pecado; ha de mortificarse y sufrir, abandonar el
orgullo de su carne, dar limosnas, rezar, ayunar y afligirse[10].
Y en los
siglos posteriores a la Edad Media, la lucha entre el ciervo y la serpiente se
convertir‡ en motivo recurrente para establecer comparaciones entre el Bien y
el Mal. As’, por ejemplo, en la Segunda parte del Abecedario espiritual, publicada por Francisco de Osuna en
1530, se trae a colaci—n para ilustrar la ira de Dios contra los egipcios:
Aun a la letra pod’amos dezir que
persigue Dios a los peccadores como el ciervo a las serpientes sac‡ndolas de
las cuevas con su ressollo, segœn parece en los egypcianos, cuyos primogŽnitos
en sus casas mat— y despuŽs, con ayre rezio que lan�— por las narizes, sac— a
sus padres fuera. En este ayre se denota en la Escritura el furor rezio de la
yra, por lo qual dize: "Gu‡rdate del hombre que tiene el sp’ritu en las
narizes". Y tambiŽn solemos dezir de los ayrados que se les sube el humo a
las narizes. Tal se mostr— Dios con los egypcianos quando endureci— el cora�—n
del fara—n y de todo su exŽrcito para que persiguiese los seyscientos mil
peones con toda la otra gente de los fijos de Ysrael, tras los quales sali—
toda la flor de Egypto, un exŽrcito quasi sin nœmero, que Dios quiso atraer
fuera de las ciudades, como el ciervo atrae las serpientes para las matar y
destruyr, sin quedar uno dellos para que llevasse las malas nuevas[11].
Y
en un desfile de carrozas celebrado en Roma con motivo de la paz alcanzada
entre el emperador Carlos V y el rey Francisco I de Francia (Paz de CrŽpy-en-Laonnois, firmada el 18
de septiembre de 1544), y descrito por Alonso de Santa Cruz hacia 1550,
se recrea el motivo de la persecuci—n de los herejes (serpientes) por parte de
la iglesia cat—lica (el ciervo):
Y ‡ doce de Febrero se celebr— en
Roma la fiesta de Agon (el cual antiguamente era tenido por Dios de las
Victorias) en se–al de la mucha paz que en aqueste tiempo ten’a la Cristiandad.
Y se celebr— al modo antiguo, saliendo las trece regiones
que en Roma hab’a (aunque sol’an ser catorce) y cada una sali— con su carro
triunfal Ž invenci—n como ten’a su divisa [É] Y luego ven’a el carro de la
Regola, que tra’a un ciervo por armas, el cual ten’a en la boca una sierpe y
otras que hu’an de Žl, dando ‡ entender que los herejes representados por las
serpientes hab’an de huir del ciervo, que significaba los siervos de Dios[12].
Y lo mismo
cabe decir de la identificaci—n aleg—rica de Jesucristo con el ciervo,
expresada de este modo en las Consideraciones sobre el Cantar de los Cantares, glosas de la Biblia escritas por Fray
Juan de los çngeles en 1607:
Es
galan’ssima alegor’a llamar ‡ Cristo [...] ciervo, por la virtud maravillosa
que tiene de sacar los pecados encovados en las almas, mediante su divino
esp’ritu. [...] El ciervo se come las serpientes; sic Cristus peccata [as’ Cristo los
pecados] y hace plato dellos ‡ su Vicario San Pedro (Act., IX): "Occide et
manduca". [Mata y come][13].
Esta apropiaci—n de la figura del ciervo como s’mbolo de Jesucristo se manifiesta claramente en episodios como la conversi—n de San Hilario, San Huberto o San Eustaquio, venerados en distintos pa’ses de la Europa cristiana como protectores contra la picadura de la serpiente. Esta conversi—n se produce con motivo de la persecuci—n de un ciervo por parte de un cazador pagano. Una vez que el cazador se encuentra frente a frente con el ciervo, cae postrado ante la evidencia del car‡cter sagrado de este animal al ver que porta un crucifijo (o la imagen de Jesucristo) resplandeciente entre sus cuernos. La impresi—n hace que se convierta al cristianismo.
La longevidad del ciervo en las fuentes cl‡sicas
Toda esta suerte de interpretaciones aleg—ricas acerca de la enemistad entre el ciervo y la serpiente, auspiciadas y propagadas por el cristianismo a lo largo de la Edad Media, bebe de fuentes muy anteriores, latinas y griegas, redactadas con pretensiones cient’ficas y carentes de toda intenci—n moralizante. Por ejemplo, de la Historia Natural de Plinio el Viejo (siglo I), o de la Historia de los animales, de Claudio Eliano (siglo III):
Pelean Žstos con las serpientes, buscan sus
cuevas, y s‡canlas por fuerza con el resuello de las narices. Y, por tanto, es
excelente remedio para ahuyentarlas el olor de su cuerno quemado[14].
El ciervo y las serpientes:
El
ciervo vence a las serpientes gracias a un admirable don que la Naturaleza le
otorg—. Y el odios’simo bicho, aunque estŽ metido en un escondrijo, no puede
escapar del ciervo. Al contrario, el ciervo, aplicando sus narices al refugio
del reptil, inspira con toda su fuerza y, as’, va arrastr‡ndolo con sus
inspiraciones como si esto fuera un hechizo, y lo obliga, pese a su
resistencia, a salir y empieza a comerlo segœn va asomando. El ciervo cuando
m‡s hace esto es en el invierno. M‡s aœn, si uno reduce a polvo un cuerno de
ciervo y luego echa el polvo al fuego, el s—lo humo que se levanta echa a las
serpientes de todas partes, porque no soportan siquiera el olor[15]
Respecto
del apetito del ciervo por las serpientes, es interesante el dato aportado por
el doctor Francisco Hern‡ndez, comentarista de la obra de Plinio en el siglo
XVI y traductor de la obra de Nicandro de Colof—n, mŽdico y poeta griego que
vivi— en el siglo II a.C:
En lo dem‡s, Nicandro cuenta,
galanamente, esta pendencia que tienen los ciervos, sacando con su anhŽlito de
sus cuevas, por fuerza, las serpientes, lo cual ellos hazen (segœn que sobre
este autor m‡s largamente diximos) o por apacentarse dellas, o por
rejuvenecer o por haverles
comunicado Naturaleza este odio natural e inclinaci—n enemiga de las serpientes[16].
La
querencia del ciervo hacia las serpientes estar’a motivada por la capacidad de estas
para hacerle rejuvenecer, tal y como se recoge en muchas obras posteriores. As’
lo dice, escuetamente, una traducci—n an—nima de la Historia Hierosolymitana
de Jacques de Vitry (c. 1180-1240) realizada
hacia 1350:
El �iervo, por que se renueve,
saca la culebra de la cueva con el resollo &, tragada la pon�onna, va a la
fuente con sed & despues que ha bevido de las aguas recobra juventud[17].
De
ah’, probablemente, que el ciervo fuese considerado desde antiguo como un
animal de gran longevidad. Incluso Arist—teles se hace eco de esta creencia en
su Historia de los animales (siglo IV a. C.),
aunque no le concede demasiado crŽdito:
De
la duraci—n de su vida se cuentan leyendas que dan a entender que es un animal
de vida longeva, pero, por un lado, ninguna de las leyendas contadas parece
fiable, y, por otro, tanto la duraci—n de la gestaci—n como el crecimiento de
los cervatillos no se aviene con la idea de que se trata de un animal de vida
longeva[18]
Sin embargo, esta longevidad era un
hecho cierto y evidente para Plinio el Viejo:
Cosa cierta es ser la vida de los
ciervos muy larga, como se hayan asido algunos con collares de oro que les
hab’a puesto el grande Alexandro 100 a–os antes, los cuales les hallavan
cubiertos de cuero por la demas’a gordura[19].
Y
muchos siglos despuŽs, Sebasti‡n de Covarrubias, en sus adiciones al Tesoro
de la lengua espa–ola o castellana (ca. 1611), se hace eco de esta creencia y a–ade la referencia a un caso
similar supuestamente acontecido a Carlos VI, rey de Francia (1368-1422):
En testimonio de la larga vida de
este animal refieren authores averse hallado algunos �iervos a los quales por
curiosidad av’an puesto collares y en ellos los nombres de algunos pr’ncipes,
como aconte�i— a Carlos sexto, rey de Francia, andando a ca�a de monter’a que encontr—
con un venado hermoss’simo que trah’a un collar de metal, el qual fue preso por
sus ca�adores y hallaron tener gravadas esta letras HOC ME CAESAR DONAVIT
[CŽsar me lo dio][20].
De
ser cierto este testimonio, nos hallar’amos ante un animal que habr’a alcanzado
la edad improbable de unos mil cuatrocientos a–os. Sin embargo, actualmente se
sabe que la vida media de los ciervos est‡ en torno a los diez a–os, y que la
longevidad m‡xima que pueden alcanzar es de unos veinte a–os.
La lucha entre dos seres inmortales
Al igual que la serpiente, asociada universalmente con la renovaci—n de
la vida y con la inmortalidad, por el hecho de que muda su piel varias veces al
a–o, el ciervo se asocia al ciclo Ònacimiento-muerte-resurrecci—nÓ porque
renueva su cornamenta anualmente. A finales del invierno, los machos pierden la
cornamenta e inician una vida solitaria en la espesura del bosque hasta que
completan su regeneraci—n a mediados del verano. En China, Siberia y algunas
culturas de AmŽrica (principalmente en las culturas Maya y Pueblo) el ciervo es
s’mbolo de la renovaci—n continua de la naturaleza, por causa de la ca’da y
regeneraci—n peri—dica de sus cuernas.
Por
otro lado, en algunas tradiciones arcaicas se asociaba al ciervo con la
desaparici—n gradual del sol a lo largo del oto–o y con su resurrecci—n a
partir del solsticio de invierno. El ciervo desprovisto de cuernos es imagen
del sol invernal presolsticial, mientras que, engalanado con su cornamenta, es
imagen del sol en su plenitud. En este sentido, el ciervo era una figura de
importancia capital entre los escitas (pueblo semin—mada cuya localizaci—n y
demograf’a variaron a lo largo primer milenio antes de Cristo, cuando se
desplazaron desde la regi—n del Altai
hasta la del bajo Danubio y Bulgaria), y uno de los motivos m‡s comunes
en sus trabajos de orfebrer’a, especialmente en los
monumentos funerarios. La madre del sol era imaginada como una gran cierva con
cuernos. Esta gran cierva se representaba portando el sol entre sus cuernos y,
en algunos casos, el sol mismo quedaba simbolizado como el ciervo hijo de esta
gran cierva cosmog—nica. Por esta raz—n, las figuras de ciervos en la
orfebrer’a escita se representan a menudo con una cornamenta flam’gera.
Los
escitas consideraban al ciervo como un animal psicopompo, que transportaba los
esp’ritus de los muertos hacia el m‡s all‡.. A este respecto son significativos
los tatuajes inscritos en los cuerpos de algunas momias de la cultura Pazyrik (circa 600 a 400 a. C.), descubiertos por arque—logos rusos en las monta–as
Altai. La primera de ellas, descubierta en 1948, corresponde al cuerpo de un
hombre de unos 50 a–os, probablemente una personalidad de alto rango, que en su
costado derecho presenta varios tatuajes que representan un asno, un carnero,
dos ciervos y un animal carn’voro no identificado, mientras que en su costado
izquierdo lleva tatuados otros dos ciervos y una cabra montesa. La segunda
momia Pazyrik, descubierta en 1993, corresponde a una mujer de raza cauc‡sica
que fue enterrada en un fŽretro de madera de alerce tallado con la figura de un
ciervo y un leopardo de las nieves. Junto a ella hab’an sido enterrados seis
caballos y un hombre de unos 40 a–os. Esta momia femenina, conocida como la
"princesa de hielo", hab’a sido tatuada con figuras similares a las
de la momia descubierta en 1948. El mayor de sus tatuajes representaba un
animal o criatura h’brida (ciervo-caballo-cabra). Posteriormente, fue
descubierta otra momia que corresponde al cuerpo de un hombre de unos veinticinco
o treinta a–os que fue enterrado junto con su caballo, por lo que se le conoce
con el apelativo de "Horseman". Hab’a sido atravesado por un arma
enemiga o por el cuerno de un animal; su cara y sus manos estaban muy
deterioradas, pero el resto del cuerpo se encontraba en muy buen estado, y
presentaba el tatuaje de un ciervo en su hombro derecho. TambiŽn es
significativo el hecho de que a algunos de los caballos enterrados como
acompa–amiento de las momias Pazyryk se les hubiera colocado un tocado de
cuernos de ciervo en sus cabezas. Todas estas im‡genes de ciervos tatuados
sobre las momias Pazyriks sugieren que este animal ten’a una especial
significancia en el tr‡nsito de la vida a la muerte, y vienen a demostrar que
la creencia de que el ciervo transportaba las almas de los muertos hacia el m‡s
all‡ estaba generalmente extendida en Eurasia a lo largo del primer milenio
antes de Cristo.
Volviendo
a la capacidad regeneradora del
ciervo y a su relaci—n antag—nica con la serpiente, se puede apreciar esta con
toda claridad en la representaci—n del dios cŽltico continental Cernunnos
tallada en el caldero de Gundestrup, un caldero de uso ritual encontrado en una
turbera de Jutlandia, Dinamarca, y datado en el siglo II a. C. El caldero est‡
formado por el ensamblaje de trece placas de plata
ricamente decoradas con motivos ornamentales basados en la mitolog’a celta, tales como una
representaci—n de Cernunnos, otra de Taranis, u otra de un dios desconocido o un
gigante sumergiendo a una serie de guerreros en un caldero, de donde salen
preparados para el combate a lomos de caballo. Esta iniciaci—n ritual al
combate mediante la inmersi—n en un caldero podr’a estar en relaci—n con el
mito celta del caldero m‡gico, donde se sumerg’a a los guerreros muertos para
su resurrecci—n. La placa central de este caldero muestra una figura masculina
en posici—n sedente, con cuernos de ciervo, identificada como el dios
Cernunnos. En su mano derecha ostenta un torques, s’mbolo
de nobleza entre los celtas, mientras que con la izquierda sujeta por el cuello
a una serpiente con cuernos de carnero. Al lado de su mano derecha se encuentra
un ciervo con una cornamenta idŽntica a la del mismo dios (difieren en que la
del ciervo tiene ocho puntas y la del dios Cernunnos tiene siete). Aunque
aparecen otros animales (c‡nidos, felinos, b—vidos y una figura humana a lomos
de un pez) en esta escena, es evidente que la m‡s destacada representaci—n
entre todos ellos corresponde al ciervo y la serpiente, que aparecen
flanqueando al dios cornudo. El significado de la imagen es enigm‡tico; pero
podr’a tratarse de una representaci—n iconogr‡fica de los atributos del dios
Cernunnos basada en las cualidades antag—nicas (solar y telœrica) de dos
animales (el ciervo y la serpiente) que comparten una misma capacidad
regeneradora.
En
este sentido, son extremadamente significativos los hallazgos arqueol—gicos
realizados en Khanlar (Azerbay‡n), enterramientos 149 y 150, fechados entre
1500 y 1350 antes de Cristo: esqueletos completos de ciervos sacrificados,
cabras, c‡nidos y serpientes fueron descubiertos en estos enterramientos junto
con restos de piras funerarias y de carros de madera utilizados para
"transferir" a los muertos al otro mundo. De acuerdo con el registro
arqueol—gico, la secuencia meta-textual "ciervo-cabra-lobo-serpiente"
se organiza a lo largo de un "axis c—smico" vertical (la serpiente
colocada en la parte inferior y el ciervo en la parte superior) y constituye
una expresi—n zoom—rfica del ciclo mito-ritual de
"nacimiento-muerte-resurrecci—n". La representaci—n de esta misma secuencia
se atestigua en las culturas cŽltica (caldero de Gundestrup) y s‡rmata (diadema
de Ust' Labinskaya), objetos de arte encontrados en contextos mito-rituales
hom—logos, lo que sugiere la posibilidad de un probable origen pre-indoeuropeo.
Y efectivamente, desde una perspectiva lingŸ’stica, los componentes de esta
secuencia meta-textual, tienen paralelos pre-indoeuropeos. Los textos
hitita-luvianos permiten una reconstrucci—n completa del universo mitol—gico
con la serpiente en la parte de abajo y el ciervo en la parte superior del
mismo. Finalmente, y a partir de los trabajos publicados por Homes-Fredericq sobre las tablillas
mesopot‡micas protohist—ricas, se puede afirmar que la relaci—n entre el ciervo
y la serpiente se documenta ya en el cuarto milenio antes de Cristo[21].
La serpiente en la ra’z del fresno
La
culebra maldita
por
debajo del tronco barronco
ra’z
del fresno infeliz,
como
sec— la estopa, le seque la boca;
como
sec— la pacha, le seque la babacha;
como
sec— el carb—n, le seque el coraz—n.
(Sapinas-ValdŽs,
1912)
La
culebrona maldita,
por
su tronco,
por
su barronco,
por
su ra’z de freisno infeliz
all’
fuei morrer, amŽn.
(Folgueras
del R’o-Tineo, 1997)
Llama
la atenci—n, en el final de este conjuro vaqueiro, que
tras perder la apuesta con la cervatina bendita, la culebra derrotada vaya a
refugiarse (o a morir) a las ra’ces de un fresno. M‡xime cuando sabemos, desde
Plinio el Viejo, que la aversi—n de la serpiente hacia este ‡rbol es casi
proverbial:
H‡llase ser su zumo exprimido muy
provechoso contra las serpientes y sus mordeduras [É] Es tanta su fuerza que
ninguna sierpe osa tocar las sombras que hace de ma–ana, o ya sobre tarde,
porque cuan largas ellas son, tanto se apartan y huyen destos ‡rboles. De experiencia
hallo, si cercan con sus hojas a alguna serpiente y con algœn fuego, antes huye
la serpiente hacia el fuego que hacia el fresno[22].
La
creencia en la antipat’a de la serpiente hacia el fresno hubo de afianzarse en
la mentalidad popular a lo largo de los siglos, hasta tal punto que el padre
Feijoo se ocup— de desmentirla en el Teatro cr’tico universal (1728):
Fingida es tambiŽn la antipat’a de
la culebra con el fresno, pues no huye m‡s de las ramas de
este ‡rbol que de las de otro qualquiera. Puedo dar testigo fidedigno que, con
ocasi—n de hacer la experiencia, la vi— abrigarse y esconderse en ellas, sin
que recibiesse el menor da–o. ÀQuŽ traza de meterse antes por las llamas, que
por las ramas del fresno, como cree el vulgo?[23].
En
cualquier caso, el hecho de que la culebra derrotada del
conjuro asturiano vaya a morir a la ra’z del fresno nos recuerda la existencia
de otro Òaxis c—smicoÓ relacionado con el ciclo
Ònacimiento-muerte-resurrecci—nÓ, que tambiŽn se caracteriza por situar ciervos
en la parte superior y una serpiente en la parte inferior: el fresno Yggdrasil,
el ‡rbol de la vida, el centro del universo en la cosmogon’a escandinava. Su
tronco forma un eje vertical alrededor del cual se sitœan los nueve mundos y su
copa sostiene el cielo. En la rama m‡s alta vive el
‡guila Vidofnir, y desde all’ vigila los nueve mundos. ƒsta, a su vez, tiene a un halc—n llamado Vešlfšrnir
entre los ojos, que vigila los movimientos del ‡guila. Cuatro ciervos (Dain,
Dvalin, Duneyr y Durathror) ramonean por sus ramas
y el roc’o que cae de su cornamenta forma los r’os del mundo. Por el tronco
sube y baja la ardilla Ratatosk, llevando noticias falsas y sembrando la
discordia entre el ‡guila y la serpiente Nidhug, que vive al lado de la ra’z
m‡s profunda de Yggdrasil: la que atraviesa el Niflheim, el mundo fr’o,
la morada de los muertos. Esta ra’z es ro’da constantemente por la serpiente
Nidhug, que trata de secar el ‡rbol mientras aguarda la llegada de Ragnaršk,
una conflagraci—n apocal’ptica entre los dioses y los demonios en la que casi
todo el universo ser‡ destruido.
Una imagen enigm‡tica en un c—dice prehisp‡nico

C—dice Borgia,
recto 22 (detalle)
La imagen que acabamos de mostrar es una representaci—n de un ciervo sagrado que se encuentra en el C—dice Borgia, manuscrito pictogr‡fico mexicano de Žpoca prehisp‡nica que se conserva actualmente en la Biblioteca Vaticana. No se conoce el lugar exacto de origen de este c—dice; sin embargo no hay duda de que es originario de las tierras centrales de MŽjico (posiblemente de cerca de Puebla o del Valle de Tehuac‡n), un ‡rea que estuvo bajo dominio azteca en la Žpoca de la conquista. Se trata de un manuscrito ritual, pintado sobre piel de ciervo, que reœne textos m‡gicos, religiosos y adivinatorios, incluye observaciones astron—micas y representa el famoso Tonalpohualli o calendario de 260 d’as. Es comœnmente aceptado que este c—dice fue pintado antes de la llegada de los espa–oles, por lo que se considera exento de influencias europeas. Y es precisamente esa supuesta falta de influencia europea la que hace que la imagen de este ciervo sagrado se torne inquietante a nuestros ojos. ÀQuŽ es esa cosa serpentiforme que se encuentra en la boca del ciervo? No parece que pueda tratarse de la lengua, ya que esta se muestra claramente en una imagen contigua, dentro de la misma p‡gina:

En el siglo XVI, el C—dice Borgia fue
enviado de MŽjico a Espa–a, y de ah’ a Italia. El gran naturalista Alexander
von Humboldt pudo verlo en Roma, en 1805, entre las posesiones del cardenal
Stefano Borgia, de quien toma su nombre. Conocido tambiŽn como c—dice Yoalli Ehecatl en lengua ind’gena, es considerado como el
m‡s hermoso de los mansucritos pictogr‡ficos mexicanos de entre la veintena de
c—dices prehisp‡nicos que actualmente se conservan, y por su estilo y contenido
se relaciona con otros c—dices similares del llamado "Grupo Borgia": el
C—dice Cospi, el C—dice FejŽrv‡ry-Mayer, el C—dice Laud y el
C—dice Vaticanus 3773 (C—dice Vaticanus B)[24].
En este œltimo c—dice, que tambiŽn contiene el Tonalpohualli o calendario
ritual de 260 d’as, se encuentra una imagen pr‡cticamente idŽntica a la del
C—dice Borgia:

C—dice Vaticanus b
77v
No es posible, con los datos de que disponemos, ofrecer una interpretaci—n exacta del significado de estas im‡genes ni dar una explicaci—n satisfactoria al hecho (si este se considerase probado) de que el ciervo representado en ambos c—dices estŽ comiendo una serpiente. Lo que s’ parece descartable es que la representaci—n del ciervo ingiriendo una serpiente se deba a una observaci—n directa de la naturaleza, ya que es bien sabido que el ciervo es un animal fit—fago puro, cuya dieta, exclusivamente vegetariana, consiste en hierbas, yemas y cortezas de ‡rboles, frutos, musgos, hojas, bellotas, casta–as y moras.
ILUSTRACIONES

Mosaico del Gran
Palacio, Estambul (siglo V)

Mosaico bizantino
de Qasr Libia (siglo VI)

Theological
miscellany.
Inglaterra (siglo XIII)

Bestiary.
Inglaterra (siglo XIII)

Bestiaire
de Gervaise (siglo XIII)

Stag (Christ) and dragon (Satan) (siglo XIII)

The Queen Mary Psalter,
Inglaterra (siglo XIV)

Physiologus, Roma (siglo XVI)

Physiologus, grabado Van der Borcht (siglo XVI)

Los
mandamientos de Dios
Henri de
Ferri�res, Livres de modus et
ratio (siglo XIV)

Hubert Le PŽvost: Die
Vision des Hubertus, aus der LŽgende Saint-Hubert, in der Biblioth�que
Nationale de France.

Jean Bourdichon, Vision de Saint Hubert (siglo XVI)

Jacques de Besan�on, Vision de saint
Eustache (siglo XV)

La leyenda
de san Eustaquio (siglo XV) Santiago de la Voragine, La leyenda dorada, Bruges,
traducida por Jean de Vignay. M‰con, Biblioth�que municipale, ms. 3, fol. 12v.

La visi—n de san Eustaquio, Pisanello (c. 1440) National Gallery,
Londres.

San Eustaquio, Alberto Durero (c. 1503) Alte
Pinakothek, Munich.

Representaci—n del dios Cernunnos en el
caldero de Gundestrup (siglo II a. C.)
[1] Versi—n recogida por Jesœs Su‡rez L—pez (Archivo de la Tradici—n
Oral-Museo del Pueblo de Asturias) el 19 de abril de 1997.
[2] Juan Ur’a R’u, ÒAlgunas
supersticiones y leyendas relativas a los animales entre los vaqueiros de
alzada, en AsturiasÓ, en Actas y Memorias de la Sociedad Espa–ola de
Antropolog’a, Etnograf’a y Prehistoria, III (Madrid: 1924), pp. 103-108; reed. en Los vaqueiros de alzada
y otros estudios (De caza y etnograf’a) (Oviedo: Biblioteca Popular Asturiana, 1976), pp. 15-22.
[3] Manuel MenŽndez Garc’a,
ÒNotas folkl—ricas del Cuarto de los Valles: Conjuros ensalmos y otras cosasÓ, BIDEA, 33 (1954), pp. 387-410.
[4] Luciano Casta–—n, Supersticiones y creencias de Asturias (Salinas: Ayalga ediciones, 1976), p. 120.
[5] Mar’a C‡tedra Tom‡s, La muerte y otros mundos. Enfermedad, suicidio,
muerte y m‡s all‡ entre los vaqueiros de alzada
(Madrid-Gij—n: Jœcar Universidad, 1988), pp. 44-47.
[6] M» Esther Garc’a L—pez,
ÒRellumos folkl—ricos dÕOccidenteÓ, Lletres Asturianes, 35 (1990), pp 101-109.
[7] Juan Ur’a R’u, op.
cit., pp. 18-19.
[8] . Physiologus: Carlill, 197-198; Peters
31-33. Cito a travŽs del Bestiario medieval
(Madrid: Ediciones Siruela, 1986), p. 106.
[9] Physiologus: Carlill, 197-198; Peters
31-33. Cito a travŽs del Bestiario medieval
(Madrid: Ediciones Siruela, 1986), p. 107.
[10] Le Bestiaire de Gervaise, vv. 1053-1086,
Cito a travŽs del Bestiario medieval (Madrid:
Ediciones Siruela, 1986), p. 109. La edici—n original en francŽs, editada y
comentada por Paul Meyer, Romania, I (1872), pp.
420-443, se puede consultar en edici—n digital de David Badke (2004):
http://bestiary.ca/etexts/meyer1872/meyer1872.htm.
[11] Francisco de Osuna, Segunda parte del Abecedario espiritual (1530)
REAL ACADEMIA ESPA„OLA: Banco de datos (CORDE). Corpus diacr—nico del
espa–ol. <http://www.rae.es> [14-III-2008].
[12] Alonso de Santa Cruz, Cr—nica del emperador Carlos V (c. 1550). REAL ACADEMIA ESPA„OLA: Banco de datos (CORDE). Corpus
diacr—nico del espa–ol. <http://www.rae.es>
[14-III-2008].
[13] Fray Juan de los
çngeles, Consideraciones
sobre el Cantar de los Cantares (1607). REAL ACADEMIA ESPA„OLA: Banco de datos
(CORDE). Corpus diacr—nico del espa–ol.
<http://www.rae.es> [14-III-2008].
[14] Cayo Plinio Segundo, Historia Natural,
libro VIII, cap. XXXIII (Madrid: Universidad Nacional de MŽxico-Visor Libros,
1999), p. 397.
[15] Claudio Eliano, Historia de los animales, libro
II, cap. IX, ed. JosŽ Vara Donado (Madrid: Akal Cl‡sica, 1989), pp. 79-80.
[16] Historia Natural, op. cit., p. 398.
[17] An—nimo, Traducci—n de la "Historia de Jerusalem abreviada" de
Jacobo de Vitriaco (1350) REAL ACADEMIA ESPA„OLA:
Banco de datos (CORDE). Corpus diacr—nico del espa–ol. <http://www.rae.es> [14-III-2008].
[18] Arist—teles, Historia
de los animales, libro VI,
ed. ed. JosŽ Vara Donado (Madrid: Akal Cl‡sica, 1990), p.
370.
[19] Historia Natural, op. cit., p. 397.
[20] Sebasti‡n de Covarrubias, Suplemento al
Tesoro de la lengua espa–ola castellana (c. 1611), REAL ACADEMIA
ESPA„OLA: Banco de datos (CORDE). Corpus diacr—nico del espa–ol. <http://www.rae.es> [14-III-2008].
[21] Homes-Fredericq, Les Cachets Mesopotamiens Protohistoriques
(Leiden:E. J. Brill, 1970).
[22] Historia Natural, op. cit., libro XVI,
cap. XIII, p. 667.
[23] Benito Jer—nimo Feijoo, Teatro cr’tico
universal. Discursos varios en todo gŽnero de materias,
para desenga–o de errores comunes
(1728), tomo II, discurso 2,
VII.
[24] El c—dice Borgia y otros c—dices citados
pueden consultarse en http://www.geocities.com/codicesmexicanos/index.html.